I.

Juana, pobre mujer envilecida,

que arrastrando su espíritu en el cieno,

pasó la triste vida

vendiendo por amor letal veneno;

cabeza hermosa, donde de seguro

no brotó nunca pensamiento puro,

y que ignorando el bien que poseia,

vendia, por un poco de dinero,

en público mercado,

el placer más inmundo, si es vendido,

el mayor y más dulce, si es ganado;

próxima al duro instante

de la triste agonía,

á un padre confesor agonizante

con anhelosa voz así decia:

—«Padre: yo de mis culpas me arrepiento

»y pido á Dios perdon de mi impureza;

»miradme bien al rostro, que no miento.»

Y levantando la cabeza en tanto,

fijaba sobre el fraile macilento

una mirada de ansiedad y espanto;

y al ver que nada el fraile le decia,

con ansiedad creciente proseguia:

—«Él sabe bien, y me lo tendrá en cuenta,

»que del vicio en la senda siempre impura,

ȇun cuando de placeres avarienta,

»tan sólo me ha tocado la amargura.

»¿Qué es el mayor tormento, comparado

»al pesaroso hastío del pecado?»

Y vertiendo de lágrimas un rio,

seguia con acento sofocado:

—«¡Ay! ¡He sufrido tánto, padre mio!»

Alzándose convulsa, en vano abria

sus ojos, ya sin brillo,

y olvidándolo todo, descubria

el pecho descarnado y amarillo

que hinchaba el estertor de la agonía.

—«Acaso Dios me señaló en la cuna»

(siguió con voz oscura y misteriosa)

«la senda de mi vida vergonzosa;

»me negó la virtud y la fortuna,

»y en cambio me hizo hermosa.

»Tal vez de mi impureza el desvarío

»habrá sido castigo de otros séres...

»Más de una vez, detrás de su desvío,

»noté... ¿podreis creerlo, padre mio?

»¡Noté que me envidiaban las mujeres!...

»Quizás mis muchos yerros han servido

ȇ Dios, para mostrarles de otra suerte

»lo espantoso del vicio en que he caido;

»y mis faltas quizás ha permitido

»para dar el ejemplo de mi muerte.»

Y así diciendo, la infeliz gemia

entre la duda y la esperanza ansiosa

al ver que nada el fraile le decia;

y en aquella mujer, un tiempo hermosa,

con su horrible piedad, desvanecía

de la muerte la calma silenciosa

la horrible agitacion de la agonía.