CAPITULO IV.
Olvídasele la sed á Don Casimiro; llegan á Campazas sin saber cómo; quédase allí el Colegial aquella noche, y se evacúa el punto que se tocó y no se prometió en el capítulo passado.
1. A la quarta pregunta que iba á hacer Don Casimiro, hallaron todos, no sin assombro, que estaban á la puerta trasera, esto es, á la puerta del corral de la casa de Anton Zotes; y es que lo divertido de la conversacion los havia embelesado de manera, que pian piano y, como dicen, sin sentir havian andado una buena media legua de camino, con sus paradas y todo. Lo mas gracioso fué que, quando llegaron al lugar, Don Casimiro no se acordó de que tenia gana de beber, y, como ya se havia puesto el sol, sin hacer mencion de agua ni de vino, quiso volverse á Valderas; pero, como tenia que andar una legua muy larga, como iba ya á anochecer, y como era hombre de una conversacion tan divertida, no obstante los tajos y reveses que con tanta urbanidad, bellaquería y dissimulo descargaba de quando en quando sobre los dos Frayles, ambos le hicieron tantas instancias para que se quedasse aquella noche, que al cabo le reduxeron, baxo la precisa condicion de que se despachasse luego un criado á Valderas, para que estuviessen sin cuidado su hermana y su cuñado el casi Corregidor de Villalobos.
2. Consta, no obstante, por un manuscrito authéntico y curioso, que quien finalmente acabó de determinarle fué la Tia Catanla, la qual abria la puerta trasera para que entrassen los cerdos, puntualmente quando estaban los tres altercando, uno sobre que se havia de volver, y los dos sobre que se havia de quedar. Quando ella vió un mocito tan galan, tan majo y tan bien agestado, que venia con su hijo y que le trataba al parecer con amistad y confianza, como era muger tan bondadosa, luego le cobró cariño y, acercándose mas á los tres, preguntó sanamente á Fray Gerundio: «Quien es este Señor tan lindo? bendígale Dios.» — «Señora, respondió el Colegial sin dar lugar á que otro respondiesse: soy un servidor de vuestra Merced;» y en pocas palabras la declaró quien era, el encuentro casual que havia tenido, la precision de volverse, y la dicha que lograba en no hacerlo sin rendir todo su respeto á su obediencia. No se cortó la boníssima Catanla, porque era muger serena; ántes bien, haciéndole una reverencia á la usanza del país, (esto es, encorvando un poco las piernas y baxando horizontalmente el volúmen posterior hácia el suelo,) le encaxó seguidamente toda la retahila de Cámpos: «Viva Usté mil años; para servir á Usté; lo estimo mucho; güenos todos, á Dios gracias; viva Usté mil años; y por allá están todos güenos? Viva Usté mil años.» Y añadió luego: «Pero esso de golverse Usté hoy, ni por pienso: el hijo de mis entrañas! y quien l’ avia dexar golver á boca de noche? A pique que le comieran los lobos! Mal ajo para ellos; quatro ovejas me comieron la noche que perdicó el m’ hijo Gerundio; mal provecho les haga. No Señor: ya que tengo la fortuna de que su Mercé venga á mi casa, esta noche ha de hacer penitencia. Unos güevos frescos puestos d’ hoy no faltarán. Para qué quiero yo las gallinas sino para estas ucasiones? Palominos siempre los hay en casa (gracias á Dios), que el mi Anton tiene un palomar muy aventajado, assí no fuera por las garduñas; malditas ellas, y qué descomulgadas que son! Un salpicon de vaca, cebolla y güevos duros le sé yo componer, que le puede comer el mismo Rey. Una cama con sábanas brancas como un oro, la hay por la misericordia de Dios. Ella no será como su Mercé merece; pero por fin y por postre sirvió para mi primo el Magistral de Leon, que mañana será Obispo.» Y diciendo y haciendo, fué y le quitó la escopeta con una bondad y con una sanidad de corazon, que al Colegial le dexó prendado; y con efecto se determinó á dormir aquella noche en Campazas, previniendo lo del recado á Valderas.
3. Anton Zotes le recivió ni mas ni ménos como su muger, porque no era ménos agasajador que ella; y, despues de aquellos cumplidos regulares, hechos por parte de Don Casimiro con despejo y con desembarazo de colegio, y correspondidos por parte de los de la casa á la buena de Dios, segun el ceremonial campesino, Anton se fué á cuidar de los mozos y á dar las órdenes sobre lo que havian de trabajar el dia siguiente, Catanla á disponer la cena, las criadas á hacer las camas; y, quedando los tres solos en una sala baxa, conviene á saber, Fray Blas, Fray Gerundio y el Colegial, «prosigamos, dixo este, con nuestra conversacion, y sírvase Vuesandíssima decirme, qual es la quarta fuente de la invencion, que le enseñó su Maestro.»
4. — «Los geroglýphicos y los emblemas,» respondió Fray Gerundio. — «Algunos, continuó el Colegial, de essa fuente hacen dos, por la diferencia que hay entre emblemas y geroglýphicos; pero es tan corta, que me inclino á que lo aciertan los que la reducen á una sola. Vuestra Reverendíssima sabrá mucho mejor que yo la diferencia que hay entre geroglýphicos y emblemas.» — «Yo nunca la he conocido ni me he parado á examinarla,» respondió Fray Gerundio. «Para mí las emblemas de Alciato y los geroglýphicos de Picinelo, que son los únicos de que tengo alguna noticia, solo se distinguen en que un libro es mas pequeño y otro es mas grande.» — «Ya está conocido, replicó el Colegial, que Usendíssima por su modestia quiere encubrir lo que sabe, y tomar de ahí ocasion para examinarme acerca de lo poco que yo he estudiado: complaceré á Usendíssima.»
5. «Los geroglýphicos son una explicacion mysteriosa, figurada y muda, de lo que se quiere dar á entender, por medio de alguna ó algunas imágenes, ya realmente dibuxadas en el papel, en el lienzo ó en la tabla; ya abultadas en el mármol, en el bronce ó en la madera, o ya únicamente ofrecidas á la imaginacion por medio de una descripcion verbal, viva, enérgica y expressiva, que imprima bien en la idéa lo que se quiere representar. No se añade á la pintura ó á la descripcion mote, lema, inscripcion ni palabra alguna que sirva de explicacion al pensamiento, dexándose enteramente al discurso ó á la penetracion de el que ve, lee ú oye el geroglýphico, el curioso trabajo de adivinar su verdadero significado. El emblema (y no la emblema, como dicen algunos,) solo añade al geroglýphico el mote, el lema ó la inscripcion en brevíssimas palabras, que declaran lo que se pretende significar por aquel.»
6. «Pondré un verbi-gracia, no para que Usendíssima me entienda, que esso seria presumir yo de maestro de quien no merezco ser discípulo, sino para que Usendíssima se actúe del modo como yo concibo lo que digo, y en caso de padecer equivocacion se digne corregir mis yerros. Los doce signos del Zodiaco, ó las doce casas, que dividen en doce partes iguales aquel espacio de cielo que corre el sol en el discurso de un año, son otros tantos geroglýphicos ó sýmbolos, que representan lo que comunmente passa en la tierra en cada uno de los doce meses, correspondientes á las doce casas. El primero signo es Aquario, y se symboliza con un muchacho que está vertiendo un jarro de agua, para significar lo mucho que suele llover en Henero. El segundo es Piscis, y le representan dos peces pintados, para denotar que en Febrero están en sazon la mayor parte de los peces. El tercero es Aries, representado por un carnero, y quiere decir que en Marzo es la paricion de las ovejas, naciendo entónces los corderitos. El quarto es Tauro, figurado por un toro, para denotar que en Abril nacen las terneras. Síguese Géminis, pintado hoy por los dos hermanos gemelos Cástor y Pólux, y antiguamente por dos cabritillos, como lo afirma Heródoto, en significacion de que las cabras regularmente paren de una vez dos cabritos, para cuyo fin las proveyó la naturaleza con tanta abundancia de leche.»
7. «Bastan estos exemplares para dar á entender la idéa, que yo formo de los geroglýphicos, cuyo orígen comunmente se atribuye á los Egypcios; pero yo tengo para mí, que su principio fué mucho mas antiguo, inclinándome á la opinion de los que se le dan no ménos que en la Torre de Babel, aunque despues fuessen los Egypcios los que conservaron, promovieron y adelantaron mas el uso de ellos, en lo que no cabe duda racional; pero esto no es del intento. A los sýmbolos ó geroglýphicos añadieron despues los Griegos un breve lema, inscripcion ó mote que explicasse su significado, y á este conjunto llamaron emblema. Usaban de él singularmente en los arneses ó escudos, como lo dicen Esquilo, Homero y Virgilio, esmerándose mucho en la brevedad y en el álma del epígraphe, que era como el espíritu de la divisa de cada uno. Sobresalian entre todos los Athenienses, de quienes hace graciosa burla Lycon, fingiendo que en todos los escudos tenian gravada una mosca muy pequeña, con este epígraphe: donec videar: hasta que me vean; dando á entender, que todo Atheniense era tan valeroso, que se acercaba al enemigo hasta que viesse la mosca, en cuyo caso era preciso morir ó vencer.»
8. «No hay duda, que en todos tiempos assí los Oradores profanos como los sagrados usaron alguna vez de los geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Horo Niliaco escrivió un librito de este assunto, donde trahe exemplares de toda especie de oraciones. Los Prophetas usaron mucho de este modo de persuadir emphático y mysterioso. El Apocalypsi es una serie continuada de figuras y representaciones symbólicas; San Agustin, en la epístola 119, dice que, assí como el christal y la gasa añaden no sé qué apacibles visos á las imágenes que se representan ó se registran por ellas, assí deleita mas la verdad quando brilla por entre sýmbolos, geroglýphicos y figuras, poniendo el Santo este exemplo: Si para ponderar las ventajas de la union y las desconveniencias de la desunion dices sencillamente: concordia res crescunt, discordia dilabuntur: con la concordia todo crece, con la discordia todo se deshace; pigrius incitat, no da golpe, y persuade con tibieza; pero, si añades: esto nos quisieron significar aquellos antiguos sabios, quando pintaron una hormiga con un caduceo encima, que creció á elephante, y un elephante con una espada desenvainada sobre las espaldas, que se disminuyó hasta el tamaño de hormiga; nescio quomodo et inventionis subtilitas et imaginis expressio sensus titillat suavius et, dum placet, persuadet efficacius: assí la sutileza de la invencion como la viva representacion de la imágen hacen no sé qué gustosa impression en el alma y en los sentidos, que, al mismo tiempo que los deleita con mucha dulzura, los persuade tambien con mas suave eficacia.»
9. — «Déme Usted un abrazo, Señor Don Casimiro, exclamó Fray Blas interrumpiéndole, que verdaderamente ha estado Usted divino! Yo soy furiosamente apassionado por los geroglýphicos y por los emblemas. Un sermon que comience: pintaban los antiguos Macedonios; otro que dé principio: pinta el docto Pinicelo, no ha menester mas para que yo me coma las uñas tras de él. Pues qué, si despues se añaden diez ó doce citas del Symbólico, otras tantas de Lilio Giraldo y algunas de Pierio, y se escoge tambien media docena del Brixiano! en el mundo hay oro para pagar un sermon tan ingenioso y erudito. Confiesso á vuestra Merced, que despues de los Mythológicos son mis héroes los Symbólicos y los Emblemáticos. Esta doctrina la he enseñado siempre á mi discípulo en lo predicativo, Fray Gerundio; con estas armas le he armado Cavallero de Púlpito; estos Autores le he recomendado; no hay otros: los demas son buenos para explicar á las viejas el Catechismo de Astete y Servitor.»
10. — «Padre Reverendíssimo, replicó el Colegial, ya he dicho, que soy poco hombre para dar mi voto en punto de sermones, y assí no me meto en calificar si son buenos ó malos los que están bien cargados de geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Solo sé, que el Padre Nicolas Causino previene que se use de ellos con la misma templanza, moderacion y prudencia que de los adagios, fábulas, etc.; porque si no, se convertirá en fastidio su misma amenidad, siendo cierto que los pensamientos mas ingeniosos causan tedio, si se atesta de ellos la oracion: Habent igitur amœnam eruditionem hieroglyphica et symbola, modo prudenter et parce, ut cætera, adhibeantur: quæ enim per se mirabilitatem obtinent, si crebrius inferciantur orationi, fiunt communia et fastidiosos sensus ipsa pulchritudinis satietate obruunt. Tambien debo añadir que, por lo que toca á mí, me cayó muy en gracia la enhorabuena que dió cierto Duque á un Orador, que havia predicado en su presencia un sermon texido de geroglýphicos. «Padre, le dixo, no trueco yo el juego de estampas de Don Quixote, que tengo en mi galería, por todas las pinturas de su sermon.» Esto va en gustos; el mio ronca, siempre que tocan en los sermones á cosa de geroglýphicos. Pero no nos detengamos; porque ya deséo saber qual es la quinta ó sexta fuente de la invencion, que estudió el Padre Fray Gerundio.»
11. — «Testimonia veterum, respondió al punto este; las autoridades y testimonios de los antiguos para confirmar lo que dice el Predicador.» — «Gran fuente y muy precisa! continuó Don Casimiro, especialmente los testimonios y las autoridades de los Santos Padres, ya sobre la inteligencia de la Sagrada Escritura, y ya tambien quando se trata materia de costumbres, sea de virtudes, sea de vicios. Por lo que toca á la exposicion del sagrado texto, he oído decir á varones doctíssimos, que siempre es menester apoyarla con la autoridad de algun Padre ó Expositor clássico y aprobado, siendo cosa insufrible que ningun Predicador se arrogue la autoridad de entender ó interpretar la Escritura á su modo ó segun su capricho. Y aún me acuerdo haver leído, no sé donde, que este fué uno de los errores de Luthero, el qual pretendia que cada qual tenia tanta autoridad para entender y para interpretar la Escritura como San Gerónimo y San Agustin, apoyando este arrogante, soberbio y presuntuoso delirio con aquel texto de San Pablo: unusquisque in suo sensu abundet. En órden á costumbres, ya se dexa conocer el gran peso, que da á lo que se dice qualquiera autoridad y testimonio de los Santos Padres, como tambien si se toca alguna noticia histórica ó philológica, especialmente si es algo singular ó no muy sabida, sirve de adorno y de recomendacion la cita, y aún las palabras del Autor que las refiere.»
12. — «Por algo, dixo Fray Gerundio, me gustan á mí tanto los sermones, que en el cuerpo están bien cargados de latin, y las márgenes apénas se descubren de puro embutidas que están en citas. Solo con ver un sermon impresso en esta conformidad, sin leer ni una palabra de él, estoy firmemente persuadido á que es un sermon doctíssimo y profundíssimo. Al contrario, ahora han dado en usarse y aún en imprimirse ciertos sermones, que en todos ellos apénas se ven quatro ó seis renglones de letra bastardilla, y las márgenes tan lampiñas como cara de capon, que da asco solo el verlas. Qué se puede esperar de unos sermones assí? Yo no he tenido paciencia para leer ni siquiera uno.»
13. — «Pues yo sí, interrumpió Fray Blas; por mis pecados cayó en mis manos, pocos dias ha, uno, y es de honras, que el Licenciado Don Francisco Alexandro de Bocanegra y Xivaja[29] predicó á las de la Señora Reina de Portugal Doña María Anna de Austria, en las exequias que la consagró la ciudad de Almería, y tuve cachaza para leerle de verbo ad verbum; pero sabe Dios quanto me costó. En todas las seis hojas primeras no hay mas latin que las palabras del thema: omnis gloria ejus filiæ Regis ab intus, repetidas dos ó tres veces; en las seis y media restantes solo se citan siete textos de la Escritura, y de dos de ellos no se ponen las palabras; las de los otros cinco que se expressan, componen entre todas seis renglones y medio: hártate, comilon. A los Santos Padres se les dexa descansar, solo se cita una vez á San Francisco de Sales, á San Gregorio y á San Ambrosio. De Expositores no se trate: cumplió con citar á Tirino una vez sola, y del mismo modo cumplió con los Autores profanos, no citando mas que á Séneca una sola vez. Pues, qué diré del assunto? Redúcese á que la Reina amó á Dios y al próximo; y cátate aquí el cuento acabado. Lo demas, parla y mas parla. Y estos sermones se imprimen! Y estos sermones se celebran!»
14. — «Despacio, Padre Fray Blas,» dixo con bastante viveza el Colegial, no pudiendo dissimular del todo su enfado y su indignacion. «Vuesa Paternidad se adelanta demasiado (con la cólera se le olvidó darle Reverendíssima). Tambien yo he leído esse sermon, porque llegaron á Salamanca muchos exemplares: hablóse mucho de él en todas aquellas Comunidades, donde hay tanto hombron sabio, religioso, erudito, culto y discreto, como es notorio; y á excepcion de tal qual botarate ignorante y presumido, que por nuestros pecados los hay de todas las classes y gremios, no huvo uno que no calificasse dicho sermon por una de las piezas mas eloqüentes, mas nerviosas, mas sólidas, mas graves y aún mas ingeniosas, que havia producido hasta ahora nuestra oratoria castellana. Era voz comun, que se podia equivocar con las mas preciosas oraciones que produxeron y están todavía produciendo en nuestro siglo y en nuestro hemispherio español los Gallos, los Radas, los Aravacas, los Rubios, los Nordeñanas y los Guerras; ni faltó quien assegurasse, que podia competir con qualquiera de las muchas y grandes oraciones fúnebres, con que el Reverendíssimo Padre Maestro Salvador Orosio, de la Compañía de Jesus, llenó de magestad y de assombro el púlpito y la Capilla de San Gerónimo de la Universidad de Salamanca. Oraciones que, si se hiciesse una coleccion de ellas, (como decia un sabio,) compondrian un funeral, que quizá no tendria consonante en quanto logramos hasta ahora de esta especie, ni de dentro ni de fuera de España.»
15. «Esso de que tiene pocos textos la oracion del Licenciado Bocanegra, solamente lo podrán decir los que en su vida han saludado los sagrados libros; apénas hay cláusula ni aún sýlaba, que no aluda á algun lugar, sucesso ó passage de la Escritura, en saliendo de aquellas acciones de la Reina que sirven de cimiento á la verdad del assunto. No se citan, es assí, expressa y señaladamente; pero se dan desleídos y como convertidos en la substancia del mismo Orador. San Bernardo fué el primero que introduxo este admirable modo de usar y manejar la Escritura, haciéndola primero suya, y vertiéndola despues como si no fuesse agena. Pero, quien hasta ahora ha notado á San Bernardo de poco escriturario? Son pocos, no lo niego, los testimonios y autoridades de Padres, de Expositores y de Autores profanos, con que exorna su oracion el Señor Bocanegra; mas son muy oportunos essos pocos testimonios que alega.»
16. «Y quien ha dicho á vuestra Paternidad, que los sermones se han de cargar á metralla de testimonios, de autoridades y de citas? Estas deben ser como las especias en los guisados, lo que baste para sazonarlas, y no lo que sobre para que ninguno los pueda tragar. Ignora vuestra Paternidad lo que dixo un eloquentíssimo Orador, hablando de las autoridades en los sermones? Si nimiæ sint, si communes, si sine vi et pondere allatæ, puerum magis colligentem sapiunt quam virum ingeniosum: si se amontonan, si son vulgares y comuníssimas, si no tienen alma, fuerza ni meollo, mas son fárrago que erudicion; el Orador se acredita mas de un genio pueril y atolondrado, que bueno y malo, verde y seco, todo lo hacina, todo lo recoge, que de hombre ingenioso y erudito.»
17. «Dice bien este juicioso Autor: para llenar, no digo yo un sermon, sino cien tomos de á folio de citas, autoridades, testimonios, sentencias, versos, historias, exemplos, símiles, parábolas, sýmbolos, emblemas y geroglýphicos, no es menester mas que hacinar y recoger. Tanto Sentenciario, tanto libro de apophtegmas, tanta Polyanthéa, tanto Theatro, tanto Thesauro, tanto Diccionario histórico, crítico, náutico, geográphico, tanta Bibliotheca, tanto Expositor que va discurriendo por los lugares comunes é infarcinando en cada uno todo quanto se le viene á la mano; en fin, tanta selva de alegorías y de dichos como cada dia brota en essas Naciones y en essas librerías, hacen erudito de repente al mas boto, al mas mentecato, al que no sabe quien reinó en España ántes de Cárlos II. No hay mas que abrir, trasladar, embutir, y está hecha la maniobra. Al ver un sermon atestado de essa borra, quedan aturdidos los páparos, entre los quales cuento á muchíssimos que no lo parecen, mientras los verdaderos eruditos ó gimen corridos ó se rien desengañados, segun el humor que los predomina. Mas de una vez oí á hombres de gran juício, que se debian desterrar del mundo literario estos almagacenes públicos de erudicion tumultuaria, porque solo servian para mantener haraganes, miéntras perecian de hambre los ingenios verdaderamente industriosos. Es punto problemático, en el qual se pudiera tomar un término medio. Miéntras tanto, digo que se puede aplicar á estos prontuarios de erudicion al baratillo lo que dixo Agesilao al inventor de una máquina bélica, capaz de moverla y de hacer mucho daño con ella qualquiera soldado cobarde: Papae! virtutem sustulisti: Vítor! que con essa máquina has desterrado el valor.»
18. «A lo que añadió vuestra Paternidad acerca del assunto que escogió para su oracion el Señor Bocanegra, perdóneme vuestra Paternidad, que no tiene razon para censurarle. Lo mejor y lo mas precioso de dicho assunto es el ser tan sencillo, tan natural y tan sólido. Assuntos rumbosos, delicados, alegóricos, metaphóricos, symbólicos, y mucho mas títulos de comedia, retruécanos insulsos, refranes de viejas, como el verdadero Phœnix de Arabia, á San Agustin; el Leon en su cueva, á San Gerónimo; el Onix y Onis, á Santo Thomas de Aquino; la Encyclopedia canonizada, al mismo; el Máximo Mínimo, á San Francisco de Paula; muger, llora y vencerás, á las lágrimas de la Magdalena; el Caballero de Alcántara, á San Pedro de este nombre; á muertos y á idos no hay mas amigos, en las honras de un Obispo: digo que estos y otros semejantes assuntos, Dios los haya perdonado! ya pudren, ya solo han quedado en algunos Predicadorcillos de la ínfima suerte, que solo hacen ruído entre los que se van tras el tamboril y los gigantones. Hoy va reviniendo el mundo de sus preocupaciones; por lo ménos los hombres de pro no gastan otros assuntos que sólidos, macizos, característicos, y consiguientemente naturales. Tal es el del Señor Bocanegra, fundado sobre los dos exes en que gira toda la ley y toda la perfeccion. El Sabio no da otro elogio á los hombres justos, ni cabe otro mayor: Dilectus Deo et hominibus, cujus memoria in benedictione est: Amó á Dios y amó á los hombres? pues será amado De Dios y de los hombres, y, siempre que se repita su nombre, será acompañado de muchas bendiciones. Esto dixo el Orador de aquella exemplaríssima Princesa; esto convenció y aún esto persuadió, moviendo los corazones mas duros por lo ménos á desear la imitacion de sus reales virtudes.»
19. Como Fray Blas vió, que el Colegial estaba un poco avinagrado, y tenia alguna noticia de su genio vivo y quisquilloso, no se atrevió á replicarle; contentóse con decirle, que en esto de sermones, de versos, de latin y cosas semejantes cada qual tenia su gusto, y, sin inculcar mas en el punto, le suplicó que prosiguiesse examinando á Fray Gerundio sobre las fuentes de la invencion; porque, como observaba que este las tenia tan prontas, se le caía la baba al bueno del Predicador. Serenóse un poco Don Casimiro y, continuando en su interrogatorio, rogó á Fray Gerundio se sirviesse decirle qual era la séptima fuente de la invencion, que le havian enseñado.
20. «Los dichos graves y sentenciosos de los antiguos,» respondió sin cespitar. Y el Colegial prosiguió: «Sin duda es una fuente bellíssima y copiosíssima, especialmente haviendo tanto recogido de sus sentencias y apophtegmas, los quales solo se diferencian de aquellas en que las sentencias permiten mas extension de palabras, pero los apophtegmas se deben ceñir á las ménos voces que sea possible; las sentencias se pueden tomar de qualquier Autor donde se encuentren, mas los apophtegmas se hacen mas recomendables por ser dichos de grandes personages, como de Papas, Emperadores, Reyes, Cardenales, Obispos, etc. Vaya esta diferencia sobre la fé de Guillelmo Budéo que la señala, pues yo no me atreveré á defenderla en el siglo que corre, el qual está como inficionado de libros de apophtegmas, que son hoy de la gran moda. Tales son los libros que llaman de -ana, como la Menagiana, la Perroniana, la Scaligeriana, la Saint-Evremoniana, la Fureteriana, y otros innumerables, de que se hace graciosa burla en el primer tomo de la Menagiana, donde el Autor de una salada rima, acabada toda en la sílaba -na, despues de zumbarse de una multitud de estos escritos, unos verdaderos y otros fingidos, concluye diciendo:
Todos los libros en -ana
Se arrimen donde está la Ipecacuanha,
hierba medicinal de las Indias, que hoy se usa mucho y con grande felicidad en Europa. Es cierto, que estos apophtegmas, recogidos en los libros de -ana, no todos son dichos de grandes personages, pues hay algunos de sugetos muy de escalera de abaxo, si no entra en cuenta su agudeza ó su literatura.»
21. «Pero, al fin no se puede dudar, que los dichos, sentencias y apophtegmas, assí de los antiguos como de los modernos, usados con discernimiento y con moderacion, son un preciosíssimo adorno de todo género de eloquencia, tanto oratoria como histórica. Thucídides mereció la suprema estimacion de todos los siglos por el juício, oportunidad y bello gusto con que se valió de ellos. Hesiodo, aunque muy distante de Homero, assí en la gravedad del estilo como en la magestad del assunto, ha logrado los mayores aplausos por la singular eleccion que tuvo en las sentencias con que adorna sus dos poemas heróicos: Las Obras y los Dias y la Theogonía ó generacion de los Dioses, bien que algunos críticos le notan, no sin razon, que las sentencias son mas frequentes de lo que fuera justo. En fin, Quintiliano encarga mucho al Orador que se aproveche de esta fuente, pero con tres precauciones: la primera, que las sentencias sean muy escogidas; la segunda, que sean raras; y la tercera, que sean correspondientes á la edad, al carácter y demas circunstancias del Orador. Si son triviales, se oyen con desprecio; si muy frequentes, cansan la atencion y aún empalagan; si no se acomodan á los connotados del Orador, mueven á risa. Yo añadiria otra quarta calidad, y es que las sentencias sean tambien proporcionadas al theatro y al auditorio. En una aldéa ó pueblo pequeño seria risible aquella sentencia ó apophtegma tan justamente celebrada, que se atribuye á Afro Domicio: princeps qui vult omnia scire, necesse habet multa ignoscere: el Príncipe que quiere saberlo todo, tiene necessidad de perdonar mucho. Qué Príncipe se podria aprovechar de esta advertencia en un pueblo reducido? En un auditorio rústico y grossero seria impertinente aquel discreto dicho de Plutarco: sero molunt Deorum molæ, sed bene comminuunt: las ruedas de los Dioses tardan en moler, pero hacen buena harina. Quantos havría en el auditorio que entendiessen la metáphora? Vamos á la octava fuente.»
22. — «Essa es para mí la mas seca, dixo Fray Gerundio, no sin chiste; porque mi Autor dice que la octava fuente son las leyes, y confiesso que de leyes ni entiendo ni he estudiado palabra.» — «Yo tampoco las he estudiado, continuó el Colegial, por no ser essa mi profession; pero no es menester hacer la de Legista para saber algunas leyes, especialmente de las antiguas y primitivas, que se instituyeron en el mundo para el gobierno de los hombres, las quales sirven de un bello adorno á qualquiera oracion sagrada, singularmente moral ó doctrinal. Es cierto, que nunca las leyes de los hombres pueden añadir peso ni autoridad á la ley santa de Dios; pero no es dudable, que encuentra el entendimiento no sé qué particular satisfaccion y consuelo en ver tan conforme la ley divina con las leyes humanas, pronunciadas por unos Legisladores que no tuvieron noticia del verdadero Dios.»
23. «Yo me acuerdo de algunas que, por lo que toca á lo directivo, son muy conformes á muchos preceptos del Decálogo, aunque sean erradas y gentílicas en lo que suponen de doctrinal. Vayan algunos exemplares. El primer mandamiento es amar á Dios sobre todas las cosas. Confórmase con él la ley de Numa Pompilio: Deos patrios colunto, externas superstitiones aut fabulas ne admiscento. Segundo no jurar su santo nombre en vano. Es muy conforme á él la ley de los Egypcios: perjuri capite mulctentur. Quarto: honrar Padre y Madre; lo mismo mandaba aquella ley de que hace mencion Heródoto (lib. 1): magistratibus parento; y la otra de los Lacedemonios, citada por Platon en su República: majorum imperio libenter omnes parati assuefiant. Sexto: no fornicar; son muchas las leyes que prohibian esto mismo. La que trahe Josepho (lib. 11. cap. 6.): adulterii et lecti genialis injurias vindicanto; la de Numa: pellex aram Junonis ne tangito; y la célebre de los Athenienses, que prohibia predicar ó hablar en público á todo hombre deshonesto: si quis pudicitiam prostituerit aut expatrarit, huic interdicito jus apud populum concionandi. Séptimo: no hurtar; á esto aludia aquella ley de los Egypcios: singulis annis apud Provinciarum Præsides omnes unde vivant demonstranto. Si quis secus faxit aut unde legitime vivat non demonstrarit, capitale esto.»
24. «El uso assí de estas leyes antiguas como de otras mas modernas, patricias y municipales, con tal que sea sobrio, prudente y oportuno, tiene su gracia y tambien su eficacia en qualquiera sagrada oracion. Pero hacer estudio de componer un sermon como un alegato de los que se usan solo en nuestra España, embutido en textos, leyes, decretos, cánones y constituciones del derecho civil y del canónico, parecido al que yo oí á cierto Cathedrático, sobre ser una grandíssima impertinencia, es ostentacion pueril para acreditarse de erudito y sabio en facultad forastera. Hola! esta censura ó esta reflexion no es mia, pues ya he protestado, que ni mi profession ni mis años me permiten excursiones á países tan sagrados: refiero lo que por entónces se dixo entre hombres que tenian voto. Solo en unas circunstancias, añadió uno de los circunstantes, puede ser del intento cargar algo mas la mano en la cita de leyes nacionales, y es quando se predica á un auditorio compuesto por la mayor parte de gente de Curia, como en los sermones al Consejo, á las Chancillerías, á las Audiencias, etc. Si se toca entónces el punto de regalos, gratificaciones y derechos de Ministros inferiores, como Abogados, Relatores, Procuradores, Escrivanos, etc., no será fuera de propósito referir las leyes municipales que hablan en esto, y explicar con claridad hasta que punto son obligatorias en conciencia, segun la inteligencia comun de los Theólogos. Pero, dexando esto á un lado, deséo saber qual es la nona fuente de la invencion, que prescribe el Autor por donde vuestra Reverendíssima estudió.»
25. — «Sacræ litteræ, respondió Fray Gerundio como un reguilete: la Sagrada Escritura; y añadió luego: En este punto no tiene vuestra Merced que detenerse, porque sé lo que basta para bandearme; he tomado mi partido, y no mudaré de rumbo por mas que me prediquen.» — «No tiene Usendíssima que prevenirmelo, replicó Don Casimiro; pues sé bien, que este punto no es de mi incumbencia, y no se me ha olvidado lo que leí pocos dias ha en cierto Autor de mi profession; hablando de la Sagrada Escritura dice: quod ad ejus usum attinet, Theologorum est proprius: hæc eorum hæreditas, hic campus, hoc stadium; por lo que mira al uso de la Sagrada Escritura, esse toca á los Theólogos, essa es su herencia, essa su legítima, esse es su proprio y particular terreno. Por señas de que, en confirmacion de lo que poco ha íbamos hablando, se lastima mucho en el mismo lugar de que los Predicadores se metan á Legistas, y los Legistas á Predicadores, aquellos citando leyes, y estos glosando textos: contra inverso ordine, jurisperitos, neglectis iis quæ ad se attinent, Sacra Biblia sæpius quam leges in ore habere. No excluye absolutamente, que unos tomen algo de otros por la recíproca union y buena correspondencia que hay entre las facultades; sola abomina el excesso, el prurito y la ostentacion de que se sabe de todo.»
26. «No obstante, ya me permitirá Usendíssima que, sin mezclarme en lo directo de esta fuente, que en realidad excede los límites de mis estudios, haga una reflexion acerca de ella, que parece no estar fuera de mi jurisdiccion. Es cierto que la Sagrada Escritura mereció tanto concepto aún á los Philósophos gentiles, que Emilio de Apaméa (ó Amilio, como le llama Proclo), al leer la primera cláusula del Evangelio de San Juan: in principio erat Verbum, quedó assombrado de que un Bárbaro (assí llama al Evangelista) huviesse philosophado con tanto acierto. Tambien sabemos, que Dionysio Longino, haciendo el paralelo entre Moyses y Homero, calificó al Legislador de los Judíos por un hombre nada vulgar; pues no podia serlo el que tenia tan alta idéa de Dios, como lo acredita aquel rasgo suyo en la historia de la creacion: dixit Deus: fiat lux, et facta est lux; fiat terra, et facta est, proponiéndole por modelo de un pensamiento verdaderamente sublime. Aunque la segunda parte: fiat terra, et facta est, la añadió Longino de cosecha propria, pues no se halla en la Escritura, en que el Autor, como gentil, estaba poco versado. No es ménos cierto, que en la Sagrada Escritura se encuentra no solo todo lo que se halla en los libros profanos y no profanos, sino que se halla en aquella lo que en estos no se encuentra. Pienso, si no me engaño, que ha de ser observacion de San Agustin, y que la leí en un libro de eloquencia: et cum ibi quisque invenerit omnia, quæ utiliter alibi didicit, multo abundantius ibi inveniet ea, quæ nusquam omnino alibi, sed in illarum tantummodo Scripturarum mirabili altitudine et mirabili humilitate discuntur. Siendo esto assí, me parecia, á mi grossero modo de entender, que la Sagrada Escritura debiera ser la única ó por lo ménos la primera fuente de la invencion, respecto de todo Orador sagrado. Pues, por qué razon Usendíssima ó su Autor no solo no la señalan por la única, no solo no la dan el primer lugar, sino que la ponen á la cola, y harto será que no sea la última?»
27. Hallóse embarazado Fray Gerundio con esta pregunta que no esperaba; pero salió á su socorro su fino amigo Fray Blas, diciendo con grande satisfaccion: «Esso es claro: porque la Escritura es fuente comun de que todos beben, está á mano de qualquiera para hartarse de ella, quando le diere la gana. Un Predicador que quiera acreditarse no ha de beber del pilon, sino que sea para enjuagarse: sýmbolos, emblemas, geroglýphicos, historias, sentencias, versos, fábulas, esta ha de ser su comidilla; y á lo mas mas, allá hácia lo último, un poco de Escritura, á modo de mondadientes. Esto es lo que quiere decir poner la Escritura por la postrera fuente de la invencion, y está bien puesta, á pagar de mi dinero.»
28. En medio de los pocos años del Colegial y que, assí por su edad como por su genio, todavía no estaba muy maduro ni era de los que mas se morian por sermones de Christo en mano, no se puede ponderar quanto le irritó una proposicion tan absurda, tan loca y tan escandalosa; sin embargo, considerándose huesped y que no era razon dar una mala noche á aquella buena gente, dissimuló su indignacion lo mejor que pudo, y se contentó con decir á Fray Blas: «Si no me hiciera cargo de que vuestra Paternidad habla de chanza, zumbándose de aquellos Predicadores que, si no con las palabras, á lo ménos con las obras parece que lo sienten assí, delataria essa proposicion al Santo Tribunal.» Iba á responderle Fray Blas algo colérico, quando oportunamente y al mejor tiempo del mundo entraron á poner la mesa, porque ya era hora de cenar.