CAPITULO III.

Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.

1. Iba á responderle Fray Gerundio, quando al revolver el cercado de una viña, por donde atravesaba una senda que guiaba á Tras de Conejo, famoso sitio del monte de Valderas, se apareció un mocito como de veinte y cinco años, con todo el aparato de cazador crudo: redecilla con borla á medio casquete, tupé asomado con sus dos caídas de bucles, chambergo y cinta de plata y oro con su lazo ó roseta entre si trepa ó no trepa á la copa del chambergo, capotillo de grana hasta la cintura, chupa verde bien cumplida de faldillas, calzon de ante fino, ajustado á la perfeccion, asomada por la faltriquera, hasta bien entrado el muslo, una cinta de oro con sello y llavecita de relox, botines de lienzo listoneado de azul, que ni pintados, y sus zapatillas blancas; escopeta, bolsas, dos podencos, y quatro perdices que llevaba en una red de hilo harto bien texida, pendiente de un cordon de seda, que á manera de banda le cruzaba desde el hombro derecho hasta el híjar izquierdo: esso se supone.

2. Era un Colegial trilingüe de la Universidad de Salamanca, bien dispuesto, despejado, hábil, de humor festivo y retozon, aunque algo vivo, osado y quisquilloso; mas que medianamente instruído en letras humanas y sobre todo en la Rhetórica, á cuya cáthedra era opositor y aún havia leído ya una vez á ella. Llamábase Don Casimiro y estaba de recreacion en Valderas, donde tenia casada una hermana muy de su cariño, y al cuñado no le havia faltado un tris para ser Corregidor de Villalobos. Aquella tarde havia salido á caza y, fatigado de la sed, iba por mas pronto recurso á Campazas á echar un trago de agua de bodega, quando al revolver del cercado se encontró con nuestros dos Frayles. Conocia á Fray Blas, porque este, bien ó mal, havia cursado en Salamanca, aunque Don Casimiro era niño gramático y Fray Blas ya era Padre colegial; assí se llaman á aquellos Theólogos de reata, que van en requa á escuelas mayores y menores.

3. Apénas se vieron los dos, quando recíprocamente se conocieron; y es que Fray Blas nada se havia mudado, porque tan calzado era de barbas y tan cerrado de mollera quando Colegial, como quando Predicador mayor de su Convento, atento á que, quando tomó el santo hábito, era ya bastantemente entrado en mozancon. Por lo que toca á Don Casimiro, es cierto que, aunque havia crecido mucho y era hombre que ya se afeitaba á menudo, pero conservaba todavía el aire, las facciones de la cara y cierta viveza de ojos, que le agraciaban mucho quando niño. Diéronse un estrecho abrazo, y despues de aquellos efectos regulares de alegría y de aquel monton de especies antiguas, que tocan de tropel dos conocidos en estos encuentros casuales, despues de haverse santiguado los dos media docena de veces con aquello de Válgame Dios! qué encuentro! Quien me lo dixera! Quien lo pensara! sin omitir Fray Blas lo otro de Jesus, y qué crecido, y qué espigado, y qué hombre, y qué galan! Venga otro abrazo, etc., le tomaron en medio los dos Frayles. El Predicador en breves palabras dió razon á Don Casimiro de quien era Fray Gerundio, de sus prendas, de sus talentos, del sermon que acababa de predicar, de los aplausos que havia merecido, del sermon de honras que le havian encargado, y, en fin, de toda la conversacion que havian tenido los dos desde la salida del lugar hasta el mismo punto del dichoso encuentro inclusivamente.

4. Hizo Don Casimiro un cumplido muy cortesano á Fray Gerundio, y, haviéndole correspondido este con las voces que le deparó su bondad, su crianza y su cosecha, prosiguió immediatamente sin detenerse: «Pues, Señor Don Ramiro...» — «Casimiro, le interrumpió el Colegial, para servir á Vuesandíssima.» — «Perdone vuestra Merced, continuó Fray Gerundio, que, quando le nombró mi amigo el Padre Predicador, estaba yo un tantico embobado, y solo pude advertir que su gracia de vuestra Merced era un nombre acabado en iro. Pues, Señor Don Casimiro, lo que yo iba á decir á Fray Blas, quando nuestra buena suerte nos deparó la honrada vista de vuestra Merced, era que se me havia ofrecido un medio estupendíssimo para predicar, aunque fuessen mil sermones de honras á todos los Escrivanos que está comiendo la tierra. Este es el ir discurriendo en mi sermon por todas y por cada una de las diez fuentes, que llaman los Rhetóricos de la invencion

5. — «Essa es mi comidilla, interrumpió el Colegial, y toca Usandíssima un assunto, en que puedo decir algo con ménos desacierto, porque al fin essa es mi facultad. Si las fuentes de la invencion son diez precisamente, si son ménos ó son mas, es punto muy questionable, y no ignora Usandíssima quanto le controvierten los Autores. Ciceron, en lo de Inventione, señaló algunas mas. Nuestro Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, las reduxo á ménos, y Casio Longino, en su Tratado de lo sublime, que leí traducido del griego en francés por Monsieur Boileau, dice, á mi ver con mayor acierto, que no se puede señalar número fixo á estas fuentes de la invencion, porque serán mas ó ménos, segun fuere mayor ó menor la fecundidad y fuerza imaginativa del Orador. Pero no hay que detenernos en lo que no es del dia: importa poco que las fuentes sean diez ó sean diez mil; lo cierto es, que con solas diez fuentes en qualquier assunto se puede juntar un caudal oratorio tan copioso, que forme un rio navegable de eloquencia. Y quales son essas diez fuentes donde Vuesandíssima piensa hacer aguada para navegar felizmente por el proceloso mar de su fúnebre parentacion?»

6. — «Con licencia de vuestra Merced, respondió Fray Gerundio, el Escrivano á cuyas honras he de predicar no era pariente mio.» — «Pues, digo yo por ventura que lo fuesse?» replicó el Colegial. — «Es que, como vuestra Merced dixo esso de emparentacion, prosiguió Fray Gerundio, creí que me emparentaba con él.» Sin mas exámen conoció Don Casimiro la pobreza del Frayle con quien trataba; pero dissimuló quanto pudo, y ya con algun mayor conocimiento del terreno respondió: «Vuesandíssima ha padecido equivocacion, nacida sin duda de alguna distraccion involuntaria; yo no dixe emparentacion, sino parentacion.» — «Pues, qué mas da uno que otro?» replicó Fray Gerundio. — «Paréceme, respondió el vellacuelo del Colegial, que Vuesandíssima tiene gana de zumbarse y que á mi costa quiere divertir la tarde. Un hombre como Vuesandíssima, que tiene noticia de la invencion y de sus fuentes, no puede ignorar que Ciceron llama parentar á los difuntos el hacer honras por ellos, y que de aquí se dice parentacion todo lo que se consagra á su memoria, ya sean ofrendas, ya elogios, ya oraciones ó sermones.» Como Fray Gerundio se vió tratar con tanto respeto, pues en realidad era la primera vez que havia recivido esse tratamiento, y no dexaba de admitirle con gusto y con entonacion, aunque quedó un poco corridillo de que le huviessen cogido en aquel punto, resolvió dissimular por no perder el concepto, y assí dixo como sonriéndose: «Ya, ya lo sabia yo, pero quise hacer del bobo, solo por el gusto de oir á Usted.» — «Pues otra vez, replicó el fisgon del Colegial, no lo haga Vuesandíssima con tanta naturalidad, porque casi me lo hizo creer. Pero, volviendo á nuestro propósito, qual es la primera fuente de la invencion que señala el Autor de Vuesandíssima?»

7. — «La Historia,» respondió Fray Gerundio. — «Tambien Quintiliano, prosiguió Don Casimiro, señala essa por la primera fuente. No sé si me acordaré de sus palabras, porque ya ha algunos años que las encomendé á la memoria; hagamos la experiencia: In primis vero (pienso que ha de decir) abundare debet orator exemplorum copia, cum veterum tum etiam novorum; adeo ut non ea modo, quæ conscripta sunt historiis aut sermonibus, veluti per manus tradita, quæque quotidie aguntur debeat nosse, verum ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. De suerte que Quintiliano desea en todo perfecto Orador no solo una noticia comprehensiva de la historia, de la tradicion y aún de los sucesos particulares que acaecen en su tiempo, sino que no debe despreciar aún las ficciones y las fábulas de los Poetas mas ilustres y mas clássicos; porque todo sirve para exornar lo que dice con exemplos antiguos y modernos.»

8. — «Veslo, Fray Gerundio, veslo? interrumpió á esta sazon Fray Blas, lleno de gozo y dándole una palmadita en el hombro izquierdo; mira como Quintiliano aprueba lo de las fábulas en los sermones y en las oraciones, segun el texto literal y terminante, que con tanta puntualidad acaba de citar y referir el Señor Don Casimiro. Y qué? te parece que el Señor Don Casimiro es rana? Pues sábete, que será muy presto tan Cathedrático de Rhetórica en la Universidad de Salamanca, como tú eres Predicador sabatino y como yo soy Predicador mayor de la casa. Di ahora á todos los Magistrales del mundo y á quantos Maestros Fray Prudencios puedan tener las Religiones mendicantes, monachales y clericales, que se vengan á contrarestar á Quintiliano.»

9. — «Poco á poco, reverendíssimo Fray Blas,» atajó Don Casimiro. «Quintiliano instruye á un Orador profano, y no á un Orador sagrado. Da reglas para los que han de hablar en las Academias, arengar á los Magistrados, hacer representaciones á los Príncipes, perorar en los Gabinetes y defender ó alegar en los Tribunales; no se mete con los que han de enseñar, persuadir y convencer al pueblo desde los púlpitos. Es cierto, que unos y otros pueden y deben usar de la Historia con moderacion, con oportunidad y con templanza; pero de la ficcion y de la fábula solamente podrán valerse con mucho tiento y con grande economía los primeros. Assí lo da á entender el mismo Quintiliano, y si no, repare Vuesandíssima el miramiento con que se explicó: ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. No dice, que hagan estudio de las ficciones y de las fábulas, sino que no las desprecien, que no las olviden del todo. Si Quintiliano quiere, que aún en las oraciones profanas se practique tanta circunspeccion en el uso de la fábula, quanto condenaria que se gastasse, digámoslo assí, á pasto en las oraciones sagradas, que él no conoció, porque tuvo la desgracia de morir en el Paganismo? Pero dexando á un lado esto, que no es de mi profession, dígame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, como ha de usar Usendíssima de la Historia para el sermon del Escrivano?»

10. — «Como? Tan lindamente,» respondió Fray Gerundio. «Lo primero voime derechicamente á las Concordancias á buscar la palabra Scriba, y, leyendo despues todo lo que se dice en la Biblia de los Escrivas, se lo aplico ajustaditamente á mi Escrivano. Despues voy á consultar en un Thesauro lo que hay en latin por Escrivano, que á fé de hombre de bien que no lo sé; porque no está obligado ninguno, aunque sea el mayor Latino de todo el Universo, á saber como se llaman en latin todas las cosas.» — «No se canse Vuesandíssima en buscarlo, dixo el Colegial, que yo se lo diré: Escrivano y Notario en latin se dice Tabularius y tambien Tabellio, como quieren otros.» — «Lindamente, continuó Fray Gerundio; busco pues la palabra Tabellio ó Tabularius en el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, y allí encontraré todo quanto pueda desear sobre el tiempo, orígen, progressos, variedad de fortunas, con otras mil curiosidades tocantes al oficio de Escrivano, desde su fundacion hasta el tiempo en que escrivió su Theatro el devoto y pio Lorenzo Beyerlink, Arcediano de Ambéres; si allí no encuentro esta palabra, que es muy possible, infaliblemente la he de hallar en el Calepino de Ambrosio, aumentado por Passeracio.»

11. — «Tenga Usendíssima, interrumpió el Colegial, y déme su permisso para hacer una pregunta: qué entiende Usendíssima por el Calepino de Ambrosio? porque esse modo de citarle se me representa una cosa muy parecida á la carabina de Ambrosio.» — «Cierto, Señor Colegial, que es muy honda la pregunta,» respondió Fray Gerundio, no sin hacer un gesto desdeñoso. «Qualquiera niño gramático podrá satisfacerla, pues saben hasta los menoristas que Calepino es una palabra griega, hebréa ó moscovita, que en esso no me meto, la qual significa lo mismo que Diccionario ó Vocabulario, en que, siguiendo el alphabeto, se va discurriendo por todas las palabras latinas, y se dice lo que significan en romance.» — «Tras de essa respuesta iba yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial en tono sacudido, y no extraño que los niños gramáticos ignoren lo que significa Calepino, quando los reverendíssimos Padres Predicadores sabatinos no lo saben. Calepino no es voz griega, hebréa, arábiga ni úngara, sino puramente italiana; tampoco es título de la obra, sino nombre patronýmico de la patria del Autor. Este fué Fray Ambrosio Calepino, del Orden de San Agustin, llamado assí porque fué natural de Calepio en Italia; ni mas ni ménos como San Nicolas de Tolentino y Santo Thomas de Villanueva, Religiosos de la misma Orden, se llamaron assí, porque el uno, aunque era natural del lugar de Sant-Angel, cerca de Fermo en la Marca de Ancona, vivió treinta años en Tolentino, ciudad episcopal de la misma Marca, donde murió; y de esta larga residencia en dicha ciudad tomó el nombre. El otro le tomó de Villanueva de los Infantes, donde se crió, aunque havia nacido en Fuentillana, pueblo reducido que dista tres quartos de legua de aquella villa. Pues ahora, si uno citasse los sermones de Santo Thomas de Villanueva, diciendo: assí se lee en Villanueva de Santo Thomas, no seria cosa ridícula? Pues tan ridículo es, si no lo es mas, citar á secas y sin llover el Calepino de Ambrosio, como si su Autor huviesse puesto al diccionario el título de Calepino. Y ve aquí Vuesandíssima, como la pregunta tenia mas hondon de el que parecia. Ahora passe Usendíssima adelante; que esta no ha sido mas que una breve digression.»

12. Algo descalabradillo quedó Fray Gerundio de la refriega calepinal y, curándose lo mejor que pudo, prosiguió diciendo: «Informado una vez de todo lo que trae el Calepino ó el Diccionario de Passeracio (que no hemos de reparar en quisquillas,) acerca de Escrivanos, tengo ya una buena provision de noticias antiguas para exornar mi sermon. No dexo de conocer que me hace falta un poco de erudicion moderna; pero donde la encontraré? ni quien pudo soñar jamas en escrivir la Historia de los Escrivanos?» — «Sossiéguese Usendíssima, interrumpió el Colegial; que no es esso tan impossible como le parece. Si hay Historia completa, y no mal escrita, por Juan Bautista Tiers, de las Pelucas y de los Peluqueros, por qué no la podrá haver de los Escrivanos? Y si los Libreros y Enquadernadores, Copistas y Amanuenses tienen su Historia, harto bien trabajada por Christiano Schoettgen, qué razon havrá divina y humana para que los Escrivanos no puedan tener la suya? En verdad que no estuvo muy léjos de escrivirla Juan Miguel Henecio, en su obra de á folio que intituló de veteribus Germanorum et aliarum nationum signis, de las rúbricas ó signos que usaban antiguamente los Alemanes y otras naciones para autenticar sus cartas y sus instrumentos públicos. Ni el Padre Reinerio Carsughio, que en verso didascálico enseñó el arte de escrivir bien, esto es, con hermosura, con igualdad y con limpieza, dexaria de padecer sus tentaciones de escrivir la Historia de los Escrivanos. En fin, Padre reverendíssimo, yo no puedo dar á Usendíssima noticia cierta de alguna Historia de estos, porque no la tengo; pero tanto como de la Historia de los Secretarios de Estado, con sus elogios, armas, blasones y genealogías, ahí está la del Señor Fauvelet Du-Toc, que corre con acceptacion.»

13. — «Hombre de los Demonios! exclamó á esta sazon Fray Blas, esse es un thesoro! Historia de los Secretarios de Estado! Ahí es un grano de anis el librecito! Cosa mas adequada al intento era impossible hallarla; porque el Escrivano Conejo todo lo tenia, puesto que lo primero era Secretario, y lo segundo de Estado, por estar casado in facie Ecclesiæ con la Señora Mari-Beltrana-Pichon, por otro nombre la Roma, que hoy es su viuda, y lo sea su merced por muchos años.»

14. — «Reverendíssimo, Reverendíssimo, dixo entónces Don Casimiro, cogiendo del brazo á Fray Blas, tenga por Dios, no se precipite. Un tropezon ha dado Usendíssima, que no sé como no se ha deshecho todas las narices. Secretario de Estado no es esso ni sueña en serlo, y confundir los Secretarios de Estado con los Escrivanos reales, numerarios ó de ayuntamiento, de las ciudades, villas y lugares, es un despropósito que solo la innocencia puede excusarle de grandíssimo desacato. Secretarios de Estado y del Despacho universal son aquellos Ministros superiores, que despachan immediatamente con los Reyes, forman los decretos, autorizan los tratados y expiden las órdenes á su real nombre. Llámanse de Estado, porque solo tratan immediatamente con el Príncipe aquellas materias que pertenecen á él, ya sean políticas, ya militares, ya de marina, ya de gracia y justicia, y ya tambien de la real hacienda. No son Escrivanos, oficio imponderablemente inferior á su elevado empléo, y darles este nombre seria una insolencia digna del mayor castigo, si no la disculpara la ignorancia. Los otros Escrivanos públicos, autorizados por el Consejo para servir al comun, aunque es oficio muy honrado y le exercitan muchos hombres de bien, están mucho mas abaxo, y no sé yo de qué pueda servir la Historia de los Secretarios de Estado para las honras de un Escrivano real.»

15. — «Señor Don Casimiro, repuso muy sereno el Padre Fray Blas, como en mi Religion no se leen gacetas, no estamos duchos en essas materias tan altas; mi intencion no fué ofender á nadie: haviendo oído toda mi vida llamar Secretarios á los Escrivanos, y Escrivanos á los Secretarios, creí que era lo mismo uno que otro, y harto será que no lo huviesse errado el otro dia, que se me ofreció escrivir una carta al Secretario de cierto Señor Obispo, y puse en el sobrescrito: A Don Fulano de Tal, Escrivano del Señor Obispo de tal parte. Pero la carta ya está en el corréo, y, si el Secretario se riere, esse buen rato mas tendrá; sobre todo, el Auditorio, á quien ha de predicar el Padre Fray Gerundio, tanto sabe de Secretarios de Estado como yo; con que, en hablándole de Secretarios, sean lo que fueren, para él todo será á un precio, y yo le fio que no ha de ir á examinar si viene ó no viene á cuento la noticia.»

16. — «Esse ya es otro cantar, dixo Don Casimiro, y no me toca á mí, que huyo de meter la hoz en mies agena. Assí pues, prosiguiendo adelante en nuestro assunto, dígame Usendíssima, Padre Fray Gerundio, qual es la segunda fuente de la invencion, que señala el Autor de Usendíssima?»

17. — «Apologi et Parabolæ, respondió Fray Gerundio, los Apólogos y las Parábolas.» — «Pero, qué entiende Usendíssima por Parábolas y por Apólogos?» replicó el Colegial. — «Por lo que toca á los Apólogos, confiesso, respondió Fray Gerundio, que todavía no he podido formar concepto claro de lo que son; mas en quanto á las Parábolas, aunque tampoco sé definirlas con precision, pero ya las concibo con claridad, por las Parábolas que se leen en el Evangelio, de la viña, de la higuera, de los talentos, y otras.»

18. — «Pues, mire Usendíssima, continuó Don Casimiro, Apólogo y Parábola, Parábola y Apólogo allá se van en su significado, pues uno y otro quieren decir una semejanza ó una comparacion fundada en una cosa que se finge, verosímil ó inverosímil, para sacar de ella una sentencia ó una moralidad cierta y verdadera, como quando Menenio Agripa se valió de la Parábola ó del Apólogo del cuerpo humano para sossegar al Pueblo Romano que, amotinado contra el Senado, se havia retirado al Monte Aventino, y Menenio con su Apólogo le reduxo otra vez á la obediencia de los Padres conscriptos. El uso de las Parábolas, aún en los assuntos mas serios y mas sagrados, basta verle canonizado por el exemplo del mismo Christo para que todos le veneremos. Muchos Santos Padres le practicaron con felicidad, y sabemos que San Gregorio Nazianceno desterró la vanidad del Presidente Celusio con el gracioso Apólogo de las golondrinas y los cysnes. Mas en mi dictámen se ha de tener siempre muy presente la juiciosa regla, que da el Padre Nicolas Causino en su eruditíssima obra de Eloquentia sacra et profana, libro 4º, capítulo 4º, por estas palabras:»

19. «Observandum autem erit in his apologis, ne nimis sint crebri, ne dictione nimis faceta et quæ ad scurrilitatem accedat pertexantur: denique ut personam, ut locum, ut rem deceant: deben usarse los Apólogos con moderacion, con economía, y no con demasiada frequencia; las voces para explicarlos, aunque pueden ser algo festivas, nunca han de picar en graciosas ó en chocarreras, porque entónces se convertiria en bufon ó en truhan el Orador. Finalmente, los Apólogos se han de proporcionar á toda la decencia que pide el assunto, el lugar y la persona. Ni para disculpar la frequencia de los Apólogos sirve el exemplo de Christo, que en sus sermones solia encadenar Parábolas con Parábolas; porque el Salvador predicaba á los Asiáticos, y ya se sabe que esse es el gusto de los Orientales, á cuyo genio se acomodaba el divino Predicador. Todo esto es cierto; pero tambien lo es que, aunque los Apólogos practicados con estas reglas pueden ser muy útiles en un assunto moral, doctrinal ó de enseñanza, no sé yo como podrá Usendíssima acomodarlos al sermon de honras de un Escrivano.»

20. — «En este mismo punto, saltó entónces Fray Blas, se me está á mí ofreciendo uno que, si Fray Gerundio sabe bornearle, ha de venir á su sermon que ni aunque le huvieran cortado para él, y no es ménos que de el mismíssimo Demósthenes.» — «Y qual es, Padre Reverendíssimo?» preguntó el Colegial. — «Qual?» respondió Fray Blas. «El de aquel caminante, que alquiló un burro en dos reales por dia para cierto viage en el rigor del mes de Agosto, y, como todas las mañanas hácia las diez le calentasse el sol demasiadamente, él se apeaba y se tendia á la sombra del burro. Calló el dueño de el jumento, y, al tiempo de ajustar la cuenta, el que se le havia alquilado le dió doce reales por seis dias de viage. Faltan otros doce, dixo el alquilador. — Pues como? replicó el caminante. Seis dias de jornada, á razon de dos reales cada dia, son doce cabales.Sí Señor, respondió el alquilador, pero faltan otros doce por la sombra del burro, puesto que el ajuste fué solo por el burro, y no por la sombra

21. — «El Apólogo es gracioso, dixo el Colegial, y con efecto me acuerdo de haverle leído en Plutarco, atribuyéndosele á Demósthenes, quien con esta chanza despabiló la atencion del auditorio, que estaba un poco distrahido. Pero no veo, como el Padre Fray Gerundio le pueda aplicar á su Escrivano.» — «Esso, de los cielos! respondió Fray Blas: tiene mas que ponderar el desinterés y la limpieza del Escrivano Conejo, y decir que siempre perdonaba algo de sus derechos? Porque, aunque cargaba, como era razon, el coste del papel, de las plumas y de la tinta, sin olvidarse de prevenir al litigante que echasse sobre la mesa dos pesetas mas para el escriviente, con todo esso, no obstante de que cortaba muy á menudo las plumas, nunca cargó ni un maravedí por la navaja; y aquí entra el Apólogo del burro y de la sombra, que ni aunque le huvieran mandado fabricar de molde.»

22. Sonrióse Don Casimiro, y continuando en sus preguntas dixo á Fray Gerundio: «Segun el Autor de Usendíssima, qual es la tercera fuente de la invencion?» — «Los Adagios,» respondió sin detenerse. — «Es fuente muy copiosa, prosiguió el Colegial; pero Usendíssima qué entiende por Adagios?» — «Qué he de entender? respondió Fray Gerundio; lo que qualquiera vieja de mi lugar. Adagios y refranes son una misma cosa.» — «Pues qué? preguntó Don Casimiro, los refranes pueden hacerse lugar en algun género de sermones?»

23. — «Ahora salimos con esso! respondió Fray Gerundio. Y como que pueden y deben hacerse lugar, y mucho lugar en ellos! No hay cosa que mas los adorne, que mas los agracie ni que mas embelese. Yo tengo algunos apuntamientos de varios Adagios que he oído y leído en algunos sermones, los quales verdaderamente me han suspendido, y pienso aprovecharme de ellos siempre que me venga á pelo. Donde hay, verbi-gracia, introduccion mas magnífica para un sermon de honras que la de un Religioso grave, en el que predicó á las de un Maestro de su Orden, que se llamaba Fray Eustaquio Cuchillada y Grande, quando dió principio á su oracion fúnebre diciendo: Al Maestro, cuchillada, y grande? Refran y equívoco que desde luego captó no solo la admiracion, sino el pasmo de todo el auditorio. Hoy es el dia en que yo no acabo de aturdirme de tan bella introduccion. Pues qué! aquel divino assunto del sermon de honras, que predicó un famosíssimo Orador en las exequias de Don Antonio Campillo, Párrocho que fué de cierta Iglesia, en cuyo campanario havia fabricado á su costa una bella aguja! Fué pues el assunto: El sastre del Campillo, que puso la aguja y el hilo. Esto es ingenio, y lo demas parla, parla. Y el otro que, predicando el sermon del demonio mudo en tiempo de Quaresma, assistiendo el Santo Tribunal, dió principio con este oportuníssimo refran: Con el Rey y con la Inquisicion, chiton; añadiendo que por esso era mudo el demonio, de que se hablaba en el Evangelio, porque estaba delante de la Inquisicion. Parécele á vuestra Merced, que no podria predicar, aunque fuesse delante del mismo Papa? Bastan estos exemplares, y estoy pronto á dar á vuestra Merced aunque sea un ciento de ellos, para que vea si los refranes se pueden hacer lugar en los sermones.»

24. — «Yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial, tengo pocas barbas para meterme en assuntos tan hondos, y mas no siendo de mi profession, que se reduce á la latinidad, rhetórica y bellas letras, ó letras humanas por otro nombre. Sin embargo, como en Salamanca se trata casi por precision con tantos hombres grandes, asseguro á Usendíssima haver oído mas de una vez á varios Padres Maestros doctíssimos de todas las Religiones censurar mucho á los Predicadores, que usaban de essos refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los mas templados decian, que era una insulsíssima puerilidad, otros se adelantaban á calificarla de insigne mentecatez, y aún no faltaron algunos que la llamaron frenesí, locura, profanacion del púlpito, y otras cosas á este tenor. Yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi profession, es assegurar á vuestra Reverendíssima que jamas entendí, leí ni oí, que otros entendiessen por el nombre de Adagios, en quanto fuente de la invencion oratoria ó rhetórica, lo que entiende vuestra Reverendíssima, esto es los refranes populares.» — «Pues, qué se entiende por Adagios?» replicó Fray Gerundio. — «Voylo á decir,» respondió Don Casimiro.

25. «Adagio ó proverbio, (que todo es uno,) dice Synesio, es una sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras, sacada como del sagrado depósito de la philosophía moral: Proverbium est sermo dignitatem habens et tamquam sacrario Philosophiæ, unde antiquitatem traxit, depromptum; ex quo gravi est pulchroque aspectu. Por esso llamó Aristóteles á los proverbios preciosas reliquias de la venerable antigüedad, preservadas en la memoria de los hombres de la lastimosa ruína que padeció la verdadera philosophía, debiendo esta preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia: Cum proverbia dicat Aristoteles esse veteris Philosophiæ, inter maximas hominum ruinas intercidentis, quasdam reliquias, ob dignitatem dexteritatemque servatas. Si no me engaño mucho, á esto se reducen los proverbios de Salomon, que distan infinitamente de ser refranes, siendo una coleccion de sentencias inspiradas, verdaderamente divinas, enderezadas todas á gobernar nuestras acciones por las reglas de una perfectíssima conducta christiana, política y racional.»

26. «Muchos Philósophos graves entre los antiguos se dedicaron á este género de sentenciarios, adagios ó proverbios: Chrysippo, Cleanthes, Theeteto, Aristídes, Aristóphanes, Esquilo, Milon, Aristarco, y otros, cuyas obras perecieron. Las mas célebres que nos han quedado de esta classe son las de Zenobio, Diogeniano y Suidas, de las quales sacó Erasmo de Roterdam todo lo que compuso acerca de los adagios griegos. Esto es, Padre Reverendíssimo, lo que yo entendia hasta aquí por el nombre de Adagios: estos los que me parecian muy oportunos para exornar una oracion, tratados con parsimonia. Pero, pues vuestra Reverendíssima entiende otra cosa, no nos paremos, y vamos adelante.»