CUARTA PARTE.
VIREYES.
D. Pedro de Ceballos, Cortes y Calderon, Caballero de la real órden de San Genaro, comendador de Sagra y Senet en la de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada, Capitan General de sus reales ejércitos, Comandante general de Madrid y su distrito, consejero y sub-decano del Supremo consejo de guerra. Enterado S. M. de los repetidos é insufribles excesos que cometian los Portugueses en los distritos de este Rio de la Plata, acordó para la satisfaccion de sus insultos, elegir al Señor Ceballos, en virtud de sus notorios conocimientos, valor y pericia militar nombrándole por primer Virey, Gobernador y Capitan General de estas Provincias, con todas las franquezas, autoridades y privilegios singulares que consta de su especial cédula de 8 de Agosto de 1776, y entregándole todo el mando de la escuadra que se aprestó en Cádiz con este importante objeto, y de cuyo puerto zarpó en 12 de Octubre de dicho año. Verificó su feliz arribo al de la isla de Santa Catalina, el 20 de Febrero de 1777, cuya sola vista, y conocimiento del que la mandaba, fué suficiente para intimidar los ánimos lusitanos, entregándole inmediatamente sin un tiro de cañon todas sus fortalezas, por capitulaciones celebradas el 5 de Marzo: por cuyas resultas le condecoró S. M. con el grado de Capitan General de sus reales ejércitos. Efectuada la toma de Santa Catalina, pasó á la Colonia del Sacramento, que se le rindió á su discrecion, y dirigiéndose despues al puerto del Rio Grande, atajaron su éxito los pliegos de la paz que recibió en el camino: por lo que se restituyo á esta capital, donde entró con universal aplauso el 15 de Octubre de dicho año de 1777, en cuyo mando cesó el 26 de Junio de 1778; y regresándose á España, murió en 26 de Diciembre del mismo, en el convento de los PP. Capuchinos de Córdoba la Llana. El distinguido mérito y demas recomendables circunstancias que adornaban á este respetable gefe, hicieron muy sensible su pérdida á toda la nacion. Sucedióle
D. Juan José de Vertiz y Salcedo, Caballero comendador de Puerto Llano en la Orden de Calatrava, y Teniente general de los reales ejércitos. Fundó el colegio de San Carlos, y casa de Niños Expositos: estableció la iluminacion de esta capital, y en la fatal época de la sublevacion del Perú concurrió con sus acertadas providencias á la pacificacion del reyno con desastre general de los rebeldes, Damaso Catari, Julian Apasa (alias Tupa-Catari) y sus secuaces. Pasó á Montevideo por las atenciones de la guerra con los Ingleses, donde se mantuvo hasta la paz, y entregado despues el mando á su sucesor, se restituyó á España en donde falleció el año de 1799. Dicho sucesor fué
D. Nicolas del Campo, Marquez de Loreto, Mariscal de Campo de los reales ejércitos, y Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada. Sirvió en las guerras de Portugal, y sitio de Gibraltar. Fué un gefe recto, desinteresado y muy caritativo. Tomó posesion en 7 de Marzo de 1784, reuniéndose en su tiempo la superintendencia de real hacienda al vireinato. Se nombró para sucederle á
D. Juan Vicente de Guemes, Pacheco de Padilla, Conde de Revilla Gigedo; pero como obtuviese al poco tiempo la gracia para el gobierno de Méjico, se eligió en su lugar á
D. Nicolas de Arredondo, Teniente general de los reales ejércitos, que se posesionó en 4 de Diciembre de 1789. Empezó su carrera militar en el real cuerpo de guardias españolas, habiendo servido en las guerras de Italia, y posteriormente de Mayor General en el ejército del Sr. D. Victorio de Navia, que en el año de 1780 pasó á la Habana en la escuadra al mando del Gefe de ella D. José Solano. Obtuvo el gobierno de la isla de Cuba, del que fué ascendido á Presidente de Charuas, y al de este vireinato, en donde manifestó su celo, bondad y desinteres: debiéndole esta capital el particular beneficio del empedrado de sus calles, que principió dando las mas suaves y exactas disposiciones para este útil objeto. Cesó en el mando en 16 de Marzo de 1795, y dirigiéndose á España, premió S. M. sus servicios con la Capitanía General del Reyno de Valencia, y con la encomienda de Puerto Llano en la Orden de Calatrava. Murió en Madrid el año de 1802. Tuvo por sucesor á
D. Pedro Melo de Portugal y Villena, Caballero del Orden de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M., con egercicio, primer caballerizo de la Reyna nuestra Señora, Teniente general de los reales ejércitos y descendiente de los Serenísimos Duques de Braganza. Embarcado de guardia marina en la fragata Perla, tuvo esta un reñido combate con un jabeque moro, de cuyas resultas habiendo perecido toda la oficialidad recayó el mando en el Sr. Melo, el cual desempeñó con tal valor y actividad, que logró rendir la soberbia del moro, haciéndolo prisionero: por cuya heroica accion lo condecoró S. M. con el grado de Teniente de fragata. Pasó despues á continuar su mérito en el regimiento de Dragones de Sagunto, del que siendo ya Sargento Mayor, se le confirió el gobierno del Paraguay con el grado de Teniente Coronel; y posteriormente este vireinato, en donde acreditó su celo, liberalidad, desinteres y amor al real servicio, fundando el fuerte del Cerro Largo en las fronteras de Portugal, y expidiendo las mas activas providencias con motivo de la guerra con la Gran Bretaña, para resguardar estos puertos de cualquier insulto de esta orgullosa nacion. Pasó despues á reconocer los de la otra banda de este rio, en cuya honrosa fatiga le asaltó la muerte en Montevideo, el 15 de Abril de 1797; y siendo trasladado su cadáver á esta capital, fué sepultado en el monasterio de Monjas capuchinas, segun disposicion de S. E. La dulzura de su trato, su magnanimidad, y piadoso corazon en remediar las necesidades públicas y secretas, y en acudir á las urgencias de los monasterios, pobres y hospitales, hicieron sensible su muerte en la gratitud de estos habitantes.
La Real Audiencia gobernó hasta 2 de Mayo, en que tomó posesion
D. Antonio Olaguer Feliú, Caballero de la Real Orden de Carlos III., Mariscal de Campo de los reales ejércitos, Sub-inspector general de las tropas de este vireinato, y Gobernador que habia sido de Montevideo. Sirvió esto emplo en virtud de Real despacho de 29 de Octubre de 1794 que á prevencion se hallaba depositado en esta Real Audiencia para el caso de fallecimiento del Sr. Melo. Cesó en 14 de Marzo de 1799, y entró á sucederle
D. Gabriel de Aviles y del Fierro, Marques de Aviles, Teniente General de los reales ejércitos, Sub-inspector que fué de las tropas del vireinato del Perú, y Presidente de Chile. En todos destinos dió pruebas auténticas de su integridad, desinteres y acreditado celo en servicio del Rey. Pasó despues á servir el vireynato de Lima, cesando en el mando de este el 20 de Mayo de 1801, en que le sucedió
D. Joaquin del Pino, Mariscal de Campo de los reales ejércitos, Gobernador que fué de la plaza de Montevideo, y Presidente de las reales Audiencias de Charcas y Chile, cuya muerte acaeció el 11 de Abril de 1804, sucediéndole
D. Rafael de Sobremonte, el 28 del mismo mes. Su gobierno fué uno de los mas desgraciados para estas Provincias, que fueron ocupadas por un ejército inglés al mando del Mayor General Guillermo Carr Berresford, el 27 de Junio de 1806. Ningun esfuerzo hizo el virey para oponérseles, y se asiló vergonzosamente á Córdoba. El 27 de Agosto del mismo año, el pueblo de Buenos Aires escarmentó á los invasores, bajo la hábil direccion del capitan de navío D. Santiago Liniers, y otros patriotas esforzados. Volvieron segunda vez los Ingleses, con fuerzas mas numerosas, al mando del General Whitelocke, que tuvo que evacuar la ciudad, firmando una convencion que le fué impuesta el 7 de Julio de 1807. El único hecho honroso que pertenece al período administrativo de Sobremonte es la introduccion de la Vacuna, que se generalizó despues por el celo filantrópico del benemérito eclesiástico D. Saturnino Segurola. La Audiencia, convencida de la nulidad de Sobremonte, declaró caducado su gobierno, y decretó su prision. Se le subrogó provisoriamente
D. Pascual Ruiz Huidobro, el 27 de Junio de 1807, á quien sucedió
D. Santiago de Liniers y Bremont, que tomó el mando de este vireinato interinamente en 16 de Mayo de 1808, y le reemplazó
D. Baltazar Hidalgo de Cisneros y Latorre, el 19 de Julio de 1809, hasta el 25 de Mayo de 1810, en que se instaló la Junta Superior de las Provincias, terminando con él en esta parte de América la dominacion española.