PARTE TERCERA.
GOBERNADORES DE BUENOS AIRES,
DESDE QUE SE DIVIDIO ESTA PROVINCIA DE LA DEL PARAGUAY, EN 1620, HASTA LA ERECCION DEL VIREINATO.
D. Diego de Góngora, del órden de Santiago, natural del Reino de Navarra, y descendiente de los Condes de Benavente, fué el primero que mandó esta provincia en 1620. En el de 1622, á ruegos de algunos caciques del Uruguay, que solicitaban unirse á la Religion Católica, encomendó este negocio á los Jesuitas, demostrando su amor y celo por los naturales. Gobernó hasta el año de 1623, en que falleció, sucediéndole
D. Alonso Perez de Salazar, natural de Santa Fé de Bogotá, que de Oidor de la Real Audiencia de Charcas pasó, por real comision, á establecer las aduanas del Tucuman y Rio de la Plata; y sucediendo la muerte del Gobernador Góngora, se le encargó el mando de esta provincia, interinamente, por el Virey de Lima, Marquez de Guadalcazar: pero al año de su gobierno vino de España el sucesor, y regresándose al Perú fué Presidente de las Audiencias de Quito y Chuquisaca, y en 1624 entró mandando
D. Francisco de Céspedes, natural de Sevilla, y Veinticuatro de ella, quien habiendo venido por la ruta del Janeiro, á tiempo que los Holandeses tomaron la Bahía de Todos-Santos, se embarcó inmediatamente para este destino, con el fin de asegurar esta ciudad de cualquiera invasion que proyectasen aquellos enemigos, convocando al efecto gentes del Paraguay, Corrientes, y Santa Fé. Manifestó igual empeño en la conversion de los naturales, encargando de esta espiritual conquista á los PP. Franciscos, de cuyo feliz éxito fundaron varias iglesias, y entre ellas la de Santo Domingo Soriano, que hasta hoy se conserva. Despues de siete años de gobierno, entró á sucederle en 1632
D. Pedro Estevan de Avila, del órden de Santiago, hermano del Marquez de las Navas, de acreditado valor en las guerras de Flandes, y no menos en la vigilante defensa de este puerto, que apetecian, y rodeaban los Holandeses. No obstante, en el primer año de su gobierno tuvo la fatal pérdida de la ciudad de la Concepcion del Rio Bermejo, muy opulenta, así por su comercio, como por sus apreciables cosechas, tomada por los comarcanos infieles con notable destrozo de sus habitantes: siendo vanas cuantas tentativas se hicieron para su restauracion, pues aun hoy se conserva en poder de los indios Abipones. Despues de seis años de su gobierno fué promovido al de Icatota, donde murió, despues de muchos disturbios con el Virey, Conde de Alva del Liste, y le sucedió en este gobierno
D. Mendo de la Cueva y Benavides, del órden de Santiago, y de la Exma. Casa de los Duques de Albuquerque. Principió á mandar en 1638, despues de haber militado en las guerras de Flandes, haciéndole acreedor sus recomendables servicios á la gracia de Maestre de Campo. Fué su mando cruel azote de los usurpadores infieles, que en aquella época cometian horrendas atrocidades con los españoles en el distrito de Corrientes, hasta dejarla libre de sus invasiones, y despues que sugetó su orgullo construyó el fuerte de Santa Teresa para defensa de Santa Fé, y en 1640 partió para Corregidor de Oruro, por haber venido á sucederle
D. Ventura Mojica, á quien apenas le permitió la muerte mandar cinco meses. Manifestó en tan corto tiempo su discrecion y acierto en la memorable victoria del Mbororé en el Uruguay, en donde murieron 160 portugueses, y muchos Tupies enemigos, sin pérdida considerable de españoles. Sucediéndole su teniente general
D. Pedro de Roxas, que solo gobernó mientras se dió cuenta á la Real Audiencia de Charcas, por cuyo nombramiento entró en su lugar
D. Andres de Sandoval, cuyo gobierno fué tan breve, que recibiéndose en 16 de Julio de 1641 acabó antes de cuatro meses, entrando á sucederle
D. Gerónimo Luis de Cabrera, sobrino del insigne Hernando Arias de Saavedra, natural de Córdoba del Tucuman, y nieto de su desgraciado fundador; que despues de haber manifestado su valor y pericia militar, en diversas campañas de estas provincias, finalizó con la paz la dura guerra con los Calchaquies, hallándose de Comandante General del Tucuman, por cuyo premio se le dió el mando de esta provincia, donde tambien hizo timidar los ánimos de los portugueses, que intentaban abatirle; pero lo hizo ilusorio con sus precauciones, y despues de cinco años de gobierno, murió en el de la provincia del Tucuman, año de 1646, sucediéndole en éste
D. Jacinto de Lariz, del órden de Santiago, que despues de haber militado en Milan de Maestre de Campo, no gozó de un gobierno totalmente pacífico, á causa de algunos disturbios que tuvo con el Ilmo. Sr. Obispo, con quien despues se reconcilió, sucediéndole posteriormente
D. Pedro Ruiz Baigorri, del órden de Santiago, y natural de la ciudad de Estela, en Navarra, que despues de sus acreditados servicios en Flandes, vino á mandar en 1653. Fué de recomendables prendas, y defendió este puerto de la invasion de los Franceses, que pretendieron sorprenderle con tres navíos al mando de Mr. de la Fontaine, Timoteo de Osmat. Libertó igualmente la ciudad de Santa Fé de la de los Calchaquies, con general destrozo: amparó los derechos de los indios, y cesó en este gobierno el año de 1660, sucediéndole
D. Alonso de Mercado y Villacorta, memorable por sus letras, y disposicion militar que acreditó en las guerras de Cataluña, y en el de introducir con el Marques de Leganés socorro en Lerida, sitiado por los Franceses, de donde salió herido. Pasó despues al gobierno de Tucuman, y por cédula de 13 de Abril de 1618 al de esta provincia. Fortaleció este puerto, y mejoró de situación á la ciudad de Santa Fé, y despues de tres años de gobierno, pasó otra vez al de Tucuman, donde aseguró la paz con los infieles de aquella provincia, ascendiendo de allí á la presidencia de Panamá, en donde murió en 1681 con el título de Marques de Villacorta. Sucedióle en el mando de esta provincia el maestre de campo
D. José Martinez de Salazar, del Orden de Santiago, Gobernador que era de la Puebla de Sanabria, y Castillo de San Luis Gonzaga; y estando destinado en 1662 para la campaña de Portugal, se le nombró para el establecimiento de esta Real Audiencia, y Presidente de ella. Adelantó las fortificaciones de esta ciudad, y favoreció en extremo á los Guaranís, defendiendo su conservación contra las continuas irrupciones de los infieles, y á estos puertos de una armada francesa que intentó atacarlos. A los nueve años fué extinguida la Real Audiencia, quedando despues el Sr. Salazar de Gobernador y Capitan General, hasta que en 1674 entró á mandar—
D. Andres de Robles, del Orden de Santiago, natural de Burgos, que habiendo militado en Flandes, lo egecutó también contra Portugal, dando principio á servir en la frontera de Galicia en el ejército del Marques de Viana, en la campaña del año de 1658 con plaza de capitan de caballos, y se señaló mucha en la derrota que á 17 de Setiembre se dió al ejercito del rebelde junto á Valencia del Miño, rubricando las proezas da su valor con la sangre que derramó en aquel glorioso combate. Sano de las heridas, volvió á la campaña, y por Diciembre del mismo año fué uno de los que con mas bizarría acometieron al enemigo junto á la villa de las Chozas, tomada por nuestras armas con un rico botin. Hallóse despues en la toma de Monzon, y recuperacion de Salvatierra año de 1659, por cuyos relevantes méritos ascendió á Maestre de Campo, y se le confirió el gobierno de estas provincias. Pero feneciendo este en 1678, pasó á la Presidencia de la isla de Santo Domingo, viniendo á sucederle en el mismo año.
D. José de Garro, del órden de Santiago, y natural de Guipuzcoa. Sus distinguidos servicios en las guerras de Portugal y Cataluña lo elevaron á Maestre de Campo, y al mando de la provincia de Tucuman, que sirvió mas de cuatro años. Pasando después á esta, hizo abandonar á los Portugueses el territorio frente de las islas de San Gabriel, en donde se habian poblado; tomándoles todo el tren de artilleria, municiones y víveres, y en recompensa pasó á la Presidencia de Chile en 1682 que gobernó por diez años. Volviendo á España en 1693 fué provisto Capitan General de Guipuzcoa en 1702, en donde murió á los 40 años de servicio. Tuvo por sucesor en Buenos Aires á
D. José de H. Herrera, natural de Madrid. Habia militado muchos años en las campañas de Flandes, Cataluña, Extremadura y Portugal, con los empleos de Capitan de infanteria, Ayudante de Sargento general de batalla y Capitan de corazas; hallándose en varios asedios, asaltos y tres batallas, de que sacó por egecutoria de su valor, muchas y muy peligrosas heridas, que mas de una vez le colocaron á las puertas de la muerte, por ser el primero que con animosa intrepidez se expuso siempre á los mayores riesgos: sobre lo que dieron honoríficos testimonios los primeros Generales de las armas españolas, los Exmos. Señores Condes de Marchin y Salazar, y Marqueses de Caracena y Leganés, pasando á noticia del Rey sus relevantes méritos: en premio de los cuales se le confirió el gobierno de Peñíscola; luego la Comisaria de caballería de esta plaza de Buenos Aires, y despues su gobierno, que manejó nueve años continuos con general aplauso: habiendo entregado la Colonia á los Portugueses en 1683 por estipulacion de las dos Coronas. Volviendo á España, obtuvo el gobierno de San Lucar de Barrameda con la Superintendencia de reales rentas. Por fin, restituido á la milicia como al centro de su génio marcial, se le confirió el grado de General de artilleria, en cuyo egercicio murió. Vino á sucederle
D. Agustin de Robles, caballero del órden de Santiago, quien despues de las sangrientas guerras de Flandes, pasó de Maestre de Campo á la Castellania de Fuenterabia, de donde vino á este gobierno en 1691, que sirvió hasta el de 1700, defendiendo valerosa y felizmente este puerto de una escuadra francesa. Restituido á España, se le honró con el grado de Sargento general de batalla. Asistió en 1703 al sitio de Gibraltar: sirvió la Presidencia de Canarias, y pasando despues al gobierno de Cádiz, murió últimamente de Capitan General de Vizcaya. Vino á sucederle
D. Manuel de Prado Maldonado, Veinticuatro perpetuo de Sevilla, quien despues de una penosa navegacion de dos años, arribó á este puerto en 1700 con notable quebranto de su salud, y en ocasión de estar amenazada esta ciudad por una armada dinamarquesa, que á esfuerzo de sus precauciones hizo infructuosos sus designios. Pero no fueron ilusorios los que dirigió contra los infieles que se habian confederado con los portugueses de la Colonia, á quienes desbarató completamente. A poco mas de dos años pasó al corregimiento de Oruro; entrando á sucederle en 1703
D. Alonso Juan de Valdes Inclan, soldado de gran valor, que quedó egecutoriado en las guerras de Cataluña, donde sirvió hasta obtener el empleo de Maestre de Campo. Dedicó toda su industria y perícia militar en asegurar estas fortificaciones y plazas á que aspiraba la codicia lusitana: cuyos reprobados intentos, castigó juntamente, tomándoles por asalto la Colonia del Sacramento, obligando á los enemigos á una vergonzosa retirada al Brasil. Despues de estos memorables sucesos, se vió precisado á pasar á Charcas, llamado de aquella Real Audiencia, en cuya ciudad falleció, sucediéndole en este gobierno en 1708
D. Manuel de Velazco, del órden de Santiago, que habiendo egercido el empleo de General de galeones, al llegar con ellos á Vigo, les prendió fuego en la Ria, porque no fuesen presa de la armada inglesa; escapando á tierra en un batel con grande riesgo de su vida. Empezó su gobierno en 1708; pero se le imputaron tales excesos, que teniendo de ellos noticias el Supremo Consejo, despachó por Juez de pesquisa al Señor D. Juan José de Motilua, ministro de aquel tribunal, quien entrando secretamente en esta ciudad por Marzo de 1712, prendió aquella noche á dicho Gobernador, le secuestró sus bienes, y substanciándole su causa, lo remitió preso á España, donde se le dió el correspondiente castigo. Por su deposición entró á gobernar
D. Alonso de Arce y Soria, Coronel de los reales ejércitos, que venia destinado á este empleo en los mismos navios en que pasó el Sr. Motilua, y á quien la muerte apenas permitió gobernase seis meses escasos. Despues de varias disputas que intervinieron sobre el mando, se nombró interinamente por el Virey de Lima al Coronel
D. Baltazar Garcia Ros, que restituyó á los Portugueses por órden de S. M. la Colonia del Sacramento, y habiendo promovido la guerra defensiva de los Guaranís contra los bárbaros Charruas, Yaros y Bohanes, que infestaban los caminos con atroces insultos, les obligó á pedir la paz. Fué nombrado para sucederle
El Marques de Salinas, Gentilhombre de Cámara de S. M.; pero nunca tomó posesion, por habersele conferido el corregimiento del Cuzco, y plaza de Contador de cuentas en Lima, y en su lugar se eligió á
D. Bruno de Zavala, natural de la Villa de Durango, en el señorio de Vizcaya, Caballero del órden de Calatrava, y de acreditado valor en las campañas de Flandes, bombardeo de Namur, sitio de Gibraltar, ataque de San Mateo, toma de Villareal y sitio de Lerida, donde la pérdida de un brazo fué la mas noble egecutoria de su valor. Fué hecho prisionero en la batalla de Zaragoza, é igualmente lo fué en la plaza de Alcántara. En prémio de sus distinguidos méritos se le confirió el grado de Mariscal de Campo y este gobierno, del que tomó posesion en 11 de Julio de 1717; en cuyo tiempo desalojó á los Franceses, que al mando de Mr. Estevan Moreau se habian establecido en las inmediaciones del Cabo de Santa Maria á 8 leguas de Castillos, uniéndose con los infieles. Lo mismo practicó con los Portugueses que intentaron poblarse en Montevideo, de cuyas resultas fundó por órden de S. M. aquella ciudad con el nombre de San Felipe y Santiago, dando principio en 1726 con algunas familias que vinieron de las islas Canarias, construyendo el fuerte con los indios Guaraníes, y con los mismos perfeccionó el de esta plaza. Fué muy amante de la tropa, cuidando de que tuviesen corrientes sus sueldos. Celó con grande empeño el comercio ilícito, con cuyos decomisos enriqueció al erario. Finalmente satisfecho S. M. de la conducta de este gran Ministro, se sirvió promoverle, siendo ya Teniente General, á la Presidencia de Chile, donde hallándose próximo á caminar, fué comisionado por el Virey de Lima para ir á sugetar la rebelde provincia del Paraguay, donde entró armado, á pesar de la resistencia de su Cabildo, y sin temer la secreta conjuracion que se habia fraguado contra su vida. Su succesor fué
D. Miguel de Salcedo, del Orden de Santiago, y Brigadier de los reales ejércitos, que se recibió en 23 de Marzo de 1734. Concluido su gobierno, pasó á España, sucediéndole
D. Domingo Ortiz de Rosas, del Orden de Santiago, y Mariscal de Campo de los reales ejércitos. Tomó posesión en 21 de Junio de 1742, y cesó en el de 1745, que pasó á Presidente de Chile, en donde continuando sus servicios le dió Su Magestad el título de Conde de Poblaciones. Tuvo por sucesor en este gobierno á
D. José de Andonaegui, Teniente General de los reales ejércitos. En su tiempo vino de España el Marquez de Valdelirios con los comisarios necesarios para el establecimiento de la línea divisoria con la corona de Portugal, en virtud del tratado de límites, celebrado el año de 1750, de cuyas operaciones resultó haberse rebelado siete pueblos Guaranis de la parte oriental del rio Uruguay: por cuyo motivo fué necesario pasase á contenerlos el Sr. Andonaegui en el de 1755, con un ejército de 1500 hombres, auxiliado de otro portugues de mil, al mando del Virey del Janeiro, Conde de Bobadela. Los rebeldes esperaron ambos ejércitos en las lomas de Caybaté, donde fueron derrotados, con pérdida de 2500 hombres: con cuyo feliz éxito se allanó el paso hasta los expresados pueblos, acuartelándose las tropas portuguesas en el de Santo Angel, y las españolas en el de San Juan, en donde permaneció el Sr. Andonaegui, hasta que vino á relevarlo
D. Pedro de Ceballos, Caballero del órden de San Genaro, Comendador de Sagra y Senet en la de Santiago, Gentilhombre de Cámara de Su Magestad con entrada, y Teniente General de sus reales ejércitos. Empezó á servir el año de 1739 de Capitan en el regimiento de Caballeria de Ordenes: á poco tiempo fué ascendido á Coronel del de infanteria de Aragon, manifestando desde luego tan señaladamente su espíritu, y prendas en las guerras de Italia, que mereció la confianza de sus generales, y se adquirió el amor y respeto de la tropa, haciendo ya desde entonces memorable su nombre aun entre los enemigos. Tomó posesion de este gobierno en 1756, donde acreditó mas su ardor militar con motivo de la expedicion de Misiones, toma de la Colonia del Sacramento, Rio Grande de San Pedro, Fuertes de Santa Teresa, Santa Tecla y San Miguel; y finalmente, en la premeditada sorpresa por el orgulloso capitan ingles Mannamara, que con un navío y dos fragatas pretendió el dia 6 de Enero de 1763 recuperar la expresada plaza de la Colonia: quien despues de dos horas y media de un vivo y continuado fuego, pagó su temerario arrojo, incendiándose el navío nombrado el Lord Elive, quedando con esta accion mas gloriosas las armas españolas, debiéndose esta victoria al acierto, valor y talento del Sr. Ceballos. Por último, despues de otros recomendables servicios, entregó el mando de estas Provincias á
D. Francisco de Paula Bucareli y Ursua, Caballero comendador de Almendralejo en la Orden de Santiago, Gentilhombre de Cámara de S. M. con entrada, y Teniente General de sus reales ejércitos. Tomó posesion en 15 de Agosto de 1766, egecutándose en su tiempo el estrañamiento de los Jesuitas. Cesó en el de 1770, que dejó el gobierno á
D. Juan José de Vertiz, caballero comendador de Puerto Llano en la órden de Calatrava, y Brigadier de los reales ejércitos. Empezó á servir en el real cuerpo de guardias españolas, en el cual lo egecutó tambien en las guerras de Italia. Pasó despues á militar en Rusia con el fin de adquirir conocimientos militares para el régimen del ejército. Vino á estas Provincias con la sub-inspeccion de las tropas en 1769, y en su gobierno ascendió á Mariscal de Campo. Fundó en el año de 1772 los reales estudios en el Colegio de los Regulares Expulsos, y la casa de Recogidas, con otras disposiciones en órden á policía. En su tiempo empezaron los insultos de los portugueses por la Banda Oriental de este rio, á cuyo destino pasó con el objeto de contenerlos. Fué el último que obtuvo el empleo de Gobernador, por haberse erigido esta ciudad por capital de Vireynato, como adelante se demuestra.