V.

Valencia, más hermosa, más cortesana,

es más jóven, más libre, más Moslemina;

Barcelona es más hosca, ménos galana,

más morena, más séria, más Bizantina:

aquélla más coqueta, y ésta más llana.

Valencia afecta á veces ser campesina,

mas bravéa con humos de soberana:

y es una rubia y grácil hurí-cristiana,

que viste por capricho de tunecina.

Valencia dice á todos que es hortelana,

y es una neerlandesa pálida ondina

que duerme en una rica concha perlina;

y del mar en la espuma blanca y liviana

canta á la arrebolada luz matutina,

vestida por capricho de valenciana.

Barcelona es el cráter donde fermenta,

con el hierro fundido y el tufo denso,

el espíritu hermano de la tormenta

que se pasea, de ellas sin tener cuenta,

sobre el móvil abismo del mar inmenso.

Valencia es la Hada núbil de la alegría

que respira de rosa y ámbar esencia;

la Vénus Afroditis del Mediodía,

de quien ver deja ignuda la gallardía

de un pudor algo moro la transparencia.

Barcelona es Minerva ya desarmada;

cuyo manto, que lame la mar bravía

salpicando de perlas su orla murada,

lleva en lugar de armiños y pedrería

la greca de su vuelo y cáuda bordada

con rieles y máquinas de ferrovía,

con espolones, hélices y anclas de Armada.

Valencia, alméa grácil y encantadora,

trova, canta, recita, danza y se espresa

en voz, accion y gracia tan seductora,

que atrae, fascina, embriaga, turba, embelesa,

magnetiza, avasalla, rinde, enamora,

y en tierra con las almas da por sorpresa.

Barcelona, valiente, ruda payesa

con timbres y con fueros de gran señora,

labra, teje, cultiva, destila, pesa,

funde, lima, taladra, cincela y dora;

y ejemplar solo de alta noble condesa

con corazon de obrera trabajadora,

con el trabajo nunca de latir cesa:

y apresurada siempre trás árdua empresa,

hierve como encendida locomotora:

cuando se mueve, asombra; cuando anda, pesa:

respira fuego y humo cual los volcanes,

y estremece la tierra, como si dentro

de ella fuera la raza de los titanes

queriendo de la tierra cambiar el centro.