VI.—SIMULACIÓN EN FUNCIÓN INDIVIDUAL
Las simulaciones activas y voluntarias, además de referirse a otras especies animales, pueden ser relativas a estados especiales del animal mismo. Son las llamadas "ficciones"; en realidad no son más que simulaciones, usadas, como siempre, en calidad de medios de lucha por la vida.
Llegada es la oportunidad de hacer notar que cuanto mayor es el desenvolvimiento mental de una especie, mayor es su posibilidad de fingir y engañar a sus enemigos. La conciencia del acto que realiza aumenta progresivamente, así como la noción de su utilidad; en cierto grado de la escala biológica encontramos animales que simulan tan hábilmente como el hombre mismo.
Numerosos son los insectos que en presencia de sus enemigos simulan estar muertos o se inmovilizan para aprovechar sus semejanzas con cosas inanimadas: algunas Cucullia se dejan caer al ser tocadas y su aspecto inmóvil es idéntico al de un fragmentillo de madera. Otros animales simulan estar dormidos mientras acechan sus presas; el ratón suele fingirse muerto para escapar del gato; el zorro es memorable y ha inspirado el libro clásico de Goethe. Muchos animales cubren su cuerpo con hojas, flores, lodo, etc., siendo perfectamente disimulados bajo el disfraz; para evitar los ataques de sus adversarios, caminan con el objeto a cuestas. (Un fenómeno de este grupo nos sugirió, por asociaciones de ideas, la filogenia de los fenómenos de simulación). Algunos se cubren con otro animal, no comestible para sus enemigos: es característico el caso de la Dromia, que coloca sobre su dorso una esponja, manteniéndola fijada por medio de dos patas posteriores, convenientemente transformadas para su objeto. Este caso es análogo al de algunos indios de las pampas americanas, que suelen ocultarse bajo el vientre de los caballos para no ser vistos por los enemigos, llevando sus ataques por sorpresa; y es sabido que usando de un ardid semejante logró Ulises escapar con sus compañeros de la caverna de Polifemo, después de haber reventado el ojo del cíclope.