CAPITULO PRIMERO.
De un Enredo de Barrabas, que hizo el mal Dimoño, para acabar de rematar á Fray Gerundio.
Havrá notado acaso el muy crítico y muy curioso Lector, (y tambien es muy natural, que no lo haya notado,) que la division y comenzamiento de este Libro tercero no está segun arte; porque, haviendo acabado el primero con las niñeces, primeras letras, y estudios pueriles de nuestro incomparable Fray Gerundio, hasta dexarle en el Noviciado con el Hábito de la Religion, parecia, que el segundo Libro se havia de cerrar con los estudios, pocos ó muchos, que tuvo en ella, y que debiera comenzar el tercero desde que se halló ya Sacerdote de Missa y con el nombramiento de Predicador Sabatino; por quanto el nuevo estado y assimismo el nuevo empléo eran una época de su vida natural, oportuna y propia para esta tercera division. De donde acaso el mismo Lector querrá poner pleyto al pobre Libro segundo, sobre su capítulo décimo, diciendo, que este toca de justicia al Libro tercero, y que ha sido usurpacion y tiranía privarle de él.
2. Yo no juraré, que no tenga vislumbres ó apariencias de razon el que hiciere este reparo. Pero, sobre que hasta ahora no se ha publicado alguna Pragmática-sancion, que dé reglas fixas, ciertas, y universales para el amojonamiento, término, límites, ni cotos de los párrafos, capítulos, ni libros; pues hasta en las lindes de los puntos, que son mas necessarias, para que no hayga pleytos en la jurisdiccion é inteligencia de las cláusulas, sabe Dios y todo el mundo los trabajos que hay, por no haverse recibido alguna ley obligatoria, que ligue y cause entero perjuicio á los Escritores y á los Escribientes: como esta costumbre de la division de capítulos y libros, dicen que se ha introducido en el mundo literario, para que descansen y tomen huelgo assí los que escriben, como los que leen; en assegurando yo, que no me cansé, hasta que dexé á Fr. Gerundio no solo con el título de Predicador Sabatino, sino con los primeros crepúsculos de la instruccion del Padre Maestro Prudencio, paréceme que, por lo que á mí toca, tapé la boca al crítico Reparador. Si mis Lectores se cansaron ántes, esso no debe ser de mi cuenta. Quítoles yo por ventura, que cierren el libro quando les diere la gana, y se echen á dormir hasta que despierten, con lo qual no solo dividirán, sino que podrán hacer gigote los capítulos y los libros, siempre y quando les pareciere puesto en razon?
3. Pero me dirán, que, aunque no hay ley escrita, que arregle estas divisiones, las regla y como que las dicta la misma ley natural: esto es, el syndéresis y la razon de los Escritores methódicos, claros, y de buena economía. A esso respondo, que en esto de syndéresis y de razon natural cada qual tiene la que Dios le dió, y que los entendimientos son tan diferentes como las caras. A tal le parece, que escribe y que habla con el mejor méthodo del mundo, y al otro, que le lee ó que le oye, le parece un eterno embrollador y una confusion de confusiones. Vaya un exemplo. Díganle al autor del Verdadero méthodo de estudiar, que es un embolismo todo lo que escribe; que en muchas partes apénas se perciben las reglas prácticas que da, y que las que se perciben, ó es impossible ó sumamente dificultoso practicarlas, y consiguientemente, que por ellas ninguna facultad se aprenderá. Se espiritará de cólera, se pelará las barbas al quitar con que quiso engalanarse, y á qualquiera que le vaya con esta embaxada, le dará una rociada de parvoices, de ridicularias, y de crasas ignoranzas, con que le haga retirar mas que de passo.
4. Vaya otro exemplo. No ha muchos años, que cierto Cirujano Latino, (assí decia él que lo era,) hombre boníssimo, imprimió un libro con este título: Méthodo Racional y Govierno Chirúrgico para la curacion de los Sabañones. Quien no creeria, segun el epígrafe de la Obra, que esta se reducia á dar reglas prácticas y methódicas para curar estas bachillerías de la sangre, que dan tan malos ratos á la gente de poca edad, y tal vez á hombres barbudos, y aun canosos? Pues no señor; de los trece capítulos, á que se reduce todo el librete, solo el último tiene algun tastillo de methódico ó de práctico; los otros doce, sobre ser impertinentíssimos para el assunto, tienen tanto de méthodo y de govierno chirúrgico como de oportunidad. Empeñóse en hacérselo conocer al Autor un tal Juan de la Encina, Escritor desalmado de tres Cartas, asaz bien escritas, en que esgrimió sobre las costillas del pobre Cirujano toda la pujanza de su postizo apellido; y, aunque con efecto le hizo evidencia, de que el nombre de Méthodo solo podia ponérsele á la obrilla por mote, ó por antíphrasis, el bonazo del Autor se fué á la otra vida muy persuadido á que no se havia escrito en esta cosa mas methódica ni mas gubernativa. Véngansenos ustedes ahora, con que el syndéresis y la razon natural dictan á cada Autor el méthodo, que debe observar en el económico repartimiento de sus escritos.
5. Pero al fin, qué nos estamos quebrando la cabeza? Note el curioso Lector, que en el primer párrafo ó número del capítulo último del Libro antecedente, quedó nuestro Fray Gerundio Presbýtero in facie Ecclesiæ, y Predicador Sabatino en toda propiedad; y respóndame en Dios y en su conciencia á esta preguntilla. Seria bien parecido, que aquel capítulo no se compusiesse mas que de un solo párrafo, y que se presentasse en el Libro como un capitulillo de teta ó de miñatura, siendo assí que los otros pueden passar por capítulos generales, aunque sean de la Religion mas numerosa, por la multitud de especies y de números que concurren á componerlos? Haga justicia el prudente y equitativo Lector, y, si en medio de esso no me concediere la razon, pacencia Calros, pacencia![33]
6. Hecha esta digression, tan necessaria como impertinente y molesta, volvamos á atar el hilo de nuestra historia. Es tradicion de padres á hijos, que estaban acabando de comer el Maestro Prudencio y nuestro Fray Gerundio, por señas que les servian de postre unos caracoles de alcorza y algunas bellotas de mazapan, con que havia regalado al Padre Maestro cierta Monja de la Orden, confessada suya, quando comenzaron á llamar con grande fuerza á la puerta de la Granja. Salió al ruído de los golpes el Lego, que cuydaba de ella, y encontróse (quien tal imaginara!) no ménos que con el Padre Predicador mayor de la Casa, el incomparable Fray Blas, y con un Labrador guedejudo, fornido, rechoncho, y de pestorejo, que venia en su compañia; cavallero el Padre Predicador en un rocin acemilado, tordo, sútil, zanqui-largo, y ojeroso; y montado el paysano en un pollinejo rucio, aparrado, estrecho de ancas, rollizo, oreji-vivo, y andador. Era el caso, que en una Aldéa, presumida de Lugar, dos leguas distante de la Granja, que se llamaba antiguamente Jaca la Chica, y ahora, ó porque se corrompió el vocablo, ó por reducir á una sola voz el diminutivo, se llama Jacarilla, havia fundado pocos años ántes una Cofradía, dedicada á Santa Orosia, el Cura del Lugar, que era Aragonés y muy devoto de la Santa. El Mayordomo de aquel año, que era el Labrador, que venia acompañando á Fray Blas, le havia echado el Sermon; y, aunque este no valia mas que quince reales, dos libras de turron, y un frasco de vino de la tierra, Fray Blas le havia admitido; porque en materia de Sermones llevaba la opinion de los Mercaderes, que muchos pocos hacen un mucho, y recibir á todo pecador como viniere. Algo se rodeaba por la Granja; pero, por comer en Casa de la Orden y, sobre todo, por ver Fray Blas á su querido Fray Gerundio, aunque havia tan poco tiempo que se havian separado, quiso hacer este rodéo.
7. Tanto como se alegró Fray Gerundio con la vista de su amigo, tanto sintió el Maestro Prudencio aquella importuna visita, temiendo, que, si los dexaba hablar á los dos á solas, echaria á perder el aturdido del Predicador todo lo que, á su modo de entender, havia adelantado él por la mañana. Hizo, pues, ánimo á no perderlos un punto de vista hasta que marchasse Fray Blas, suponiendo que lo haria despues de comer; y, para que lo executasse quanto ántes, dió órden al Lego para que los calentasse á toda prisa lo que havia sobrado de la comida, añadiendo algunos torreznos fritos, que es el agua de socorro para huéspedes repentinos, quando llegan al levantar de los manteles.
8. Miéntras se aderezaba la comida, no los divirtió poco el Labrador, que, aunque zafio de explicaderas, grosero de persona, y no muy delicado de crianza, era bastante ladino y un si es no es socarron. Ya sabia, que el Maestro Fray Prudencio era hombre de mucho respeto en la Orden, porque se lo havia prevenido Fray Blas en el camino; y assí, luego que entró en la sala donde estaba, le hizo una grande reverencia, escarbando hácia atras con el pié y pierna izquierda, tanto que faltó poco para hincar una rodilla, pero sin quitarse el monteron perdurable, que tenia calado hasta las cejas, y saludando al Maestro le dixo: Tenga su Eternidad güenas tardes, endíssimo Padre Fray Maestro, y güen provecho haga su essencia: prega á Dios que todo se le convierta en unjundia; y diciendo y haciendo, sin esperar á que nadie se lo rogasse, echó mano de uno de los vasos de vino, que estaban sobre la mesa en una salvilla, para echar á la que llaman de San Vitoriano, y con despejo patanal añadió sin detenerse: A la salud de su Trinidad muy raborenda, y tambien á la de mi Padre Perdicador Fray Bras, que es la frol de los Perdicadores de chapa, y tambien á la de esse Flayre mozico, que mal año para quien me quiera mal, si no tiene pergeño de ser con el tiempo otro Padre Flay Bras; y tambien á la de mi amigo el Padre Granjero Flay Grigorio, que aunque no es de missa, tampoco lo fué su Padre, Dios le bendiga, pero en una feria de Carneros, que se venga á emparejar con él un atajo de Padres Persentados; porque, por fin y por postre, de todo se sirve Dios. Acabada esta letanía, echóse á pechos el vaso, que era de mediano portante, y, bolcándole boca á baxo sobre la salvilla, él se dexó caer en un banco, repantigándose en él con mucha autoridad.
9. Cayó muy en gracia al bueno del Maestro Prudencio toda esta introduccion, y, como era de genio bondadoso y tan apacible, le dixo con mucho agrado: Buen provecho, Tio; como se llama? — Bastian Borrego, para servir á su ausencia, respondió el Labrador (y al decir esto, hizo ademan de levantarse un poco la montera). — «Por muchos años, en vida y salud de su muger y de sus hijos, si los tiene,» continuó Fray Prudencio. — Y como unas froles, aunque parezca mal que yo lo diga, replicó el Tio Bastian, especialmente uno que tengo vestido con el Habitico de San Juan de Dios, de estos que llaman Flayres Gaspachos,[34] déxelo su usandíssima, esso es bobada. — «Con que el Tio Bastian, prosiguió el Padre Maestro, es Mayordomo de Santa Orosia?» — Y tambien lo juí, respondió Borrego, de la Cofradía del Santíssimo, y serví la de la Cruz, y la de las Animas, y ahora solo me falta, que me echen á cuestas la de San Roque, que no dexarán de hacerlo, porque para los probes se hicieron los trabajos. — «Segun esso, tiene por trabajo el servir á los Santos», replicó el Padre Maestro. — A los Santos, Padre nuestro, güeno es servirlos; pero el caso es, que, segun mi corto maginamiento, en estas Mayordomías de mis pecados se sirve poco á los Santos, y mucho á los Cofrades. Y si no, dígame su Reverencia: se servirá mucho á los Santos, en que un probe como yo gaste en cada una de estas Mayordomías sesenta rales en vino, veinte en tortada, diez en avellanas, todo para dar la charidad á los Cofrades; sin contar la cera, ni la comida á los Señores Sacerdotes, ni la limosna del Padre Perdicador; que todo junto hace subir la roncha á mas de ciento y veinte rales? Ya la cera, la limosna del Sermon, y aunque digamos tambien la comida de los Curas, passe, porque todo esto parece cosa de Igresia; pero el vino de los Cofrades, que hay hombre que se mama dos quartillas! la tortada, y las avellanas para yesca! Y añada su Trinidad el bayle por la tarde á la puerta del Mayordomo, que dura hasta muy entrada la noche; y mas, si toca el tamboritero el son, que se llama el espanta-pulgas. Querráme decir su Usandíssima, que de esto se sirve Dios, ni los Santos?
10. — «De esso no creeré yo, que se sirvan mucho, respondió Fray Prudencio, y por lo mismo estoy tambien mal con ello. Pero, si el Tio Bastian conoce, que las Mayordomías y las Cofradías se vienen á reducir á essas borracheras, para qué entra en ellas?» — Para qué entra en ellas? güena pregunta! Bien se conoce, que su Ausencia está metido allá con sus libros, y no sabe lo que passa en el mundo. Padre nuestro, en los Lugares es preciso entrar en todas las Cofradías, porque es preciso, y no digo mas, que al güen entendedor pocas palabras. Juera de esta razon, que pesa un quintal, viene un Flayre, y pondera tanto las undulgencias de una Cofradía; viene otro, y perdica tantas cosas sobre los suflagios, que hace la otra por sus defuntos, que, si un hombre no los cree, le llevan, qué sé yo adonde? y, si los cree, y no lo hace, le tienen por Judío.
11. — «Pero, aunque entre en las Cofradías, replicó Fray Prudencio, no le pueden obligar á que sea Mayordomo.» — No me pueden obligar? respondió el Tio Borrego: Si usa Charidad no sabe mas de Tulugía que de Cofradías, no trueco mi cencia por toda la suya. Qué razon avrá divina ni humana, para que, haviendo yo bebido el vino y comido el turron de los demas Cofrades, no beban y coman ellos el mio? Amen de esso, si entro á la parte en los suflagios y en las undulgencias, tambien tengo á entrar en los gastos. Pues qué? no hay mas que entrar uno Cofrade, morir bien ó mal, como Dios le ayudasse, irse al Pulgatorio, y salir luego de él de mogollon y, como dicen, de bóbilis bóbilis, sin que le cueste tanto como á qualquiera otro probe? A buen bocado buen grito; lo que mucho vale mucho cuesta, donde las dan las toman, y donde no las toman no las dan.
12. — «Pero si el Cofrade se va al Infierno, replicó el Padre Maestro, de qué le sirven los sufragios, ni las indulgencias?» — Ahora sí, respondió el Tio Bastian, que su Eternidad muy Reverenda dió en el punto, y se conoce que es Tiólogo. Sin serlo yo, he puesto essa enfecultá á muchos Padres Perdicadores, y en verdad que no han sabido desenredarse bien de ella. Las Cofradías, que se reducen todas á suflagios y á undulgencias, solo sirven para los que están en gracia; mas para ponerse en ella no sirven, sino que sea por muchos arrudéos. Pues aquí de Dios y del Rey, digo yo ahora: quanto mas valen aquellas Cofradías, que llaman Conjuraciones? — «Congregaciones querrá decir, Tio Bastian», le interrumpió Fray Prudencio. — Su Usandíssima no repare en venablos ó en vucablos, prosiguió Bastian Borrego, que en entendiéndonos nos entendemos, y cada probe estornuda como Dios le ayuda. Digo, que quanto mas valen aquellas Conjuraciones ó Congrigaciones, ó lo que jueren, que obligan á escobijar la concencia, confessando y comulgando á menudo, como si dixéramos cada mes, ó los dias de las fiestas recias, que dan regras para vivir un Christiano honradamente, en las quales no hay Mayordomías, ni estos embelecos ó dimonios de charidades, y que en fin son medios para librarle á un hombre del infierno, que las otras, que lo mas mas á que tiran, es á sacarle á uno del Pulgatorio? A esso digo yo, Padre nuestro, que, una vez metido en el Pulgatorio, tarde ó templano yo saldré de él, pero in Enferno mula es enrentio, y en verdá, que no me han de sacar de él los oficios de Animas, que hace la Cofradía por los Cofrades enfuntos.
13. Grandíssimo gusto le daba al bueno del Padre Maestro la conversacion del Tio Bastian, porque, en medio de sus charras explicaderas, descubria, que era hombre de humor y de entendimiento. Assí pues, deseoso de oírle hablar mas, le preguntó, quien havia fundado en Jaca la chica, ó en Jacarilla, la Cofradía de Santa Orosia, porque le parecia cosa extraordinaria; puesto que, aunque havia visto muchas Cofradías del Sacramento, de las Animas, de San Roque, y de San Blas, y de algunos otros Santos, pero que de Santa Orosia nunca la havia visto ni oído, atento á que esta Santa, aunque tan grande, era poco conocida en Castilla. A esso responderé, Esentíssimo Padre, dixo el Tio Bastian, (y á este tiempo tomó un polvo de la caxa que á tal punto abrió el Padre Maestro,) que en cada Villa su maravilla, y cada ladron tiene su Santo de devocion. El Cura de mi Lugar es Aragonés, nacido y bautizado en la Zuidá de Jaca, que dicen está allá junto á tierra de Moros y de camino quiero, que sepa su Ausencia, que no quiere, que le llamemos Señor Guillen (que este es el apellido de su alcurnia), sino Mosen Guillen, porque dis q’así s’usa en su tierra; y al enprencipio cierto que todos nos riamos muchíssimo, porque esto de Mosen nos olia á cosa de Moyses. — «No (le interrumpió el Padre Maestro): es voz muy antigua de la Lengua Castellana, tomada de la Arábiga, para explicar mi señor, y se ha conservado en Aragon, como por distintivo y mayor respeto de los Señores Sacerdotes.» — Pues, este tal Cura (prosiguió el Tio Borrego) es un Santo (assí lo juera yo delante de la cara de Dios), y, porque dizque en la Zuidá de Jaca, donde él nació, tienen grandíssima devocion con Santa Orosia, que es su Patrona, él tambien se la tiene; y, como mi Lugar se llama Jaca la chica, nos perdicó en un Sermon (válgame Dios, y qué Sermon nos perdicó!), que seria güeno, que tuviesse la misma Patrona, que Jaca la grande, porque Dios y los Santos no reparan en estaturas; y para esto me acuerdo, que traxo allá un tiesto de Isabel, quando unció por Rey á David. — «Samuel diria el Cura», interrumpió el Maestro Prudencio. — Samuel ó Isabel, que para lo de Dios todo es uno, prosiguió el Tio Borrego, á quien dixo su Magestá, que no mirasse en su estatura si era grande ó chica, y luego lo dixo en latin tan craro y tan clavado, que lo entendió hasta la mi Coneja, que assí se llama mi muger Barthola Conejo, para servir á Dios y á su Eternidad. En fin, tantas y tales cosas nos dixo de la groriosa Santa, que se juntó aquel mismo dia el Concejo, y allí encontinenti votamos todos, que havia de ser Patrona del Lugar; y de mas á mas fundamos una Cofradía, en que entraron casi todos los vecinos; y por fin y por proste hicimos todos obrigacion ante el Fiel de Fechos de hacer todos los años á la bendita Santa una fiesta, que, déxelo señor, no la hay mas célebre en toda la redonda; y, como digo, cada Mayordomo se esmera en traer el Perdicador mas famoso de toda la tierra; y ansí en los tres años c’a que se fundó la Cofradía, el primero perdicó un Padre Enfinidor, que se perdia de vista; el sigundo uno de estos Padres gordos, que se llaman... que se llaman... válate Dios, como se llaman! se llaman Padres... Padres... es ansina una cosa á manera de gubilete. — «Padres Jubilados», dixo el Maestro Prudencio. — Sí, un Padre Jibalado, continuó el Tio Borrego, y en verdá que era una Aguila: y este año, que es el tercero y á mí me ha tocado ser mayordomo, luego puse los ojos en nuestro Padre Fray Bras, porque, desde que le oí el Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la Torre, al memento le eché el ojo, y dixe acá para mi sayo: ya te veo que eres Garza, y, como yo sirva alguna Cofradía, no se me escapará este pájaro.
14. A este tiempo entró el Granjero con la comida, y ya le pesaba al Maestro Prudencio haverle dado tanta prisa para que los despachasse, porque iba tomando gran gusto á la conversacion del Tio Bastian. No obstante, como le hacian mayor fuerza los inconvenientes, que temia, de que el Predicador mayor y Fray Gerundio hablassen á solas y despacio, llevó adelante su primera idéa, de que comiessen presto y despedir á los huéspedes luego que comiessen; y assí dió órden al Lego, para que, miéntras ellos tomaban un bocado, echasse un pienso á las Cavallerías.
15. Durante la comida, preguntó el Padre Maestro al Tio Borrego, como se entendian los Predicadores para predicar de una Santa, de quien havia tan pocas noticias en Castilla? A esso, Padre nuestro, respondió el Tio Bastian, ya nuestro Cura da providencia; porque ha de saber su Excelentíssima, que le umbiaron de Jaca un rimero de Sermones como assí, (y levantó la mano derecha como media vara), todos imprimidos, que es un pasmo. Parece á ser que estos Sermones todos son exemprales, ó como se llaman, de uno que compuso un Flayre á la Señora Santa Orosia, para predicarle en la Zuidá de Jaca, y que al cabo no le perdicó allá, no sé por qué tracamundanas, y corre ve y díles, que dubió de haver habido. En fin el Flayre, que dicen era hombre encercunstanciado y de los mas guapos Perdicadores que havia en aquellas tierras, aunque no perdicó el Sermon, le imprimió, y, porque tiene grande amistad con el señor Cura, le umbió el rimero que dixe; y el señor Cura, luego que sale Mayordomo de la Cofradía, le da un exemprar, para que se lo entregue al Perdicador que nombrare, y le sirva, como dicen, de pautero. Pero á la salú de su ausencia, esentíssimo Padre, y mojemos la palabra; y echóse á pechos un vaso de á quartillo.
16. — «Buen provecho, Tio Bastian, respondió el Maestro Prudencio, y continuó diciendo: Sin duda que esse Sermon debe ser muy especial, y que traherá grandes noticias de Santa Orosia.» — Yo, Padre nuestro, prosiguió el buen Borrego, limpiándose los vigotes y relamiéndose el trago, soy un probe simpre, que no sé leer ni escribir, y no lo entiendo; pero un hijo mio, que es un lince, pues no tiene mas que diez y ocho años, y ya anda por processo, nos le leyó una noche á la mi Coneja y á mí, y nos pareció que decia unas cosas muy hondas. Ello es empusible de Dios, que no sea uno de los mas estupendíssimos Sermones, que se han perdicado en el mundo; porque vea usa Trinidad, sobre que anda de letra de molde y se ha empremido! Pero, si su Caridá gusta de leerle, dexe, que yo pediré uno á Mosen Guillen, y se le traeré, quando guelva á dexar en su Convento nuestro Padre Perdicador mayor.
17. — «No es menester, replicó Fray Blas, que yo daré á V. Paternidad el que me presentó el señor Mayordomo, que ahí le traigo en la alforja, porque me embelesa tanto su lectura, que no acierto á dexarle de la mano, y de puro leerle casi le he aprendido de memoria. Es de los grandes Sermones que he leído en mi vida.» — «Y toca todas las circunstancias?» preguntó entónces Fray Gerundio. — «Déxame echar un trago á la salud de nuestro Padre Maestro, y despues te responderé.» Bebió Fray Blas otro vaso de vino, que estaba á nivel con el de su Mayordomo, limpióse con sosiego y con autoridad, y prosiguió diciendo: «qué llama si toca todas las circunstancias? No dexa una, que no toque; pero como? Toca el sitio donde está fabricada la Iglesia de Jaca; toca su Escudo de Armas; toca el del Señor Obispo, que era á la sazon; toca el número de los Regidores de la Ciudad, toca el de las mugeres, que en otro tiempo la defendieron contra los Moros; y, aunque es verdad, que ninguno oyó el Sermon, porque no se predicó, pero, como le compuso para que le oyessen, toca el número sin número de los que pudieran oírle; y finalmente toca hasta el de los que llevaban el palio, que eran ocho. Y todo con unos textos tan oportunos, tan adequados, y tan literales, que no hay mas que pedir, y parecia impossible, que ingenio mortal pudiesse llegar á tanto. Esto es predicar, ó esto es componer Sermones! que todo lo demas es paja.» Y casi fuera de sí dió una palmada en la mesa, tan recia que faltó poco, para que vasos, salvilla, y jarro diessen en tierra; y lo que es el jarro, assegura un Autor fidedigno, que huviera caído al suelo, á no haverse abrazado prontamente con él, al tiempo de bolcarse, el vigilantíssimo Sebastian Borrego.
18. Siglos se le hacian al bendito Fray Gerundio los instantes, que tardaba en leer un Sermon, que ponderaba tanto un hombre como el Padre Fray Blas, á quien él tenia por el mayor espanta-pueblos, que conocian los Púlpitos de aquel Siglo. Rebentando estaba por pedírsele, y ya tenia en el borde de los labios las palabras, quando le contuvo el respeto del Padre Maestro, á quien ya el otro se le havia ofrecido; y tambien fué parte para detenerle un poco de miedo que le havia cobrado, hasta saber qué dictámen formaba del tal Sermon su Paternidad, y mas que le notó no sé qué gestos displicentes, miéntras Fray Blas estaba ponderando el primor y la menudencia, con que se tocaban en él todas las circunstancias.
19. Con efecto, al machucho del Padre Maestro Fr. Prudencio le havia dissonado tanto esto, que prorrumpió diciendo: «Aceto el Sermon, que me ofrece el Padre Predicador, no mas que para divertirme con él y compadecerme del que le compuso; pues por lo demas, supuesto lo que el Padre Predicador dice, no necessito leerle para juzgar desde luego, que será un texido de despropósitos, de disparates, y de puerilidades, sin que tenga de Sermon mas que el título y el thema. Sermones de circunstancias, y de tales circunstancias! No se ha inventado locura mayor, mas torpe, mas indigna de la Cáthedra del Espíritu Santo, ni que mas acredite la mala cabeza del Predicador, el depravado gusto de los oyentes, y la lastimosa ignorancia, que hay en unos y en otros, de lo que es verdadera eloquencia. Solo en España se estila esta vergonzosa necedad; y aun en España no se introduxo hasta mas de la mitad del Siglo passado, en que comenzaron á profanar el Púlpito con estas ridículas indecencias unos títeres ó unos Poetuelas en prosa, á quienes la ignorancia del vulgo aclamó por grandes Predicadores. No se me señalará ni un solo Sermon de estos, que se llaman circunstanciados, que sea de data mas antigua. Todas las Naciones extrangeras hacen una gran burla de nosotros, (y lo peor del caso es, que la tenemos bien merecida,) por esta impertinente, loca, y pueril extravagancia.»
20. «Sermon de circunstancias! Pues, acaso hay otra circunstancia en el Sermon, que la de predicar del Santo, del mysterio, ó del assunto de que se habla? Qué conexion tiene con las virtudes de Santa Orosia, que la Cathedral de Jaca esté en este sitio ni en el otro, y se llame assí ó asá? que las armas del Obispo sean un Leon ó un Abestruz? que la Iglesia Cathedral tenga por escudo dos llaves con dos puertas ó dos arcas sin cerradura? que los Regidores sean nueve, ó sean veinte? que lleven el palio ocho ni ochenta? y finalmente, qué arte ni parte tuvo Santa Orosia, ni qué gloria se la sigue, de que las mugeres Jaquetanas huviessen defendido la Ciudad contra los Moros, quando esta hazaña sucedió muchos años ántes, que huviesse Santa Orosia en el mundo? Conduce nada de esto para formar un gran concepto del mérito de la Santa, una grande idéa de su poder, una viva confianza en su proteccion, ni para alentar á la imitacion de sus heróycas virtudes, que es ó debe ser todo el empeño de los Sermones Panegýricos?»
21. «Los Maestros de la Eloquencia Sagrada, ni aun profana, usaron jamas estas impertinencias? Hállase por ventura ni un remoto rasgo de ellas en los Sermones, en las Homilias, en los Panegýricos de los Santos Padres? Ciceron y Quintiliano hicieron nunca assunto de semejantes vagatelas? Si un Abogado se introduxesse en Estrados públicos á hablar en un pleyto, haciendo circunstancia de las armas del Presidente, de los Escudos de los Jueces, del Dosel de la Sala, del artesonado de la pieza, y de otras necedades semejantes, habria paciencia para dexarle acabar su harenga? y no dispondrian luego que fuesse á concluírla á los Orates? Pues aquí de Dios y de la razon: como se sufre esto en los Predicadores? como se les aplaude? como se les celebra? como no se convierten en sylvos los elogios? y como no vuelan contra ellos los sombreros y las monteras, á falta de tronchos? Pero esto era para mas despacio, y tampoco es para aquí. Ahora, pues, ustedes han acabado ya de comer, y tienen que andar cinco leguas hasta Jacarilla; Fray Gregorio saca las Cavallerías; Fray Blas, déxeme esse Sermon para entretenerme, y no hay que perder tiempo, que se va haciendo tarde.»
22. Por mal de sus pecados, al querer levantarse de la mesa el bueno del Mayordomo, no pudo, porque le pesaba mas la cabeza, que lo restante del cuerpo. Era el caso, que, miéntras el zeloso Fray Prudencio havia estado tan enardecido predicando contra los Predicadores, que perdian neciamente el tiempo en hacerse cargo de ridículas circunstancias, el Tio Bastian no le havia perdido, y menudeando los tragos, que todos eran de á folio, el vino hizo su oficio; y, quando quiso ponerse en pié, cayó entre la mesa y el banco, teniendo la desgracia de tropezar con la cabeza en la esquina de este, y se hizo una herida, que parecia una espita. No huvo mas remedio, que aplicarle una estopada, llevarle entre quatro Mozos de la Labranza á la cama, y darle tiempo hasta el dia siguiente para que volviesse del rapto.
23. Mucho sintió este accidente el Maestro Prudencio, porque ya era preciso, que á lo ménos aquella tarde estuviessen juntos el Predicador y Fray Gerundio, y temia, que aquel echasse á perder lo que juzgaba havia adelantado por la mañana. Viendo que ya no tenia otro remedio, propuso en su ánimo no dexarlos ni un instante solos; y, quando estaba trazando el modo de tenerlos entretenidos, el mal Dimoño, que no duerme, dispuso, que en aquel instante viniesse á visitarle el Arcipreste del Partido, que era Cura de un Lugar poco distante de la Granja, y, despues de hechos los primeros cumplidos, dixo, que, con licencia de aquellos Padres, trahia algunos casos que consultar en secreto con su Reverendíssima.