IV.

Valencia es la florida puerta del cielo,

el balcon por donde abre la aurora el dia:

Dios por él de la España bendice el suelo

y la salud, la gracia y el sol la envia.

Valencia es un florido pensil modelo,

mansion de los deleites y la alegría,

á quien sirve de cerca, de espejo y velo,

á sus plantas echada, la mar bravía.

Valencia está debajo del paraíso;

y cuando Dios le priva de su presencia,

por el balcon del alba, sin su permiso,

los ángeles se asoman á ver Valencia.

Valencia es alkatifa de cien colores

de Dios tendida para una audiencia,

donde del cielo los moradores

de Dios derraman en la presencia

ramos de flores,

pomos de esencia:

eso, señores,

eso es Valencia.

Mas Barcelona.....

Barcelona es la reina del mar Tyrreno,

cuyas ondas azules cubre de lona;

y á los hijos activos que da su seno

la posesion del mundo dar ambiciona.

Barcelona es un águila de vuelo altivo,

fénix que, renaciendo de sus cenizas,

torna jardin su suelo duro al cultivo

y en palacios sus viejas casas pajizas.

Barcelona, á quien nutre vital esceso,

late con los volantes de sus talleres,

se remonta en las alas de su progreso,

brilla con la hermosura de sus mujeres:

y cuando Dios se ausenta del paraíso

y duerme Barcelona de noche, al peso

del trabajo rendida, sin su permiso

baja un ángel por todos á darla un beso.

Porque del cielo los moradores,

miéntras los mundos Dios inspecciona,

al noble pueblo que en sí amontona

turbas de pobres trabajadores,

cuyo trabajo con Dios le abona,

como á una vírgen limpia de amores

cuya alma el cuerpo casto abandona,

del huerto Edénico

con lauro y flores

tejen los ángeles

una corona:

y esa, señores,

cae de sus manos

en Barcelona.