CAPITULO PRIMERO.

Donde se refiere lo que no se sabe; pero al fin del capítulo se sabrá su contenido.

1. La mañana siguiente al dia de su arrivo se fué á buena hora á la celda prelacial, á dar cuenta al Superior de todas sus gloriosas expediciones, sin olvidarse de hacer con él alguna expresioncilla de agradecimiento, pretextando el influxo que havia tenido su Paternidad en el nuevo empléo á que acababan de elevarle. Refirióle lo mas substancial que le havia sucedido, sin dissimular los aplausos con que le havian honrado, bien que añadió que estos mas suelen ser hijos de la dicha que del merecimiento. Pero se guardó muy bien de hablar palabra ni de la terrible repassata del Magistral de Leon, ni de las graciosas pullas y solidíssimos argumentos del Familiar, ni de la bella doctrina del Padre Abad de San Benito. Por fin, le dixo al Prelado como le havian encargado la Semana Santa de Pero-Rubio, la qual tenia entendido que valia cinqüenta ducados en dinero phýsico, y como otros treinta, poco mas ó ménos, en lo que se sacaba de limosnas, y que le pedia su bendicion para acetarla. Diósela el Prelado con mil amores; porque, si bien no le armaba mucho el modo de predicar de Fray Gerundio, por quanto él era hombre ramplon y solidote, pero, como entendia que las gentes le oían con gusto, y él necessitaba complacer á todos, ya para no perder, ya para aumentar los devotos de la Orden y los bienhechores del Convento; viendo tambien por otra parte que los Prelados mayores le promovian y le autorizaban, le dixo desde luego que durante su triennio podia predicar todos los sermones que le encomendassen.

2. Salió Fray Gerundio muy contento de la celda prelacial con esta licencia tan amplia; y apénas havia entrado en la suya, quando llamaron á la puerta el Maestro Fray Prudencio y aquel otro Beneficiado tan hábil, tan leído y de tan buen humor, de quien se hizo larga y honorífica mencion en los capítulos 5 y 6 del libro segundo de la primera parte. Venia con dos fines: el primero y principal, á divertirse un poco con Fray Gerundio, ya que havia desesperado de sacar de él otra cosa; y el segundo, á darle la bienvenida y juntamente la enhorabuena de su promocion á la dignidad de Predicador mayor del Convento.

3. Passáronse los primeros cumplidos en palabras de buena crianza, y despues de las generales dixo el Beneficiado: «De los sermones que vuestra Paternidad ha predicado por essas tierras no hablo, porque ya llegaron por acá los ecos esforzados á soplos del clarin sonoro de la Fama. Nada me cogió de susto, porque siempre hice juício que predicaria vuestra Paternidad como acostumbra.» — «Y yo y todo, añadió Fray Prudencio; pero esso es lo peor que tendria el Padre Predicador.» — «Fuesse lo peor ó fuesse lo mejor, respondió Fray Gerundio, crea vuestra Paternidad muy reverenda, Padre nuestro, que nada perdió la Religion por mis sermones.» — «Assí lo creo, dixo el Maestro Prudencio; porque adonde iriamos á parar, si las Religiones perdiessen algo por las boberías ni por los desaciertos, sean de la linea que se fueren, de estos ó de aquellos particulares? Todas las Universidades son unos cuerpos sabios, aunque no todos sus miembros lo sean mucho. Todas las familias religiosas son santas, aunque tal qual Religioso no sea muy exemplar. Y, en fin, la Religion christiana es santíssima, aunque haya innumerables Christianos escandalosos.»

4. — «Dexémonos de puntos serios, interrumpió el Beneficiado, y alegremos un poco la conversacion. A propósito de sermones y de Predicadores, acabo de recivir el corréo, y un amigo de Madrid me envía dos papeles muy preciosos, cada uno por su término, que me han dado el mayor gusto. El uno es una esquela, con que se hallaron muchos sugetos de la Corte baxo un simple sobreescrito, y dice assí:

«El Mayordomo de la Casa de los locos de la Ciudad de Toledo participa á V. havérsele escapado dos docenas de los mas furiosos, los quales le asseguran se han disfrazado de Predicadores en la Corte. En cuya atencion suplica á V. se sirva concurrir á los sermones y notar si hablan desconcertados, sin méthodo, órden ni decencia, si amontonan conceptos, textos truncados, fábulas de Gentiles, cuentos ridículos, idéas phantásticas, acciones y expressiones burlescas, contra el respeto y decoro de la palabra de Dios, de la Cáthedra del Evangelio, del auditorio christiano, á fin de dar las providencias necessarias para restituirlos á esta santa Casa y curarlos en ella; en lo que hará V. una obra de charidad. Me asseguran que uno ha de predicar el dia... á las... de la mañana, en la Iglesia de...»

5. — «Bella esquela! noble esquela! especie de exquisito gusto y de gran juício!» exclamó el Maestro Prudencio. — «Yo por tal la tengo, dixo el Beneficiado, y me dicen que la han celebrado infinito todos los hombres serios, entendidos y cultos. Verdad es, que tambien me añaden que á otros muchos los ha consternado extrañamente.» — «Esso es muy natural, repuso el Maestro Prudencio; todos aquellos, que, por las señas que da el Mayordomo, teman que los recojan á la santa Casa por orates de los mas furiosos, levantarán el grito y alborotarán al mundo contra la esquela; y en verdad que yo no esperaria á otros indicios para recogerlos al instante.» — «Engruesse vuestra Reverendíssima esse partido, que es bien numeroso, dixo el Beneficiado, con los muchos que los aplauden y los celebran, y se juntará contra la esquela un exército formidable. Es menester echarse esta cuenta, porque estos tales se ven reducidos á uno de dos extremos: ó á reconocer y confessar que hasta aquí han vivido alucinados, aplaudiendo lo que debieran abominar y siguiendo ciegamente á los que debieran huir; ó á obstinarse, por tema y por capricho, en su errado dictámen. Lo primero no hay que esperarlo, ó hay que esperarlo de muy pocos, porque son muy raros los que quieren confessarse engañados; con que es preciso que suceda lo segundo.»

6. — «Essa esquela, replicó Fray Gerundio con innocentíssimo candor, no merece fé ni crédito en juício ni fuera de él y aún, si mucho se apura, está condenada por la Inquisicion: lo primero, porque no trahe nombre de Autor, y lo segundo, porque no se sabe á quien se dirige, pues en toda ella no se habla con nadie, sino con V.V. y V., y no hay noticia de que haya ni haya havido en el mundo muger ni hombre que se llame V.» — «Hace fuerza el argumento, dixo el bellaco del Beneficiado, y en verdad que no es tan facililla la solucion. Con todo esso, me parece que se pudiera responder á lo de que no trahe nombre de Autor, que ya dice ser del Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo, el qual es muy natural que tenga su nombre y apellido.» — «Mas que tenga treinta apellidos y otros tantos nombres, replicó Fray Gerundio, lo dicho dicho: no trahe nombre de Autor; porque Autor es el que da ó ha dado á la estampa algunos libros, y no sabemos que el Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo haya impresso hasta ahora alguna obra.» — «Vaya, dixo el Beneficiado, que la solucion no admite réplica. Pero, á lo otro que añadió vuestra Paternidad de que no ha havido hasta aquí hombre ni muger que se llamasse U, paréceme que se pudiera decir, lo primero, que, si ha havido una tierra que se llamaba Hus, y fué la patria de Job, segun aquello de vir erat in terra Hus, nomine Job, yo no hallaba inconveniente en tener por verosímil que en aquella tierra huviesse muchos con el apellido de U, pues no hemos de reparar en letra mas ó ménos, siendo tan comun esto de dar apellidos á las familias los lugares y las tierras. Lo segundo, que aún en nuestros tiempos huvo un Emperador de la China que se llamaba Can-Y. Pues, por qué no podrá haver otros ciento que se llamen, unos Can-A, otros Can-E, otros Can-O, y otros Can-U

7. — «Valiente gana tiene vuestra Merced, Señor Beneficiado, dixo Fray Prudencio, de perder tiempo con esse pobre simple. Ahora se para en contestar con un hombre, que no sabe lo que significa la V. en convites ó avisos de esquelas y en cartas circulares? El reparo de nuestro nuevo Padre Predicador mayor se parece mucho á el del otro Clérigo, tonto como él, que, haviendo leído los quatro tomos de Cartas eruditas del Maestro Feijoó, los arrojó de sí con desprecio, diciendo que las mas de aquellas cartas eran fingidas, y que él no creía que fuessen respuestas á sugetos verdaderos que huviessen consultado al Autor sobre los puntos que en ellas se trataban. Y se quedó muy satisfecho el pobre mentecato, sin advertir que, aún quando fuesse cierto lo que presumia su apatanada malicia, no por esso se disminuía un punto el mérito de las cartas.»

8. «Pero, dexando á un lado esta impertinencia, lo que yo reparo en la graciosa esquela es, que su Autor anduvo muy moderado. Suponer que no fueron mas que dos docenas los locos furiosos que se escaparon de la Casa de los orates y andaban por la Corte disfrazados en Predicadores, es una moderacion digna de que muchíssimos se la agradezcan mucho; porque, segun las señales que él mismo da, el número de los locos es incomparablemente mas crecido.» — «Sí, Señor, respondió el Beneficiado; pero no todos estarian recogidos, y él solo habla de los que lo estaban y se le escaparon.»

9. «El segundo papel que me envían por el corréo, en su linea no es ménos solemne ni ménos divertido; y desde luego digo, que este sí que ha de caer en gracia al Reverendo Padre Fray Gerundio. Es un cartel ó cedulon que se fixó en las esquinas y parages mas públicos de la Corte, convidando para ciertas funciones de Iglesia, que se hicieron en obsequio de la seráphica Madre Santa Theresa de Jesus. El cedulon aún fué mas solemne que las mismas fiestas, y, haviéndole leído con singular complacencia cierto amigo mio de gusto muy delicado, arrancó uno para remitírmele, sabiendo quanto lisongéa mi diversion con este género de piezas. Aquí está el mismo cartel, todavía con las señas del engrudo ó pan mascado con que se pegó, y dice assí, sin quitar letra:

10. «Jesus, María y Joseph.

«A la Tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la Tierra: Profunda en la Humildad, Fértil en la Virtud: A la Agua que da Vida, A la Vida con la Agua clara de su Doctrina, Dulce, por Soberana: Al Aire, que da espíritu, Al Espíritu, que da el Aire Sútil, de su Pluma, Puro de su Alma: Al Fuego, que da Amor, al Amor hecho Fuego, Para abrasar el corazon, á una Muger Seraphin: A la Luna que pisa, Al peso de la Luna, Nueva en Favores, Creciente en Verdades, Llena de Luces, Menguante de Errores: Al Sol que ofusca brillos, A los Brillos del Sol, Fanal del Carmelo, Farol del Mundo: A la Estrella de la Alba, A la Alba de la Estrella, Que todos buscan Guia, como Norte en el Mar de la Vida, Para el Puerto de la Gloria: Al Prodigio de Pathmos, repetido y sentado en el Sitial de la Justicia, Donde, mejor Astrea, Celestial Signo, Vírgen sabia, domina los Astros: A la Motriz Inteligencia de los animados Cielos, Que delicado Vidrio guardan vasos de barro: Al Agustin de las Mugeres, Angélica Doctora de los hombres, Theóloga Mýstica, Phýsica Seráphica, Natural Rhetórica, Espiritual Médica, Crítica Cherúbica, Universal Maestra en la Ciencia de los Santos, en las Artes de los Justos: A la Niña Architecta, que de Modelos Pueriles levantó para Dios Palacios Celestiales: A la Grande en el Poder, Mayor en el Penar, Máxima en el Amor: A la Muger Apostólica, ó Apóstol en la Esphera de Muger, Por su Virtud, Por su Nobleza, Por su Prudencia, Por su Patria, Hechizo de la Europa, Señora de ambos Mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla, Santa Theresa de Jesus, A quien los dos Atlantes de la Militante Iglesia, Nuestros Cathólicos Monarcas, rinden devotos y reverentes cultos, Magestuosa expression de sus santos afectos, cuya soberana luz, cuyo eficaz exemplo siguen leales, imitan fieles, todos los Reales Consejos y Tribunales de esta Corte, en..., dando feliz principio á tan elevado fin el Domingo 14 de Octubre de 1753 á la hora de Vísperas, desde las quales hasta el dia 24 del referido mes (quando en carroza de cristal hace su marcha el Sol,) hay Jubiléo pleníssimo. Serán Trompetas Mýsticas de las Voces Evangélicas Confiteor tibi, Pater, los Oradores siguientes...»

11. Quedó atónito el Maestro Prudencio y, no persuadiéndose á que el cartel pudiesse ser cierto, figurándosele que seria acaso alguna festiva invencion del buen humor del Beneficiado, se le arrancó de las manos para leerle él mismo, con amistosa confianza; pero aún se quedó mas pasmado, quando le vió impresso, ni mas ni ménos como llevamos escrito, con sus comas y puntos y orthographía, solo que en el cartel se expressa el Templo donde se celebraron las fiestas, y nosotros le omitimos por justos respetos. Leyóle, releyóle, tornóle á leer, y apénas creía á sus proprios ojos. Al fin, como era hombre serio, entendido, religioso y verdaderamente sincero, despues de haverse encogido de hombros, arqueado las cejas, levantado los ojos al cielo y hecho muchas cruces, santiguándose de admiracion, prorumpió diciendo:

12. «Que esto se permita en España! y en una Corte! y á vista de tanto hombre verdaderamente sabio, culto y discreto! y donde concurren tantos millares de extrangeros de casi todos los Reynos y Países del mundo! Qué han de decir de nosotros las naciones? En qué predicamento nos tendrán, si llegan á entender, que precisamente para publicar unas fiestas sagradas, lo qual en todo el mundo se hace y se debe hacer sencilla y llanamente, diciendo que tal dia comienzan tales fiestas, que durarán tantos dias, que estará ó no estará el Sacramento expuesto desde tal hora á tal hora, que havrá ó no havrá jubiléo, y que predicará Fulano, Citano y Perenzano: qué han de juzgar de nosotros, vuelvo á decir, si saben que precisamente para un assunto como este se embarra un gran pliego de papel, llenándole de bazofia, de antíthesis ridículos, de esdrújulos phantásticos, de phrasotas que nada significan ó significan un grandíssimo disparate, de epíthetos pueriles y alocados á una Santaza como Santa Theresa, que mas la ultrajan que la honran, y qué sé yo si de proposiciones heréticas ó á lo ménos malsonantes?»

13. «Quien le dixo al Autor del cartel (el qual no es possible sino que fuesse por ahí algun Licenciaduelo atolondrado, de estos que comienzan á ser aprendices de cultos, y no saben ni son capaces de saber en qué consiste el serlo) quien le dixo al Autor del cartel que Santa Theresa, ni otra pura criatura, por sí sola era la tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la tierra? Una proposicion semejante á esta, que se dixo por María Santíssima, conviene á saber que Ipsa colenda est, non tantum ut causa nostræ redemptionis, sed etiam ut motivum creationis omnium rerum, está notada por gravíssimos Theólogos como digna de muy severa censura. Quien le ha dicho que Santa Theresa, ni algun otro Santo ó Santa, puede ser en ningun sentido verdadero el agua que da vida, pues no hay otra agua que dé vida, sino el agua del bautismo? Quien le ha dicho que es el aire que da espíritu, no haviendo otro quien le dé ni pueda darle, sino el soplo figurado ó la inspiracion del Espíritu Santo? Quien le ha dicho que...?»

14. — «Sossiéguese vuestra Paternidad, dixo el Beneficiado; que estas cosas no se han de tomar con tanta seriedad: un poco de sangre fria y un mucho de buen humor es la mejor receta para curarlas, ó á lo ménos para que no nos perjudiquen. Mire vuestra Paternidad: los hombres sabios de la Corte saben, que la Corte está llena de ignorantes, presumidos de sabios; los extrangeros tambien tienen por allá sus Autores de cedulones, ó cosa equivalente; porque pensar que los tontos no están sembrados por todo el mundo como los hongos, es cosa de chanza, y si no, ahí está Menckenio en su librete de Charlataneria eruditorum, que no me dexará mentir. El artífice de nuestro cedulon no fué tan mal intencionado como á vuestra Paternidad se le figura. El quiso hacer á Santa Theresa un remedo de todos los quatro elementos, tierra, agua, aire y fuego; no se le ofreció otra cosa mejor, y dixo essos disparates, sin meterse en mas honduras. Aquí no huvo mas, y vuestra Paternidad no haga juícios temerarios en materia de su doctrina; porque, si sabe la que enseña el catechismo, esto le basta para salvarse, sin que sea necessario aprender otras Theologías.»

15. — «Assí supiera yo lo que él sabe, interrumpió á esta sazon Fray Gerundio; cada qual siga su opinion, pero en la mia esse hombre es un monstruo de ingenio. Qué bellos assuntos ofrece en tan pocas lineas, para predicar muchos sermones á la seráphica Madre! No se me olvidarán á mí, quando se presente la ocasion. La luna que pisa el peso de la luna. Qué divinidad! Pues la prueba: nueva en favores, creciente en verdades, llena de luces, menguante de errores. Es un assombro!» — «Por lo ménos, dixo el Beneficiado, están diestramente aplicadas todas las fases de esse planeta: luna nueva, luna creciente, luna llena y luna menguante. Los labradores, los hortelanos y los médicos lunáticos excusan otro calendario, y solo con ver el cartel sabrán quando han de plantar, sembrar, purgar y sangrar.»

16. — «Dígame vuestra Merced lo que quisiere, continuó Fray Gerundio, que yo aquello de el sol que ofusca brillos á los brillos del sol, no tengo con que ponderarlo.» — «Ni yo tampoco, respondió el Beneficiado, si entendiera bien qué es esto de ofuscar brillos al sol. Las nubes no los ofuscan, solo estorban que se comuniquen á nosotros, y lo mismo hacen las paredes, las ventanas, los toldos y los tejados. Si alguna cosa los huviera de ofuscar, serian las manchas que dixo el Padre Christóval Scheinero havia descubierto en el sol con un telescopio de nueva invencion; pero es natural, que el Autor no quisiesse decir que Santa Theresa era pared, tabique, ventana, toldo, tejado ni mancha. Como quiera, ello suena bien, y soy de la opinion de Usted, mi Padre Fray Gerundio.»

17. — «Y qué me dirá Usted, prosiguió Fray Gerundio, de aquello de fanal del Carmelo, farol del mundo? No es un prodigio?» — «Claro está, respondió el Beneficiado, que fanal y farol hacen un eco que encanta; porque, aunque fanal es una cosa y farol es otra, aquí no nos hemos de gobernar por lo que las cosas son, sino por lo que suenan.» — «Sobre todo, añadió Fray Gerundio, lo que no se me olvidará
para aprovecharme de ello en tiempo y en sazon, es el bello pensamiento de la estrella de la alba, y la alba de la estrella.» — «Téngolo por muy conceptuoso, dixo el Beneficiado, pues ahí da á entender que debe haver alguna estrella ordenada in sacris, que se reviste el alba para exercitar su órden, y, en fin, el lucero del alba no puede estar explicado con mayor émphasis ni hermosura.» — «El concepto predicable que mas me agrada, prosiguió Fray Gerundio, es decir que Santa Theresa fué el Agustin de las mugeres y la angélica Doctora de los hombres.» — «Esso está dicho con gran chiste, respondió el Beneficiado; porque á las mugeres las dió su hombre, y á los hombres los dió su muger; y, si alguno dixere que hacer á la Santa por una parte Agustin y por otra angélica Doctora, es hacerla Doctora hermaphrodita, merece desprecio por la bufonada. Qué cosa mas comun el dia de hoy que llamarse un hombre Agustin-María? Pues, por qué no se podrá llamar una muger Agustin-Thomasa ó Thomasa-Agustin? La terminacion en -a es impertinente para el sexo, porque Juno fué muger, y se acaba en -o; y Caracalla fué hombre, y se termina en -a

18. — «Con Usted me entierren, dixo Fray Gerundio, que se hace cargo de las cosas; pero no repara vuestra Merced en aquellos cinco assuntos para cinco sermones, que se podrán predicar delante del mismo Papa: Theóloga mýstica, phýsica seráphica, natural rhetórica, espiritual médica, crítica cherúbica?» — «Dígole á Usted, Padre Predicador mayor, respondió el Beneficiado, que respecto de essos cinco assuntos esdrujulados, las cinco piedras de la honda de David, que predicó en Roma el Padre Vieyra en cinco domínicas de Quaresma, para derribar al Philistéo de la culpa, fueron cinco guijarros incultos y de los mas vastos. Essas son cinco piedras preciosas, dignas de engastarse en la corona de hierro de los Longobardos, que dicen se conserva en Aquisgran y pesa algunas arrobas. Lo que extraño es, que el Autor dexasse quexosas á otras facultades, quando con igual razon pudiera dexarlas favorecidas. Pues, quien le quitaba añadir que Santa Theresa havia sido Astrónoma extática, Geógrapha célica, Mathemática týpica, Poetisa métrica, etc.?» — «Es que no cabria en el cartel,» respondió Fray Gerundio. — «Seria por esso, continuó el Beneficiado; pero era fácil el remedio con haverle dispuesto en papel de marca.»

19. — «El pensamiento que yo prefiero á todos, añadió Fray Gerundio, y el que no se me escapará para el primer sermon que se me ofrezca predicar á la gloriosa Santa, es aquel que comprende tres puntos admirables: grande en el poder, mayor en el penar, máxima en el amor.» — «Ellas son tres verdades, dixo el Beneficiado, bien probadas en la vida de la seráphica Madre, y no hay duda que la graduacion de grande, mayor, máxima, está segun arte; y la terminacion en -er, -ar, -or es de exquisito gusto. Lástima fué no añadiesse que la Santa havia sido óptima en escrivir, sabia de oriente á sur, y quedaban comprendidas todas las terminaciones de -ar, -er, -ir, -or, -ur

20. — «Y le parece á vuestra Merced, interrumpió Fray Gerundio, que no es digno de la mayor admiracion el último elogio con que acaba, diciendo que Santa Theresa era y havia sido por su virtud, por su nobleza, por su prudencia, por su patria, hechizo de la Europa, Señora de ambos mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla?» — «Oh, mi Padre Fray Gerundio!» respondió el Beneficiado. «Essa es una cabeza de obra (perdóneme nuestra lengua, que se me ha puesto en la cabeza explicarme assí). Esse es un golpe; qué digo golpe? es un porrazo que descubre los sesos al assombro. Por algo le reservó el Autor para lo último, que es donde se ha de dar el mayor chispazo. Tiene, tiene mas alma de la que parece á primera vista. Es uno de aquellos elogios que llaman de correspondencia; porque á los quatro primeros substantivos han de corresponder por su órden los quatro segundos adjetivos, casándolos y pareándolos segun su numeracion. Yo me explicaré, si acierto.»

21. «Pidieron informe á cierto bellacuelo de no sé qué Rector, (porque no dice la leyenda si era de Universidad ó de Colegio,) y él le dió en este dístico, que pienso ha de ser de Juan Owen:

Est bonus et fortasse pius, sed rector ineptus:

Vult, meditatur, agit, plurima, pauca, nihil.

Ahora note vuestra Merced aquí la correspondencia ó el casamiento de los tres verbos con los tres acusativos: vult plurima, meditatur pauca, agit nihil. Pues, á este modo el ingeniosíssimo Autor del cedulon dixo que Santa Theresa de Jesus era, por su virtud, hechizo de la Europa; por su nobleza, Señora de dos mundos; por su prudencia, Abogada de España; y por su patria, Consejera de Castilla. Es verdad que, despues de haverla supuesto Señora de dos mundos, baxó mucho la puntería, primero en hacerla Abogada, y despues Consejera. Pero, qué tirador hay tan diestro que lo acierte todo y que alguna vez no baxe un poco los puntos? En todo caso, todos aquellos y todas aquellas que tuvieren la dicha de haver nacido en la nobilíssima Ciudad de Avila, donde nació Santa Theresa, deben dar gracias al Autor del cartel por haverlos descubierto un honorífico privilegio, de que verosímilmente ninguno de ellos ni de ellas tenia noticia. Sepan que son por su patria Consejeros ó Consejeras de Castilla. Y assí, desde aquí adelante no se ha de llamar Avila de los Cavalleros, sino Avila de los Consejeros y de las Consejeras. De las ilustres familias de los Zepedas y Ahumadas, que dieron á luz á esta gran Santa, no hay que hablar. Su privilegio ó su gloria es mucho mayor, pues precisamente por su nobleza son Señoras de ambos mundos.»

22. — «Paréceme, dixo Fray Gerundio, que vuestra Merced á ratos se zumba; pues en verdad que yo hablo muy de veras en todo quanto digo. A lo ménos no tendrá vuestra Merced que glosar sobre aquella elegantíssima phrase que dice: Comienza el jubiléo pleníssimo desde la hora de vísperas, quando en carroza de crystal hace su marcha el sol.» — «Qué he de glosar de esse parénthesis, ni qué puedo decir de él, respondió el Beneficiado, que no sea muy debaxo de lo que merece? La elevacion de la phrase no puede ser mayor, pues llega hasta el mismo sol. La del concepto es clara como un crystal, y, sobre todo, la oportunidad no tiene precio. Añádese la novedad con que se corrige la plana á todos los Poetas que ha havido, desde que se fundó la poesía en la Arcadia ó en Caldéa, que esse es chico pleito. Todos hasta aquí havian dado en la manía de que el sol hacía sus marchas en carroza de fuego, y despues, segun unos, se sepultaba en urna de crystal, y, segun otros, se dormia en catre de plata líquida. Ha sido enorme error, ó por lo ménos una alucinacion tan universal como de grave perjuicio. Por un telescopio de nueva invencion, con las lentes invertidas, que por dicha llegó á manos de nuestro Autor, descubrió claríssimamente, que la carroza en que el sol corre la posta es de crystal; y, aunque desde léjos parece que rua toda embestida de fuego, y que es fuego lo que respiran por las narices y boca los cavallos que la tiran, es ilusion de vista. Esto nace de que, como el sol va dentro de la carroza, y esta es de crystal, assí como tambien son diáphanos y transparentes los cavallos, penétranse los rayos por las vidrieras, y parece fuego lo que en la realidad no es mas que crystal de roca.»

23. — «Búrlese vuestra Merced ó no se burle, dixo Fray Gerundio, no podrá negar que es elegante la expression con que anuncia al público los sugetos que han de predicar, y el texto sobre que serán trompetas mýsticas de las voces evangélicas (Confiteor tibi, Pater) los Oradores siguientes...» — «Pues vé Usted? respondió el Beneficiado, esso es puntualmente lo único que yo huviera omitido; no porque no esté dicho con mucha sonorosidad y en una bella cadencia de los dos esdrúxulos, mýsticas y evangélicas; sino porque, como ahora hay tantos en el mundo que perderán un par de amigos por aprovechar un equivoquillo insulso, havrá mas de dos que digan que muchos, todos ó algunos de los Oradores nombrados eran unos pobres trompetas, y citarán para prueva al mismo Cartel.»