CAPITULO IV.

Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.

1. Duró por mucho tiempo en nuestra indecision la grave duda de si copiaríamos á la letra todo el sermon de nuestro famoso Predicador, ó nos contentaríamos con escoger algunas cláusulas entre aquellas, que á nuestra limitada comprehension se representaban como las mas sobresalientes, para que el discreto lector por la parte viniesse en cabal conocimiento del todo; no de otra manera que una sola uña bien dibujada en el lienzo da á conocer la magestuosa ferocidad del Monarcha coronado de la selva, y una sola linea, que corrió al desgaire por el campo de la tabla, hace presente á los ojos penetrantes la diestra mano, que dió milagroso impulso á la delicadeza del pincel.

2. Por una parte nos hacia lastimosa compassion, y aún en cierto modo nos parecia especie de usurpacion injusta y hurto literario, defraudar al público aún de la mas mínima palabra que se huviesse desprendido de la boca de nuestro divino Orador, siendo cierto que hasta las que se salian de ella á escusas de su advertencia merecian engastarse en diamantes, para que compitiesse su duracion con la permanencia de los siglos. Por otra se nos representaba que, como no todos los lectores son tan inteligentes, ni tan pacíficos, ni de tan buena condicion como nosotros los quisiéramos, qué sabíamos si quizá nos depararia nuestra mala suerte algunos de ellos tan cetrinos, tan indigestos y de gusto tan estragado, que diessen al Diantre nuestra Historia, viendo interrumpido el hilo de la narracion con prolixos trassuntos de los partos intelectuales de nuestro Heroe? Y acaso no faltaria alguno tan atrevido, que nos echasse á los hocicos que, aún quando los referidos partos fuessen tan preciosos como á nosotros nos los figuraba nuestra passion, era impertinencia empedrar de ellos la Historia, por quanto al Historiador toca hacer fiel relacion de los hechos y proezas de su Heroe, pero no una impertinente coleccion de sus obras; porque de otra manera, si los que escrivieron las vidas de los quatro santos Doctores de la Iglesia y de tantos Escritores venerables, emprehendiessen insertar en ellas todas las producciones de sus plumas, no dexarian de hacerse un si es no es molestos y pesados.

3. Confessamos de buena fé que esta última razon nos hizo un poquito de fuerza, y assí, dexando al cuidado de otra mas feliz pluma que la nuestra el empeño y la gloria de enriquecer al orbe literario con una coleccion de los incomparables sermones de nuestro Fray Gerundio, ilustrándolos con glosas, notas y escolios, (en cuyo glorioso afan tenemos entendido, que trabaja una Academia de ingenios del primer órden,) nosotros nos contentaremos con extractar tales quales rasgos de aquellos, que salieren al encuentro de la narracion y nos parecieren necessarios para facilitar á los lectores la mejor inteligencia de los hechos. Fué pues la primera cláusula del sermon, que predicó en Campazas Fray Gerundio, la que se sigue:

4.[13] «Si es verdad lo que dice el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, — ay, infelice de mí! — que voy á precipitarme, — ó es preciso confundirme. — El Oráculo pronuncia que ninguno fué en su patria — Predicador ni Propheta: — Nemo Propheta in Patria sua: — pues, como atrevido yo — presumí este dia ser — Predicador en la mia? — Pero tenéos, Señores, — que tambien para mi aliento — leo en las Sagradas Letras — que no á todos hace fuerza — la verdad del Evangelio: — Non omnes obediunt Evangelio: — y qué sabemos si es esta — alguna de aquellas muchas — que, como siente el Philósopho, — se dicen solo ad terrorem

5. Esta entradilla puso en la mayor suspension al gruesso del auditorio, pareciéndole que era impossible encontrar con introduccion mas feliz ni mas oportuna; pero el Magistral, que de propósito se havia metido en el confessonario del Cura (el qual estaba en frente del púlpito,) y havia cerrado la celosía de la parte anterior, para observar á su gusto á Fray Gerundio sin peligro de turbarle, apénas le oyó romper en dos disparates ó en dos blasfemias heréticas tan garrafales, como dudar si era verdad lo que havia dicho el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, y suponer que muchas verdades del Evangelio eran solo para espantar y poner miedo, de pura vergüenza baxó los ojos, que tenia clavados en su sobrino, y desde luego hizo ánimo á no oir en aquel sermon mas que heregías, atrevimientos ó necedades. De buena gana se huviera salido de la Iglesia; pero, sobre no ser possible penetrar por el concurso sin grande alboroto, se hizo cargo de que no era razon echar un jarro de agua á la fiesta, y assí tomó el partido de dissimular hasta su tiempo y de aguantar la mecha. Miéntras tanto iba nuestro Fray Gerundio prosiguiendo su sermon ó su salutacion, y á pocas paletadas se metió de paticas en lo mas vivo de todas las circunstancias. Aquí me havrán de perdonar los críticos mal acondicionados; porque, cánseles ó no les canse, en Dios y en consciencia, no puedo ménos de trasladar al papel de verbo ad verbum el primoroso artificio con que las tocó todas, ya que no sea possible trasladar á él la valentía, el garbo y el espíritu con que las animó. Dixo pues assí, cansándose del estilo cadencioso, ó mudándole con todo estudio en el hinchado, assí porque la variedad es madre de la hermosura, como porque á este estilo le llevaba mas la inclinacion:

6. «Esta es, Señores, la estrena de mis afanes oratorios; este, el exordio de mis funciones pulpitables; mas claro para el ménos entendido: este es el primero de todos mis sermones. Qué á mi intento el oráculo supremo: primum quidem sermonem feci, o Theophile! Pero, donde se hace á la vela el baxel de mi discurso? Atencion, fieles; que todo me promete venturosas dichas, todas son prophéticas vislumbres de felicidades. O se ha de negar la fé á la evangélica Historia, ó tambien el hypostático Ungido predicó su primer sermon en el mismo lugar, donde recivió la sagrada ablucion de las lustrales aguas del bautismo. Es cierto, que la evangélica narracion no lo propala, pero tácitamente lo supone. Recivió el Salvador la frígida mundificante: Baptizatus est Jesus; y al punto se rasgó el tafetan azul de la celeste cortina: Et ecce aperti sunt cœli: y el Espíritu Santo descendió revoleteando á guisa de pájaro columbino: Et vidi spiritum Dei descendentem sicut columbam. Hola! bautizarse el Messías, romperse el pabellon ceruleo, y baxar el Espíritu Santo sobre su cabeza! A sermon me huele, porque esta divina paloma siempre bate las alas sobre la cabeza de los Predicadores.»

7. «Pero son supervacaneas las exposiciones quando están claras las voces del oráculo; él mismo dice que, bautizado Jesus, se retiró al desierto, ó el Diablo le llevó á él: Ductus est in desertum a spiritu, ut tentaretur a Diabolo. Allí estuvo por algun tiempo, allí veló, allí oró, allí ayunó, allí fué tentado, y, la primera vez que salió de allí, fué para predicar en un campo ó en un lugar campestre: Stetit Jesus in loco campestri. O qué estival paralelo de lo que á mí me sucede! Fuí bautizado en este famoso pueblo, retiréme al desierto de la Religion, si ya el Diablo no me llevó á ella: Ductus est a spiritu in desertum, ut tentaretur a Diabolo. Y qué otra cosa hace un hombre en aquel desierto, sino orar, velar, ayunar y ser tentado? Salí de él la primera vez para predicar; pero, en donde? In loco campestri: en este lugar campestre de Campazas, en este compendio del campo Damasceno, en esta emulacion de los campos de Pharsalia, en este envidioso olvido de los sangrientos campos de Troya: Et campos ubi Troia fuit; en una palabra, en este emporio, en este solar, en este orígen fontal de la provincia de Cámpos: in loco campestri

8. «Aún hay mas en el caso: el lugar campestre, donde predicó el primer sermon el Hypostático, fué á la esmaraldática márgen del argentado Jordan, donde havia sido bautizado. Y quien duda que le oiria Juan, su Padrino de bautismo? Venit Jesus ad Joannem, ut baptizaretur ab eo. Y qué cosa mas natural que al oir el Padrino á su ahijado, y mas si hizo de él feliz reminiscencia en la misma salutacion, salutate Patrobam, que dixo muy á mi intento el Apóstol, saltasse ahora de gozo, como palpitó en otra ocasion de placer en el útero materno: Exultavit infans in utero matris. El caso es tan idéntico, que seria injuriosa la aplicacion para el docto; pero vaya para el insipiente. No se llama Juan mi Padrino de bautismo? Todos lo saben: Joannes est nomen ejus. No me está oyendo este sermon que predico? Todos lo veen: Audivi auditum tuum, et timui. No le están bailando los ojos de contento? Todos lo observan: oculi tui columbarum. Luego no hay mas que decir en el caso.»

9. «Sí hay tal. Gracia y agua es el complexo de la fuente bautismal, y agua y gracia es lo que symboliza su nombre y apellido. Que Juan es lo mismo que gracia, lo saben hasta los Predicadores Malabares: Joannes, id est gratia. Pero que Quixano sea lo mismo que agua, ó fuente copiosa de ella, lo ignoran hasta los mas eruditos; pero presto lo sabrán. Ya tiene entendido el Theólogo, y mucho mas el sabio Escriturario, que la quixada de asno es muy mysteriosa en las Sagradas Letras, ó desde que Cain quitó la vida con una de ellas á su hermano Abel, como quieren unos, ó desde que Sanson magulló con otra las cabezas á mil agigantados Philistéos, como saben todos: In maxilla asini percussit mille viros. Despues de esta hazaña, se moria de sed el fatigado Sanson: no havia en todos aquellos espaciosos estrados de la odorífera Flora un hilo de plata líquida, con que poder apagarla. Quando veis aquí que de la misma quixada, que havia sido la mortal Philisticida, brota un raudal de aljófar derretido, que refrigeró al inhiante forzudo, y quedó el sitio sigilado hasta el dia de hoy con el cognomento de la fuente de la Quixada: Idcirco appellatum est nomen loci illius fons invocantis de maxilla, usque ad præsentem diem

10. «Id ahora conmigo. Sabida cosa es en nuestras Historias genealógicas, que el antiguíssimo y nobilíssimo apellido de los Quixanos deriva su orígen y su alcurnia no ménos que de el tronco de Sanson, cuyos hijos y nietos, desde esta gloriosa hazaña, comenzaron á llamarse los Quixanos, por no equivocarse con otra no ménos antigua, aunque ménos noble y mucho mas extendida familia de los Quixotes. No es ménos cierta la noticia, que desde entónces las armas de los Quixanos son una quixada de un burro en campo verde, brotando un chorro de agua por el diente molar, como lo afirman quantos tratan del Blason. Assí mismo es cosa muy averiguada que los Quixanos, en las batallas con los Moros, no usaban de otras armas que de la quixada de un jumento, cubiertos con piel del mismo asno, siendo tan hazañosos con esta arma rebuznable como á cada folio se refiere en los anales. Dígalo, si no, aquel Heroe Gonzalo Sanson Quixano, que con una maxilla de jumento, in maxilla asini, quitó la vida por su propia mano en ménos de media hora á treinta y cinco mil Sarrazenos en la famosa jornada de San Quintin, debaxo de Julio César, Capitan General del Rey Don Alfonso el de la mano horadada; proeza que premió el agradecido Monarca, mandando que en adelante se pintasse la quixada del escudo de los Quixanos con treinta y cinco mil dientes, y en cada uno de ellos, como si fuera una escarpia, clavada una cabeza de Moro; cosa que hace una vista que embelesa. Y de passo quiero añadir ó, diré ménos mal, quiero acordar á todos la erudicion tan sabida de que el primer escudo, que se gravó con toda esta multitud de cabezas y de dientes, no era mayor que la mas menuda lenteja; siendo lo mas admirable que quixada, dientes y cabezas, con todos sus pelos y señales, se distinguian perfectamente á mas de cien passos de distancia. O assombro de la invencion! o prodigio de la habilidad! o milagro de los milagros del arte! Miraculorum ab ipso factorum maximum, que dixo á este intento Cassiodoro.»

11. «Pero atencion, que oigo no sé qué articulado accento en las ethereas campanas: Vox de cœlo audita est. Pero, de quien es esse gutural verbífico sonido? Oigamos lo que dice, que quizá por ello deduciremos quien lo profiere, como por el efecto se viene en conocimiento de la causa, y por el hilo se saca el ovillo. Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi complacui: este es mi querido Hijo, dulce objeto de mis complacencias. Hola! dice la voz, que el que está predicando en el lugar donde fué bautizado es su hijo? Luego la voz es del Padre. Sabe el Lógico, que es legítima la consecuencia. Y quien es esse Padre? Pater meus agricola est: mi Padre es un labrador honrado. Ea, que ya vamos descubriendo el campo. Pero, qué tiene el Padre con el sermon del hijo? No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano. Qué ha de tener, si él mismo se le encarga? Dícelo expressamente el texto: Misit me vivens Pater: el que me envió, ó el que me traxo á predicar, es mi Padre. Y nota oportunamente el texto mismo que, quando su Padre le embió á predicar, estaba vivo, vivens Pater; la interlineal, sanus, que estaba sano; los Setenta, robustus, que estaba robusto; Pagnino, vegetus, que estaba terete y fuerte. Apelo á vuestros ojos, y decidme si no es idéntico el caso.»

12. «Vamos adelante, que aún no lo he dicho todo. Y como se llamaba esse generativo principio, esse paternal orígen de aquella dichosa prole? Aquí deséo arrecto vuestro órgano auscultativo. El sermon que mi Padre, vivo, robusto, sano y terete, encomendó á mi insuficiencia, no es del Eucharístico panal? Sí. El arca del Testamento no fué el mas figurativo emblema de esse ovalado armiño? Dígalo el docto y el versado en la Theología expositiva. Y por donde anduvo prófuga esta cóncava testamentífera arca? Vamos á las sagradas Pandectas: et asportaverunt eam a lapide adjutorii in Azotum: conduxéronla al país de los a-Zotes. Víctor! que ya tenemos Zotes en campaña. Entra el arca en la provincia de los Zotes? manda un Padre á su hijo que predique de essa arca? pues, qué apellido ha de tener esse Padre, ni qué cognomento ha de distinguir á esse hijo, sino el de los Zotes, principales de la provincia? Et asportaverunt eam in Azotum.»

13. «Es convincente el discurso; pero vaya una interrogacioncilla. Y esse hijo no tenia Madre? Y como que la tenia, pues consta que la Madre y el Padre le buscaron: Ego et Pater tuus quærebamus te. Está bien; y la madre no tuvo parte en el sermon? Fué el todo; pues ya es cosa sabida que, siempre que un Predicador se desempeña con lucimiento, se refunden en la madre sus aplausos. Por esso, al acabarse la funcion, exclaman todas las piadosas mugeres: Bien haya la madre que te parió! dichosas las madres que tales hijos paren! Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti!»

14. «Pero, qué ruido estrepitoso, qué harmoniosa algarabía divierte mi atencion hácia otra parte? qué percibe la potencia auditiva? qué especies visuales se presentan delante de la visiva? Mas claro y mas para el vulgo: qué oigo? qué veo? Qué hé de ver, ni qué hé de oir, sino un choro de danzantes? Quid vides in Sunamitis, nisi choros castrorum? De danzantes! Ea que sí; pues á vista de la Eucharística arca, aún á las mismas Testas coronadas se las bullen los piés. Dígalo el Rey penitente de Iduméa: et David saltabat totis viribus ante Dominum. Nótese la frase: saltabat totis viribus: brincaba con todas sus fuerzas; no se andaba ahora en paspieses pulidos, en carrerillas menudas, en cabriolas ni en vueltas de pechos acompassadas; daba unas vueltas en el aire, echando las piernas con quantas fuerzas podia: saltabat totis viribus. No es esso lo que ahora estamos viendo en essos ocho robustos Atletas y Luchadores á brazo y pierna partida con el viento? Mas: era David un danzante coronado; pues, corona por corona, no le deben nada á David nuestros danzantes. Pero aún descubro en Isaías otras señas mas claras de ellos: et pilosi saltabant ibi: y danzaban allí los que tenian largo el pelo, los de grandes cabelleras, los de las melenas tendidas. No puede ser la vision mas adequada para el caso presente.»

15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas del Templo, ad fores templi, que dixo elegantemente el mitrado panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo ad placitum de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí? Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio. Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los años en mi amada patria de Campazas? In loco campestri.»

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué lucios y qué gordos! Tauri pingues obsederunt me. No hay quien me socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante. No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y vivos, pero ni marrajos ni sangrientos vituli multi, ó, como lee otra letra, mutilati. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro; porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar en las mismas aras: tunc imponent super altare tuum vitulos

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo cabello de la cabeza: et capillus de capite vestro non peribit, que dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores, que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas, que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico Adivino quando cantó vaticinando: Sagittas tuas ex dentibus effecit. Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant.»

18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso, que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse quid pro quo de órgano, que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago. Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera simpliciter necessaria, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso, apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, propter unum quodque tale, et illud magis. Gran gloria de Galicia tener por escudo de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el solar de la sagrada Eucharistía; porque ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: Ave Maria

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragato de la gaita gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada; esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal, que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á selmo selmonis, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo, que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas quæ septies repetita placebunt, que darán gusto y no fastidiarán, aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; pero nosotros no presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio, porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é irrevocable resolucion inter vivos de no copiar dicho sermon, ni trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones, muchos mas vítores, muchos mas vivas al acabarse el Panegýrico que al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable, que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que, ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el Credo por las lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor parte de ellas, aquellos clamando á voz en grito, «que era dichoso el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente, gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra, y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas, y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.