10.—Función Social Del no-Conformismo

A pesar de estas condescendencias verbales a las preocupaciones dominantes en su medio, Emerson, fué temido en su edad viril como hereje peligroso, aunque en su larga ancianidad fué venerado hasta por sus antiguos contendores.

Reconozcamos que la sociedad es enemiga de toda verdad que perturbe sus creencias más ancestrales.

Frente a los hombres que le traen un nuevo mensaje su primera actitud es siempre hostil; vive de esas "mentiras vitales" cuyo símbolo expresivo nos dió Ibsen en El Pato Salvaje. ¡Qué sería de ella sin esos grandes caracteres que de tiempo en tiempo desafían su encono predicando alguna partícula de "verdad vital"!...

Todos los que reforman y crean, mientras lo hacen, son no-conformistas y herejes: contra las rutinas sociales, contra las leyes políticas, contra los dogmas religiosos. Sin ellos sería inconcebible la evolución de las ideas y de las costumbres colectivas, no existiría posibilidad de progreso social. Emerson, tantas veces acusado de herejía, pudo, ciertamente, consolarse pensando que también Cristo había sido hereje contra la rutina, contra la ley y contra el dogma de su pueblo, como lo fuera antes Sócrates, como después lo fué Bruno. Y acaso pensaría también en el común destino de todas las víctimas del conformismo: la humanidad venera por siglos sus nombres, ignorando el de sus perseguidores.

Porque existe,—podemos creerlo,—una conciencia moral de la humanidad que da su sanción. Tarda a veces, cuando la disputan los contemporáneos; pero llega siempre, y acrecentada por la perspectiva del tiempo, cuando la discierne la posteridad.