SEGUNDA PARTE.

GOBERNADORES DEL PARAGUAY.


D. Pedro de Lugo y Navarra entró y fué recibido en la Asumpcion por los años del Señor de 1625.

Gobernador y Capitan General D. Luis de Céspedes Xaría: entró á 25 de Junio de 1631.

Gobernador y Capitan General D. Martin de Ledesma, que entró en el gobierno por los años del Señor de 1636. En su tiempo se puso en práctica la cédula de fuerza.

Gobernador y Capitan General D. Gregorio Inostrosa, que entró y fue recibido á 27 de Junio de 1641. Concluido el gobierno de este Señor, entró de Gobernador y Capitan General

D. Diego de Enobre Osorio: duró poco y murió á 26 de Febrero del año 1645; y el dia 4 de Marzo del mismo año, de unánime consentimiento de los particulares, empuñó el baston y entró á gobernar el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. D. Fray Benardino de Cárdenas. Solos 8 meses escasos duró en su gobierno, porque á 1.º de Octubre del mismo año de 1645 entró de Gobernador

D. Sebastian de Leon. Este apenas se mantuvo un año, porque luego la Real Audiencia mandó por juez pesquisidor de lo acaecido desde el año 1645 con dicho Ilustrísimo Obispo y demas pesares de aquella fatal era, hasta el año dicho de 1649; y tambien por Gobernador de esta provincia, al

Señor Oidor D. Antonio de Leon Garavito, quien entró y fué recibido por tal á 10 de Octubre del año de 1650.

Gobernador y Capitan General D. Cristoval de Garay, entró á 26 de Julio de 1653.

Gobernador y Capitan General por la Real Audiencia, y juez pesquisidor, el Sr. licenciado D. Juan Blasquez de Valverde: entró á 21 Setiembre de 1656.

Gobernador D. Alonso Sarmiento de Figueroa, á 24 de Setiembre de 1659.

Gobernador D. Juan Diaz de Andino, año de 1663.

Gobernador D. Felipe Reja Corvalan, año de 1671.

Juez y Gobernador el licenciado D. Diego Ibañez de Faria, Fiscal de la Real Audiencia de Guatimala, y juez delegado de la de Charcas en esta provincia: cuya comision egerció por los años del Señor de 1670 &c.

Gobernador segunda vez D. Juan Diaz de Andino, á 7 de Octubre de 1681.

Gobernador D. Antonio de Vera Mugica, entro á 18 de Octubre de 1684.

Por muerte del Sr. Mugica, entró á gobernar su Teniente General D. Alonso Fernandez Marcial, y se recibió á 30 de Octubre del mismo año de 1684.

Gobernador y Capitan General D. Francisco Monfort, caballero del Orden de Santiago. Entró á 30 de Octubre de 1685.

Gobernador y Capitan General D. Sebastian Félix de Mendiola, entró á 22 de Octubre de 1692.

Gobernador y Capitan General D. Juan Rodriguez Cota; entró á 4 de Diciembre de 1696.

Gobernador D. Antonio de Escobar y Gutierrez, á 27 de Junio de 1702.

Gobernador segunda vez D. Sebastian Félix de Mendiola, á 26 de Setiembre de 1705.

Gobernador, por muerte del dicho Mendiola, nombrado por la Real Audiencia, D. Baltazar Garcia Ros: se recibió á 9 de Febrero de 1706.

Gobernador y Capitan General por Su Magestad D. Manuel de Robles, entró á 10 de Octubre de 1707.

Gobernador por Su Magestad D. Juan Gregorio Bazan de Pedraza, se recibió á 5 de Junio de 1713.

Por muerte suya año de 1716, entró á gobernar el General D. Andres Ortiz de Ocampo.

Gobernador y Capitan General D. Diego de los Reyes Balmaceda, quien entró á gobernar por el Sr. D. Antonio de Victoria, y se recibió de este gobierno á 5 de Febrero de 1717. Por las quejas y recursos que tuvo la Real Audiencia de Charcas, á quien está sugeta esta Provincia desde que se separó la de Buenos Aires, nombró por juez pesquisidor al Sr. Oidor y Protector general de Indias

D. José de Antequera Enriquez y Castro; cuyo empleo egerció desde el dia 15 de Setiembre de 1721, hasta el 6 de Junio de 1722: en que entró, y fué recibido por Gobernador en propiedad, nombrado por tal, por el Sr. Virey Morcillo, como consta de su despacho dado en Lima á 24 de Abril de 1721. Es de notar y advertir, que estos ministerios los egerció este caballero, no simultaneamente, sino muy separados y divididos, como consta de las fechas dichas, para que el curioso que leyere los instrumentos, que sobre la tragedia de este Sr. inserto aquí, no se confunda, y pese bien como puede la emulacion y envidia denigrar y obscurecer tanto la fama del emulado, que haga creer ser intruso el que es legítimo. Recibido pues de Gobernador el Señor Antequera, que sé yo que servicios reales encontró dicho virey Morcillo en el Señor D. Baltazar García Ros, teniente de Rey de Buenos Aires, para mandarlo de Gobernador á esta infeliz y combatida provincia. Resistiósele el dicho Antequera, y la ciudad toda, al estrépito militar con que venia dicho Ros á tomar posesion de su gobierno; quien escapándose á uña de buen caballo, se retiró de esta intentona, dejando en las márgenes del rio Tebicuarí destrozado todo su ejército Guaraníco, que se componia de mas de 6000 indios, que habia sacado de las Misiones de los padres Jesuitas. Por pacificador de todos estos disturbios, mandó el virey al Señor D. Bruno de Zavala, Gobernador de Buenos Aires á cuya insinuacion se ausentó el Sr. Antequera, y fué nombrado por Gobernador de esta provincia, segun el despacho del dicho virey—

D. Martin de Barúa, que fué recibido como tal el dia 4 de Mayo de 1725. Este mismo año se habia recibido en Lima de virey el Sr. D. José de Armandarú, Marquez de Castel Fuerte, quien considerando las cosas del Paraguay, mandó por Gobernador suyo á D. N. Surueta. Este vino, pero no fué admitido, antes sí el comun ó comunidad, en que entraban nobles y plebeyos, á manera de las que se levantaron en Castilla en tiempo del Señor Carlos V, le mandó que se retirase (querian estos comuneros, que no los olvidase tanto la Corte, y que de su soberano les viniese su Gobernador): y discreto, ó bien aconsejado, se retiró. De aquí fueron las furias del dicho Armandarú, cuyos efectos tuvieron tan dolorosas consecuencias, que aunque no sean de este lugar, por no dejar pendiente la narracion las apuntaré tan solamente. Perecieron en Lima en público cadalso el Señor Antequera, y el enviado procurador de esta provincia, Mena con tres religiosos de San Francisco: es decir, el auxiliante de Antequera, y dos mas despues, por haber salido en busca del yerto cadáver de su difunto tio; con un negro que expuso su vida para libertar la del guardian á quien se acertaba el tiro. En el Paraguay pereció á manos de los comuneros, el segundo Gobernador Ruilova, enviado por el Virey, y admitido por tal en su cabildo, y con él un Veinticuatro, nombrado Juan Baez; y se insolentó tanto la gente, que no es decible los excesos que cometieron.

El Señor de Barica, luego que vió alterado el pueblo, y empeñado á no admitir otro Gobernador que él, se apartó con esfuerzo del gobierno, y ellos nombraron sus generales ó justicia mayor, hasta el año de 1733, en que recibieron al dicho Ruilova que solo gobernó hasta su muerte violenta, que fué el día 15 de Setiembre de dicho año de 1733. Continuó el dicho comun nombrando sus generales: de quien no hago mencion por ser una madeja sin cuenta. Pero no omitiré el nombramiento que estos hombres hicieron en el Ilustrísimo Sr. D. Fray Juan de Arregui, que sucedió así—

Este varon grande, luego que le llegaron las bulas y cédula de Obispo de Buenos Aires, pasó á consagrase en la del Paraguay. Ya concluida esta funcion, y aprestándose para volverse á su iglesia, acaeció el levantamiento y muerte del Sr. Gobernador Ruilova. A vista de este hecho, y otros que trae la insolencia de una república alterada, procuró atajar todo lo posible estos excesos, yendose á un país que llaman Guayaibití, donde sucedió la muerte, por estar su Ilustrísima en un un pueblo inmediato, que pertenece á nuestra religion, nombrado El Yita, en donde se estaba aviando, ya despedido de la ciudad. Aquí estorbó todo lo posible, que quitasen la vida á un D. Antonio Arellano, cubriéndolo con su manto, y á todos aquellos que llamaban contrabandos, que eran los que no seguian la parte del comun. Aquietados ya algunos, supo su Ilustrísima como iban á entrar á la ciudad para pasar á cuchillo á todos los contrabandistas que en ella encontrasen; y compadecido é instado de algunos piadosos, volvió de dicho pueblo, que dista doce leguas, y encontrando al comun en un vallecito, donde está fundada la recoleccion nuestra que llaman Buricao, se fué á dicho convento en donde los exortó á que mirasen lo que hacian, y que nunca se justificaba su causa con tomarse ellos la justicia, si alguna tenian, matando y robando, &c. Aquietáronse por entonces, y lo dejaron tranquilo en este retiro de la Recoleta. Pero una tarde de improviso fueron á decirle que solo de una manera se sosegarian, y era tomando él el baston de gobernador. Entróse el Santo Obispo á la pobre iglesia, que entonces teniamos, y ni con súplicas y exhortaciones que les hizo, pudo persuadirles que disistiesen, clamando todos á un tiempo, que la voz del pueblo era la de Dios. Viendo este empeño, se retiró su Ilustrísima á nuestro convento grande, por ver si allí le dejaban, cesando de un intento tan estraño: pero ni así, porque, como dicen, á tirones le sacaron de la iglesia de aquel convento y le entregaron el mando y el baston, que tuvo por bien admitirlos, por evitar mayores daños é inconvenientes, como en efecto así sucedió, por el mucho amor que le tenian todos. Gobernó su Ilustrísima desde el dicho mes de Setiembre de 1733, hasta que pudo conseguir con ellos su retirada á su amada iglesia y patria de Buenos Aires, dejando en su lugar á D. Cristoval Dominguez, que habia sido su padrino de consagracion, y hombre de toda satisfaccion, que mantuvo á todos en sugecion y obediencia: hasta que por órden del Virey, al mandato volvió segunda vez el Señor D. Bruno Mauricio de Zabala á aquietar y sosegar la tierra. Entró á esta comision el año del Señor da 1735; y hechas algunas justicias, se retiró á su presidencia de Chile, á donde pasaba promovido del gobierno de Buenos Aires, en cuyo camino murió; y segun sus poderes, y comision que traia para nombrar Gobernador, hizo el nombramiento en el capitan de caballos

D. Martin José de Chauregui, quien desde dicho año de 1735; gobernó con todo acierto, discrecion y prudencia, hasta que se dignó el Rey mandar desde Europa nuevo Gobernador y Capitan General, que fué el Señor

D. Rafael de la Moneda, que entró en esta ciudad, y fué recibido el año del Señor de 1741. Este solo caballero, digno en todo de los mayores respetos, por su integridad, juicio y demas prendas grandes, adquiridas y heredadas, que son patentes, porque aun vive avecindado en Buenos Aires, supo y se dió tanta y tan buena maña entre esta gente, que pudo acabar con las brasas de los levantados, que habian quedado ocultas entre las cenizas que dejó D. Bruno. Digo esto, respecto á que, no obstante estas buenas partidas, por las que hasta ahora le lloran, tuvo valor uno ú otro eclesiástico para sublevar ó intentar hacerlo, algunos de aquellos, que habian quedado comuneros, y como se dice á sombras de tejados. Mas Dios permitió fuese sabedor de todo el dicho Gobernador, quien con sagacidad y arte, fué prendiendo á los principales cabezas de esta conjuracion que se ordenaba á quitarle la vida, por haber celado la honra de Dios y refrenado en ellos, ó los principales de este alzamiento sus notorios, públicos y torpes escándalos. Concluida la causa y el proceso, que todo se hizo en breve tiempo, les mandó quitar la vida. Fueron estos los únicos suplicios que en todo su gobierno egecutó, porque no sé qué se veia en este caballero, que hasta los gentiles bárbaros, como son los Payaguás y demas que hostilizan esta república, á su voz é imperio le obedecian, y todos se sugetaban y rendian: siendo esto mas de admirar por estar ciego. Cegó este Señor luego que entró en el gobierno, y acaso la primera visita que hizo de toda la provincia fué el motivo, por los ardientes soles del país, á que no estaba acostumbrado. Empero así se mantuvo con la entereza dicha, hasta el año de 1747 en que entregó el baston, por orden del Rey, al Sr. Coronel

D. Marcos de Larrazabal, hijo y natural de Buenos Aires: poco gobernó este Señor, porque por motivos que la Corte tuvo, concediéndole la merced futura de teniente de Rey de Buenos Aires, le mandó sucesor, que fué el Señor

D. Jaime Sansust, quien se mantuvo con apacible económia, desde el año de 1750, basta el de 1761 en que le promovió el Rey á Gobernador de Potosí. Por esta promocion vino de Gobernador un teniente del presidio de Buenos Aires y vecino de allí, que nombró el Sr. Ceballos, con las facultades que este hombre tenia de la Corte: y ya aquí admitido, le vino la cédula del Rey de tal Gobernador y Capitan General, llamábase

D. José Martinez Fontes quien, no concluyó su gobierno, porque el año de 1764, dia 29 de Noviembre, murió de aire perlático; y quedó en su lugar su Teniente General

D. Fulgencío Yedros, hijo y natural del Paraguay, hombre noble y de bellísimas prendas naturales, y en grado benéfico, sumo y de gran valor y espirítu militar, que así en el empleo como antes se le notó en las entradas varias que hizo tierra adentro contra los infieles que hostilizan esta provincia. No tuvo en su gobierno los mejores aciertos, por la mucha emulacion de contrarios, y por causa de haber nombrado teniente de Curuguatí á D. Bartolomé Larios Galvan, que fué la piedra de escándalo de aquella villa. Faltóle á este Sr. aquella destreza política, que casi es imposible encontrar en los que no han salido de este país. Y por esto tuvo algunos sinsabores y disgustos, en menos de dos años desde la fecha dicha, hasta el 29 de Setiembre del presente año de 1766, en que entregó el baston á D. Carlos Morphí que hoy gobierna, admitido Gobernador segun sé, por una mera carta del Ministro en que le dá aviso de como el Rey lo tiene hecho Gobernador de esta provincia. No sé que sea de este gobierno con las novedades de la Corte, y haber el Rey proveido en otro el ministerio, que tenia el Sr. de Esquilache, mudado del gobierno al Sr. Cevallos, que patrocinaba al dicho Morphí, y otras cosas notables que nos comunican cartas confidenciales de España y Buenos Aires, que no son de este lugar.