I.
Barcelona y Valencia son dos hermanas;
y reclinadas ambas del mar á orillas
como dos garzas blancas, son dos sultanas
que tremolan bandera de soberanas
sobre ricas ciudades y alegres villas.
Yo soy huésped en ambas bien recibido;
y en las villas que de ambas son comarcanas,
voy y vengo á mi antojo, paso ó resido:
y dó quier, campesinas ó ciudadanas,
á mí, poeta viejo de las Castillas,
al par Barcelonesas y Valencianas,
desde las pobres huérfanas á las pubillas,
me reciben alegres y oyen ufanas
mis romancejos godos y mis coplillas,
que son mitad muzárabes, mitad cristianas:
y desde las más cándidas y más sencillas
payesas á las damas más cortesanas,
donde á cantar me paro, niñas y ancianas,
oyendo de mis cuentos las maravillas
sonríen al poeta y honran sus canas.
Así que en Barcelona como en Valencia,
dó quier que me preguntan «y tú ¿quién eres?»
digo con ciertos humos de impertinencia:
«Soy el viejo poeta de las mujeres.»
Pero en conciencia,
¿Qué soy de Barcelona? ¿Qué de Valencia?