CAPITULO III.

Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.

1. Havia corrido por toda aquella comarca la noticia de que nuestro Fray Gerundio baxaba á predicar en la funcion del Sacramento en la célebre fiesta de Campazas, ya porque Anton Zotes como Mayordomo havia convidado á todos los amigos que tenia en los lugares á la redonda, que no eran pocos, assí de labradores como de Clérigos y Frayles, ya porque el mismo Fray Gerundio no se havia descuidado en echar tambien la voz entre sus muchos conocidos y apassionados, siendo tentacion tan comun en todo Predicador principiante, que tal vez cunde hasta en los mas adultos y provectos, dexarse caer al descuído con cuidado, ya en las conversaciones, ya en las cartas, el dia ó los dias que predican, lo que algunos maliciosos atribuyen á demasiada satisfaccion ó vanidad, y, á mi pobre juicio, no es mas que un poco de ligereza mezclada con una buena dósis de bobería.

2. Amen de esso, la fiesta de Campazas era tan famosa en toda aquella tierra por los novillos y por el Auto-sacramental, que, sin que nadie convidasse y aunque fuesse el Predicador el mayor zote del mundo, siempre concurria á ella innumerable gentío, no solo despoblándose los lugares del contorno, sino que rara vez se dexaba de ver en ella mucha gente ociosa y alegre de Leon, de la Bañeza y Astorga; pero, añadiéndose en este año la fama del Predicador y el convite de Anton Zotes, convienen todos los Autores de quienes nos hemos valido para recoger las noticias mas puntuales, que componen el cuerpo de esta verídica Historia, que fué en él extraordinario el concurso.

3. Danse por supuestas las demonstraciones de alegría y de ternura, con que fué recivido nuestro Fray Gerundio de su Padre el Tio Anton, de su Madre la buena de la Catanla, y de su Padrino el Licenciado Quixano. Esto mas es para considerado con un casto silencio, que para explicado con la pluma; pues, aunque fuesse de águila, de buitre ó de abutarda, nunca podria remontar el buelo hasta la cumbre de tan alta esphera; quanto mas la nuestra, que no puede seguir el tardo movimiento del mas pesado avestruz! Baste decir que apénas se desmontó del macho zancarron, (assí le llamaba el Director de la noria,) quando la Tia Catanla le dió mil tiernos abrazos y otros tantos maternales ósculos, dexándole bien rociadas las barbas de lágrimas y mocos. Iba á limpiarse estos y aquellas, pero no le dieron lugar las rociaduras semejantes que se siguieron; porque, como era la primera vez que se dexaba ver en el lugar despues de Frayle, no solo concurrieron á verle, abrazarle y besarle todas las Tias del barrio, unas con la licencia de viejas, y otras con la de Parientas, sino que apénas quedaron dos en el lugar de Campazas, que no hiciessen lo mismo; y aún essas únicas dos es fama que lo dexaron, una porque estaba en la cama con cámaras y pujos, y otra porque dos dias ántes havia saltado de su corral al de la Tia Catanla una gallina y no havia parecido, de lo qual estaba hecha ella una furia contra la buena de la Rebollo, que nada sabia de esso, y aún se decia que la dueña de la gallina queria acudir á Leon á sacar una descomunion ó una Pollina á mata-candelas, (assí llamaba ella la Excomunicacion y la Paulina,) contra la encubridora de su ave. Por lo demas, hombres, mugeres, viejos y mozos, todos acudieron á casa del Tio Anton Zotes á ver al Flayrecico y á dar la enhorabuena á sus Padres de que tuviessen el gusto de verle en su casa y ya tan aprovechado. Ello es assí, que consta de documentos y papeles antiguos de aquel tiempo, que se gastaron en aquella tarde quatro cántaras de vino, ocho quesos, y diez y seis ogazas y media en agassajar á los que concurrieron á casa del Tio Anton; de donde podrá inferir el prudente y discreto Lector los muchos que serian, y lo bien quistos que estaban en todo el pueblo Anton Zotes y su saníssima muger.

4. Faltaban tres dias para la funcion, en los quales fueron llegando aquellos convidados especiales, que eran mas estrechos amigos de la casa de los Zotes, donde estaban prevenidas no ménos que veinte camas para los huéspedes, quatro para los de mayor autoridad y respeto en las cámaras altas de la casa, y las demas se acomodaron en una panera, que á este fin se desocupó y se barrió, colgando las paredes con mantas de mulas y cavallerías de la labranza, assí de las que havia en casa, como de otras que se pidieron prestadas, quedando la pieza, á juicio de la mayor parte del lugar, tan ostentosa que se podia hospedar en ella un Obispo.

5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman Canónigos de cuello ancho[7] y, por otro nombre, de capa y espada, jovencito aún y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal, y por lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,) por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.

6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta, y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo, por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento, donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque, aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera que se privasse in totum, pero se quedaba á unos medios pelos que olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer y havia leído la Historia de los doze Pares de Francia, á Guzman de Alfarache, la Pícara Justina y quantos romanzes de ciegos se cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas, aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.

7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral, quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor, no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo (pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un inexplicable gozo.

8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las señas eran de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china, y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura, armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo, redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar; sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar, que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó Presentado.

9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10] que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario. Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas, pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el molesto acecho y murmuracion de los Frayles.

10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponer libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion, ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los sermones que por su oficio le tocaban á él.

11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio, no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case, con tal que lo haga sin pecar... el santo varon tragó el anzuelo, y me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que, teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era prodigiosa tu facilidad.»

12. — «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» — «Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» — «Y qué diablos ha de decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que no hay tal herencia ni calabaza». — «En esso te paras, majadero? respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal heredero, despues de algunos legados de corta cantidad á algunos parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró la salud milagrosamente?» — «Pero, si se averigua, replicó Fray Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso sobreescrito la tuna y el bisboleo?» — «Calla, simple, respondió Fray Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por alguna casualidad llegue á saberse, quid inde? Dirán, que fué una de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos, quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la rueca, y el Frayle en la celda.»

13. — «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» — «Y es lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha: temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó, por mejor decir, nosotros las excusábamos á ellas: durante la mesa havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota; cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo, ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y assegurándole que seria muy bien recivido.»

14. — «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.; porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con aquellas señoras Monjas.»

15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario, despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla, que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era. Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos, aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos, porque es infedelidad irremissible en un historiador adelantarse á vender las sospechas por noticias.

16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente, ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras, en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos. Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina, por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia; las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo en el cinto.

17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa, esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes, que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos Mayordomos.

18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase (claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad, encargando mucho al barbero que se esmerasse en la operacion, pues no le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante; la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo, que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle, passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el sermon no pareciesse la mitad de lo que era.

19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan inquieto la noche precedente, en que no fué possible pegar los ojos, que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas, que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,) era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio, como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos, añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia, y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»

20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y, escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco, haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.

21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías, porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba del facistol; los quales Sacristanes en punto de tono gregoriano eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple un muchacho de doze años, á quien ex professo havian capado para acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano, pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros, ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el Gloria como en el Credo, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes, y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso, y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares el órgano de los Zotes, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha probabilidad.

22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media; de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito; con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la cabeza hácia todos lados, pero con especialidad hácia donde estaba el banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente, con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de rodillas.

23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la comprehension en la inteligencia del assunto.

24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar, tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda, pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas: verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque la elevacion era de pocas varas.

25. Como quiera que el Templo fuesse, ancho ó estrecho, largo ó breve, esso no era de cuenta de nuestro Predicador, porque ni á él le tocaba hacerle mas capaz, ni la estrechez de la Iglesia podia perjudicar un punto la magnificencia del sermon, siendo ya cosa acreditada repetidas veces por la misma experiencia, que en la Iglesia mas sumptuosa de la Christiandad se puede predicar un sermon malo, y en una desdichada ermita ó humilladero rural se puede predicar un excelente sermon. Lo que hace á nuestro intento y á la immortal gloria de nuestro Fray Gerundio, es que la Iglesia de Campazas, tal qual Dios se la deparó, estaba toda de bote en bote y que, aunque cayesse (por comparacion) de las mismas nubes un alfiler, lo que es al pavimento no podia llegar, porque ó se quedaria en el tejado de la misma Iglesia, como es lo mas natural, ó, caso de meterse por alguna rendija, boqueron ó gotera, tropezaria en las cabezas del auditorio, y allí ó en el vestido pararia sin duda, hasta que la Iglesia se fuesse desocupando.

26. Pero ya es tiempo de que volvamos á nuestro Fray Gerundio, que le tenemos incomodado y puesto de rodillas por mas tiempo del que se acostumbra, no sin grande impaciencia suya por tanta detencion, especialmente quando estaba reventando, assí por salir de su cuidado como por desplegar las velas del discurso, navegando viento en popa por el mar de su mayor lucimiento.

27. Levantóse pues con bizarríssimo denuedo, volvió á hacerse cargo de todo el auditorio con grave y magestuoso despejo, tremoló successivamente sus dos pañuelos, primero el de color, con que se sonó en seco, y despues el blanco, que passó por la cara ad pompam et ostentationem; entonó su Alabado con voz gutural y hueca; persignóse espurriendo bien la mano derecha y teniendo con la izquierda la parte anterior de lo que se llama muceta en la capilla; propuso el texto sumisa, pero sonoramente, y dió principio á su sermon de esta manera. Pero, salvo el mejor y mas acertado parecer de nuestros lectores, á nosotros nos parecia mas conveniente hacer capítulo aparte, porque el presente harto será que no sea ya muy prolixo.