CAPITULO VII.
Cánsase de hablar el Beneficiado, saca la caja, toma un polvo, estornuda, suénase, límpiase, y prosigue la conversacion.
«De todo lo qual inferirá Vm., mi Padre Fray Gerundio, que el señor Arcediano Barbadiño habló con sobrada indigestion en punto de Philosophía de España; pues, aunque bien se pudiera ahorrar mucho de lo que en ella se enseña, y emplearlo mejor sin salir de la materia, pero no se pierde tanto tiempo, como pondera su merced muy Reverenda; y al cabo el Philósopho Gasendista, el Cartesiano, el Newtoniano, y el Aristotélico, algaravía mas, algaravía ménos, todos salimos á nuestra algaravía. Pero bien entendido que, sin este tal qual estudio de la Naturaleza, apénas se puede dar passo con acierto en las demas Sagradas Facultades.»
2. Atónito estuvo oyendo el pacientíssimo Fray Gerundio todo el largo razonamiento del señor Beneficiado, sin toser, sin escupir, sin cespitar, y aun sin pestañear, sino una sola vez allá házia el medio de la harenga, que se le puso una mosca de burro sobre la ceja zurda, y se le pegó de modo, que le costó mucho trabajo el desprenderla. Pasmóse de lo que le havia oído ensartar, con la leve ocasion de lo que le havia preguntado acerca del Barbadiño; y, aunque zorroclonco, no dexó de conocer, que tenia razon en lo que havia dicho, pero que sobraba la mitad, y aun las tres partes y media, para lo que pedia una conversacion, en que no se trataba, sino por incidencia, acerca de este Autor. Pero, como en efecto le havia dado gusto todo lo que acababa de oírle, y el empeño del Fraylecito era escapar el cuerpo, si pudiesse, á todo estudio Escolástico, por dedicarse quanto ántes al baratillo del Verbum Dei, segun la instruccion del Lego, su Cathequista, y de su Héroe el Padre Predicador mayor de la Casa, quiso apurar del todo la materia. Y pareciéndole, que por lo ménos lo que decia el Barbadiño acerca de la Theología Escolástica no tenia respuesta, le dixo: «Señor Beneficiado, todo lo que Vm. me acaba de explicar acerca de la Philosophía me parece lindamente; y aunque, la verdad sea dicha, que en lo mas de ello yo no hé entendido palabra, pero á mí me suena bien, y convengo en que no hace daño saber un poco de Philosophía, aunque sea de la que nos enseñan por acá. Yo, bien ó mal, ya estoy para acabar mis tres años, y tanto como hablar de materia primera, de formas substanciales, de union, de compuesto in fieri, de principio quod y quo, y assí de otras zarandajas, ya me atreveré á hacerlo como qualquiera Arcipreste. Pero esso de pensar nuestros Padres en que me han de obligar á que estudie Theología Escolástica, tararira! no lo conseguirán, aunque me emparedaran.»
3. — «Y por qué, amigo Fray Gerundio?» le preguntó el Beneficiado. — «Por qué? por las cosas, que dice de la tal dichosa Theología el susodicho Barbadiño.» — «Pues, qué dice?» le replicó el bellacuelo del Clérigo. — «Qué ha de decir, mejor lo sabe Vm. que yo. Dice, lo primero, que esta facultad se trata pésimamente en Portugal, no solo en los Conventos, sino tambien en las Universidades. Y consiguientemente lo mismo dirá de toda España, porque en toda ella no se trata la Theología de otra manera que en Portugal.» — «Y esso, como lo prueba, Padre mio?» — «Como lo ha de probar: con una razon, que no tiene respuesta; porque dice, que acá se estudian quatro años de Theología, assistiéndose á quatro Cáthedras, en las quales se explican cada año dos materias de Theología Escolástica, una de Moral, y otra de Escritura, á la que ningun Estudiante concurre, porque dicen, que solo es buena para los Predicadores.» — «Y en esto, en verdad, que tiene razon; porque en este nuestro Convento por lo ménos, donde tambien hay Estudios de Theología, yo no he visto otro modo de enseñarle, y discurro, que lo mismo sucederá en los demas.» — «Y parécele á Vm., que esso basta, le preguntó el Beneficiado, para decir, que se trata pésimamente la Theología?» — «A mí me parece que sí», respondió Fray Gerundio. — «Pues á mi me parece que no, replicó el Beneficiado. Porque esso á lo sumo probará, que el méthodo no es bueno; que al cabo de los quatro años es poca Theología la que se trata; que ocho Materias, ó Tratados Escolásticos, quatro de Moral, y otros tantos de Escritura, no bastan para que el Estudiante salga Theólogo hecho, ni aun para que tenga noticia de la vigésima parte de la Theología, y en esto no iria descaminado; pero no prueba, que la Theología, poca ó mucha, que se trata, se trate pésimamente, que es lo que suena su valiente y atrevida proposicion. Fuera de que, no puede ignorar el Barbadiño, que en una de las célebres Escuelas de España, al cabo de los quatro años se estudian ó se recorren todos los Tratados de la Theología Escolástica, por un famoso Compendio, que no le hizo ningun Español, sino un docto Religioso Francés, y por lo mismo será de su aprobacion. Si en otra de las Escuelas no ménos célebres se observa el méthodo, que él satyriza, será, ó porque todavía no tiene un Compendio Theológico, segun sus principios, de su satisfaccion, y acomodo para el uso de los Estudiantes, ó por otras razones, que allá él se tendrá; pues al fin, como decia un Alcalde de Villaornate, si es Theatino, y se ahogó, cuenta le tendria.»
4. — «Y qué me dice Vm., le preguntó Fray Gerundio, de lo que añade poco despues el mismo Barbadiño: Que el primer perjuicio ó la primera preocupacion, que saca el Estudiante del méthodo de las Escuelas, es persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo: y el segundo es estar en la persuasion de que no hay otra Theología en el mundo, sino quatro questiones de especulativa, y que todo lo demas son harengas y ociosidades de Extrangeros... siendo esta en efecto la preocupacion general de todos los Theólogos de este Reyno, y no rapaces ó ignorantes, sino Maestros y hombres de barbas hasta la cintura?»
5. — «Qué quiere Vm. que me parezca? respondió el Beneficiado; que, como el Barbadiño escribió la carta donde estampó estos disparates (y es la 14ª. del segundo tomo), quando acababa de padecer ciertos vertigos, ó vertígenes, ó vahidos, ó como quisieren llamarlos, segun él mismo dice al principio de ella, y debia de ser muy acosado de este accidente, por lo que se reconoce en sus cartas; todavía parece, que le duraban algunas reliquias del vertigo, quando afirmó dos proposiciones tan disparatadas con aquella osadía, que es tan natural al hombre. Yo Estudiante he sido, y con Estudiantes he tratado en las tres Universidades de Salamanca, Alcalá, y Valladolid, donde se estudia la Theología Escolástica, punto mas, punto ménos, con el mismo méthodo que en Cohimbra y en Ebora; pero hasta ahora no encontré Estudiante tan zopenco que de dicho méthodo sacasse la preocupacion de persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo. Ni como es possible, que alguno la sacasse, á ménos que padeciesse vertigos, viendo con sus mismos ojos, que en la Theología Escolástica no hay question alguna, por especulativa, por abstrahida, por metaphýsica, por sútil, ó por inútil que sea ó que parezca, la qual, bien ó mal, no se procure probar con la Escritura? Y si no, señale siquiera una el Barbadiño. Aun la que él pone repetidas veces por verbigracia de las que llama puerilidades Theológicas, conviene á saber, si el principio quo generativo ó productivo en el Padre y en el Hijo consiste en predicado relativo ó absoluto, todos los Autores, que siguen diferentes opiniones, procuran fundar la suya en Textos de la Escritura. Pues qué Estudiante ha de persuadirse, que la Escritura para nada sirve al Theólogo, quando sin Escritura no encuentra siquiera una question de Theología.
Esto es saber hablar mal,
Por no saber hablar bien;
Y esto es mentir Magistral,
Por siempre jamas, Amen.»
6. «El otro testimonio, que levanta el Barbadiño, no ya á los Estudiantes rapaces, sino á Maestros con barbas hasta la cintura, de que están en la persuasion de que no hay otra Theología en el mundo, que quatro questiones especulativas, no le va en zaga al primero. Aquí donde Vm. me ve, sepa, que tambien corrí mi cachico de Portugal, donde traté con Lentes y Mestres de Theología, que regentaban as primeiras Cadheiras del Reyno: en España he rodado mucha bola, y aunque indigno, pecador, y vil gusano, he conversado silla á silla, y facha á facha, con muchos Padres Cathedráticos, y hasta algunos Padres Lectores de la legua; quiero decir, aquellos Lectores in partibus, y como de burlas, que son Lectores titulares de Conventos semi-pinzochas, los quales suelen ser mas fieros y mas entonados, que los mismos Cathedráticos de veras; digo, que hasta algunos de estos Padres Lectores de honor se han dignado darme puerta y silla, tratándome con cariño, y casi con amistad. Pues certifico, y en caso necessario juraré in verbo Sacerdotis, que á ninguno, á ninguno he encontrado tan boto de entendimiento, que no supiesse muy bien, que ademas de la Theología Escolástica ó Positiva, como la llama siempre el Padre de las barbas largas, hay la Dogmativa, la Expositiva, y la Moral, á las que algunos añaden, como Theología aparte, la Ascética ó la Mýstica, y que todas estas quatro ó cinco Theologías se dan la mano unas á otras, de manera que tienen cierta dependencia ó conexion entre sí, y tanta que ninguno puede llamarse Theólogo consumado, si no está versado mas que medianamente en todas ellas. Es verdad, que suponen nuestros Maestros (y por mí la quenta, si se engañaren en esta suposicion), que sin entender mas que á media rienda á la Theología Escolástica, hay grande peligro de desvarrar mucho en la Dogmática, de dar de hocicos en la Expositiva, de no entender bien la Moral, y de escribir cien disparates en la Ascética, salva siempre la iluminacion sobrenatural, que lo suple todo. Esto es lo que he oído constantemente á todos nuestros Maestros, no solo á aquellos, que tenian barbas hasta la cintura, pero aun á muchos, que apénas los apuntaba el bozo del Magisterio, y aun tal qual que parecia capon en el fuero externo, aunque delante de la cara de Dios seria lo que su Magestad fuesse servido. Pues donde encontró el señor Padre Barbadiño essos Maestros con barbas hasta la cintura, que estaban persuadidos á que no havia otra Theología en el mundo, que quatro questiones especulativas?»
7. — «A lo ménos, replicó Fray Gerundio, no me negará Vm., que tiene razon, en lo que añade mas abaxo: Que todos los Theólogos Escolásticos están tan satisfechos de su especulativa, que dan al diantre á los extrangeros, porque se desviaron de ella... y que no vió hasta ahora Theólogo alguno de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, haviendo de proferir censura sobre los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios.»
8. — «Pobre Fray Gerundio (respondió el Beneficiado), y qué bellas tragaderas que tiene! Si assí engulle todo lo que encuentra en los libros, morirá de replecion de disparates. Muchos ensarta el Barbadiño en esse par de cláusulas, que le copia. Supone, lo primero, que todos los Extrangeros se desvían de la Theología especulativa, pues esso, y no otra cosa, quiere decir aquella proposicion indefinida y absoluta, de que los Theólogos Escolásticos dan al diantre á los Extrangeros, porque se desviaron de ella. Pero quien le ha dicho á su Paternidad Barbadiña, que todos los Extrangeros se desviaron, ni se desvían de la Theología Escolástica? Gonet y Contenson, Dominicos, fueron Portugueses ó Andaluces? Rodes, Lesio, Tanero, Jesuítas, fueron Asturianos ó Estremeños? El Cardenal de Norris y la Martiniere, Augustinos, fueron Gallegos ó Campesinos? Mastrio y Wigant, Franciscanos, fueron Babazorros ó de las Batuecas? Y estos se desviaron de la Theología Escolástica, quando muchos la comentaron toda, y los mas una gran parte de ella? No quiero alegarle mas exemplos, porque seria negocio de formar una Biblioteca. Los únicos Extrangeros, que se desvían de la Theología Escolástica, son aquellos, á quienes incomoda esta, para delirar á su satisfaccion en la Dogmática, en la Moral, y en la Ascética, sin reconocer otra regla para la inteligencia de la Expositiva, que el capricho y la bodoquera de cada uno. Quienes sean estos Monsiures, no es menester declarárselo al Barbadiño, porque en sus escritos, y aun sin salir de esta carta, da fieros indicios de mantener gran correspondencia, ó á lo ménos de professar mucha devocion á los principios, y tener gran fé con las noticias, que gasta cierto gremio de ellos. Y aun de estos, no todos tienen tanta ogeriza con la Theología Escolástica, como graciosamente quiere suponer su merced Barbadiña. Y si no, ahí está el Doctor Jorge Bull, Professor de Theología y Presbýtero de la Iglesia Anglicana, que murió Obispo de San David el año de 1716, cuyas Obras Theológico-Escolásticas, en folio, nada deben á las mas alambicadas, que se han estampado en Salamanca y en Cohimbra; y como los puntos, que por la mayor parte trató en ellas, son sobre los Mysterios capitales de nuestra Santa Fé, conviene á saber, sobre el Mysterio de la Trinidad y sobre el de la Divinidad de Christo, en los quales su Pseudo-Iglesia Anglicana no se desvía de la Cathólica, en verdad que los manejó con tanto nervio y con tanta delicadeza, que los Theólogos Orthodoxos mas escolastizados, como si dixéramos electrizados, hacen grande estimacion de dichas obras. Y aun en los dos Tratados, que escribió acerca de la Justificacion, que es punto mas resvaladizo, en los principios, que abrazó, no se separó de los Theólogos Cathólicos; pero en algunas consequencias que infirió, ya dió bastantemente á entender la mala leche, que havia mamado. Pues, por qué nos ha de querer embocar el Señor Barbon, que los Extrangeros se desvían de la Theología especulativa, y que por esso los dan al diantre los Theólogos Escolásticos de Portugal y de España? Yo sí, que doy al diantre los vertigos, que afligieron á dicho Señor, en fuerza de los quales deliró tanto el coitado Fradiño, y nos quiso embocar tantas parvoizes.»
9. «Pues ahí es un grano de anis, las que contiene la otra cláusula suya, con que me reconviene Vm.: que no vió ainda Theólogo alguno, de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, haviendo de proferir censura sobre los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios. Tampoco yo ví ainda Escritor alguno de los que abrazaron con todo su corazon la mordacidad, que escribiesse con mayor satisfaccion, ni que digiriesse ménos lo que escribia.»
10. «Qué le parece á Vm. que entiende por Theólogos, que abrazaron con todo su corazon el Peripato? Lea un poquito mas abaxo, y lo encontrará. Entiende los que estudian la Theología Escolástica, por cuyo nombre (dice él) se entiende una Theología fundada en los perjuicios de la Philosophía Peripatética: quiere decir sobre las formas substanciales y accidentes, y sobre todas las otras galanterías de la Escuela. Pero no me dirá donde encontró esta casta de Theólogos? ni donde halló Theología de esta especie? La Theología Escolástica, que se usa por acá, no está fundada sobre las preocupaciones de la Philosophía Peripatética, ni se vale de ella para maldita la cosa, sino única y precisamente para el uso de los términos facultativos, á los quales se les dió una significacion arbitraria, como Essencia, Predicados, Formas, Accidentes, Propiedades, Emanaciones, ut quo, ut quod, Formaliter, Materialiter, Auxilium quo, et sine quo, Ecceidades, Individuaciones, Relativos, Absolutos, etc. Todas estas galanterías solamente la sirven para explicar con ménos palabras lo que quiere decir, y se vale de estas voces, por suponerlas ya entendidas desde la Lógica y Philosophía Peripatética, donde se usa de ellas para los mismos significados; pero estos significados se aplican á principios y assuntos muy distintos, y aun inconexos con casi toda la Theología Escolástica. Es esto estar fundada esta Theología sobre los perjuicios de la Philosophía Peripatética? De essa manera tambien dirá, que están fundados sobre el Peripato todos los Príncipes de Europa, sean de Paces, sean de Comercio, sean de Alianza, sean tambien aquellos que se llaman Tratados de Familia; porque en casi todos ellos se lee el terminillo, de que se quedarán las cosas in statu quo, que es tan peripatético como el ut quo, y el ut quod, el in eo quod quid, y el quoad an est. Si hay algunas questiones en la Theología Escolástica, que en la substancia sean amphibias, esto es, que igualmente pertenezcan á la Theología que á la Philosophía, como son las que tratan de la existencia de Dios, como primera causa de la Creacion del Mundo en tiempo, de la espiritualidad del alma, del libre albedrío ó de la libertad de los actos humanos, y algunas otras pocas mas; estas se tratan con total independencia de los principios Aristotélicos, y muchas de ellas con positiva oposicion á ellos, y para nada recurrimos á la Philosophía del Estagyrita, sino puramente para explicarnos, y para que recíprocamente nos entendamos. Pues, qué Theología Escolástica de mis pecados es esta, que está fundada en la Philosophía Peripatética? Vaya, que, quando escribió esto, todavía le debia de durar el vertigo al Santo Padre.»
11. «Y con qué conciencia dice, que ainda no vió Theólogo alguno, de los que abrazaron con todo su corazon el Peripato, que, queriendo censurar á los que introduxeron el méthodo moderno, tomasse el trabajo de examinar bien las razones, en que se fundan los contrarios? De qué méthodo habla su Paternidad muy Arcediana? Porque, si habla del méthodo de la Theología Escolástica (que es la Theología en question), ni los modernos, ni los antiguos, ni los Peripatéticos, ni los Newtonianos han inventado otro méthodo, que el que introduxo Pedro Lombardo, imitó Santo Thomas, y siguieron despues todos los demas. Y si no, díganos su merced por su vida, donde encontró otro méthodo de Theología Escolástica? Si habla del méthodo de la Theología puramente dogmática (que será un grande despropósito para el assunto), lo primero, hasta ahora no se ha escrito cuerpo alguno entero, que comprehenda methódicamente todos los tratados pertenecientes á esta Theología; y si no, díganos el Señor Barbadiño, como es la gracia del Autor que los escribió, ó que á lo ménos hizo la coleccion de ellos? Lo segundo, en los innumerables Tratados Dogmáticos, que se han escrito, cada Autor ha seguido el méthodo, que mejor le ha parecido, ó el que le ha venido mas á cuento: unos Oratorio, otros Académico; estos con ergos, aquellos sin ellos; los mas por libros ó tratados, muchos por disputas y questiones, algunos en figura de Diálogos; y finalmente los Dogmáticos moderníssimos, que han escrito contra las heregías del tiempo, y especialmente contra la que hoy es de la gran moda, de la qual muestra tener grandes noticias el Señor Fray Arcediano, han preferido el méthodo de cartas dialogizadas, el idioma vulgar, y el ayre un poco chufletero, para lo qual no les han faltado buenas y sólidas razones. Ningun Theólogo Escolástico y Cathólico ha censurado hasta ahora alguno de estos méthodos; ó señálenosle con el dedo el Padre de las barbas á tiros largos. Pues, para qué es meter tanta bulla, y fingir fantasmones para dar de palos al ayre?»
12. «Mas no es esta la madre del cordero. Con el sobre-escrito del méthodo, su verdadero intento es desterrar del mundo la Theología Escolástica, como él mismo lo confiessa sin rebozo, pues de ella dice constantemente, que no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion. Esto hiede que apesta. Luthero, Beza, Calvino, Melanchton, y el Barbadiño de su tiempo Erasmo de Roterdam, dixeron lo mismo en propios términos. Los amigotes del Señor Arcediano son de la misma opinion; y nada acredita mas la utilidad, y aun la necessidad de la Theología Escolástica, para la inteligencia y para la defensa de los Dogmas, que lo mucho que incomoda á estos Monsiures.»
13. «Pues el Padre de las barbas postizas escribe dentro de Italia, ya tendrá noticia (y si no la tiene, yo se la doy ahora) de las Obras de Benedicto Alctini (alias el Padre Benedicti Jesuíta), y de las explicaciones Theológicas de los Cánones del Concilio de Trento sobre los Sacramentos, que el sabio Servita Juan María Bertoli imprimió en Venecia el año de 1714. Lea lo que escribieron estos dos Autores de á folio contra cierto Autorcillo Italiano, que salió por entónces con el mismo proyecto, con que sale ahora el Señor Barbazas, de querer desterrar del mundo la Theología Escolástica, para substituir en lugar de ella la leccion y la explicacion de las Obras de los Ss. Padres. Allí verá, que el Autor Italiano supone tan en falso, como el Señor Portugués, que en las Escuelas no se hace caso del estudio de los Santos Padres. Impostura palmaria! Pues la Theología Escolástica apénas es mas que un compendio de sus Obras, en el qual ó se examinan sus diferentes opiniones sobre principios ciertos, comunes, y admitidos por todos ellos, ó se comparan y se cotejan unos con otros, para discernir por medio de este exámen y comparacion lo que en su modo de hablar no parece tan exacto; ó juntando las opiniones de todos acerca de los dogmas, se forma una especie de cadena y serie chronológica de tradicion; y en fin, en ella se encuentra toda la doctrina de los Padres, pero digerida segun el órden de las materias, desembarazada de digressiones inútiles, limpia, y como acrivada de todos los descuidos, que pudo mezclar en ella la flaqueza humana, ilustrada y confirmada con la autoridad de la Escritura, y con el peso de la razon. De manera que estudiar Theología Escolástica es estudiar á los Santos Padres, pero estudiarlos con méthodo. El Autor Italiano, dice el sabio Servita (y óygalo con atencion, con docilidad, y con espíritu de compuncion el Pseudo-Capuchino): el Autor Italiano y sus semejantes, poco versados en este género de estudios, ingenios y genios superficiales, amigos de la novedad, que, afectando hacerse distinguir, se apartan del camino carretero, introducirian en las Escuelas una extraña confusion, si llegasse á abrazarse su proyecto. El estudio vago y mal arreglado de los Santos Padres, reducido á leer sus Obras, sin haverse instruído ántes en los principios necessarios para entenderlas bien, y para formar recto juicio de lo que quieren decir, llenaria al mundo de hereges, ó de Sabios de perspectiva, bien cargada su memoria de lugares, de sentencias, y de centones en monton, pero su pobre entiendimiento mas oprimido que ilustrado con todo aquel estudio ó embolismo. Hasta aquí el docto Servita.»
14. «Y luego nos dirá en nuestras barbas el barbadíssimo, y aun barbaríssimo señor, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! Sea por amor de Dios la desvergüenza. Si se contentara con decir, que en casi todos los Tratados de ella se mezclan algunas questiones inútiles, que pudieran y aun debieran ahorrarse; que aun muchas de las útiles y necessarias se tratan con una prolixidad intolerable; que, en varias de ellas, de cada argumento se ha formado una question, y aun una disputa, y aun tal vez una materia entera, para cuyo estudio no sé yo, si el mismo Job tendria bastante paciencia, adelante: ya se le oiría con christiana conformidad, y aun puede ser, que en esta opinion no fuesse solo. Pero espetarnos á red barredera y en cerro, que la Theología Escolástica no solo es superflua, sino perjudicial á los dogmas de la Religion! voto á... que si yo fuera Inquisidor General. Mas tomemos un polvo, mi Padre Fray Gerundio, y refresquémonos un poco, que ya me iba calentando.»
15. Con efecto le tomó el bueno del Beneficiado, sonóse, gargajeó, y prosiguió en su tono y frescura natural: «No es tan lerdo el Barbadiño, que no conociesse, que luego le havian de dar en las barbas con los Patronos y Sequaces de la Theología Escolástica, como v. gr. Alberto Magno, Santo Thomas, San Buenaventura, San Juan Capistrano, y en fin todos los Santos Theólogos, que han florecido desde el Siglo XII acá, porque su Paternidad no quiere hacer mas anciana á dicha Theología; á algunos de los quales Santos los tiene admitidos la Iglesia por sus Doctores, y parece terrible osadía decir que los Doctores de la Iglesia enseñaron una Theología perjudicial á los dogmas de la Religion. No dissimula el Padre Barbeta este feroz argumento, aunque es verdad, que le propone blandamente, y como al soslayo. Pero qué solucion dará á él?»
16. «Dice, lo primero, que esto importa un bledo, porque los Santos florecieron en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa, y que, conformándose con lo que se practicaba en su tiempo, tienen alguna disculpa. Vamos, que la solucion se lleva los vigotes; y queda el entendimiento plenamente satisfecho de que la Iglesia pudo, con grandíssima razon y con no menor serenidad de conciencia, colocar en la classe de sus doctores á unos Santos, que enseñaron una Theología perjudicial á sus dogmas, por quanto los pobres no tuvieron la culpa de florecer en un Siglo, en que casi no se sabia otra cosa; y, en caso de tener alguna en conformarse con lo que se practicaba en su tiempo, seria una culpilla venial, que se quitaba con agua bendita, y no podia perjudicarles para obtener la suprema borla de Doctores de la Iglesia.»
17. «Pero vaya una preguntita, assí como de passo y sobre la marcha: Con qué Theología confundió Santo Thomas á los Hereges, que se levantaron en su tiempo? Fué con la que aprendió y enseñó, ó con la que todavía no se havia fundado ni se fundó hasta que essos Theologazos modernos, llenos de zelo y de charidad, abrieron los ojos á la pobre Iglesia, que por tantos siglos los havia tenido lastimosamente cerrados ó á lo ménos legañosos? Y en qué consistirá, que todos los Hereges están de tan mal humor con este Santo Doctor, como dice con discrecion cierto Moderno? Si su Theología es tan perjudicial á los dogmas de la Religion, por qué no la abrazan? por qué no la siguen? por qué no hacen muchas cortesías al Santo, y celebran su fiesta con un Octavario de Sermones? El hecho es, dice el citado Recencior, que el verdadero motivo, porque todos los Hereges están tan avinagrados contra este admirable Doctor, es porque á él se le debe aquel méthodo regular, que reyna en las Escuelas, con el qual se desenredan las opiniones, se quita la mascarilla al error, se pone de claro en claro la verdad, se explican con limpieza y con claridad los dogmas de la Fé, segun el verdadero sentido de la Iglesia y de los Padres. Y concluye: No ha tenido la heregía enemigo mayor que nuestro Santo, porque nunca ha podido defenderse contra la solidez y, si me es lícito hablar assí, contra la casi infalibilidad de su doctrina. A seo Calcillas: y todavía dirá Vm., y lo dirá constantemente, que la Theología Escolástica es perjudicial á los dogmas de la Fé? Pues yo tambien le diré á Vm. constantemente, que creo á ciegas en la del Sýmbolo de los Apóstoles; mas, para creer en la que Vm. professa, necessito mucho exámen. Y le advierto á Vm., que el Autor de dichas palabras no es algun Padre Dominico, á quien le ciegue la passion, sino otro de profession muy distinta, que sabe venerar las opiniones del Santo Doctor y, si algunas no le arman, separarse de ellas con reverencia.»
18. «Dice, lo segundo, que, si Alberto Magno y su discípulo Santo Thomas comentaron á Aristóteles, no fué, á lo que él cree, porque lo juzgassen útil, sino por hacer esse servicio al público, que en aquel tiempo estaba muy preocupado por Aristóteles. Hizo bien en añadir á lo que creo; porque el hombre da muchos indicios de creer enrebesadamente. Esto es decir en buenos términos, que cree, que Alberto Magno y Santo Thomas fueron unos hombres aduladores, unos Doctores lisongeros, unos Maestros de aquellos, que caracteriza San Pablo, los quales, por acomodarse al gusto y á las passiones del Pueblo, le enseñan doctrina falsa, inútil, y aun perniciosa, y, apartando voluntariamente los ojos de la verdad, aunque saben muy bien házia donde cae, le embocan fábulas, patrañas, ó embelecos inútiles. Pobres Lumbreras de la Iglesia, y en qué manos haveis caído! Siquiera no os dexa el carácter de hombres de bien, de honor, y de sinceridad, que no saben engañar á nadie, sin que primero se engañen á sí mismos: y, quando en qualquiera materia es la mayor vileza de un Autor escribir contra lo que siente, por lisongear el mal gusto del público, en una materia de tanta gravedad y de tanta importancia como la Sagrada Theología, no repara en hacer reos de semejante ruindad á unos hombres, como Alberto Magno y Santo Thomas de Aquino, á quienes sobraba su santidad, y bastaria al uno su dignidad de Obispo de Ratisbona, y al otro su nacimiento, para que los hiciesse mas merced y mas justicia. Si esto lo dixera un rapagon desbarbado, adelante, pudiera passar por rapazada; pero decirlo y estamparlo un hombre, que afecta profession de barbas largas, no merecia que se las arrancassen todas pelo á pelo?»
19. «Ora bien, mi sinceríssimo Padre Fray Gerundio, un año duraria nuestra conversacion, si huviera de seguir pié á pié al Barbadiño en todos los disparates, que dice con su acostumbrada satisfaccion y regüeldos, en sola esta Carta sobre el méthodo con que se estudia la Theología Escolástica, y si me huviera de empeñar en impugnarlos. Yo estoy ya cansado, y solo el hablar de este hombre me fastidia. El abrirle los ojos á él, que los tiene cerrados con la presuncion, y el abrírselos á sus apassionados, que se conoce lo son á cierra ojos, y no mas que por el sonsonete, seria una grande obra de charidad, pero seria obra muy larga, aunque no muy dificultosa; porque yo, con ser assí que soy un pobre pelon, me atrevia á hacerle ridículo y á poner de par en par, mas claros que la luz que nos alumbra, los innumerables desbarros, que profiere en casi todas las materias que trata, aunque, como dixe á Vm. al principio de nuestra conversacion, no dexe de traher muita coiza boa. Pero, ni yo estoy de vagar, ni esto es por ahora de mi instituto. Solo diré á Vm., que en esta Carta sobre la Theología Escolástica muestra una grande adhesion á los enemigos mas solapados y mas perniciosos de la Iglesia; que adopta sus máximas; que celebra sus Libros, ó sus Ediciones de las Obras de los Santos Padres, que están prohibidas por adulteradas; que insinúa con grande artificio su doctrina; y en fin, que todas quantas reflexiones hace sobre la Theología Escolástica, con intento de desterrarla del mundo, de ellos las tomó, y en sus cenagosos charcos las bebió; especialmente de los seis Libros, que el año de mil y setecientos dió á luz Juan Owen, no el célebre Poeta Inglés, sino otro de su mismo nombre y apellido, que los intituló de Natura, ortu, progressu, et studio veræ Theologiæ. Y ya que hablamos de Juan Owen, no debe llevar á mal el Padre Barbadiño, que me den en rostro muchas cosas suyas, quando hago justicia al mérito de otras, siquiera porque no me comprehenda la paulina del Poeta al principio de sus Epigrammas
Qui legis ista, tuam reprehendo, si mea laudas
Omnia, stultitiam; si nihil, invidiam.
Y porque temo, que el Latin, que enseñó á Vm. el Dómine Zancas-largas, no alcanza á que entienda de repente este Epigramma, allá va su traduccion en esta quarteta, que se me antojó hacer ahora, para alegrar un poco la conversacion.
Desde luego te declaro,
Lector de estos Epigrammas,
Por necio, si alabas todo,
Por embidioso, si nada.»
20. «Pero me hace lástima acabar esta conferencia, sin que Vm. me ayude á reír del méthodo, que propone el Barbadiño para estudiar la verdadera y provechosa Theología, despues de haver hecho tan solemne burla del que se observa para estudiar la que él llama inútil y perjudicial.»
21. «Dice, pues, que el primer prolegómeno de la Theología ha de ser la Historia Eclesiástica y Civil, ántes de Christo y despues de Christo; que, consiguientemente, la primerita cosa, que ha de hacer el Estudiante, que entra en la Theología, es estudiar en breve la Historia del Testamento antiguo; despues la de Christo para acá; despues la de los Emperadores Romanos, por lo ménos hasta el sexto Siglo, y que esta se ha de estudiar muito bem. Que, como no se puede estudiar ni entender bien la Historia sin la Chronología y la Geographía, ante todas cosas debe buscar una tabla Chronológica, de estas que se encuentran en un pliego de papel de marca, y encajar bien en la cabeza las principales Epocas de la Historia Civil, observando el órden y la serie de los tiempos. Que, una vez metida bien en los cascos la Chronología, debe tener siempre á la vista el tal Estudiante ó Theólogo Cathecúmeno una Carta Geográphica, esto es, un mapa general, ó muchos particulares, en los quales, siempre que se habla de algun successo particular, ha de buscar la Provincia y el Lugar donde sucedió, y de esta manera irá aprendiendo facilíssimamente la Geographía sin trabajo, y como por entretenimiento.»
22. «Y, por quanto el pobre Theólogo Neóphito no puede tener noticia de adonde caen estos Mapas, ya el charitativo Barbadiño toma el trabajo de darle razon de los que, á su parecer, fueron los mejores Autores Geográphicos, aprovechando esta bella ocasion de lucir su vasta erudicion en la Geographía, siendo assí, que ciertamente no le costó mas que abrir el primer Catálogo de alguna famosa Librería, que tuvo mas á mano, buscar el título de los Autores Geógraphos, y trasladar al papel los primeros, que se le vinieron á la pluma.»
23. «Dice, pues, que es indispensable de toda indispensabilidad, que el tal Candidato de Theólogo se arme con el Atlas Geográphico de Janson, que se compone de ocho grandes volúmenes, ó por lo ménos con el Compendio de él, que se reduce á un volumen de á folio, se entiende en papel de marca, como libro de Choro, ó de Solfa de Facistol. Item del Atlas de Blaeu, que son once grandes volúmenes del mismo tamaño. Item del Atlas mas breve de los Señores Sanson. Item del de Monsieur de l’Isle. Y basta esto para Cartas generales: para las particulares no se le puede dispensar en que haga provision de las siguientes. De las de Inselim, que comprehenden la Inglaterra, Países-Baxos, Francia, España, y Portugal. De las de Nolin, que describen la Venecia y la Istria. De las del P. Placido, que siguen todo el curso del Po. De las de Ensishmid que representan la Alemania, y de las de Scheuchzero, que demarcan la Elvecia. Estos Autores (aquí llamo la atencion de mi auditorio) débense saber, para buscarse en las ocasiones. Con que, si estos Autores no se saben, y consiguientemente si no se tienen, voló el primer prolegómeno de la Theología; y el que tuviere vocacion de estudiarla, ofrezca al Señor sus buenos deseos, y aprenda otro oficio.»
24. «Bueno es, que hasta aquí estábamos todos en la persuasion de que, para equipar á un Estudiante Theólogo, no era menester mas que proveerle de un vade, que no passasse de catorce quartos; de un plumero, que se arma en un abrir y cerrar de ojos, con un par de naypes; de una redoma de tinta; de media docena de plumas; de la quarta parte de una resma de papel; sus opalandas raídas, y á Dios amigo. Al Theólogo, que no fuesse por la pluma, con meterle en una alforja el par de tomos de Gonet, estaba ya ajustado todo su matalotage Escolástico; y, si se le añadia á Lárraga ó á la Suma de Busembaum, era una India. Y ahora, segun el nuevo méthodo Barbadiñal, ve aquí Vm. que un triste aprendiz de Theólogo, solo para libros, ha menester llevar mas equipage que un Mariscal de Campo. Porque, qué piensa Vm. que, aun precisamente para la Geographía, se contenta con los citados? Bueno era esso para su humor! Todavía le encaja otra runfla de ellos, que debió encontrar despues en otro catálogo, especialmente de Diccionarios Geográphicos, de los quales protesta, que tambien es necessario tener noticia, como son de el de Varea, Baudrand, Ferrario, Maty, y sobre todo de el de la Martiniere.»
25. «Síguense despues los libros Chronológicos, que ha de llevar para mantenerse los primeros meses de Estudiante Theólogo. En esto está parco el Barbadiño, porque la Chronología es algo indigesta, y pudiera ocasionar crudezas al Estudiante, si cargara de ella el estómago con demasía. Conténtase con que al principio no coma mas que Strauchio, ó Beveregio, y algo del Rationarium del P. Petavio. Pero quien se sintiere con calor para digerir mayores noticias, puede engullirse la Doctrina temporum, del mismo Petavio, la Chronología Sacra de Userio, y con el tiempo podrá cargar de mas vianda, si su estómago lo consintiere.»
26. «Pero lo que no tiene remedio es, que para la Historia Universal se eche en el maleton la primera parte del Rationarium del susodicho Petavio; el Compendio Latino de Celario, y no le hará daño el del Padre Turselino, aunque este (dice él) es mas estimado por el Latin que por la Historia. El Compendium historiæ universalis de Gotlob Krancio: este (dice el Padre Calificador) es el mejor de todos: el de Brietio, especialmente despues de Christo, y el de Leschi, que es buen Autor. Para la Historia Eclesiástica hasta Christo, el compendio de Bolerano, que es sufrible para un principiante: despues de Christo, provéase de Riboty y de Graveson. Y, porque no le tengan por impertinente, ó por hombre que receta libros como píldoras un Médico Charlatan, concluye con grandíssima bondad: Isto basta para um principiante. Yo añado, que esto sobra para conocer, que no solo le duraba el vertigo al Santo Padre, quando escribió esto, sino que debia estar en la fuerza de su mayor vigor. Porque, si cree, que todo esto es necessario saber, como primer prolegómeno de la Theología, á los Orates; y, si no lo cree, para qué se quebró la cabeza, y nos la rompió á nosotros?»
27. «Ex ungue Leonem, Padre mio Fray Gerundio. Por aquí conocerá Vm. qué cosazas no dirá nuestro Methodista, quando entra en lo vivo de la Theología y del méthodo, que se ha de observar en su estudio. Es un embrollo de embrollos, un embolismo de embolismos, y un lazo de lazos, para enredar á los incautos. En los lugares theológicos, que señala, hace distincion entre la Iglesia Universal y la Iglesia Romana, como si huviera mas que una Santa Iglesia Cathólica, Apostólica, Romana; no toma en boca al Papa para nada; dice, que la autoridad de la Iglesia Universal, de la Iglesia Romana, de los Concilios Generales, nace de la tradicion; enseña, que, ántes que Christo viniesse al mundo, en el Pueblo Judayco y en la Ley Escrita, la declaracion del Sumo Sacerdote lo terminaba todo; pero, despues que vino Christo á completar as coizas, su doctrina se conserva pura en los Prelados, de los quales la pudiessen aprender los Fieles. En conformidad de este su amado principio afirma, que creen los Cathólicos, que la mayor parte de los Obispos Christianos (como si huviera verdaderos Obispos, que no lo fuessen) UNIDOS AL PAPA, no puede errar en las definiciones de Fé. Lo que creemos los Cathólicos, que estudiamos por Astete, es, que el Papa para nada ha menester la mayor ni la menor parte de los Obispos, para no errar en dichas definiciones, porque la infalibilidad no se la prometió Christo á estos, sino á aquel. Déxase caer, assí como al soslayo, lo que sucedió en los dos Conciliábulos de Rimini y de Seleucia, en que los Padres, engañados en uno, y violentados en otro, admitieron primero, y confirmaron despues, una confession de Fé verdaderamente Ariana: y diciendo, como quien no quiere la cosa, que presidieron en ellos dos Legados de la Santa Sede, y que el número de los Obispos fué mas que bastante para formar un Concilio General, dexa el argumento assí, contentándose con decir, que sin el socorro de la Historia no se puede desatar. Qué le costaba añadir siquiera una palabrita, por donde se conociesse, que dichos Concilios havian sido ilegítimos, no en su convocacion, sino en su prosecucion; que los Legados havian sido depuestos y anathematizados; y que el Papa estuvo tan léxos de aprobar sus Actas, que ántes las condenó, primero por sí, y despues en un Concilio? Pero esto no le venia á quento para sus idéas, ni para el nuevo méthodo, que propone, de estudiar Theología. Líbrenos Dios (que sí librará) de que se introduzca en su Iglesia, porque la quiere mucho, la tiene prometida su assistencia, y los esfuerzos del Methodista no prevalecerán contra ella.»
28. «A vista de esto, mi Padre Fray Gerundio, se confirma Vm. en su opinion, con autoridad del Barbadiño, de que la Theología Escolástica es inútil y aun perjudicial, y en que no quiere estudiarla?» — «Señor Beneficiado (le respondió con tanto candor como frialdad nuestro Fray Gerundio), es cierto, que ya no me suenan tan bien las cosas de esse Padre Portugués, como me sonaban ántes, y que no sé qué diantres de reconcomios siento acá dentro del corazon, que me dan muy mala espina acerca de esse sugeto. Al fin, Dios le haga mucho bien; pero á mí su Magestad no me lleva por las Cáthedras, sino por los Púlpitos, y assí estudiaré yo Theología Escolástica como ahora llueven albardas.» — «Si llovieran, replicó el Beneficiado, se malograrian todas las que no cayessen sobre las costillas de Vm.», y, haciéndole una cortesía, se salió algo enfadado de su Celda, y se volvió á la otra de donde havia salido.
29. Esperábanle con impaciencia aquellos dos graves y doctos Religiosos, con quienes havia tenido la conferencia acerca de Fray Gerundio, y, como duraba tanto la sesion, apénas dudaban ya de que le havia convencido. Luego que le vieron entrar, le preguntaron ansiosos, como le havia ido con el Padre Colegial? A lo que el socarron del Beneficiado respondió con gran cachaza: «Saque qualquiera de V. Reverendíssimas la caja, denme un polvo, y óyganme un cuento. Havia en la Universidad de Cohimbra un Mediquillo theórico, gran disputador, y muy presumido, pero ignorante y necio á par de su presuncion. Tenia estomagados á todos los de la Facultad, y, haviendo de presidir unas conclusiones públicas, rogaron al famoso Curvo Semedo, que tomasse de su cuenta arguírle, concluírle, y correrle, para ajarle la vanidad. Juan Curvo le arguyó de empeño, y á pocas paletadas, para los inteligentes, le tumbó patas arriba; pero el Mediquillo garlaba, manoteaba, se reía, le despreciaba, y en fin se llevó la voz del populacho. Concluída la funcion, uno, que no havia assistido á ella, preguntó á Curvo, como le havia ido con el Presidente; á lo que respondió el discreto Portugués: Taon grandissimo burro è, que naon le pudem convencer. A Dios, Padres mios, que es tarde, y el Ama estará esperando.» Dixo, y retiróse á su casa.