CAPITULO PRIMERO.
Donde se pondrá lo que irá saliendo y verá el curioso Letor.
1. Pues, como íbamos diciendo de nuestro cuento, yendo dias y viniendo dias, el bendito entre todos los benditos, el bueno de nuestro Fray Gerundio quedó tan satisfecho de su trabajo, con la arenga panegýrica y apologética á favor de su Plática de Disciplinantes que le hizo el susodicho Theologuillo, con los aplausos de la escuela moza y con la gritería de la griega,[1] que por poco no tuvo al Maestro Prudencio por hombre que havia perdido el seso. Pero á lo ménos, pareciéndole que le hacia mucha merced, hizo juicio firme y valedero de que ya estaba algo chocho, y propuso en su corazon no hacer caso de nada que le dixiesse. Y aún se adelanta un Autor á sospechar que hizo propósito oculto de huir el cuerpo al viejo todo quanto le fuesse possible, bien que esto no lo assegura como noticia cierta, y solamente la da por congetura, fundada en unos apuntamientos de letra muy gastada que se hallaron en el hondon de un coxin. Y el Diablo, que no dormia, para remachar el clavo de su sandez, dispuso que algunos dias despues reciviesse una carta de su íntimo Amigo Fray Blas, escrita desde Jacarilla, la qual decia assí:
2. «Amigo Fray Gerundio: Doyte mil abrazos con el corazon, ya que no puedo con la boca: en toda esta tierra no se habla mas que de tu famosa Plática de Disciplinantes. Fray Roque el Refitolero me escribe maravillas, y el Sacristan de Gordoncillo, que te oyó (y ha venido aquí á concertar un esquilon), comienza y no acaba. Ambos tienen voto, ó yo soy un porro. Mosen Guillen, que es el Señor Cura de este lugar y tiene en la uña al Theatro de los Dioses, deséa un traslado de ella, y dice que le ha de hacer imprimir, aunque sea necessario vender el macho falso, que compró en la feria del Botigero. Embíamele por el portador, que es el Barbero de este pueblo, persona segura y de toda mi estimacion. A él me remito sobre mi sermon de Santa Orosia, pues no parece bien que yo me alabe; y sábete que tiene tan buena tixera para cortar un sermon como para igualar un cerquillo: solo te digo que, ademas de la limosna del Mayordomo, que no es maleja, me he valido ya dos borregos y dozena y media de chorizos, que de todo se sirve. Dios te guarde muchos años. Tu amigo hasta la muerte á pesar de cazcarrientos,
F. Blasius.»
3. Quando Fray Gerundio se halló con que le pedian su Plática allá de luengas tierras (pues para su geographía ocho leguas de distancia era la mitad del mundo); quando consideró, que se la pedian no ménos que para imprimirla, y se vió en vísperas de ser Autor de la noche á la mañana, y esto sobre ser hombre en cuyo elogio y aplauso in continenti se escrivian y se divulgaban sonetos, se tuvo en su corazon por el mayor Predicador que havian conocido los siglos; y no solo se confirmó en la estraphalaria idéa de predicar, que ya se havia formado, sino que con el tiempo fué salpicando todas las mas ridículas y mas extravagantes, como se verá en el discurso de esta puntual Historia.
4. Pero ves aquí que en el mismo zaguan de la segunda parte de ella, parece hemos dado un trompicon, que á buen librar harto será que escapemos sanas las narizes. Es possible, (dirá un Lector, que las tenga de podenco,) es possible que, haviendo oído la famosa Plática Anton Zotes y Catanla Rebollo, su muger; haviendo sido testigos de los aplausos y de los vítores, con que fué celebrada; haviendo visto por sus mismos ojos el prodigioso fruto que hizo, en la valentía con que arrojaron las capas los Penitentes de sangre, y en el denuedo con que manejaron unos el ramal, y otros la pelotilla; que, haviendo recivido ellos tantos plácemes, tantos parabienes, tantas bendiciones, así en la Iglesia como fuera de ella: es possible, (vuelvo á decir tercera vez,) que no tuvieron siquiera una enhorabuena que llegar á la boca para dársela á su hijo? Se hace verisímil que, ya que no fuesse aquella noche, por ser ya tarde y por dexarle descansar, á lo ménos la mañana siguiente muy de madrugada no fuessen á la Iglesia del Convento ó á la portería, y que allí Anton Zotes no diesse cien abrazos á su hijo, y la Tia Catanla no añadiesse de mas á mas otros tantos besos, aforrados en lágrimas y mocos, todos de puríssima ternura? Se hace creíble tanta sequedad y tanto despego? Y, si esto no fué assí, sino que con efecto los buenos de los padres de Fray Gerundio hicieron con su hijo todas estas demonstraciones de cariño, dándole las debidas señas de su complacencia y de su gozo, con qué conciencia passa en silencio el Historiador una circunstancia tan substancial, que tanto puede servir para el aliento, y aún para la edificacion?
5. A esto pudieramos responder muchas cosas, pero las dexamos todas por no ser prolixos.
6. Y confessando de buena fé, que todo passó assí ni mas ni ménos, añadimos en conseqüencia de la verdad y de la fidelidad que professamos, que no solamente huvo dichos mocos, lágrimas, besos y abrazos, sino que Anton Zotes, en presencia del Prelado y de otros Padres graves, que havian baxado á cortejarle á él y á su muger, dixo á Fray Gerundio: «Ya te envié á escrivir, como m’avian echado la Mayordomía del Sacramento; pero entónces no te umbié á decir que me perdicasses tú el sermon, porque, como no t’avia uído perdicar, no queria ponerme á que quedássemos envergonzados: ahora que te he uído, dígote que me l’as de perdicar, con la bendicion de su Reverencia nuestro Reverendíssimo Padre.» No pudo negarse el Prelado á concederla, aunque del escapulario adentro no le dió mucho gusto, porque como á hombre serio y de razon le havia dessazonado la Plática. Pero, qué havia de hazer en aquella coyuntura, y con unos Hermanos tan devotos de la Orden, que hacian al Convento toda la limosna que podian? Al fin sacáronlos unas tortillas, chanfaina, queso y aceitunas. Almorzaron muy bien, sirviéndolos el almuerzo de comida, y se volvieron á Campazas, no viendo la tierra que pisaban ni las horas de Dios por llegar á el lugar, para contar á el Licenciado Quixano y á toda la parentela lo que havian visto por sus ojos, oído con sus oídos y palpado con sus manos.
7. Dexemos ir en buen hora á los dos dichosíssimos consortes en buena paz y compaña, miéntras nosotros nos volvemos á nuestro Fray Gerundio, que, desde el mismo punto y momento en que le echó su Padre el sermon del Sacramento, no pensaba de dia, ni de noche soñaba en otra cosa que en el modo como havia de desempeñarle. Hacíase cargo de todas las circunstancias, que le ponian en el mayor empeño: primer sermon que predicaba en público, (porque la Plática de Disciplinantes no la calificaba de sermon); predicarle en su lugar, y en la misma Parroquia donde le havian bautizado (porque no havia otra); ser Mayordomo su Padre; decir la missa, como lo daba por supuesto, el Licenciado Quixano, su Padrino; los danzantes de la procession, el Auto sacramental que siempre se representaba, los novillos que se corrian, las dos ó tres dozenas de cohetes que se arrojaban, y la hoguera que se encendia la víspera de la fiesta: todo esto se le ofrecia continuamente á la imaginacion como punto céntrico y principal de su empeño, pareciéndole no solo que era indispensable el hacerse cargo de todo ello, sino que en esto solo estrivaba toda la dificultad, pues, por lo que tocaba al assunto del Sacramento, en qualquiera Sermonario encontraria campo abundante donde forragear.
8. Es cierto, que no se le havian olvidado las juiciosas reflexiones que havia oído al Maestro Fray Prudencio, contra la ridícula y extravagante costumbre de tocar en los sermones estas que se llaman circunstancias; tambien es cierto, que tenia muy presente la salutacion del sermon de la Purificacion en dia de San Blas, que el mismo Maestro Prudencio havia leído al Predicador mayor y á él, en que con gravedad, y no sin gracia, se hace ridícula esta costumbre, convenciéndola de tal con razones que no admiten réplica; pero tambien es igualmente cierto, que se le imprimió altamente la salida de su amigote el Predicador Fray Blas, la qual se reduxo á aquel apophtegma, que puede hacerse lugar entre los principios de Machiabelo: Sentire cum paucis, vivere cum multis: sentir con los pocos y obrar con los muchos; y aún por su desgracia havia leído en aquellos dias, no se sabe donde, el dicho que comunmente se atribuye á nuestro insigne Poeta Lope de Vega, y harto será que no sea un falso testimonio, porque no cabe que un hombre de tanto juicio y de tanta discrecion dixiesse una truanada tan insulsa; pero al fin ello se cuenta que, reconociendo él mismo los defectos de sus comedias, los excusa diciendo que los conoce y los confiessa; mas que con todo esso las compone assí, porque las buenas se silvan, y las malas se celebran. Esto le hacia mas fuerza que todo á Fray Gerundio, y resolvió por última determinacion no omitir circunstancia alguna de las insinuadas, aunque lloviessen Fray Prudencios.
9. Solo dudó por algun tiempo si, para hacerse cargo de ellos, acudiria por socorro á las fábulas, ó apelaria á algunos textos y passages de la sagrada Escritura, porque de todo havia visto en los mas famosos Predicadores. Algo mas se inclinaba á lo primero, por llevarle hacia allí su genio, ayudado del exemplo de Fray Blas y de la continua lectura del Florilegio; pero, como estaba tan reciente la fuerte repassata que le havia dado el Padre Maestro, contra el uso ó contra el abuso de la fábula en la séria magestad del púlpito, no pudiendo sobre todo borrar de la memoria aquella que le havia oído de que esto era especie de sacrilegio, expression que le havia estremecido, porque al fin no dexaba de ser hombre timorato á su modo; por esta vez, y sin perjuicio hasta que examinasse bien el punto, se determinó á buscar en la sagrada Escritura acomodo honrado para todas las susodichas circunstancias.
10. Hallóle fácilmente donde le encuentran todos, que es en las Concordancias de la Biblia, sin mas trabajo que ir á buscar por el Abecedario la palabra latina que corresponde á la castellana, para la qual se deséa algun texto, y aplicar qualquiera de los muchos que hay en la Escritura, casi para cada una de quantas voces se pueden ofrecer. En ménos de una hora dispuso los apuntamientos siguientes:
11.[2] «Primera circunstancia: Primer sermon que predico: viene clavado aquello de primum quidem sermonem feci, o Theophile. — Segunda: Predícole en mi lugar, que se llama Campazas: para esta viene como nacido aquel texto: Descendit Jesus in locum campestrem. — Tercera: Predico en la Parroquia donde me bautizaron, y se llamaba Juan el que me bautizó: qué cosa mas propia que aquello de Joannes quidem baptizavit in aqua, ego autem in aqua et Spiritu Sancto? — Quarta: Es Mayordomo mi padre: In Domo Patris mei mansiones multæ sunt. Tambien mi padre es labrador: Pater meus agricola est. Llámase Anton Zotes; y el Arca del Testamento, figura del Sacramento, anduvo por el país de los Azotes ó de los Azotios: abiit in Azotum. — Quinta: Echóme el sermon mi Padre, el qual está vivo y sano. Et misit me vivens Pater. Cantará la missa mi Padrino...»
12. Aquí se halló un poco atascado, porque, haviendo revuelto quantas Concordancias se hallaban en su celda, conviene á saber las antiquíssimas de Hugo Cardenal, las de Alberstad, las de Harlodo, las de Roberto Estévan y, por última apelacion, las de Zamora, no encontró la palabra Padrino en todas ellas; y, ya desesperado, estaba resuelto á acudir al Theatrum vitæ humanæ ó á qualquiera Polyanthéa por algun Padrino de socorro, y aún en caso necessario á valerse del Tu es patronus, tu parens de Terencio en el Heauton-timorumenos, quando su dicha le deparó el texto mas oportuno del mundo: tropezó pues con aquello que se lee en el verso 14 del capítulo 16 de la Epístola de San Pablo á los Romanos: salutate Patrobam; y, passando luego á leer el capítulo, encontró en él un thesoro, porque casi todo el referido capítulo se reduce á las memorias, (hablando á nuestro modo,) que el Apóstol encargaba se diessen de su parte á todos los Christianos que se hallaban en Roma, y eran de su especial cariño ó por su mayor favor, ó por algun beneficio particular que havian hecho á la Iglesia, ó porque se havian esmerado mas en favorecer y en amar al mismo Apóstol: á todos los va nombrando por sus nombres, y en el versículo 14 nombra entre otros á Patroba.
13. «Teneo te, terra! dixo entónces Fray Gerundio, mas alegre que si huviera hallado una mina: de Patroba á Padrino no va un canto de un real de á ocho de diferencia, y con decir que el Padrino antiguamente se llamaba Patroba y que, corrumpido el vocablo, se llamó despues Padrino, está todo ajustado. Si alguno me replicare, (que él se guardará bien de esso,) le responderé, que con mayores corrupciones que esta nos tienen apestados los Etymologistas, y trampa adelante. Pues ahí, es decir que no dará golpe el salutate Patrobam, haciendo reflexion sobre el salutate, diciendo que hasta el Apóstol se acordaba del Padrino en la salutacion!»
14. Bien quisiera él encontrar tambien algun textecillo oportuno, para encaxar el apellido Quixano, no dexando de conocer que esse seria el non plus ultra del chiste y del ingenio, porque el texto de Padrino en general se podia aplicar á qualquiera Pastor que sacasse de pila á un hijo de Juan Borrego; pero túvolo por caso desesperado: no obstante, despues de haver andado batallando largo tiempo en su imaginacion, sin ofrecérsele cosa que le quadrasse, le ocurrió el pensamiento mas disparatado que se podia ofrecer á hombre mortal.
15. «Quixano, se decia él á sí mismo, sale de quixada; esto no admite duda: pues ahora, de las quixadas se dicen cosas grandiosas en la Sagrada Escritura, porque, dexando á un lado si Cain mató ó no mató á su hermano Abel con la quixada de un burro, que esta circunstancia no consta, á lo ménos de la Vulgata, y, aunque constara, no podria yo ajustarla bien para mi cuento; pero consta ciertamente, que Sanson con la quixada de un asno quitó la vida á mil Philistéos; consta que, haviendo quedado muy fatigado de la matanza y estando pereciendo de sed, sin haver en todo aquel campo ni contorno una gota de agua, con que poder aliviarla, hizo oracion á Dios, para que le socorriesse en aquella extrema necessidad; y del diente molar de la misma quixada brotó un copioso chorro de agua cristalina, con que apagó la sed y se refociló Sanson. Consta, finalmente, que en memoria de este prodigio se llamó el lugar donde sucedió, y se llama el dia de hoy la fuente del que invoca desde la quixada: Ideirco appellatum est nomen illius loci fons invocantis de maxilla, usque in præsentem diem.»
16.[3] «Qué cosa mas divina para mi assunto! Aquí tenemos una mysteriosa quixada, que con agua celestial y milagrosa da nuevo espíritu á Sanson y le restituye la vida, á lo ménos se la conserva. El agua es sýmbolo del agua del bautismo, cuya virtud es milagrosa y celestial; y la quixada que la suministró, sombra muy propria del Padrino que la administra, cuyo apellido de Quixano está haciendo clara alusion á aquel mysterioso orígen. Que la quixada fuesse de un burro ó fuesse de un racional, esse es chico pleito para la substancia del intento, y mas quando á cada passo leemos en la sagrada Escritura, que los brutos y las fieras symbolizan á los mayores hombres.»
17. Ajustada tan felizmente esta circunstancia, por todas las demas se le daba un pito; pues para los danzantes tenia la danza de David delante del arca del Testamento, que sale en todas las danzas del Córpus, y, si no queria echar mano de esta por demasiadamente vulgar, tenia la danza de los de las melenas largas, como él lo construía, de la qual hace mencion el Propheta Isaïas, quando dice: Et pilosi saltabunt ibi; y mas que se acordaba muy bien de que los danzantes de su lugar siempre llevaban tendidas las melenas, cosa que los agraciaba infinitamente, y lo de pilosi saltabunt venia para ellos á pedir de boca.
18. Para el Auto sacramental le pareció, que podia acomodar todos los textos que hablaban de alguna figura del Sacramento; porque figura y representacion, discurria él, todo es una misma cosa; con que, si tenemos representacion y Sacramento, qué nos falta ya para Auto sacramental? — Donde iba muy holgado y, á su parecer, literal, era en la circunstancia de los novillos; porque, aunque fuessen menester cien textos diferentes para cien corridas, estaba pronto á sacarlos de la Escritura, aplicando todos los que hablan de vítulos; y si, como eran novillos, fueran toros, por lo ménos para mas de treinta corridas ya tenia provision de textos. Los cohetes y las carretillas que se disparaban, los encontraba él vivíssimamente figurados en aquellos quatro mysteriosos animales que tiraban la carroza de Ezequiel, los quales iban y volvian por el ayre, in similitudinem fulguris coruscantis, como unos rayos, como unos relámpagos y como unas exhalaciones. La hoguera no le daba maldito el cuidado, puesto que tenia en la Escritura mas de cien hogueras á que calentarse, sin mas trabajo que arrimarse á qualquiera de las que se encendian para consumir los holocaustos; y, si se le ponia en la cabeza hacer tambien circunstancia de los muchachos que saltaban por la hoguera sin quemarse, qué cosa mas propria ni mas natural que los tres muchachos del horno de Babilonia?
19. Assí acomodó en sus apuntamientos á todas las circunstancias, que le parecieron precisas y absolutamente indispensables; pero faltábale una, que, aunque no todos los Predicadores se hacian cargo de ella, á él no le sufria el corazon dexar de tocarla. Esta era hacer alguna commemoracion de su querida madre; porque hacerla de su padre y de su padrino, y no hacerla de la madre, que le parió y que le havia tenido nueve meses en sus entrañas, se le representaba una dureza insoportable y que no se componia bien con el tierno amor que le professaba. Ya se ve que, para hablar en general de madre, de hijo, de parir y de vientre, tenia los textos á millares; pero él no se contentaba con esta generalidad, y quisiera un textecillo terminante y peladito, que hablasse de su madre Catanla Rebollo, con sus pelos y señales.
20. Anduvo, tornó, bolvió y rebolvió por mucho tiempo assí las concordancias como los sesos, sin poder hallar cosa que le aquietasse, hasta que al fin se le vino á la memoria el ingenioso medio de que se valió cierto Predicador para salir de semejante aprieto. Llamábase María Rebenga la Mayordoma de cierta cofradía de mugeres, en cuya fiesta predicaba, y, no pudiendo encontrar en la Escritura texto que hablasse expressamente de Rebenga, qué hizo? Dixo, que la esposa havia combidado á el esposo para su huerto con estas palabras: Veniat dilectus meus in hortum, venga mi amado á espaciarse por el huerto; y, como se diesse por desentendido al primer combite, le bolvió á instar con las mismas voces: Veniat dilectus meus in hortum, venga á espaciarse por el huerto mi querido. Ahora noten: dos veces le dice que venga, veniat veniat, como quien dice: venga y revenga. Con cuyo arbitrio salió el discreto Predicador del empeño con el mayor lucimiento, y mas quando añadió que, á la primera instancia, en que la esposa no le dixo mas que venga, hizo como que no queria; pero, quando en la segunda oyó la palabra revenga, veniat veniat, no pudo ménos de rendirse.
21. A este modo le pareció á Fray Gerundio que tambien él podria desempeñarse, haciendo reflexion á que el apellido Rebollo parece que suena dos veces bollo, y tuvo por impossible que no se hallasse algo de bollo en la Biblia, en cuyo caso él se ingeniaria para la aplicacion; pero se quedó yerto, quando en toda ella no encontró siquiera un bollo que llegar á la boca, y, pareciéndole que á lo ménos alguna cosa de Repollo no podia faltar en alguno de tantos huertos, de que se hace mencion en los sagrados libros, ni aún esto pudo encontrar; y, aburrido ya, abandonó del todo el pensamiento de nombrar á su madre expressamente por el apellido, pero apuntó el texto de Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti, para aplicarle quando se ofreciesse buena occasion.
22. Dispuesto assí el plan de la salutacion, por el cuerpo del sermon se le daba un comino, pues en haciendo á Christo en el Sacramento, ó Sol, ó Phénix, ó Aguila, ó Jardin, ó Ametysto, ó Pyropo, ó Cíthara, ó Clavicordio, ó Fuente, ó Canal, ó Rio, ó Azucena, ó Clavel, ó Gyrasol, y despues cargar bien de broza y de fagina, textos, autoridades, glosas, varias lecciones, versos latinos, sentencias, apophtegmas, alusiones, tal qual fabulilla apuntada, aunque no sea mas que para mayor adorno, estaba seguro de componer un sermon que se pudiesse dar á la imprenta.
23. En lo que estuvo un poco indeciso, fué en si seguiria ó no seguiria el mismo estilo que havia usado, assí en el sermon del Refectorio como en el de la Plática de Disciplinantes. Es cierto, que él estaba perdidamente enamorado de él, porque, sobre adaptarse mucho á su primera educacion, especialmente en la escuela del Dómine Zancas-Largas, todas aquellas voces rumbosas, altisonantes y estrambóticas, le hallaba canonizado en la práctica de su héroe el Predicador Fray Blas, y veía que en todo caso mucho le celebraba la turba multa: no obstante, no dexaba de hacerle grandes cosquillas la burla, que assí el Padre Provincial como el Maestro Prudencio havian hecho de el tal estilo; pero, sobre todo, lo que le hizo titubear mas, fué un papel que por rara casualidad llegó á sus manos, como lo dirá el Capítulo siguiente.