XII.

Me fué imposible contenerla. Su narracion nerviosa, intermitente, violenta, no me daba lugar. La impresion misma que me causaba, me impedia dominar el caso: la sensibilidad triunfaba de la ciencia. Yo no era médico en aquel instante. Su delirio la abatió, i a mí me despertó. Pero todo fué inútil, ineficaz, en aquel momento de crisis. La fiebre ha sobrevenido. El letargo cerebral ha dominado. ¡Ah! ¡si él bastara a restablecer el organismo! La reaccion suele restablecer las funciones... Pero la debilidad, la atonía...

¡Oh! no, ella despierta, se incorpora, se sienta, su mirada no está turbada. Voi, amiga mia...