VII.—UTILIDAD DE ESTOS FENÓMENOS EN LA LUCHA POR LA VIDA

Los fines a que responde la simulación en los animales son un sencillo corolario de los fenómenos que acabamos de revistar. Lo mismo da que se trate de fenómenos involuntarios, reflejos o conscientes; nada importa que se imite el color del medio, la forma de un objeto, los caracteres visibles de otra especie, o una manifestación de la conducta. En todos los grados y en todos los casos, sea o no inteligente, llámese homocromía, mimetismo o simulación intencional, converge siempre a este único fin utilitario: mejorar la situación del simulador en la lucha por la vida, adaptándolo favorablemente a las condiciones especiales en que ella se presenta.

Hemos visto que en algunos casos la simulación es ofensiva: adaptación del color del león o del oso polar al de su ambiente, de la araña que acecha al insecto simulando el aspecto de una orquídea, del animal que simula estar dormido para inspirar confianza a su presa.

En otros casos es defensiva: las mariposas comestibles que mimetizan a las no comestibles, los huevos parecidos al color del suelo en que son depositados, el ratón que se finge muerto para librarse del gato.

Tan es esa su finalidad esencial, y ninguna otra, que Giard ha considerado que estos fenómenos deben reunirse simplemente en dos grupos, sin atender a nada más que su carácter ofensivo o defensivo. Y dice, en definitiva: "así como un hombre se disfraza para evitar un peligro o para cometer un crimen, las especies simuladoras o disimuladoras tienen por objeto no ser agredidas o agredir". No hay, pues, exageración ninguna en afirmar que la simulación en el mundo biológico se nos presenta como un medio de mejor adaptación a las condiciones de la lucha por la vida.