XIII.

Sí, fuí a su lecho...

¡Pero para recojer su último suspiro!

—Doctor, me dijo, estoi buena. Me habeis vuelto la razon, pero para morir. Me siento morir... No con el corazon desgarrado por las balas, como él. ¡El mio está sano para consagrarle su último suspiro!... ¡Dios bendiga a mis hijos! Dios los salve de la infamia, que es la locura de los cuerdos...

Su voz se apagó. Su busto cayó dulcemente sobre el lecho. Era un cadáver...