CAPITULO VIII.
Predica Fray Gerundio el primer Sermon en el Refectorio de su Convento; encaja en él una graciosíssima Salutacion y dexa los Estudios.
Ello no tuvo remedio: cerróse Fray Gerundio en que havia de ahorcar los hábitos Philosóphicos, y que no havia de tomar los Theologales, á excepcion del de la Fé, que esse ya le tenia desde el bautismo; el de la esperanza de salvarse, á lo ménos per modum hæreditatis, no le podia faltar; y con el de la charidad debemos piadosamente suponerle, porque parecia buen Religioso, salvo sus manías y caprichos, que absolutamente podian ser sin mucho perjuicio de su conciencia. Viéndole los Prelados de la Religion y los Padres graves del Convento tan displicente con la Philosophía, y tan empeñado en que no havia de estudiar Theología, pues, para ser Predicador Conventual y para predicar como predicaban otros muchos, con grande séquito, aplauso, y provecho de su peculio, decia, que no la havia menester, y á fé que en esso le sobraba la razon por los texados; observando por otra parte, que mostraba bastante despejo, que tenia buena voz, que era de grata presencia, asseado, limpio, prolixo, tanto, que picaba en pulcro; pareciéndoles en fin, que, llevándole la inclinacion por allí con tanta vehemencia, como le armassen de buenos papeles, que no faltaban en la Orden, pues se conservaban los que havian dexado en sus espolios algunos famosos Predicadores, podria acaso parecer hombre de provecho, acreditar la Religion, y ganar su vida honradamente: resolvieron condescender con sus deseos. Pero ántes les pareció conveniente experimentar, qué era lo que se podia esperar de sus talentos pulpitables.
2. Es loable costumbre de la Orden exercitar á los Colegiales jóvenes, assí Artistas como Theólogos, en algunos Sermones domésticos, que se predican privadamente á la Comunidad, miéntras se come en el Refectorio, dándoles tiempo limitado para componerlos: llevando en esto la mira, lo primero, de descubrir los talentos que muestra cada uno; lo segundo, de que se vayan desembarazando, y acostumbrando á hablar en público, para quando llegue el caso de hacerlo en Theatros mas numerosos; y lo tercero, de que tambien vayan aprendiendo á exercitar un ministerio, que debe saber exercitar todo Religioso Sacerdote, siga la carrera que quisiere. En otras Religiones, donde se practica tambien esta loable costumbre, los Sermones de Refectorio son por lo comun sobre las Festividades del año, y se suelen predicar en los mismos dias, en que se celebran, siendo de cargo del Lector, con acuerdo del Prelado, nombrar al Colegial que quiere que predique. Pero, como en cada Religion hay sus estilos, en la de nuestro Fray Gerundio esta incumbencia es privativa del Predicador mayor de la Casa, al qual, avisado por el Superior, toca nombrar el Colegial Predicador, y señalarle para el Sermon el assunto, Mysterio, ó Santo, que quisiere, con todas las circunstancias, que á él se le antojaren, con tal que sean de aquellas, que suelen concurrir en los Sermones, y es gala precisa hacerse cargo en la Salutacion de todas ellas.
3. Apénas, pues, volvió el Padre Fr. Blas, Predicador mayor de la Casa, de predicar su famoso Sermon de San Benito del Otero en Cevico de la Torre, quando fué á presentarse al Prelado y á tomar, segun la ley, su Benedicite. Hechas las preguntas acostumbradas (por algunos pocos Superiores ménos prudentes, y muy agenas de los mas, que verdaderamente son hombres sérios y cuerdos), de como lo havia passado, como se havian portado los Mayordomos, quanto le havia valido el Sermon, qué comida havia habido, y si trahia algunas Missas para el Convento; y haviéndole satisfecho á todo Fray Blas, entregándole por conclusion docientos reales, limosna de cien Missas, que havia sacado, y por otra parte ochenta, para que su Paternidad muy Reverenda dixesse otras veinte, á razon de quatro reales; oído y recibido todo con extraña benignidad por el afabilíssimo Prelado, que, con esta ocasion, volvió á confirmar á Fray Blas la licencia general, que le tenia dada, para que, durante su govierno, admitiesse con la bendicion de Dios quantos Sermones le encomendassen; le dixo por fin y por postre: «Váyase, Padre Predicador, á desalforjar y á descansar á su Celda, y, ántes que se me olvide, encargue luego un Sermon de Refectorio á Fray Gerundio, que tenga algunas circunstancias; pero le prevengo, que no se le componga el Padre Predicador, y déxele, que le trabaje él enteramente; porque, como esse muchacho hipa tanto por el Púlpito, queremos saber lo que él puede dar de suyo.»
4. En un manuscrito antiguo de el Convento se halló advertido á la márgen, que, al oír Fray Blas este encargo del Prelado, y trasluciendo por él, que con efecto pensaban en echar por la carrera del Púlpito á su queridito Fray Gerundio, que era lo que los dos tantas veces havian tratado en la Celda á puertas cerradas, se alborozó tanto, que con aquel primer ímpetu del gozo ya havia echado mano á la faltriquera para sacar el doblon de á ocho, que le havia valido el Sermon, y regalársele al Prelado; pero, pensándolo mejor en el mismo instante, sacó el pañuelo, limpióse los mocos, ofreció hacer al punto quanto le havia mandado, y partió aceleradamente.
5. Aún estaba con los hábitos arremangados, quando, sin ir á su Celda, se entró de golpe y como galopeando en la de Fray Gerundio. Encontróle descuidado, asustóle un poco; arrojóse sobre él, dióle cien abrazos, y solo le dixo: Vamos, chico, vamos á mi Celda, que te traygo un Obispado. Siguióle Fray Gerundio, que se recobró presto del susto, y en el camino le preguntó: Oye usted, y como salió el vernal paralelo? — «Hijo mio, de los Cielos!» le respondió el Predicador. — «Y aquello de las grandes risadas? Et grandes mirata est Roma cachinnos.» — «Amigo, á pedir de boca, porque á carcajadas se hundia la Hermita.» — «Pues yo sé, añadió Fr. Gerundio, que lo de puer nudus, alatus, myrthoque coronatus, qui humi sedebat, daria gran golpe.» — «Qué llama golpe? Dió tal porrazo, que un Bachiller por Sigüenza dixo públicamente en la mesa, que él havia oído mas de mil Sermones de San Benito; pero que cosa mas propia para representar al Santo, quando se revolcaba en la zarza, no la havia oído.» — «Mas de mil?» replicó Fray Gerundio. — «No seas material, respondió el Predicador, que esso se entiende dos ceros mas ó ménos.»
6. Con esta conversacion entraron en la Celda de Fray Blas: desalforjóse este, quitóse las polaynas, baxóse la saya, echó las dos manos á la capilla, que aun se mantenia descolgada, cogió vuelo, y arrojándosela primero toda sobre la cabeza, de manera que ya le cubria por la parte anterior hasta muy entrado el pecho, volvió despues con una especie de columpio á ponerla symétricamente sobre la mitad del cerquillo, y en fin la baxó hasta el medio del pescuezo, colgando por la parte anterior iguales las dos puntas en los lados. Tomó un peyne, que estaba sobre la mesa, atusóse el cerquillo y el copete, abrió una alacena, sacó un frasco de vino de la Nava con vizcochos, echaron los dos un traguito, y aún no havia colado bien el último sorvo por el gaznate de Fray Gerundio, quando este le preguntó con impaciencia, qué Obispado le trahia?
7. — «Qué Obispado te he de traher? le respondió Fr. Blas, todo alborozado: que el Prelado me dió á entender, que querian sacarte de los estudios y aplicarte á la carrera del Púlpito. Puede haver mejor Obispado para tí? Si logras esto, no lo passarás, no digo yo como un Obispo, sino como un Arcediano? y mas con las reglecitas, que yo te daré á su tiempo.» — «Padre Predicador, qué dice?» le replicó Fray Gerundio. — «Lo dicho dicho; respondió el Predicador. Díxome, que luego luego te encargasse un Sermon del Refectorio, y que no te le compusiesse yo, porque, como muestras tanta inclinacion á sermo sermonis, y tan poca á sylogismos y á ergos, querian ver hasta donde llegaba, ó á lo ménos lo que prometia tu cosecha. Y assí, amigo mio, apretar los codos, que, á lo ménos en este Sermon, yo no te he de decir palabra, y te he de dexar que vayas por los senderos de tu corazon. En saliendo de este barranco, será otra cosa: mis papeles serán tuyos, porque tus lucimientos serán mios.»
8. En el mismo manuscrito antiguo, donde se encontró la nota passada, se halló otra, que dice de esta manera: Atónito estuvo oyendo Fray Gerundio esta noticia, y le embargó tanto el gozo, que estuvo como fuera de sí por espacio de tres ó quatro Credos rezados con pausa. Luego que se recobró, echó los brazos al cuello al Predicador mayor de la Casa, y le dixo: «Pues ahora bien, despachemos quanto ántes, y señáleme Vm. luego el Sermon, que tengo de predicar; pues, aunque diga cien disparates en él, á lo ménos ninguno me ha de dar plumada, todo ha de salir de mis cascos, y tanto como el garvillo y el modo de decir no ha de descontentar, aunque parezca mal que yo lo diga»; y, diciendo y haciendo, se subió sobre una silla, ó taburete (que en esto hay variedad de leyendas, y no están concordes los Autores), igualó las dos puntas delanteras de la capilla, metió los dos dedos de la mano derecha por entre ella y la nuez de la garganta, como para desahogarse; miró hácia todas partes con desden y magestad; sacó despues un pañuelo de seda, y se sonó con autoridad; metióle en la manga izquierda, y de la derecha sacó otro pañuelo blanco, con el qual hizo como que se limpiaba los ojos; entonó el Alabado sea, etc. con voz grave, ahuecada, y sonorosa; persignóse magistralmente con la mano muy extendida, y tanto que al llegar al palo de la Cruz, que se forma desde la punta de la nariz hasta la barba, parecia que hacia la mamola; tomó por thema: Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus, con aquello de ex Evangelica lectione Joannis, capite tertio decimo; y prorrumpió en esta disparatadíssima cláusula, que havia tomado de memoria, haviéndola oído á otro Colegial, amigo suyo, en un Sermon del Refectorio, y él la decoró teniéndola por cosa grande. Al pautar las desigualdades de mi grosero pensar, fuí desenebrando las lineas de mi discurso, tirando los primeros barruntos de mi imaginativa hácia el escrutinio del Evangelio Sagrado. Caro mea. Qué elegante está el Profeta! Y callando de repente, porque no sabia mas, prosiguió predicando un Sermon mudo, manoteando, y remedando todas las acciones, gestos, y posturas, que havia observado en los Predicadores, y á él le havian caído mas en gracia; tan enfrascado en esto que aun el mismo Predicador mayor se tendia de risa por aquellos suelos, y aun llegó á temer, si se havia vuelto loco el pobre Fray Gerundio.
9. Cerca de una hora duró esta silenciosa muestra de sus predicaderas, en el qual espacio de tiempo el buen Fraylecito se zarandeó tanto aquel cuerpo, con tales movimientos, con tantas posturas, con tan violentas convulsiones, unas veces cruzando los brazos, otras abriéndolos y extendiéndolos en forma de Cruz; ya amagando á echarse de bruces sobre el Púlpito, ya arrimándose contra la pared, á ratos poniéndose de asas, á ratos levantando el dedo hácia arriba, á manera de quadro de San Vincente Ferrer, que al fin quedó tan sudado y tan rendido, como si huviera predicado de veras, y fué preciso volver á reconvenir al frasco y á refrendar los vizcochos, lo que hizo tambien con especial gusto, por ser esta ceremonia precisa, quando se acaba el Sermon.
10. Despues que descansó algo de su fatiga, estuvo un poco sereno; y despues tambien que el Predicador se recobró de lo mucho que havia reído durante aquella extraña funcion, le dixo este: «Es cierto, Fray Gerundio, y no se puede negar, que tienes talento conocido, especialmente algunas acciones salen que ni pintadas; y, aunque no hablabas palabra, claramente conocia yo lo que querias decir con ellas. Parece, que tienes en las manos los Sermones. Y aquí viene de perlas aquello del Sabio, in manu illius nos et sermones nostri; porque, aunque en realidad allí habla de cosa muy diferente, quien me quita á mí aplicarlo á otra muy distinta, quando viene el texto tan clavado? Ahora bien, manos á la obra, que yo quiero ya señalarte el assunto, á que has de predicar, y las circunstancias, de que te has de hacer cargo en el Sermon.»
11. «Ya sabes, que en la parroquia de la Santíssima Trinidad hay una Capilla dedicada á Santa Ana, que pertenece á la Cofradía de la Santa, á quien la misma Cofradía celebra una fiesta muy solemne. Ya sabes, que este año son Mayordomos Don Luis Flores y Don Francisco Romero, Regidores de este Pueblo; y ya sabes, en fin, que estos dos Cavalleros desterraron á algunas mugeres públicas, que havian venido á avecindarse en él, cuya obra fué sin duda muy grata á los ojos de Dios, y muy aplaudida de todos los buenos. Este es el assunto, estas las circunstancias, que has de tocar precisamente. No tienes mas que ocho dias de término, porque no da mas la Orden. No hay que perder tiempo; á trabajar, y á Dios amigo.»
12. Has visto tal vez un cohete, quando, prendiendo la mecha en el cebo de la caña, que sostenian blandamente los dos dedos de la mano derecha, en un abrir y cerrar de ojos parte desde la mano hasta lo mas elevado de la esfera; y aquella misma vara, que poco ha casi tocaba con su extremidad en el suelo, ya se la ve remontada hasta dar susto á las mismas estrellas; tanto, que la constelacion de Virgo acude pronta á tapar la cara con las dos manos, temiendo, que la va á sacar un ojo? Pues assí, ni mas ni ménos, partió nuestro Fray Gerundio derecha y rápidamente desde la Celda del Predicador á la Librería del Convento. Allí cargó con la Biblia Polyglota de Alcalá, con las Concordancias de Zamora, con el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, con los Saturnales de Macrobio, con la Mythología de Rabisio Textor, con el Mundo Symbólico de Picinelo, con los Kalendarios Mythológicos de Reusnero, Tamayo, Másculo, y Rosino, que eran los libros y los Santos Padres, que veía revolver á su hombre el Predicador Fray Blas, quando tenia que predicar algun Sermon. No se puede ponderar lo que él leyó, lo que él ojeó, lo que él revolvió en aquellos ocho dias, ni las innumerables idéas, que se ofrecian de tropel á aquella inquieta y turbulenta imaginacion, todas á qual mas confusas, á qual mas embrolladas, á qual mas extravagantes. Nada leía, nada veía, nada oía, que no le pareciesse, que venia de perlas para su assunto, ó por símil, ó por comparacion, ó por texto. Apuntaba, notaba, quitaba, añadia, borrajeaba; hasta que en fin, despues de tres borradores, sacó su Sermon en limpio. Estudióle, repassóle, representóle, y se ensayó mil veces á predicarle en la Celda, sobre todos los cachivaches, que havia en ella: sobre la silla, sobre el taburete, sobre la mesa, sobre un banco, y hasta sobre la misma cama. Pues, dos dias ántes de la funcion, quando entró el dispertador á darle luz, le encontró en camisa predicándole sobre la tarima, y es que se havia levantado en sueños, sin saber lo que se hacia.
13. Como estas especies se havian esparcido por el Convento, era grandíssima la expectacion en que estaba toda la Comunidad por oírle. Amaneció, en fin, el dia deseado, y se dexó ver nuestro Fray Gerundio, ante todas cosas afeytado, rasurado, y lampiño, que era una delicia mirarle á la cara. Estrenó aquel dia un Hábito nuevo, que para el efecto havia pedido á su madre, encargando mucho que viniesse bien doblado, y sobre todo que se passasse la plancha por encima de los dobleces, para que se conociessen mejor, porque esto da á la saya no sé qué gracia, y de camino pidió un par de pañuelos de á vara, uno blanco y otro de color, porque ambos eran alhajas muy precisas para la entradilla. Todo se lo envió la buena de la Catanla con mil amores, solo con la condicion de que, ya que ella no podia oírle, la havia de enviar el Sermon, para que se le leyesse el Señor Cura, ó su Padrino el Licenciado Quijano.
14. Llegada la hora, y hecha con la campana la señal para comer, no faltó aquel dia del Refectorio ni el mas ínfimo Donado de la Comunidad, porque en realidad todos querian bien á Fray Gerundio, assí por su buen genio, como porque era liberal y dadivoso; y tambien porque á todos los picaba la curiosidad, viéndole con tanta manía de Púlpito, la qual entendian era mas innocencia que malicia, ni mucho ménos inclinacion á ser haragan. Subió, pues, al Púlpito del Refectorio con gentil donayre; presentóse en él con tanto desembarazo, que casi comenzó á tenerle envidia el mismo Predicador mayor. Echó un par de ojeadas con desden y con afectada magestad, hácia todas las partes del Refectorio; y, precediendo aquellos precisos indispensables prolegómenos de tremolar successivamente el par de pañuelos, blanco y de color, que havia hecho venir expressamente para el intento, entonó ante todas cosas con voz hueca y gutural el sea Alabado, bendito, y glorificado el Santíssimo Sacramento, concluyendo con lo de en el primer instante de su puríssimo sagrado ser y natural animacion: cláusula, que siempre le havia dado gran golpe. Santiguóse con pleno magisterio; propuso el thema, sin omitir lo de ex Evangelica lectione, capite quarto decimo; relinchó dos veces, y rompió la Salutacion de esta manera: advirtiendo, que no se añade ni se quita una sýlaba de como se encontró de su misma letra.
15. «No es de ménos valor el color verde, por no ser amarillo, que el azul por no ser encarnado: Dominus, o altitudo divitiarum sapientiæ et scientiæ Dei; como ni tampoco faltaron los colores á ser oráculo de la vista, ni las palabras en la fé de los oídos, como dixo Christo: Fides ex auditu; auditus autem per Verbum Christi. Nació Ana, como asegura mi fé, por haverlo oído decir, de color rojo; porque las ceruleas ondas de su funesto sentir la hicieron fuertemente palpitar en el útero materno: Ex utero ante Luciferum genui te. A este, pues, Angel transparente, diáfana inteligencia, y obgeto especulativo de la devocion mas acre, consagra esta extática y fervorosa plebe estos cultos hyperbólicos; pues tiene, como allí se ve, hermoso y ayroso vulto: Vultum tuum deprecabuntur omnes divites plebis. Déxome de exordios, y voy al assunto, aunque tan principal. Empieze, pues, el curioso á percebir: Qui potest capere, capiat.»
16. «Fué Ana, como todos saben, Madre de nuestra Señora, y afirman graves Autores, que la tuvo veinte meses en su vientre: Hic mensis sextus est illi; y añaden otros, que lloró: Plorans ploravit in noctem: de donde infiero, que fué María Zahorí:[30] Et gratia ejus in me vacua non fuit. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento: Santa Ana fué Madre de María: María fué Madre de Christo: luego Santa Ana es Abuela de la Santíssima Trinidad: Et Trinitatem in unitate veneremur: por esso se celebra en esta su Casa: Hæc requies mea in seculum seculi.»
17. «Y qué te dan, Ana, en retribucion por tus compendios? Quid retribuam Domino? Qué paralelos podrán expressar mis voces al decir tus alabanzas? Laudo vos? in hoc non laudo. Eres aquella mysteriosa red, en cuyas opacas mallas quedan presos los incautos pececillos: Sagenæ missæ in mari. Eres aquella piedra del desierto, que en los Damascenos Campos erigió el amante de Rachel, para dar á su ganado agua: Mulier, da mihi aquam. Pero ménos mal lo diré, siguiendo el tema del Evangelio. Es Santa Ana aquella preciosa Margarita, que, fecundada á insultos del Orizonte, dexa ciego á quien la busca: Quærentibus bonas margaritas: es aquel thesoro ya escondido, Thesaurus absconditus, ya oculto, nihil occultum, que reservó el alma santa para los últimos fines de la tierra: De ultimis finibus prætium ejus: es aquel Dios escondido, como decia Philon: Tuus Deus absconditus: es el mayor de los milagros, como decia Thomas: Miraculorum ab ipso factorum maximum.»
18. «Varias circunstancias ennoblecen la Fiesta. Unas son agravantes: tolle gravatum tuum; otras, que mudan de especie: specie tua, et pulchritudine tua. Y es, que los Señores Flores y Romero, nobles Athlantes de este Pueblo, llaman, ó á noche hicieron llamar con aquellos truenos, hijos relámpagos del uracan mas ardiente, que subian y baxaban, á modo de aquellos rapidíssimos espíritus de la Escala de Jacob: Angelos quoque ascendentes et descendentes. Y es la razon natural, porque todo lo que baxa, sube, y todo lo que sube, baxa: Zachee festinans descende.»
19. «Cesse la energía de los labios, y contemplen mis ojos, como áncoras festivas, un texto muy literal, que me ofrecen los Cantares. Dice assí: Vox turturis audita est; flores apparuerunt in terra nostra, tempus putationis advenit: Cantó la Tórtola bella en nuestra macilenta tierra; vinieron á celebrarla las flores, y estas mismas flores desterraron las rameras: tempus putationis advenit. Es tan literal el texto, que no necessita de aplicacion. Pero diré con brevedad para el erudito: está representada en la Tórtola Santa Ana; porque, si esta triste y turbulenta avecilla es trono geroglífico de la castidad, Ana fué casta, pues no tuvo mas que una hija: Filia mea male a Dæmonio vexatur. Lo de tempus putationis viene tan al pié de la letra, pues los ínclitos Cavalleros Mayordomos desterraron aquellas Samaritanas, que alborotaban el barrio.»
20. «Ahora me acuerdo de otro texto, que aun mas bien que el passado comprehende todas las circunstancias del assunto: de aquella gran muger Ana, enemiga de Phenena, como se dice en el libro de las Personas Reales, la qual, á impulso de sus deprecaciones, ayudándola Helí, tuvo un hijo llamado Samuel. Atienda, pues, el Rhetórico al argumento. Helí, en anagramma, suena lo mismo que Joachin: Sonet vox tua in auribus meis. Samuel fué Profeta, María fué Profetisa; con que, en el sentido mýstico, lo mismo es Samuel que María. Tengo probado difusamente el assunto, y solo falta aplicarle á los Romeros; pero, supuesto que el Romero tiene flor, dicho se estaba ello: Flores apparuerunt in terra nostra.»
21. «Mas todavía quiero apropiar con mas propiedad las circunstancias al assunto. Publicando están las Historias, que la Vírgen Santíssima tendia los pañales de su recien nacido hijo Dios sobre los Romeros: y esto quien se lo enseñó? su Madre Santa Ana; pues todo quanto supo, ella se lo enseñó, ipse vos docebit omnia. Con que los Romeros servian á Santa Ana. Pues, esso es lo que hacen el dia de hoy: con que tenemos lo que hemos menester.»
22. «Ea, pues, pidamos la gracia. Pero quien la pedirá? Isaías? Ea, que no. Gregorio? Ea, que sí. La Hija ayudará en la labor á su Madre: Filia Regum in honore suo. Ea, pues, digámosla aquella acróstica oracion, que ella en sus niñeces enseñó á su Hija María; porque, como buena Madre, al punto la enseñó á rezar el... AVE MARIA.»
23. Esta fué, sin quitar ni poner, la famosíssima Salutacion, que el incomparable Fray Gerundio de Campazas encajó en el Refectorio de su Convento, por estrena y muestra de paño de sus predicaderas, en presencia de toda aquella Venerable Comunidad, incluso el Reverendíssimo Padre Maestro Provincial, que, por una feliz casualidad, havia llegado la noche ántes á visitar el Convento. Esta es aquella Salutacion, que debiera perpetuarse en los moldes, eternizarse en las prensas, immortalizarse en los mármoles, buriles, y sincéles, por pieza original, pieza única, pieza rara, pieza inimitable en su especie. Y Dios se lo perdone al Reverendíssimo Padre Provincial, que por su genio grave, sério, maduro, y demasiadamente circunspecto, despues de haver echado un jarro de agua á la fiesta, privó del cuerpo del Sermon á la República de las letras, la qual ha hecho en esto una pérdida, que jamas la podrá llorar bastantemente. Porque quien duda, sino que seria un modelo de despropósitos, de locuras, de necedades, de heregías, de cosas inconexas y disparatadas, el mas gracioso y el mas divertido, que ha salido hasta ahora del fondo, ó del sudor de las agallas? Pues, aunque en realidad andan por ahí impressos innumerables, infinitos Sermones, especialmente de estos, que llaman circunstanciados, los quales, á lo ménos en la Salutacion, que es lo que hemos visto del de Fray Gerundio, no le pierden pinta; pero es de creer, que en el alma y en el chiste no llegarian al zancajo del de nuestro recien nacido Predicador.
24. Fué, pues, el caso, que, como durante la Salutacion huvo tanta bulla, tanta risa, tanta zambra en el Refectorio, que á cada passo resonaban las carcajadas á mandíbulas batidas, hasta llegar un Padre Presentado á vomitar la comida de pura risa, el Lector del Caso[31] á atragantarse con un bocado de queso, y hasta el Lego, que andaba con la cajeta, siendo assí, que no entendia mucho de Sermones ni de latines, cogiéndole uno de los despropósitos con el Jesus en el pico, volvió á arrojar en él por boca y por narices como cosa de media azumbre, que ya se havia embanastado, con tal ímpetu que aspergeó y roció medianamente á los dos colaterales: digo, pues, que, como por todos estos incidentes fuesse menester, que Fray Gerundio se parasse á cada passo, haciendo mil pausas, para dar lugar á la mosquetería, y ya estuviesse para acabarse la mesa, pero principalmente porque el Padre Provincial hizo escrúpulo de dexarle proseguir en tanta sarta de disparates, y mas, que ya le pareció aquella demasiada bulla para un acto de Comunidad tan sério; por todos estos motivos le mandó, que lo dexasse y que se baxasse del Púlpito, lo que fué para el pobre Fray Gerundio un exercicio de obediencia, lleno de amarguíssima mortificacion; sucediendo despues, lo que verá el curioso Lector en el Capítulo siguiente.