CAPITULO I.

EL GRAN-DUCADO DE BADEN.

De Basilea á Freiburgo.—El Rin central y sus panoramas.—Nociones importantes respecto del gran-ducado.—Costumbres alemanas.—La ciudad de Freiburgo.

Al salir de Suiza, en agosto de 1859, nos proponíamos visitar las ciudades y comarcas mas importantes de la region del Rin, á reserva de recorrer, en el año siguiente, toda la Alemania. Si bien es verdad que la Suiza alemana nos habia iniciado ya un poco, aunque muy de paso, en el conocimiento general de la índole de la fuerte y estimable raza germánica, donde quiera, al recorrer la region del Rin, debíamos encontrar diferencias muy notables en los rasgos característicos de las poblaciones. En efecto, las instituciones republicanas y realmente federativas, la influencia de la topografía y de los climas, y otras circunstancias, han modificado tan notablemente los caractéres germánicos en Suiza, que en realidad el Rin ofrece en su vasta hoya, desde la region superior hasta Basilea, el contraste de poblaciones que difieren bastante, apesar de su comunidad de orígen y de tener como lazo de union el mismo rio. Y no es ménos sensible la diferencia si se compara la region del Rin central con la del bajo Rin, comprendida esta, respecto de Alemania, entre el vértice del ángulo que describe el gran rio en Basilea, y las fronteras de Holanda.

Mas tarde pudimos ver tambien cuánto difiere la Alemania del Rin de la del resto de la pseudo-confederacion germánica, correspondiente á las hoyas del Danubio, el Elba y otros rios. Por una parte, las llanuras del Rin, mas abiertas al contacto del mundo, son mas accesibles al contagio de ciertas ideas, aspiraciones y costumbres, que las regiones montañosas del alto Danubio, del Elba central, etc. Por otra, la especialidad de tantas ciudades alemanas del Rin, como objetos de curiosidad y residencias de verano y otoño para los extranjeros; el contacto inmediato con Francia y Bélgica, que facilita y multiplica las relaciones con razas diferentes, y la circunstancia de haber sido la hoya del Rin un campo de lucha nacional, desde hace muchos siglos, entre nacionalidades tan distintas, han determinado una modificacion tan notable en el carácter de la poblacion rineana, que la Alemania parece perder allí mucho de sus rasgos característicos.

Si en toda esa region se ven á cada paso las huellas de los combatientes, en todas las ciudades se halla tambien un no sé qué de mixto en las costumbres, las instituciones y las ideas, que manifiesta al mismo tiempo la influencia del contagio frances y la del movimiento frecuente y complejo de los extranjeros de todos los países que visitan las comarcas magníficas del Rin.

Al partir de Basilea, en el extenso barrio que tiene la ciudad sobre la márgen derecha del Rin, lo primero que se ofrecia á nuestra vista era, de un lado las montañas del gran-ducado de Báden, del otro el lecho mismo del Rin, y á lo léjos las montañas francesas de las Vosgas (Vosges) corriendo paralelamente al rio, en direccion hácia Bélgica, como una especie de continuacion de la cadena del Jura. Si ese cordon de montañas francesas cerraba graciosamente el horizonte del lado occidental, el cauce del Rin, cuyo panorama abarcábamos perfectamente con la vista, á causa de la elevacion de la línea del ferrocarril, nos presentaba un vasto paisaje lleno de melancolía y vaguedad en sus accidentes y contornos.

El rio, como si quisiese cerrarle el paso á la invasion del mundo comercial hácia el corazon de la Europa, se divide, abajo de Basilea, en innumerables brazos, casi todos de muy difícil navegacion, que se juntan, se bifurcan y entrecruzan, formando un inmenso laberinto de islotes, unos desiertos y apénas medio asomando como playas, otros mas determinados y cubiertos de gramíneas, otros pantanosos y dislocados, y otros en fin revestidos de caprichosos bosquecillos de sauces que inclinan su pálido y triste follaje sobre las ondas lentas y vagarosas del rio, salpicadas de estacadas que indican los altos y bajos del lecho para mostrarle al navegante la vía que debe seguir.

Hácia el oriente, el vasto panorama de la Floresta-Negra (Schwarzwald) se desarrolla en numerosos grupos y anfiteatros enlazados, lleno de majestad en unas partes, de capricho y gracia en otras. Así como el ferrocarril frances gira sobre la izquierda del Rin, por el pié de los Vosgas, desde Basilea hasta Estrasburgo, el ferrocarril aleman, que ha descendido hasta Basilea desde la region del lago de Constanza, sigue surcando el valle del Rin, entre su márgen derecha y las montañas de la Floresta-Negra, en direccion á Carlsruhe, Francfort, etc. Donde quiera, en el trayecto que média entre Basilea y el valle de Báden-Báden, la llanura es unida y tersa, variando mucho en anchura, y ofrece á las miradas del viajero un conjunto de magníficos paisajes. En el fondo de la llanura, ricas y graciosas plantaciones por todas partes (principalmente de trigos, lino, cáñamo, tabaco y papas) manifestando un cultivo muy adelantado y cuidadoso, debido en gran parte á la gran division de la propiedad territorial y á la influencia de las instituciones liberales del país. De trecho en trecho, particularmente del lado de las montañas, aparecen graciosas villas y aldeas, ó del lado del Rin se muestran algunos bosques, mantenidos con esmero.

Despues de desplegar en la llanura sus variados matices, el terreno trepa en ondulosos planos inclinados, cubiertos de viñedos escalonados con regularidad, hasta la altura de algunos cordones ó grupos de colinas que son como los escabeles de la Floresta-Negra. Sobre esas primeras alturas veíamos descollar, románticas y solitarias, las ruinas de numerosos castillos feudales (la mayor parte destruidos en las guerras de Luis XIV y Napoleon) tales como los de Báden-weiler, Hochburg y Hohengeroldseck, algunas de aspecto muy imponente y singular. Por último, el horizonte quedaba limitado por la cadena misma de la Floresta-Negra, vasta y complicada formacion de montañas cuya elevacion no excede de 1,550 metros sobre el nivel del mar, que deben su nombre á la tinta oscura y unida de sus interminables bosques de pinos, abetos, hayas y encinas; montañas entrecortadas por una multitud de vallecitos encantadores, en cuyo fondo demora una poblacion de mas de 300,000 habitantes (en la parte badense), original por sus costumbres y su tipo, notablemente rústica y poética, y consagrada principalmente á la pequeña agricultura, la industria pecuaria y el corte de maderas.

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El gran-ducado de Báden, cuya constitucion data de 1805, es el mas occidental, el mas variado por su territorio, el mas nuevo y el mas liberal por sus instituciones entre todos los Estados secundarios de la Confederacion germánica, en la cual tiene el 7º rango de cancillería y de contingentes. El territorio de Báden, teniendo su extremo superior en la ribera setentrional del lago de Constanza y el inferior abajo de la confluencia del Nékar con el Rin, ocupa el espacio comprendido entre el ángulo del gran rio, trazado de Constanza á Mannheim y que tiene su vértice en Basilea,—tocando en el interior á las fronteras de Wurtemberg, Baviera y el gran-ducado de Hesse-Darmstad. Con excepcion de la angosta faja de llanuras que gira por la márgen derecha del Rin, el territorio badense se compone, pues, de montañas bajas (la Floresta-Negra y las que hácia el norte la continúan) entrecortadas por un interesante sistema de pequeños valles y alti-planicies. De un lado, las aguas badenses vierten hácia el Rin, principalmente por el Nékar y el Kinzig; del otro, tienden hácia la hoya del Danubio, que tiene su orígen en el corazón del gran-ducado.

La variedad que tiene ese doble sistema hidrográfico y el de las montañas, determina tambien, naturalmente, una gran variedad en las producciones del suelo y las condiciones de la vida social. Así, en la region montañosa, que es la mas extensa, se hallan los interminables bosques de abetos, pinos, encinas, etc., que dan lugar á una activa y valiosa explotacion de maderas, destinadas á construcciones de todo género en Bélgica, Holanda, etc. En el seno de esas mismas montañas la minería tiene su parte de importancia, y los aserríos de maderas pululan á orillas de los torrentes. En las numerosas alti planicies, las praderas están cubiertas de ganados diversos; miéntras que mas abajo, en el fondo de los vallecitos, florecen los árboles frutales en grande abundancia y medra el cultivo de las legumbres y los cereales. Mas abajo aún, sobre los planos inclinados que descienden hácia las llanuras, y en la márgen del Rin y las del Nékar y demas afluentes, las viñas abarcan grandes extensiones y producen excelentes vinos de valor muy considerable. Luego prospera en esas llanuras el cultivo de las plantas ya indicadas,—cultivo que hace mucho honor al país. Por último, en las ciudades principales están concentradas la fabricacion y las mas nobles manifestaciones del arte y de la inteligencia, como se ve en Heidelberg, ciudad tan célebre por su Universidad como interesante por sus monumentos ú objetos materiales.

Si la navegacion de los rios y las numerosos y excelentes carreteras interiores facilitan las comunicaciones, el Gobierno, sinceramente preocupado con el interes público, ha costeado ferrocarriles que ligan el país con las vias férreas de todos los Estados vecinos. La tarifa oficial de esos ferrocarriles es moderada, sobre todo en los meses de invierno, en que el número de extranjeros es relativamente muy reducido. Asi, esas empresas tienen el carácter de obras destinadas al servicio de los ciudadanos principalmente, y no figuran como especulaciones del Gobierno.

La poblacion badense, ocupando un territorio de cerca de 15,000 kilómetros cuadrados y distribuida en 1,595 municipios ó parroquias, ascendia en 1849 al total de 1,362,774 habitantes, y en 1858, á causa de las emigraciones, ha bajado á 1,357,200. La raza, casi en su totalidad, es alemana pura. Aparte de unos 25,000 israelitas y poco mas de 2,000 disidentes de varias sectas, la masa de la poblacion se compone de católicos, luteranos y calvinistas, en número muy desigual, puesto que los primeros eran en 1858 unos 900,000, los protestantes 435,000, y los israelitas y disidentes componian el resto. Pero esa diversidad de religiones tiene su contrapeso en la tolerancia y la libertad; pues aunque la religion cristiana figura como la del Estado, teniendo cada una de las dos grandes iglesias (católicos y protestantes-unidos) su organizacion propia, los judíos son tolerados y considerados, si bien, por una deplorable anomalía, se les excluia (hasta 1861) de los puestos públicos y del sufragio. Es digno de notar, como prueba del espíritu de independencia que predomina en el país en materia de religion, que recientemente la Cámara electiva del Estado rechazó, por una gran mayoría de votos, un concordato que el Gobierno habia celebrado con la corte romana, que admitia en los negocios eclesiásticos del país una intervencion excesiva de parte de la autoridad romana y sus obispos. Esa conducta de la Cámara badense dió lugar á un feliz cambio de política y sirvió de ejemplo saludable. Hoy el gran-ducado figura en primera línea entre los Estados liberales de Alemania, y en Wurtemberg y otros Estados se han comenzado á manifestar enérgicas tendencias en favor de la igualdad y libertad religiosa y la consiguiente emancipacion de los israelitas.

El gran-ducado de Báden, como he dicho, es uno de los mas liberales de la Confederacion alemana, y por consecuencia natural, uno de los mas ilustrados, industriosos y estimables. A virtud de la Carta constitucional de 1818 (sin igual en Alemania por su liberalismo) los ciudadanos son todos iguales ante la ley,—es decir ante la escuela, el cuartel, el impuesto, los tribunales, etc.,—y gozan de las mas importantes libertades que un pueblo puede apetecer. La prensa, sobre todo, y la tribuna pública, tienen garantías sólidas. La pena de muerte no existe en el país; el régimen civil y penal es bastante sencillo y filosófico; y en las costumbres oficiales se nota una simplicidad, una modestia que cuadra muy bien con las costumbres privadas de los Alemanes.

El gran-duque, cuya autoridad es hereditaria, tiene el rango de príncipe real, y su poder, meramente reinante ó de representacion, está temperado por las libertades constitucionales, la responsabilidad del gobierno y el régimen representativo. Es inútil entrar en pormenores respecto de la organizacion de las Cámaras y los demas poderes públicos, puesto que todo está dicho con indicar la índole del gobierno, que sigue las reglas de toda monarquía constitucional. Solamente me detendré á indicar algunos rasgos particulares que dan idea del carácter general del gran-ducado.

El sistema de imposicion está muy léjos de ser sencillo, puesto que en él figuran las contribuciones directas é indirectas de todo género y aun uno ó dos monopolios; pero como reposa en el principio de la igualdad, y como el gobierno es modesto en sus gastos, es casi constante la feliz circunstancia de un exceso de rentas sobre el monto anual de los gastos públicos.

Sea porque el carácter aleman exíja la sencillez en todo, sea por la influencia que ejerce la grande afluencia de extranjeros, ó por virtud de las instituciones, en el gran-ducado de Báden la autoridad «no brilla en los lugares públicos sino por su ausencia.» En las grandes concurrencias de todo género el órden se mantiene sin necesidad de que los gendarmas ostenten su intervencion; jamas se ve un uniforme entre los funcionarios de la policía; y aunque el Estado tiene su pequeño ejército permanente y su milicia popular, no se sabe, al recorrer las calles de las ciudades, dónde se encuentran los soldados.

La instruccion pública tiene un desarrollo extraordinario en Báden, porque la autoridad y los ciudadanos le consagran los cuidados mas asiduos. Allí la ley declara obligatoria la asistencia á las escuelas primarias durante cierto tiempo, y cada comunion religiosa tiene un número muy considerable de establecimientos de ese género. No hay aldea, por reducida que sea, que no mantenga sus escuelas primarias bien servidas, y en todas partes se atiende tambien á las dominicales. Baste decir que constantemente concurre á las escuelas un número de alumnos equivalente á poco ménos de la sexta parte de la poblacion total. Si se tiene en cuenta que, dividida la edad del hombre (calculada en 48 años) en seis períodos de á ocho años, solo una sexta parte de la poblacion corresponde á la edad escolar (de los 8 á los 16 años), se comprenderá que en el gran-ducado de Báden reciben instruccion popular casi todos los que la necesitan. Esto es bello y muy honroso para ese pueblo. ¿El régimen de la instruccion obligatoria es bueno ó malo? Los publicistas no han podido ponerse de acuerdo todavía respecto de esa gran cuestion, aunque los hechos parecen favorecer la opinion que prevalece en Báden, en Suiza y otros países. Sinembargo, es fuerza reconocer que hasta ahora no se ha ensayado el sistema mixto que puede convenir mas: el de la libertad unida al estímulo;—régimen reducido á estos principios: que el Estado ó el municipio busque al ignorante, donde quiera que se halle, y le ofrezca los medios de instruirse; que el ignorante sea libre de aceptar ó no la enseñanza que se le ofrece, y todo el mundo libre de enseñar ó aprender privada ó públicamente, sin reglamentos de la autoridad; pero que la ley le niegue al ignorante el derecho de intervenir en la direccion de los negocios públicos, puesto que la sociedad tiene el derecho de ser bien gobernada.

Añadiré, en prueba del interes que en Báden se tiene por la instruccion pública, sobre la base de la igualdad de religiones, que el gran-ducado mantiene dos importantes universidades: la de Freiburgo, centro de la enseñanza superior católica, y la de Heidelberg, que corresponde á los protestantes. Son notables tambien las excelentes bibliotecas del gran-ducado, establecidas en Freiburgo, Heidelberg, Carlsruhe, Mannheim y Donaueschingen, que contienen un total de cerca de 600,000 volúmenes, con numerosos manuscritos de gran valor.

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Casi hácia la mitad de la desigual llanura que media entre Basilea y Kehl, demora la antigua ciudad de Freiburgo, al pié de algunos contrafuertes de la Floresta-Negra, y en la confluencia de dos lindos vallecitos que desembocan sobre la llanura y cuyas aguas forman el riachuelo llamado Dreisam. El paisaje es vasto, variado y realmente bello, por el juego que hacen en el panorama las montañas, los planos inclinados, los risueños vallecitos, la limpia y verde llanura y la masa de la ciudad, sobre la cual descuella la admirable torre de su preciosa catedral.

El hotel donde nos hospedamos, situado á poca distancia de la estacion del ferrocarril, se hallaba á un kilómetro de la ciudad, al extremo de una hermosa alameda que sirve en los domingos de paseo favorito. Allí fuímos testigos de una escena de costumbres alemanas, que despues vímos repetirse en toda la Alemania. Nos pareció característica, y por eso quiero describirla brevemente.

Delante del hotel se desarrollaba un inmenso patio, abierto por tres lados apénas, cercado por bajos setos de arbustos y perfectamente sombreado por unos treinta ó mas árboles corpulentos. Debajo de aquel vasto pabellon de verdura se destacaban numerosas mesas de diversos tamaños, unas rústicas y extensas, rodeadas de bancos análogos, y otras algo más decentes y pequeñitas, honradas con una cohorte de silletas. En una de las pequeñitas hicimos servir nuestra comida, aprovechándonos del sans façon que reinaba entre los numerosos grupos del patio.

Hacia ya mas de dos horas que habíamos visto á muchas familias instaladas al derredor de las mesas, formando grupos de una simplicidad patriarcal, por sus vestidos modestos, su conversacion animada y enteramente familiar y su aire de dulzura y bienaventuranza. Pero ninguno de esos grupos mostraba la menor intencion de abandonar el campo. Al contrario, á cada momento llegaban otros, siempre en familia,—los maridos de bracero con sus esposas, los jóvenes solteros con sus hermanas, amigas ó prometidas,—todas joviales, afables, repartiendo saludos á derecha é izquierda y besándose con tal entusiasmo que la cosa parecia un fuego graneado, por pelotones y en guerrilla. Si los bancos ó silletas estaban ocupados, nunca faltaba lugar para los que iban llegando; los cumplimientos y saludos llovian, todo el mundo se acomodaba como podia, y las familias fraternizaban en derredor de una mesa comun.

Al aplicarse la granizada de besos, saludos y apretones de manos, todos los recien llegados llamaban á los sirvientes por medio de signos convencionales. Los mozos del hotel corrian á servir y casi no necesitaban que se les pidiese lo que habian de llevar. El refrigerio habitual era sencillo: pan á discrecion, cerveza y pipas para fumar; y digo pipas, porque el tabaco hace parte integrante en Alemania del régimen de alimentacion. En el centro de cada mesa depositaba el sirviente un monumento de pan ordinario, y delante de cada persona,—vieja ó jóven, masculina ó femenina,—un enorme jarro de peltre con su tapa adherida, lleno de cerveza, el licor nacional, no obstante la abundancia de vinos en el sur, el centro y el occidente de Alemania.

Entónces todo el mundo arremetia con franqueza, y en breve desaparecia el monumento de pan. Cada cual saboreaba con deleite su licor fermentado;—las señoritas y matronas candorosamente, y los hombres acompañando cada libacion con una aspiracion del cigarro ó la pipa y una bocanada de humo espeso y desagradable, tal como lo produce el detestable tabaco que se cultiva en Alemania. A veces dos amigas ó amigos, ó dos cónyuges, bebian en el mismo jarro, alternando con una regularidad matemática. Pero qué algarabía! Todos hablaban á un tiempo, sin tregua ni descanso, en voz alta, con franqueza ruda, cordial y candorosa, y con una rapidez particular, propia de una lengua de palabras compuestas en que cada silaba equivale casi á una palabra de los idiomas latinos, como la palabra misma puede contener toda una frase. Siempre me han llamado mucho la atencion el estrépito de las conversaciones alemanas y la extraordinaria facilidad con que, al juntarse dos ó mas desconocidos, entablan diálogo inmediatamente, como si fuesen viejos amigos. Esa observacion que he hecho en toda la Alemania prueba que en la raza de ese noble país son característicos el candor, la sencillez, la cordialidad, y un espíritu de familia que es el secreto de la unidad moral de ese pueblo despedazado por treinta y tres gobiernos sin armonía ni espíritu de fraternidad.

Volviendo á nuestro gran patio, cuyas escenas observábamos muy atentamente, la atmósfera quedó muy en breve oscurecida por el humo, bajo la sombra de los árboles. La sociedad, según los temperamentos, se clasificó en dos categorías: los comunicativos, y los somnámbulos ó soñadores. Donde quiera que habia mujeres, familias, se charlaba y hacia ruido sin descanso. Donde los grupos eran reducidos y puramente masculinos, los miembros soñaban despiertos: guardaban silencio, que no interrumpan sino de tiempo en tiempo con alguna exclamacion breve: «¡Oh! ¡Ya! », como arrancada mas bien por algun interlocutor imaginario que por los verdaderos; y, embelesados con las espirales de humo de sus pipas, no bajaban á ratos del mundo de los ensueños sino para probar de nuevo la cerveza. ¿En qué pensaban ó con qué soñaban esos graves alemanes? Acaso alguno de ellos, patriota generoso ó gran filántropo, veia al traves de las espirales de humo el Parlamento y la Flota de Alemania, como símbolos de unidad, ó contemplaba á la humanidad redimida y feliz. Talvez otro, inclinado á las investigaciones arqueológicas y eruditas, ó á las especulaciones de la filosofía, se recreaba con la vista imaginaria de algun ladrillo descubierto en las ruinas de Pompeya, ó descifraba un jeroglífico, ó anotaba uno de esos libros preciosos llamados incunables, ó meditaba en los grandes problemas sobre el sér objetivo y los misterios de la Creacion. Quizás combinaba algun sistema todavía nebuloso, ó viajaba moralmente en busca de las fuentes del Nilo, ó calculaba las ventajas que, como futuro inmigrante, podia ofrecerle California, Australia ó la region del Plata.

Terminaré esta incorrecta descripcion recordando un rasgo curioso. El mozo que nos sirvió la comida se mostraba muy admirado, aturdido de nuestra frugalidad, y esto que comímos con gana. Él no comprendia que dos racionales pudiesen comerse apénas la tercera parte de cada porcion servida, quedando satisfechos, ni beberse tan solo una miserable botellita de vino. Los Alemanes, como que son generalmente curiosos, nos miraban con amable extrañeza, á causa de nuestro tipo diferente del suyo, y hacian comentarios sobre nuestra sobriedad, segun nos dijo el sirviente. Despues, en toda la Alemania, tuvimos cien ocasiones de percibir la singular pero inocente glotonería de los Alemanes. Acaso ese defecto no merece reproche, por ser una necesidad del clima ó de las razas setentrionales de Europa, á que no estamos sujetos los hijos de la zona intertropical, en gran parte nutridos por el sol.

La ciudad de Freiburgo, que cuenta poco mas de 16,000 habitantes, es curiosa por muchos motivos y muy interesante como centro de la poblacion católica de Báden. No me detendré á hablar de todas sus curiosidades, porque mi objeto no es escribir un guia de viaje, sino recordar impresiones generales. La estructura de Freiburgo es original, y donde quiera el aspecto de las calles y de las construcciones hace recordar las tradiciones de la edad média; así como la fisonomía de los campesinos que descienden de la Floresta-Negra á la ciudad, en las plazas de mercado, indica la originalidad simpática de la poblacion que vive en las montañas.

Lo que mas llama la atencion en Freiburgo es, la admirable catedral, que es su joya, y la colina llamada SchlossbergMonte-del-Castillo), que ofrece un punto de vista primoroso. La catedral (ó Munster) no tiene rival en Alemania, entre todas las de estilo gótico que han sido terminadas. Aislada como está en el centro de una plaza, al contemplar su masa imponente no se sabe qué admirar mas, si la ligereza y elegancia de sus formas, el atrevimiento de su magnífica torre, ó la imponderable finura y el exquisito gusto de sus adornos ó esculturas, particularmente en el portal principal que sostiene la base delantera de la torre. El edificio entero es de piedra ó gres rojo, lo que le da una tinta singular, en contraste con las manchas negruzcas que el tiempo ha dejado sobre todos los muros y la torre. Ese soberbio monumento, cuyo arquitecto es desconocido, ó muy controvertido por los anticuarios, fué construido de 1122 á 1513. Si el interior es muy interesante por sus grandiosas naves, sus capillas, ornamentos y mil curiosidades artísticas, el exterior asombra y encanta por las superiores estatuas y los complicados adornos del portal, de carácter muy complejo, la originalidad de las figuras alegóricas que se destacan en la base de la techumbre, y las formas singularmente atrevidas de la torre calada. El edificio mide en su totalidad 320 piés de longitud y 94 de anchura, y la torre alcanza la elevacion de 385.

Es profunda la emocion que se siente, en la parte superior de la torre, bajo aquella mole de piedra, que pudiera llamarse trasparente, puesto que desde el fondo del piso se alcanza á registrar con la mirada la vasta campaña de Freiburgo, al traves de los espacios que el arquitecto dejó entre las cintas de gres que, formando como un encaje colosal de filigrana, se reunen en la cúspide, presentando al soplo de los huracanes la construccion mas frágil y delicada en apariencia.

La colina ó eminencia de Schlossberg, cubierta de viñedos en su base y de graciosos bosquecillos en la parte superior, se encuentra en uno de los extremos de la ciudad, sirviendo de límite al pintoresco y fértil vallecito del Dreisam, y es uno de los paseos mas frecuentados por los freiburgueses. El camino trepa la montaña, caracoleando por entre los viñedos y pabellones de verdura, y desde el punto culminante, sobre las ruinas del antiguo Castillo, se puede contemplar uno de los mas bellos panoramas de Alemania.

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