CAPITULO II.

Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.

1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad; y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones, pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno, hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que, leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra, lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.

2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto, entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y luego se retiró, porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio, con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: Apuntamientos sobre los vicios del estilo. Pasmóse de aquella extraordinaria casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:

3. «Primer Vicio: Estilo hinchado. Llámase assí por analogía con aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que pide la materia.»

4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras, otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas expectati-viras, las expectantes de Varon; á la Columna Menecratem ó Validi potentem, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro Rey de Macedonia, llamaba al Gallo manicinero, el Músico matutino; al Barbero Drachma, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al Pregonero Chœnice, porque con la medida de este nombre se median las cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»

5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de Hércules Ethéo, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con estas fastuosíssimas palabras:

Quid tamen nectis moras?

Numquid timemur? Numquid impositum sibi

Non poterit Atlas ferre cum cœlo Herculem?

Quiere decir: Qué detencion es essa? Qué! me temes? ó, si yo subo á él, tienes rezelo de que Atlante no pueda con el Cielo? — Parece que no es possible pensamiento mas hinchado; pero todavía lo es mas el que se sigue:

Da tuendos, Jupiter, saltem Deos:

Illa licebit fulmen a parte auferas,

Ego quam tuebor.

No es mas que decirle:

A lo ménos, ó Júpiter, permite

Que amparar á los Dioses solicite,

Y para los que tomare á mi cuidado

Sobran tus rayos, bástales mi lado.

De esto hay infinito en los Poetas y Oradores Castellanos.»

6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido. El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: No pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar, mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial, etc. Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»

7. «Segundo Vicio: Estilo cacozelo.» — Algo se sorprehendió F. Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y piarum narium offensiva, pero luego se sossegó con la explicacion que se seguia en esta conformidad.

8. «Llámase estilo cacozelo aquel estilo afectado, que consiste en imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura; y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»

9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado Espiridion, este hecho y este dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio, colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion, queriendo imitar la de las uvas, que hasta en el mismo templo baxaban los buitres á encarnizarse en el retrato. Riéronse con razon los oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de lo que sucede en los montes y en los peñascos.»

10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras de Phelipe IV. con esta emphática expression: Con que, en fin, hasta los Reyes mueren! y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y, queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera: Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren! Fueron tales las carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante, y los que comenzaron honras acabaron entremes.»

11. «Tercer Vicio: Estilo frio. Es en parte parecido al cacozelo ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo. Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar el fuego. Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur.»

12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá, por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó semejantes interpretaciones: El pórtico de Salomon es la conversacion de Christo; la estrella Arcturo es la ley; las Pléyades, la gracia del nuevo Testamento; las Luces,[4] los consejos de los Santos Padres; las Grullas, los Padres espirituales; el Zéfiro, los Predicadores de la ley evangélica; la Perdiz, el Diablo; y los Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas. Passen en buen ora todas essas alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de ellas?»

13. «Quarto Vicio: Estilo pueril. Consiste este en una suavidad sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas theatrales, y finalmente en todo lo que suena á estilo cadencioso ó clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor; porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras, alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina. De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros:

Animula vagula, blandula,

Hospes comesque corporis,

Quæ nunc abibis in loca

Pallidula, rigida, nudula,

Nec, ut soles, dabis jocos!»

14. «Vaya una pintura en el mismo estilo pueril, copiada á la letra de cierto sermon que anda impresso: Quiere el águila, hydrópica de luz, beber al Planeta mas propicio la impetuosa corriente de su raudal fogoso: navega por el mar del viento, sirviendo de seguros remos la ligereza de sus alas. Nunca vuelve los ojos al suelo, porque siempre los tiene fixos en el flamante globo. Si dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules; si la tierra con verdores la lisonjéa, el sol con benévolas influencias la halaga. Lleva pendiente de su pico ó prisionera en la estrecha cárcel de sus garras á su prole hermosa y tierna: mírala con desvelo, atiéndela con cuidado, registra sus ojos, repara sus movimientos. Pero si ella, ó embriagada de luces ó ciega de resplandores, vuelve el rostro, encorva el cuello, ó pestañéan sus dos pequeños orbes declinando en cobardes timidezes, la despeña con ira, la precipita con rabia y, arrojándola de las nubes, la destina para pasto de crueles voracidades. Mas, si amante de aquella mayor antorcha, alada Clicia de su incessante carrera, enamorada de su esplendor, apassionada de su brillantez, conserva estable la vista aguantando el tropel de tantas llamas, en plácidos ademanes la expressa mas intensos sus amores, siendo prueba de su legítima filiacion el sympático afecto á la claridad. — Pintura pueril, donde no se encuentra ni un solo pensamiento masculino ni un solo concepto nervioso y varonil, reduciéndose toda ella á figurillas comunes y á metáphoras vulgares; porque, en quitando aquello de llamar al sol el Planeta mas propicio ó la mayor antorcha, á sus rayos corriente de raudal fogoso, al Cielo flamante globo, á los ojos dos pequeños orbes, no queda mas fuego ni mas substancia que clausulillas cortadas, antíthesis ridículas, y repeticion de frases para explicar un mismo concepto. Y, quando el Autor dixo que, si el águila dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules, debió sin duda de pensar que las águilas aniden en jardines y en florestas, como los ruiseñores y canarios; porque, si supiera que las águilas tienen siempre su nido en los sitios mas horrorosos de la naturaleza, buscando unas veces la cima, y otras el hueco de algun peñasco escarpado, no diria el disparate de que dexaba amenidades de los vergeles, y huviera buscado otra antíthesis mas propria para acompañar á su dominacion sobre los campos azules

15. «Quinto Vicio: Estilo parenthyrso. Llámase assí aquel modo de predicar descompuesto, desentonado y furioso, en que el Predicador mas parece un orate que un Orador: todo gritos, todo exclamaciones, todo ponderaciones intolerables, todo gestos, todo contorsiones del cuerpo, todo movimientos convulsivos, y todo figuras magníficas y grandiosas, para explicar las cosas mas baxas y mas ridículas. Dase con mucha propriedad el nombre de parenthyrso á este estilo, por alusion al thyrso ó garrote nudoso, cubierto de hojas, que se usaba en las fiestas bacanales, con el qual se sacudian de garrotazos unos á otros los que las celebraban, como si estuvieran locos; porque en realidad no hay cosa que mas descalabre ni que mas rompa la cabeza, que este estilo ó este modo de predicar.»

16. «No es menester citar exemplos para conocer este estilo, porque bien freqüentes los tenemos á la vista, especialmente en sermones de Quaresma, que llaman de mission, quando los predican ciertos Predicadores visoños, llenos de zelo, pero faltos de experiencia y no sobrados de juicio. Suélense reducir sus sermones á pasmarotas, á interrogaciones impertinentes, á exclamaciones importunas, á voces descompassadas, y á una continua agitacion del cuerpo tan violenta, que al acabar el sermon quedan mas quebrantados y mas molidos que si huvieran estado cavando todo el dia; y, miéntras ellos se retiran muy satisfechos de su travajo, la mayor parte del auditorio se va riendo de su bobería ó compadeciéndose de su locura.»

17. «Suelen estos en el discurso del sermon llorar, encenderse, enojarse, irritarse, invocar á el Cielo y á la tierra lo mas importunamente del mundo; y lo mas gracioso es que, quando dicen las cosas mas comunes ó mas frias, pareciéndoles que tienen ya al auditorio comovido, dicen con la mayor satisfaccion: Pero ya veo que se os despedazan las entrañas, ya veo que se os parte el corazon, ya veo que corren hasta el suelo vuestras lágrymas. Y lo que hay en el caso es, que miéntras tanto los oyentes están con los ojos muy enjutos, con el corazon entero, y con las entrañas frescas y sanas salvo que se les despedacen de risa.»

18. «Sexto Vicio: Estilo escolástico. Incúrrese de varias maneras: ó quando el sermon mas parece una disputa que una oracion, por las pruebas, por la confirmacion, por los argumentos, por las respuestas y por las réplicas; ó quando en el discurso de él, aunque por lo demas tenga mucho de aire oratorio, se introducen freqüentemente sylogismos formales con su mayor, menor y conseqüencia; ó quando se citan, con excesso y con afectacion de sabios, puntos controvertidos en la escuela, con aquello de: dicen los Philósophos, enseñan los Theólogos, sabe el Maestro, etc. Incurren por lo comun en este vicio tres géneros de gentes: los Predicadores demasiadamente mozos, que aún están, como se dice, con el vade en la cinta; los demasiadamente viejos, encanecidos en las Aulas y en las Universidades; y aquellos, assí viejos como mozos, que por su profession ó instituto no pueden lucir sus estudios escolásticos en theatros públicos, destinados para esso, y escogen el púlpito para hacer importuna ostentacion de ellos.»

19. «Tambien se llama estilo escolástico el de aquellos Oradores tan supersticiosamente aligados á las leyes y reglas de la oratoria, que ántes quebrantaran todos los preceptos del Decálogo que faltar al mas mínimo cánon de la rhetórica. Estos tienen gran cuidado de que todo el artificio se descubra de par en par: el exordio, la proposicion, la division, las pruebas, la exornacion, el epílogo, y de ir midiendo las figuras como con un compas, distribuyéndolas y repartiéndolas en sus caxoncillos y quadrados, como tablero de damas. No hay cosa mas insufrible ni mas fastidiosa que una composicion tan arreglada: hasta el gesto y el tono de la voz, el movimiento del cuerpo y las acciones de las manos, ponen el mayor estudio en que salgan á nivel. Con mucha gracia se burlaba de ellos Demósthenes, quando decia, que no creía pendiesse la fortuna de la Grecia de que la mano se moviesse hacia aquí ni hacia allí: fortunas Græciæ ex eo non pendere, an manum in hanc vel in illam partem inflexeris. Este es aquel estilo que por otro nombre se llama tambien pedantesco

20. «Séptimo Vicio: Estilo poético. Dice Theophrasto, y ya convienen todos en ello, que es sumamente útil al Orador exercitarse en la lectura de los mejores Poetas, especialmente cómicos y trágicos, y aún añade Dionysio Halicarnasseo que no puede ser perfecta una oracion, si no es muy parecida á un buen poema.»

21. «La verdadera inteligencia de esta regla, que tambien la adoptan Ciceron y Quintiliano, es la que dan ellos mismos. Dice Ciceron, que el Orador ha de aprender del Poeta á hablar con número y con medida; pero no con aquella medida que hace el verso, porque esse es vicio de la oracion, nam id quidem orationis est vitium, sino con aquella medida que causa en los oídos cierta harmonía llena y numerosa, siendo cierto, que es numeroso todo lo que suena bien; por esso dixo un discreto, que para hacer buena prosa era menester tener buena oreja.»

22. «Quintiliano explica mas la materia y dice, que el Orador debe aprehender de el Poeta la elevacion del concepto, la viveza de la expression, el imperio y la mocion de los efectos, la propriedad y el decoro de las personas, pero advierte, que no ha de passar de aquí y que no debe imitar al Poeta ni en la arrogancia y libertad de las palabras, ni en la licencia de las figuras, ni en la forzosa medida de los piés: Meminerimus tamen non per omnia Poetas Oratori esse sequendos, nec libertate verborum, nec licentia figurarum, nec pedum necessitate

23. «Por no entender bien esta regla ó por entenderla al rebés, han caído tantos Historiadores y tantos Oradores en el intolerable vicio de el estilo poético, tomando de los Poetas lo que debieran huir, y huyendo de lo que debieran tomar: de la sublimidad del pensamiento, de la valentía y magestad de la expression, y de el divino fuego con que inflama los afectos, nada absolutamente; pero de sus enthusiasmos, de sus frases floridas y pomposas, de sus figuras arrebatadas, y de las medidas de sus piés, absolutamente todo, sin faltarles mas que las rimas ó los consonantes.»

24. «Quien ha de tener paciencia para oir á un Orador sagrado, que desde toda la grave magestad del púlpito pinta á un leon de esta manera: Mirad esse coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña; atended como eriza la melena, como afila el acero tajante de las uñas, como furioso acomete, como estremeciendo ruge!Da pedes, et fient carmina: no le faltan mas que los piés para ser verso; pero ni aún los piés le faltan, porque aquello de coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña, atended como eriza la melena, son tres piés cabales de verso heróico, y lo otro de como furioso acomete, como estremeciendo ruge, son dos piés muy ajustados de verso lýrico.»

25. «Amiano, Enodio y Sidonio Apolinar fueron los que introduxeron esta peste, y con ella inficionaron las quatro partes de el mundo: para decir Amiano que una injusta y cruel guerra abrasó á toda la ciudad, se explica con estas poéticas frases: Cumque primum Aurora surgeret, universa quæ videre poteram armis stellantibus coruscabant ac ferreus equitatus campos opplebat et calles; sæviens per urbem æternam urebat cuncta Bellona, ex primordiis minimis ad clades duda luctuosas, quæ obliterasset utinam juge silentium: Apénas la Aurora havia dexado el lecho y pude con su luz descubrir lo que passaba, quando ví, que toda la campiña resplandecia con las armas centellantes y que la cavallería, cubierta de hierro azerado, llenaba campos y calles; Belona, cruelmente enfurecida, todo lo reducia á pavesas en aquella ciudad interminable, passando de los menores daños á estragos tan lastimosos, que oxalá los huviera borrado de la memoria el silencio ó el olvido!»

26. «Pero esto no tiene comparacion con la pintura, que hace del suelo helado y resbaladizo en tiempo de invierno: Hieme vero humus crustata frigoribus et tanquam levigata ideoque labilis incessum præcipitantem impellit, et patulæ valles per spatia plena glacie perfide vorant nonnumquam transeuntes: Encostrada en invierno la tierra al rigor de frios y de escarchas, passa de desigual y consistente á lisa y resbaladiza, y assí impele con violencia al que quiere caminar con passo precipitado, de manera que, ofreciéndose á la vista los valles mas espaciosos, tal vez tan llenos de perfidia como de hielo, se tragan al mismo caminante.»

27. «No se trahen mas exemplos de el estilo poético, porque no hay cosa mas de sobra en los libros, ni apénas se oye otro en los púlpitos, con tanto dolor de los zelosos como risa de los verdaderos críticos.»

28. «Octavo Vicio: Estilo metaphórico y alegórico. Tiene mucho parentesco con el poético en lo hinchado de las frases, y solo se diferencia de él en que este huye de aquellas voces proprias y naturales, que se inventaron para la sencilla explicacion de las cosas, y busca estudiosamente las que solamente significan los conceptos por alguna semejanza ó analogía. La metáphora se puede exercitar en una sola palabra, como quando de un hombre fiero se dice que es un leon, ó de un empedernido que es una piedra, es un mármol. La alegoría se ha de seguir ó continuar en una ó en muchas cláusulas, sin perderla de vista ni abandonarla hasta que llegue á hacer completo y perfecto sentido de la oracion, como quando decimos que, embarcada el alma en la nave del cuerpo, se hace á la vela por el mar de este mundo y, surcando piélagos de miserias, entre borrascas de contradicciones, escollos de fortunas peligrosas, y bagíos de adversidades, ya zozobra, ya naufraga, hasta que, soplando el viento favorable de la gracia, llega feliz al puerto de salvamento

29. «No se puede negar, que assí la metáphora como la alegoría, usadas con oportunidad y con moderacion, dan mucha gala al estilo, le ennoblecen y le elevan; pero, quien podrá tolerar una oracion ó un libro entero escrito todo él en este estilo? Solo el gusto góthico, que estragó todas las ciencias y las artes, pudo hallar gracia en esta frialdad, y solamente aquellos, que llamaban el hierro[5] de Ciceron á la divina eloquencia de este hombre incomparable, podian reputar por oro su asquerosíssima basura.»

30. «Donde hay cosa mas ridícula que la alegoría, con que Enodio alaba la descripcion que hizo del mar un amigo suyo en cierta obra? Dum salum quæris verbis in statione compositis, et incerta liquentis elementi placida oratione describis; dum sermonum cymbam inter loquelæ scopulos Rector diligens frenas et cursum artificem fabricatus trutinator expendis; pelagus oculis meis, quod aquarum simulabas eloquiis, demonstrasti. Quiere decir: Quando intentas pintar el salobre charco con palabras escogidas á mano, como flores; quando pretendes descrivir con plácida oracion assí las inconstancias como los inquietos rumbos del líquido elemento; quando goviernas diestro Piloto la navecilla de las voces entre los escollos de la facundia y con mano maestra de artífice perito examinas, balancéas y equilibras el peso de las expressiones, no representaste á mis ojos el piélago de aguas, que dissimulabas, sino el oceano de eloquencia, que no pretendias

«Solo puede competir con esta insulsez la carta, que un Estudiante escrivió á su Padre para darle á entender lo mucho que havia aprovechado en la rhetórica, y sobre todo lo bien que sabia seguir una alegoría. La carta decia assí»:

31. «Orígen y Señor mio: Derivándose de Vm., como de su manancial inagotable, este corto arroyuelo de mi vida, que hoy serpentéa líquido por estos dilatados campos de Villagarcía, es de mi obligacion poner en noticia de Vm., como ya es muy delgado el hilo de su corriente, porque los rayos de el sol, que nos abrasó en Carnestolendas, elevaron hácia arriba tantos vapores, que apénas le han dexado caudal para humedecer la hierva. Por tanto, si Vm. no quiere que el arroyuelo se seque, socórrale con raudales, ya sea por arcaduces de lino (las alforjas), ya por conductos de pieles embetunadas (botas ó pellejos). A mi Señora elucubradora (la madre que le dió á luz), que esta su menor antorcha se pone á la obediencia de sus rayos. B. l. m. de Vm. su phénix Varon (era el único hijo con dos hermanas), el Precursor sin hiel (llamábase Juan Palomo). Habria hombros en la naturaleza, que pudiessen con un libro ó con un sermon en este estilo? y á los de Atlante, que pudieron con el Cielo, no les brumaria una cosa tan pesada?»

32. Hasta aquí el papel de Apuntamientos, con que tropezó Fray Gerundio, que leyó de verbo ad verbum, sin perder sýlaba ni coma; y apénas acabó de leerle, quando se quedó suspenso por un rato: cerró los ojos, sentó el codo derecho sobre el brazo de la silla, reclinó la cabeza sobre la mano, teniendo en la izquierda el papel que havia leído. Estuvo un buen espacio de tiempo pensativo, y al cabo levántase con ímpetu de la silla, coge el papel entre las dos manos, hácele dos mil pedazos, arrójale con indignacion por la ventana, y, dando dos paséos por la celda, acompañados de media dozena de patadas, exclamó diciendo: «Válgate el Diantre por papel y por el grandíssimo impertinente que te fabricó; que me haveis rebuelto los sesos! Es impossible que el Autor no fuesse el hombre mas prolixo y el mas indigesto, que ha nacido de mugeres. Pues qué, para hablar uno como Dios le ayudare, ha menester tantas ceremonias? Y, si este Autorcillo avinagrado tiene por viciosos todos los estilos que acaba de nombrar, donde hallará uno que no sea pecador? A el magnífico le llama hinchado; á el culto, remedador ó caco-qué sé yo? á el figurado, frio; á el tierno, florido y delicioso, pueril; á el vehemente, parenthyrso ó paren-Diablo; al arreglado, escolástico; al rumboso, poético; y al alusivo, metaphórico ó alegórico: pues, en qué estilo hemos de hablar y escrivir? Váyase, vuelvo á decir, con quatrocientas mil pipas de Dem... (y díxolo redondo, porque no era escrupuloso), que yo escriviré y hablaré en el que me diere la gana; y, pues el que he usado hasta aquí ha merecido tantos aplausos, aténgome á él, y no á lo que dice este Apuntador descontentadizo y malhablado.»

33. Con efecto, en un santiamen dispuso el sermon, sin apartarse un punto de su estilo estrambótico, ni desamparar sus queridas frases estraphalarias. Para fecundar bien la imaginacion ó la fantasía en ellas, leyó un par de sermones de su riquíssimo thesoro el Florilegio sacro, y aún para mayor abundamiento volvió á recorrer cierto sermon impresso de otro Autor, que le havian prestado en una oracion para que le leyesse, y á él le cayó tan en gracia, pareciéndole un milagro de eloquencia, que no paró hasta que su dueño le hizo entera y absoluta donacion de él inter vivos, transfiriéndole su dominio y omnímoda propriedad.

34. Este sermon se intitulaba: Triumpho amoroso, Sacro Hymenéo, Epithalamio festivo, mirífico Desposorio, que con el Cordero Eucharístico celebró en su profession solemne la Madre Sor... etc., compuesto por el R. P. Fr... etc. El título solo de la pieza le encantó, y le arrebató las potencias y sentidos. Reparó, que la dedicatoria y aprobaciones ocupaban tanto como el sermon; porque en materia de hojas estaban tantas á tantas, y de contado esto le hizo formar un concepto superior del mérito de la obra, pues á cada palabra de ella correspondia otra en elogio suyo. Comenzó á leerla, y juzgó que no se havia engañado en su concepto, porque quedó como extático de admiracion y de assombro al encontrarse con las primeras cláusulas de la salutacion, que decian assí ni mas ni ménos:

35. «O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor. Qué invencion! Qué sacro enigma! Dulce divino Cupido! Sol de Justicia amoroso! Qué labyrintho de luces dissimula en gloria tanta esse disfraz de mysterios!» — Es cierto, que el estilo no le pareció tan elevado como el de el Florilegio, porque en realidad las voces son regulares y de estas que se usan en tierra de Christianos; pero, qué importa? si en cambio aquella perfecta cadencia de verso lýrico es un dulcíssimo encanto? Sobre todo aquel arranque: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, le pareció á nuestro sabatino que no havia oro para pagarle, y él por lo ménos daria alguno, porque se le ofreciesse alguna cosa parecida, para dar principio á su sermon. No dexó de ofrecérsele que la tal entradilla: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, parecia un poco mas retozona de lo que á Religiosos conviene, y que acaso algun bufon del auditorio diria (allá para su coleto): «Cuerno en el Frayle, y qué respingon que sale! Cierto que perderia mucho la Iglesia de Dios en que su Paternidad no entendiesse ni de bodas ni de amor! ántes creo que nada ganará, si entiende mucho S. Rma. de la materia.» Digo, que todo esto le passó por el pensamiento á Fray Gerundio, pero lo despreció con una noble libertad de espíritu, por dos importantíssimas razones. La primera porque, si los Predicadores huvieran de hacer caso de truhanes y bellacos, ahorcarian el oficio, pues apénas podrian decir cosa, que no la torciessen y la maliciassen. La segunda porque, si no dissonó aquel arranque en un Predicador de profession mucho mas austero y de hábito mucho mas penitente que el suyo, con la circunstancia de estar cubierto de canas y cargado de años y empléos en la Religion, mucho ménos dissonaria en él por las razones contrarias.

36. Desembarazado tan felizmente de este reparillo y persuadido á que no era possible abrir el sermon con cláusula mas ayrosa, comenzó á batallar en su imaginacion con una multitud de cláusulas, que de tropel se le ofrecieron, todas parecidas á ella, sin saber qual havia de elegir, porque cada una le parecia la mejor. Asseguró despues á un confidente, por cuya deposicion lo supimos, (pues sin algo de esto ó sin que él lo dexasse anotado en alguna parte, como era possible que llegasse hasta nosotros la noticia de lo que le havia passado por el pensamiento?) asseguró (vuelvo á decir) á un confidente suyo, que entre las cláusulas semejantes á la primera del Epithalamio festivo, que á borbotones se le vinieron al pensamiento, las que mas le dieron que hacer, porque le agradaron mas, fueron las siguientes.

37. O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Esta le pareció una invencion milagrosa para captar desde luego una suspension extática. O Jesu-Christo está allí, ó yo no sé donde estoy. Tambien juzgó, que este principio estaba lleno de una exquisita novedad. O aquel es cuerpo de Christo, ó no hay en los naypes ley. Mucho le agradó este ofrecimiento, porque, sobre ser el mas popular de todos, aquello de cotejar la existencia de Christo en el Sacramento con la ley de los naypes, se le figuró una valentía de ingenio jamás oída ni vista. En esta última tenia razon, y, como no fuesse una blasphemia heretical, vamos claros que era un pensamiento singularíssimo. O aquel no es vino ni es pan, ó soy un borracho yo. Aún esta cláusula le agradaba mas que todas, si no fuera por la palabra borracho, que le pareció demasiadamente llana; y, aunque ya se le ofreció, que ebrio y beodo significaban lo mismo con alguna mayor decencia, pero, sobre que no ajustaba tan bien el pié del verso, creyó, que en quitando la palabra borracho se le quitaba á la cláusula toda la gracia.

38. Finalmente, bien considerado todo, se determinó á dar principio á su sermon con la cláusula primera: O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Para tomar esta acertada determinacion, tuvo buenas y legítimas razones; pues, sobre ser aquella cláusula, sin disputa alguna, la mas suspensiva y la mas emphática de todas, era tambien la mas verdadera, siendo indubitable que, si en Campazas no havia Sacramento, supuesta la consagracion, tampoco le habria en la Iglesia de San Pedro en Roma ni en ninguna de toda la Christiandad, y allá iba la fé por essos trigos de Dios: fuera de que esta cláusula le venia de perlas para el assunto, que ya havia resuelto tomar, conviene á saber, que Campazas era la Patria nativa del Sacramento de la Eucharistía, lo que, á su modo de entender, estaba concluyentemente probado; porque llevando, como él llevaba, la opinion, (y es en realidad la mas probable,) de que el verdadero y legítimo nombre de Campazas en su primitiva institucion havia sido Campazos, esto es Campos espaciosos y largos, campos muy dilatados, y consiguientemente que el lugar de Campazos fué, digámoslo assí, como el tronco, como el Fundador, ó como el Lugariarcha de la frugífera region de Cámpos, á la qual dió glorioso y oportuno nombre: — supuesto todo esto, discurria nuestro Fray Gerundio con tanta solidez como sutileza, de esta manera: «La materia remota del Sacramento de la Eucharistía es el trigo; la patria del trigo es Cámpos; la casa solariega de Cámpos es Campazas; luego Campazas es el solar y la patria del Santíssimo Sacramento.»

39. «Esto por lo que toca á la materia del Sacramento en la especie del pan; vamos á la misma materia en la especie de vino. Sic argumentor: El vino es materia remota de la Eucharistía; el vino nace en las viñas, las viñas en los campos, los campos en Campazas; ergo, etc. Para la exornacion no me sobra otra cosa que materiales tomados de la Escritura, de los Padres, de los Expositores, de los Autores profanos; y, si me resuelvo á valerme de la fábula, tambien de los Mythológicos. Todo quanto se dice de los campos y de todo lo que pertenece á ellos, especialmente de trigos, viñas y vino, viene clavado á mi assunto. Passan de ciento los textos de la Escritura que hablan de campos, y, solo con leer á Gislerio en la exposicion de qualquiera capítulo de los Cantares, encontraré un carro de autoridades para llenar el sermon de latin, todo perteneciente á viñas, trigos y campos, y para cargar las márgenes de tantas citas, que apénas quepan en ellas, de manera que solo con verlas me tengan por el hombre mas leído y mas sabio que ha nacido de mugeres. De los Autores profanos, no hay mas que abrir las Geórgicas de Virgilio y algunas de sus Eglogas, que en ellas hallaré versos á pasto y todos muy al intento, con que podré aturrullar á mi mismo Preceptor el Dómine Zancas-Largas; y en fin, si quiero amenizar la funcion con la erudicion florida de las fábulas, (que á esso todavía no me he determinado,) ahí están los prodigios que se cuentan de Céres, Baco, Flora, Pomona, y, por fin y postre, toda la Cornucopia de la divina Amalthéa; pues todas estas Deidades son de la jurisdiccion y Adelantamiento de la provincia de Cámpos, que me darán barro á mano no solo para competir la amenidad de mi grande amigo Fray Blas, sino casi casi para apostárselas al soberano Autor del pasmoso Florilegio

40. Ni mas ni ménos como lo ideó Fray Gerundio, assí dispuso su sermon, y, estudiado que le huvo, llegándose el dia de predicarle, montó en un macho de Noria, tuerto y algo perezoso, que le embió su Padre, y partió á Campazas, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente.