CAPITULO IV.
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JARDINES Y MONUMENTOS.
El Jardín Botánico;—el Zoológico.—El Coliseo,—El Museo
Británico.—San-Pablo.
Si Lóndres tiene poquísimos monumentos antiguos ó modernos que merezcan la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines científicos. Lóndres, el país de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad clásica de los espléndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra.
Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en medio de sus lagunas marítimas que ha nacido el gusto por los estudios y refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la que ha hecho adelantar mas ese género de agricultura. Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y sinembargo, los jardines zoológico-botánicos de Amsterdan y Amberes son mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mérito. Si Paris y las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de historía natural y botánica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todavía por sus jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la ciencia y de los viajes y el arte lo permiten.
Los jardines privados de Londres en las casas aristocráticas son numerosísimos y espléndidos. Y fuera de Lóndres, en Richemond, Windsor y otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablaré sino de los que conocí personalmente,—el Zoológico y el Botánico, que ocupan el parque vastísimo del Regente en el Oeste de Lóndres.
A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos vivientes de historia natural y de botánica, se comprende que aquella es la obra del espíritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansión que es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la autoridad no figura como empresaria en ningún establecimiento de carácter Industrial, ó aunque sea complejo, el órden, la economía ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el viajero contempla. El interés individual hace maravillas donde quiera, y sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las análogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En esa misión de iniciativa ó de poder de la opinión todo es grande, todo refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso. Penetremos en los jardines científicos de Londres y hallaremos un espectáculo digno dé admiración.
En la época en que los visité el invierno apénas concluia; la vegetación al aire libre estaba muerta, y faltaban por lo mismo todos los encantos del bosque y el jardín; que dependen de la naturaleza. Pero en compensacion, el arte maravilloso, la abundancia de objetos en el escenario y los mil grupos de pequeños arbustos melancólicos de hojas persistentes, ó de plantas acuáticas, hacían un juego muy interesante. El parque del Regente tiene como unos 80 acres de superficie, y está surcado en toda su extension por un ancho y hermoso lago y canales de navegacion é irrigacion, cuyas aguas alimentan las fuentes, los estanques, los arroyos y todos los receptáculos que las conservan para los animales y la vegetacion. Dividido en tres partes, la una es propiamente un pequeño y hermoso parque sombreado por árboles seculares y magníficos; las otras dos contienen separadamente el jardín Zoológico y el Botánico.
En el segundo se encuentra, durante la primavera, la mas variada y completa coleccion de plantas raras, representantes de la vegetacion del mundo entero. Allí nada hay de ménos ni de mas; todo lo que es vulgar está desechado, y en vez de la inútil profusion de árboles ó plantas de un solo género, cada familia, cada especie y cada género están representados por las mas hermosas muestras, en corto número y con un órden perfecto de clasificacion. El visitante puede hacer un verdadero estudio de la botánica cosmopolita, siguiendo paso á paso los grupos científicamente preparados al aire libre ó en invernáculos,—dentro de las aguas de los estanques pintorescos de agua dulce ó marina,—ó sobre los emparrados, enrejados y techos que les dan protección á las lianas, enredaderas parásitas y plantas trepadoras de todo género.
La falta de abundante vegetación exterior, que era efecto de las nieves del invierno, me hizo buscar de preferencia los invernáculos de cristal. Esos palacios de Flora, construidos por el hombre para dar abrigo y calor á la naturaleza, son verdaderamente espléndidos. Allí cada planta, la palmera colosal, como la humilde violeta japonesa, vive lujosamente, con toda la frescura, la belleza, el brillo, el perfume y los tesoros que les dan el sol, las brisas y el rocío en los climas ardientes ó templados á que pertenecen. La arquitectura grandiosa de los invernáculos, y las condiciones que cada uno tiene, según el grupo de plantas que abriga, para darles el grado de luz, calor, libertad, humedad y tierra especial que necesitan, favorecen maravillosamente el crecimiento, la nutrición fecunda, la reproducción y la conservación de todas las especies interesantes.
Bajo las bóvedas tibias y perfumadas de los invernáculos, el visitante asiste á un espectáculo encantador de magnificencia y contrastes. Yo recorria allí todas las regiones de la tierra, en cuanto á su vegetacion, con solo trasladarme sucesivamente de un invernáculo á otro. Admiraba la flora europea de todas las latitudes, educada en cierto modo por la civilizacion, embellecida con el arte, en cuanto este puede embellecer la naturaleza. Adivinaba los desiertos de África, retostados por un sol ardiente que mantiene la, vegetacion como febricitante en su lecho de arena calcinada,—y asistia á las escenas suntuosas de las selvas y montañas asiáticas, donde todo es exuberante y voluptuoso, por el tamaño, los colores, los perfumes, las formas y el crecimiento de las plantas, como de los animales; donde todo maravilla y aturde,—dando la idea de un mundo semi-bárbaro, inmenso, cuya grandeza provoca la codicia de los pueblos gastados y empobrecidos por el tiempo en Occidente.
Pero nada llenaba tanto mi espíritu y mi corazon como la vista de los grupos de plantas colombianas. Allí se alza la palmera cerosa do los Andes, que vive azotada por los huracanes de los páramos, como la que mora en los valles ardientes y produce el marfil vegetal ú otras materias. Lo mismo el arbusto crespo, oscuro y melancólico de las alturas pobladas por los líquenes, que el árbol aromático y gentil de las faldas y planicies intermedias, ó la liana estupenda y la planta enana de hoja monstruosa, que crecen en la humedad y la espesura sombría de las selvas, en las márgenes ardientes de los grandes rios. Yo creia vivir en Colombia, respirar su aire vigoroso, contemplar su cielo espléndido, calentarme con su fuego, ó levantarme sobre sus cordilleras empinadas, devorar sus frutas deliciosas y embriagarme con los perfumes de ese mundo de luz, de fuerza y majestad natural que habia dejado del otro lado del Océano.
En presencia de esos portentos de la ciencia, del arte y del comercio y los viajes, y agitado por tan profundas impresiones, sentí duplicarse mi fe en el progreso infinito y fortalecerse mi creencia en la mancomunidad de todos los pueblos en la obra inmensa de la civilizacion. ¿Para qué ese lujo de plantas de todo el globo en prodigiosa variedad? ¿Qué significa esa asamblea universal de verdura, de perfumes, de colores, de formas singulares, de familias de la vegetacion de todas las regiones? ¿Es solo en servicio de la ciencia y la industria que el viajero naturalista recoge del uno al otro polo los matices vivientes del manto con que la naturaleza cubre el seno de la tierra? No! Cada familia y cada especie, cada grupo de la Flora representa allí la unidad, la armonía, la vida progresiva y la fecundidad de la creacion, concurriendo al servicio de la humanidad, segun el destino que el clima le da á cada uno de los objetos que la inteligencia humana puede aprovechar.
Esa centralizacion ó reunion de todas las plantas, sublime asamblea cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran mancomunidad de derechos, mision é intereses que liga á todas las razas, las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la humanidad.
Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos característicos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo aparente es sensible; pero consideradas en los invernáculos, en un grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente la suprema armonía que las enlaza á todas y les da la perfeccion de la hermosura y la grandeza.
El jardin Zoológico tiene el triple ínteres del arte en la distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la vida de las innumerables familias sometidas al poder ó al servicio del hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el ínteres de la escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines, cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas horas. Así, solo indicaré algo de lo que fijó mas mi atencion.
La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa variedad, conteniendo solo dos ó tres individuos de cada especie y género para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las familias. El órden reina en todas partes, consultando simultáneamente las exigencias de la nomenclatura científica y los hábitos y condiciones de las especies.
Aquí se halla el visitante en presencia de los animales feroces, debidamente clasificados; mas allá admira los grandes rumiantes de primer órden; acá una familia, allí otra por grupos homogéneos, y en circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el auxilio de los rótulos claros y precisos y del severo arreglo que preside á todo, se puede seguir un curso de zoología en todos sus ramos, superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos necesarios, pero bastante para darle á un observador que no conoce la ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion, crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres, necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable naturaleza á todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontáneo.
No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamíferos de todas clases, ofensivos ó inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas girafas de ojo melancólico; los elefantes, hipopótamos y rinocerontes monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonomía traidora; el grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de mirada indiferente y sombría; el triste orang-utang, caricatura de hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el curioso bizonte; el corpulento búfalo crinado; la linda y esquiva zebra, y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos grupos llaman la atencion por su ferocidad, ó su inteligencia, ó su corpulencia, ó Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el jardin Zoológico, ó al menos lo que mas interesó mi curiosidad, fué la inmensa variedad ornitológica,—el pequeño palacio de los peces y animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas sombrías, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz de ejercer sobre el reino animal entero.
Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los palacios enrejados de innumerables lindísimas aves, un torrente de las mas variadas armonías se difunde en el viento, formando el concierto mas encantador. Allí todo es movimiento, alegría, canto inagotable, como si los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion, atraen las miradas del visitante, haciéndole tener por momentos la ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la esmeralda, el rubí, el lápiz-lázuli y cien tintas primorosas alternan y se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pájaro.
En el gran salon de bóveda de cristal y temperatura cálida, que cubre á los pájaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armonía se pierde en el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orgía ó el estrépito de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas análogos, que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de mil flautas y flajolés en desacuerdo. Aquello hace reír, divierte, aturde y enloquece, como un remedo de la algarabía humana en un mercado público,
Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los anfibios mamíferos ó los ánades innumerables, entre preciosas plantas) alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes aquellos ó desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos de los Andes, las águilas de los Alpes y todas las demas aves de presa. Al ver á esas soberanas del viento reducidas á la esclavitud, me parecia asistir al espectáculo del orgullo humano sometido y vejado. El águila parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se fija en el cíelo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la codicia del que condenado á ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo jamas.
Confieso que sentí despecho y tristeza al contemplar el palacio de los cuadrumanos. ¿Qué cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espíritu de imitacion y ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras cualidades parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del mono;—prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de espíritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo del ridículo á que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo que, como sucede siempre, los discípulos no hacemos caso de la leccion y nos burlamos del maestro en caricatura.
La galería de los reptiles no es ménos abundante y curiosa que las mencionadas; y lo que mas llama la atencion allí es el estado de mansedumbre á que llegan entre sus lechos de arena y celosías de alambres y cristal esos terribles envenenadores del desierto, condenados á arrastrarse, por el pecado original de la serpiente corruptora de Eva y su compañero. Muy resentida debe de haber quedado la familia de la corruptora, puesto que sus interesantes miembros no desperdician la oportunidad de hincarle el colmillo á cualquier descendiente de la crédula Eva, que no sea domesticador de profesion. ¡Qué profesión! Lo mismo valdría vivir domesticando un fraile mejicano, un guerrillero de ley ó un recaudador de peajes. Y sinembargo…. ¡lo que es el hombre!… las serpientes se aplacan, y aquellos no se domestican nunca!
Es cosa averiguada que la serpiente es inofensiva durante una larga parte de cado año, en que reposa y duerme, y que su agresion requiere casi siempre alguna provocacion, y obedece á intermitencias producidas por el frio, el calor, el hambre ó el estado sexual. Y esos fenómenos, que la ciencia explica por el análisis del organismo animal, se patentizan fácilmente en las galerías zoológicas. Allí el observador puede leer en la mirada del reptil, sobre todo del enorme boa, las gradaciones de la irritabilidad. Hay algo en el ojo, el aliento y los movimientos espirales de ese monstruo, que atrae, fascina y magnetiza, como la tentacion del pecado, y que al mismo tiempo cede á la influencia magnética del hombre. He visto en las serpientes del jardin de Lóndres contrastes muy curiosos de expresion (segun las personas que las miraban de cerca), y que me han hecho pensar mucho en los fenómenos del magnetismo animal y la electricidad, explicándome ciertas singularidades que algunos suponen fabulosas, pero que son perfectamente exactas. El olor y algunas otras cosas influyen mucho respecto de los reptiles. Así, notaba con admiracion que las culebras cambiaban de actitud, agitándose ó adormeciéndose, mirando con mansedumbre, con desconfianza ó con ira, alejándose ó acercándose, escondiéndose ó descubriéndose mas ó menos, según la diferente impresion que les producía la presencia ó la mirada, el olor, la voz ó la fisonomía de los concurrentes. Tal vez un dia la ciencia demostrará que no es la inteligencia ó un instinto espontáneo lo que induce al animal á ejecutar bajo la atmósfera del hombre ó en cualquiera situacion estos ó los otros actos, que hacen vacilar al filósofo entre hipótesis mas ó ménos aventuradas; sino que solo la accion de un fluido magnético ó eléctrico, comun á todos los objetos de la creación (aunque con diversas inflexiones de intensidad, residencia y modo de obrar), produce las analogías y los fenómenos que hacen creer en la comunidad de inteligencia. Y el día que la ciencia física demuestre eso, si no es un delirio, la psicología habrá avanzado inmensamente, iluminando el camino de la humanidad, donde reinan todavía las tinieblas de la hipótesis.
El palacio de cristal destinado á los peces y animales marinos de pequeña talla, y principalmente á los moluscos, es pequeño pero primoroso. Allí cada grupo se encuentra en una urna trasparente, viviendo en su elemento y entre las rocas, las arenas y la vegetacion del fondo del mar. Los corales y otros animales arborescentes, los moluscos mas bellos, y todo lo que hay de caprichoso, admirable y diminuto en ese mundo de vidas misteriosas que se agita bajo las ondas, aparece allí en miniatura y de bulto, á la vista del visitante, para revelarle muchas de las maravillas del océano. Todo eso tiene una infinita poesía, un encanto indefinible, que patentiza el sistema de las compensaciones creado por la naturaleza, y la suprema prevision con que cada órgano de respiracion, de movimiento ó de nutricion ha sido arreglado para corresponder á las necesidades propias de la region ó el elemento en que vive el animal.
Al dejar el espléndido jardin Zoológico de Lóndres (para cuya descripcion completa serían necesarios muchos volúmenes) me hacia una reflexion sobre la mancomunidad de la industria y la ciencia física, y de estas y la moral, ó mejor dicho, de todos los hechos que representan el progreso humano. A primera vista ese magnífico jardin ó paraíso mixto de Lóndres no es mas que un establecimiento científico, un estímulo para las excursiones del naturalista, y un elemento de especulacion, y de recreo. Pero observando atentamente se encuentra que aquello es ademas una escuela práctica de moral y una enseñanza filosófica para los pueblos. ¿Por qué?—fácil es demostrarlo con tres reflexiones que vienen naturalmente al espíritu.
La multitud que visita esos lugares incesantemente, adquiere un hábito de sociabilidad con los animales que le suaviza muy notablemente las costumbres y pasiones. Lo que el hombre no comprende, respecto á sus deberes sociales, acostumbrado á estar siempre en relacion casi exclusiva con su especie misma, lo aprende al observar la sociabilidad de los animales entre sí y respeto del hombre, que es su señor y generalmente su estúpido tirano. Todo el mundo se acerca y rivaliza en agasajos con los brutos domesticados, y cada cual tiene su preferido, á quien obsequia en cada visita con golosinas que el pobre animal recibe con gratitud y cariño. Si en general el elefante, las girafas, los camellos, las zebras y otros brutos igualmente curiosos reciben los homenajes de la mayor parte de la turba, no faltan amadores ó aficionados que tienen su oso, ó su tigre, ó su boa predilecto. Una verdadera emulacion caritativa se establece allí, y una visible correspondencia de amor entre el hombre y el animal. ¡Cuántos habrá que no teniendo en el mundo ningun vínculo de ternura, sino pesares y desengaños, van al jardin Zoológico á cultivar una dulce amistad con este ó el otro animal, segun las analogías de inclinaciones! Lo que mas se observa allí es que los ancianos, las mujeres y los niños son los mas afectuosos y caritativos con los animales; cosa natural si se considera la benevolencia y sociabilidad que distingue á los dos extremos de la vida, y á la mujer, que es su lazo de union.
Por otra parte, los concurrentes se habitúan á ver que todos los animales, aún los mas feroces, son tratados con dulzura por los empleados del establecimiento, mostrándose infinitamente mas accesibles y dóciles á la benevolencia que al rigor. De ese espectáculo se deriva toda una enseñanza filosófica que es y debe ser la base de toda legislacion penal. Si la fiera misma cede á los medios suaves ¿podrá sostenerse como aplicable al hombre el sistema draconiano,—el régimen de la violencia, del dolor, de la venganza, de la severidad excesiva y de las penas preventivas? No sin razon la posteridad ha considerado á Montesquieu y Buffon como apóstoles de una misma causa humanitaria;—el uno analizando el espíritu de las leyes de los hombres, y el otro investigando y revelando las leyes y las propiedades de la sociabilidad del animal.
Creo que donde quiera que un jardín Zoológico figure como ornamento de una sociedad y testimonio de las conquistas del hombre sobre la naturaleza, la moralidad recibirá un gran servicio, y la enseñanza de la beneficencia y la dulzura tendrá fecundos resultados.
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Al frente del parque del Regente, sobre la misma calle ó avenida, se encuentra un curioso edificio,—el Colosseum,—que en otro tiempo era muy concurrido y ha perdido casi toda su importancia. El cuerpo principal es una inmensa y altísima rotunda doble, de construccion muy particular, que figura como una pirámide en el centro de un globo.—La parte baja y central contiene un bazar de curiosidades para vender á los visitantes, donde hay conciertos permanentes, cosmoramas y otras diversiones instructivas. La pirámide ó el cuerpo que cubre el centro tiene una estupenda elevacion, y el visitante sube á la cima por escaleras de caracol que hacen pensar en los Titanes escalando el cielo, ó por medio de una maquinaria ingeniosa que levanta suavemente docenas de curiosos, produciendo la misma sensacion de uno de esos sueños de encantamientos en que algun poder misterioso nos lleva á las regiones aéreas.
A una altura muy considerable se detiene el visitante, sobre un balcon circular, para asistir á un admirable espectáculo de arte y perspectiva. La ciudad entera de Lóndres, tal como se la ve desde la cima exterior del Colosseum, está pintada con todos los perfiles y colores de su fisonomía y todos los cuadros que revelan su movimiento diario, sobre la concavidad de la enorme rotunda, cubierta por un techo de cristal, que rodea y abarca al cuerpo ó edificio central donde está colocado el observador. Así, recorriendo todo el balcon circular del centro, se van registrando sucesivamente todas las partes unidas que componen en un solo cuadro circular todo el inmenso panorama de Lóndres. La perspectiva es tal, que la ilusion es completa. Me creia conducido por Asmodeo en alas del viento para ir registrando el escenario entero, sin los inconvenientes de la niebla que cubre casi continuamente á Lóndres. Aquella obra colosal de pintura, quo consumió muchos años de fatigas de un artista aristocrático, aunque ha sido despues superada por trabajos mas perfectos y de otro órden, merece siempre admiracion.
Subiendo un poco mas en el edificio central, la bóveda se cierra, y afuera, sobre un balcon circular al aire libre, el espectador registra el original del cuadro interior, es decir el inmenso Lóndres, en cuyas calles hormiguean millones de hombres que parecen insectos y millares de millares de vehículos; en cuyo rio se cruzan los vapores, los navíos, los botes y las góndolas en asombrosa multitud; y de cuyos centenares de miles de chimeneas se desprenden las negras columnas de humo ó las blancas espirales de vapor que componen el manto lúgubre ó sudario que ha de envolver algunos momentos despues á la metrópoli gigantesca del comercio y la navegacion, de la industria y el movimiento, de la suprema opulencia y de la suprema degradacion y miseria…. La contemplacion de esa capital, desde tan alto observatorio, causa un vértigo semejante al que producen el movimiento y la faz del océano; y el observador que busca hechos y enseñanzas útiles no puede ménos que hacerse las mas contradictorias reflexiones acerca del modo como el bienestar se encuentra, no diré repartido, sino clasificado entre las grandes capas de la sociedad…. Lóndres es la ciudad-escuela por excelencia, porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha terrible empeñada entre la civilizacion y la barbarie, es decir: la justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria.
El Colosseum contiene otras muchas curiosidades que, en general, son muy inferiores á las de otros establecimientos mas nuevos. Su verdadera maravilla es la Gruta artificial de estalactitas, imitando la de Fingal, si no recuerdo mal. Es una admirable caverna construida con cristalizaciones y rocas porosas, larga y estrecha, iluminada de un modo fantástico que produce efectos singulares de luz y sombra, llena de infiltraciones que hacen caer las gotas de agua por entre millares de cornisas truncadas, columnas retorcidas, pedestales rotos, grietas luminosas ú oscuras, alquitraves, molduras, relieves y todos esos primores de arquitectura caprichosa que el artista invisible produce en las cavernas, las cataratas, los torrentes, etc., sin mas buril que la gota de agua cristalina, la paja ó el chorro estrepitoso, cuyo eterno curso ó golpe taladra, hiende, labra y modula todas las rocas;—imágen pintoresca del pensamiento humano obrando sobre la inmensa roca del error.
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El Museo Británico es, sin disputa, un grandioso monumento que refleja la gloria, el poder y el cosmopolitismo de la Gran Bretaña;—y, prescindiendo de su carencia de buenos cuadros de pintura y frescos, cosa general en casi todos los establecimientos públicos de Lóndres, puede decirse que no tiene rival en el mundo, bajo muchos aspectos. Si el edificio es espléndido, y el órden, la comodidad, la claridad y la clasificacion exacta reinan en todas partes, tanto en el Museo mismo como en la magnífica biblioteca anexa,—no brilla ménos el interior por la abundancia y maravillosa universalidad de las colecciones, y la perfeccion de los métodos de direccion y conservacion.
No me detendré en descripciones inútiles sobre la gran masa ó el conjunto, porque todo el mundo sabe lo que es un museo, y los libros de guias ofrecen al viajero cuantos detalles necesita. Solo citaré especialmente lo que, en mi concepto y segun las impresiones recibidas, constituye el gran mérito del Museo Británico, dándole ventaja sobre los mas afamados de Europa. Las colecciones de fósiles de toda clase, de restos de monumentos orientales, africanos, etc. (antigüedades), y de focas y toda clase de animales marinos de talla superior, me parecieron lo mas raro en ese santuario de curiosidades, magnífico en todas sus partes.
En efecto, los salones que contienen los fósiles de todas clases son de una riqueza imponderable, ofreciendo entre otros objetos los colosales esqueletos de dinoterios, megaterios, mastodontes, iguanodones y otros monstruos de la época antediluviana, en tan perfecta organizacion y conservacion, que el visitante encuentra en esas osamentas seculares la clave de la historia geológica, animal y vegetal del globo, y del progreso incesante que se ha verificado en la trasformacion y el pulimento de la materia, como base del progreso lógico é indefinido de la civilizacion. ¡Por cuántos cataclismos y fenómenos mecánicos y de electricidad, magnetismo y calor ha tenido que pasar la creacion (salida de las manos de Dios perfecta por sus fuerzas, pero perfectible en sus formas como un elemento de actividad interminable), para llegar al estado actual, que apénas es un punto en la escala infinita del desarrollo de las fuerzas creadas y modificadoras! Noble ciencia esa que se llama historia natural, que nos revela con la energía de los hechos, y no de las suposiciones metafísicas, la infinita prevision del mecánico invisible del universo en perpetua accion!
El salon de los mamíferos anfibios es admirable. Aquellos monstruos del Océano inspiran horror, por sus formas y su aspecto, y sinembargo, algunos, como las focas, ejercen, aún así disecados, no sé qué misteriosa atraccion que parece ser la simpatía de las homogeneidades. Hay algo en las formas, la fisonomía y la mirada de la foca, que ofrece la imagen brusca ó brutal de la mujer, y que hace por momentos sospechar la inteligencia escondida en el cráneo de ese animal, extraordinario por sus costumbres; noble por su tendencia á la fraternidad y su valor en la defensa de su familia. Francamente, yo desearía que muchos pueblos egoistas ó que viven despedazándose entre sí, aprendiesen un poco, en la escuela marítima de las focas, á estimarse, defenderse y vivir en la fraternidad íntima de la causa comun.
Las mas notables maravillas del Museo Británico están en los salones Egipcios, los de Nínive, Cartago, Menfis, la India, Herculano, Pompeya, etc. Allí está reunido todo lo que la civilizacion moderna ha podido recoger de mas admirable y mas curioso y característico entre los resto de la civilizacion antigua, convertida por el tiempo en escombros y cenizas. Allí la arquitectura, la escultura y otras artes semejantes reflejan vivamente (como en todo tiempo y pais) las creencias religiosas, las costumbres, las instituciones y el estado mas ó ménos primitivo y tosco, mas ó ménos refinado, del desarrollo social. El mundo moral se muestra allí en su infancia exuberante, y sin pulimento como el mundo físico. La esfinge colosal, el centauro, el buey sagrado, el animal-hombre, el monstruo humano bajo todas las formas extravagantes y brutales, cuajados de ralieves toscos, de jeroglíficos sintéticos, de signos incorrectos—están revelando una época en que todo fué gigantesco y monstruoso como el iguanodon ó el megaterio; en que todo vivia con exceso, sin los perfiles y el pulimento que el trabajo secular de la creacion ha traido lentamente para perfeccionar las cosas. Así, léjos de asombrarme la pretendida grandeza de la antigüedad egipcia ó de otras regiones, no veo en sus obras sino la demostracion de la exuberancia titánica de la barbarie, y la debilidad, que el curso de los siglos ha ido modificando con la sustitucion de la inteligencia á la fuerza,—del arte espiritualizado, al simple remedo material de las cosas,—de la fisonomia delineada y pura, á la masa enorme, fria y sin expresion.
¡Cuán grande y noble aparece la humanidad, contemplando sucesivamente, en diferentes salones del Museo, la imágen de sí misma que ella ha ido dejando trazada, siglo por siglo, en innumerables monumentos, como el testimonio elocuente de sus progresos, de su destino, de su inmortalidad, de su inteligencia y de los prodigios de su fuerza y su libertad!
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Si Westminster-Abbey y London-Tower son los monumentos de la historia, London Bridge y el Tunnel los de la industria, y el British-Museum y el Zoological y Botanical-Gardens los de la ciencia, la catedral de San Pablo es para los Ingleses el monumento de su grandeza, su religion y su orgullo, así como el Cristal-Palace lo es de su cosmopolitismo y su progreso artístico.
San Pablo, construida en mucha parte segun el modelo de la catedral de San Pedro de Roma, ocupa casi toda la superficie de una plaza en la City, dejando apénas á los cuatro lados espacio para la circulacion. Si el monumento no fuese tan imponente por su grandeza pasaría desapercibido, pues los Ingleses han tenido el mal gusto de encuadrarlo en el barrio mas complicado, irregular y agitado que tiene Lóndres, encerrándolo miserablemente en medio de negras chimeneas, fardos y almacenes. Excepto el caso de hacer una ascension en algun alto monumento cercano, es imposible ver á San Pablo en perspectiva. Hay que tomarla á quema-ropa, como quien se pone á mirar el cielo hácia el zenit.
La gran catedral de los anglicanos costó cerca de siete millones de pesos; fué construida por el famoso arquitecto Wren, en 1675, habiéndose invertido en la obra treinta y cinco años de labor. A pesar del matiz negro y sombrío que le da el humo del carbon de piedra, el edificio interesa mucho en su exterior, tanto por la belleza de su gran pórtico griego, como por el juego que hacen en un grandioso grupo sus altas y estupendas columnas, la cima triangular de la fachada, las dos hermosas torres laterales y la cúpula suntuosa que domina el centro del monumento. Sinembargo, confieso que San Pablo no me impresionó mucho por su exterior. La arquitectura del Renacimiento, así como la que imita los antiguos templos griegos, me parece demasiado clásica y fria por el exceso de compostura y simetría y la carencia de audacia. Y todavía es mucho peor esta arquitectura contemporánea, ecléctica y trivial, que parece hija del compas y la escuadra mas que de la inspiracion; que combina todos los órdenes sin respeto por la poesía del arte y las especialidades de cada estilo, haciendo del arquitecto un albañil pulido en vez de un poeta que traza sus cuadros en la piedra. Prefiero la majestad de conjunto, la audacia de ángulos, ogivas, rosetones y flechas, y el capricho romanesco y la espontaneidad fabulosa ó excéntrica, que distinguen á la arquitectura gótica, toda inspiracion y vida. Si el arte moderno no ha de hacer otra cosa que copiar, preferiría las imitaciones góticas, como expresion del sentimiento cristiano.
El interior de San Pablo sorprende mas que el exterior. Es allí donde puede apreciarse mejor la grandiosidad de la cúpula, las enormes proporciones y el estilo austero del edificio. Afuera anuncia algo del paganismo y del Partenon griego; pero al entrar, el visitante ve muy bien que ese es un templo de protestantes, libre de las serviles é impías señales de la supersticion y la idolatría. Es la catedral de un pueblo para adorar á Dios, no el santuario de un paganismo evangelizado. Como Dios es la suprema fuerza y el supremo espíritu, ningun objeto lo representa allí, puesto que el hombre no puede concebir la forma de su Creador. Todo es sencillo, severo y solemne, sin ostentacion ni espectáculos. Algunas tumbas gloriosas, como la de Nelson (todavía el mundo cree en la gloria de los grandes matadores), y las del mismo arquitecto Wren y de artistas eminentes en pintura, como Lawrence y Reynolds; algunos objetos históricos de primer órden para el orgullo de todo pueblo, como las banderas tomadas por los Ingleses, á sus enemigos,—hé ahí todo lo que adorna, con varias estatuas profanas, la catedral británica. No carece de interes esa evocacion de las batallas homicidas en un templo ofrecido al Dios de paz, de caridad y amor. ¡Mezcla de religion y de impiedad! Ese es el mundo: adoracion á Dios y guerra al hombre….
San Pablo tiene como unos 150 metros, de longitud interior, de oriente á poniente, y algo mas de 80 de anchura, de sur á norte, con una circunferencia total exterior de mas de 680 metros, y la altura máxima de 121. Si un templo tan enorme tuviese una plaza en derredor proporcionada á su tamaño, el aspecto sería admirablemente magnífico. Pero los Ingleses son legos en eso de buen gusto, y no perderían en obsequio de la hermosura y majestad de un monumento el espacio que puede servir para los almacenes y las cervecerías.
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