CAPITULO II.

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LA CIUDAD DE LYON.

Hidrografía.—Varios objetos,—El Palacio de las Artes,—Un contraste curioso.—Varios monumentos.—Las fábricas de sederías.

Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion, por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle Imperial, reputada como una de las mas hermosas de Europa.

A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son muy notables por su belleza y elegancia: la de Bellecour ó Luis el Grande, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de Napoleon, con la estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del ferrocarril llamada de Perrache; la plaza Imperial, que es una especie de square, muy bonita, y la de Terreaux, en la cual se encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las Artes ó de San Pedro. La plaza de Tholozan, á la orilla derecha del Ródano, no es notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes.

La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad antigua, que ellos llamaron Lugdunum, estuvo toda sobre la colina y faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor. Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas construcciones que rejuvenecen la ciudad.

Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y llaman justamente la atencion del viajero.

Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así como por su solidez, el Palacio de Justicia, sobre la margen derecha del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios, ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay innumerables tiendas y almacenes de todas clases.

Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios públicos interesantes, pero desnudos de todo valor artístico,—tales como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mérito y cuenta unos cien mil volúmenes); el Hospital militar, la fábrica de tabacos y las carnicerías, sobre el Ródano; y del lado del Saona, la Aduana, el teatro de Celestinos, los arsenales, etc.

Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atención: el Gran Teatro, donde ejecutan óperas solamente, y hace juego con la fachada secundaria del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas, construido con regulares proporciones en un local de un antiguo convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque subalterno, pues está aislado y muestra pretensiones artisticas, no obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas bellos de otras ciudades europeas.

La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir de cimientos y zócalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal. Están acabando también la Bolsa, palacio espléndido, de mucho gusto y que será un verdadero monumento para las artes y la especulacion.

El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una arquitectura sencilla que pertenece á la época del primer imperio, careciendo de carácter determinado, pero risueña y sin pretensiones plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre á la sencillez característica del siglo actual. Si en lo material Lyon es una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima á la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone allí sus condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aquí proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se tropieza en las calles con fisonomías y grupos que tienen sus buenas puntas de extravagancia.

La poblacion lionesa es muy liberal y aún republicana, revelando en su estilo general cierto carácter benévolo que estimula agradablemente al viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos, que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo género que pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellísimas obras de escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y música, y ha sido y continúa siendo la cuna de muchos artistas de gran mérito.

El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las Artes en el cual se encuentran los museos de antigüedades, de pintura, de escultura, de historia natural y de geología y mineralogía, así como el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galerías y sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rápida.

Si el exterior del Palacio carece de mérito, en el interior el interes comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando multitud de pasajes históricos, al aire libre y la intemperie. La mayor parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores; pero algunos grupos son de tanto mérito por la energía de expresion y la delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan, maravillándose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta.

Los cuatro claustros bajos contienen una abundantísima coleccion arqueológica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas curiosos objetos, unos (poquísimos) de la época anterior á la conquista de las Galias por César, y la mayor parte correspondientes á las épocas romana, byzantina y gótica. Vasos etruscos, de imitacion tosca, estatuas, bustos y grupos curiosísimos, planchas enormes de piedra bruta ó trozos de mármol, con relieves preciosos, revelando toda una civilizacion,—y sepulcros, lápidas y columnas truncadas, cuajadas de inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad que el polvo de los siglos arropara,—todo eso, colocado con inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una escuela popular para los sentidos, sino la imágen sombría pero elocuente de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de escombros de civilizacion y de enseñanzas del tiempo, desde la gran lápida en que Rómulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal loba, hasta las últimas labores que la arquitectura gótica (espontánea, paciente y popular por excelencia) dejó profusamente deseminadas donde quiera.

El salon de antigüedades artísticas no es ménos curioso, aunque comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas de monedas, medallas, pequeños vasos y placas y armas de metal, marfil, madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la industria moderna, que la antigüedad, bajo el punto de vista artístico, no ha producido maravillas superiores y aún inimitables cuyo genio y secreto se han perdido para la civilizacion.

No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses, que compone el modesto museo de escultura ó estatuaria. Aunque hay allí algunas estatuas en mármol y yeso de mérito indisputable, y algunos bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay, sinembargo, allí una estatua de Pandora, en mármol purísimo, tan bella y delicada, que vale por todo un museo; así como llama la atencion, al píe de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un escultor contemporáneo, que puede figurar con honor en el mas espléndido jardin de Europa.

Despues de la sala de escultura ó estatuaria se encuentra en el vasto palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la galería especial de los pintores lioneses. En general se observa en el estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto mérito, no solo por la maestría del pincel, sino por el profundo conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva. Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeño que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso por sus golpes de luz y su energía de claro oscuro. Con todo, no considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar á constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo.

Otra galería mucho mas vasta y magnífica contiene los cuadros del Museo comun, y en realidad hay obras allí de un mérito sobresaliente, tales como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son copias modernas, y aunque la galería es casi toda histórica, y contiene varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja impresion como las obras maestras. Échase de ver que Lyon ha querido ser á todo trance un gran centro artístico, sin haber pasado de cierta mediocridad distinguida (permítaseme la expresion), porque el ruido de las máquinas y de los carros no permite allí un gran desarrollo espiritual como conviene á las bellas artes.

Mucho mas estimables son en su género las demas galerías, puramente científicas, que contienen los Museos de Historia natural, de Mineralogia y de Geología. El primero, que no es muy considerable, aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo órden, está muy bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lóndres, Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y hace honor á la opulenta metrópoli del Ródano, como á la Francia,

Pero es todavía mas interesante la galeria mineralógica, ya por la belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto á cristalizaciones y aglomeraciones metálicas y metalóideas; ya por la riqueza y abundancia de los mármoles y piedras finas. Llegan á centenares las lápidas que contiene el Museo de mármoles de todos colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como España, Italia, Suiza y Bélgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son admirables algunos mármoles negros, amarillos, y veteados, producto de los Pirineos, de las montañas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.; y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraña que, comparativamente, no se dé á los mármoles en Francia toda la aplicacion de que son susceptibles.

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La inspeccion del Palacio de las Artes, por rápida que sea, produce en el extranjero visitante una impression importante, á saber, que la sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto por las bellas artes, pero no verdadero gusto artístico ó en las artes, puesto que, en lo general, sus obras públicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no están en armonía con esa distincion exquisita que es el sello característico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se distinguen sino en esa especie de juguete artístico, que llamaré arte de capricho ó de la moda, ajeno á toda inspiracion, y que se manifiesta en los preciosos dibujos de las sederías que salen de las ochocientas pequeñas fábricas de Lyon.

Allí donde el espíritu industrial se alía con el arte, se ve el refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon, á pesar de sus pretensiones literarias y artísticas, no es por excelencia sino una gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y vanidades de lo que llaman el mundo y las farsas de la moda caprichosa. Si la mímica ó el arte dramático, la caricatura, el vals fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes metrópolis de la industria, la política y la moda, no así el poema sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de arquitectura y escultura, ó las solemnes y graves armonías de Mozart ó Bellini.

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En punto á monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mérito, que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citaré: la Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiquísima abadía de Áinay (casa de Dios en catalan); y entre los monumentos públicos de otro órden mencionaré el Hotel-Dieu ó Casa de beneficencia, y el Palacio de justicia.

Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observé en el Palacio de las Artas y me impresionó profundamente. La Bolsa de Lyon estaba provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y oscuro salon que fué en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos, oí una espantosa gritería que, como una gran bacanal subterránea, ensordecia con sus ecos repetidos por la bóveda sombría. La curiosidad me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible escena pude creer que allí estaba la Bolsa de un país civilizado.

Todavía se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la historia de Cristo. Al pié de María estaba un corrillo de noticieros de bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestión de Italia, y enfrente de un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de bolsa sus tratos sobre el tres por ciento, el cuatro y medio, las primas, las acciones de ferrocarriles, etc.

Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias y remolineando en un hormigueo interminable,—dentro del gran círculo estaban los agiotistas de primer órden, sosteniendo con admirable aplomo una telegrafía mímica que representaba el juego monetario, y en el círculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio ó corredores, haciendo las muecas mas extrañas los unos, los otros gritando como energúmenos para anunciar cada propuesta ó pedido de fondos y cada puja, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario, alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la teología del dinero.

¡Singular contraste, perfectamente característico del siglo actual! El templo consagrado ántes á la oracion, convertido en casa de juego legal y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion, prosáica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y tumbas de la antigüedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel espectáculo es mas elocuente que muchos volúmenes para caracterizar el movimiento del siglo XIX.

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La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja ú occidental de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso monumento que tendría mayor importancia si estuviese rodeado de mejores calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta, y corresponde al estilo gótico de la segunda época, en que figura la combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras todas que no corresponden al mérito del trabajo interior.

Aparte de los dos órdenes de capillas laterales, el cuerpo de la catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar la gran cruz característica de las catedrales góticas. Toda la mole de piedra, vasta y atrevida, que compone la bóveda, reposa sobre diez y seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual, lanzadas con vigor á dar con el altísimo artesonado de mampostería, desnudo y sombrío. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay en todo el edificio ese carácter severo de oscuridad y sencillez solemnes que distinguia sobre todo á la arquitectura gótica de Francia.

La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraños al arte mismo, se manifiesta allí, revelándose en la mole colosal de pura piedra y madera (sin mármoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento austeramente religioso que dominó en sus grandes creaciones á los pueblos artistas de la edad media.

Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores de las altas ogivas, son de muchísimo mérito, y tanto que pueden rivalizar con los de Nuestra Señora de Paris. El coro tiene primorosas esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es difícil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombrío y solitario.

La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda, negra, sombría como un castillo feudal.

La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V, habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de los templos de la edad media.

La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana.

He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en lugar de la inspiracion,

El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de Assises, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal, sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de la justicia» una majestad imponente.

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Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros, el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño del bosque de Boloña,—entre los de carácter material; entre los religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber, escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer orden.

Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.

El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000 obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica!

En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una especie de trabajo á destajo mas bien que en esa organizacion del trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones necesarias.

El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon, las mejores del mundo en su género.

Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo, resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica, no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.

Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo, que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente colectivos.

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