CHAPTER XXIII
CAPÍTULO XXIII.
La provincia de Tayabas en general.—Su descubrimiento.—Su situación.—Creación del obispado de Nueva Cáceres.—Un obispo en el año 1600 y otro en el 1875.—Fray Francisco Gainza.—D. Simón Álvarez.—Padrones de 1754, 1831, 1836 y 1875.—Aumento de población y de riqueza.—Montes y vegas.—Aceite de coco.—Caza mayor y menor.—El tabon.—Hierbas y flores olorosas.—Frutos, hortalizas, granos, resinas y caldos.—Minas.—El tayabense psicológicamente considerado.—Costumbres antiguas de los tagalos.—La última cuartilla.—Adiós á Tayabas.—Últimos contornos del Banajao.—La cuna de un hijo.—Confianza en la caridad de Filipinas.
Para terminar este libro vamos á ver en unas cuantas páginas la provincia de Tayabas en general, ya que hemos recorrido uno á uno todos sus pueblos.
Dicha provincia fué descubierta por Juan de Salcedo al ir en busca de los renombrados veneros de oro de Camarines.
Se halla, según el Padre Buceta, entre los 125° 56' longitud, donde se alza el Malarauat, á los 126° 24' situación de la Punta Pusgo, en el seno de Guinayangan, punto el más oriental de la provincia, y entre los 13° 20' latitud, situación de Cabeza Bondo y 14° 22' extremo Norte de la isla Calbalete.
La provincia de Tayabas pertenece en lo eclesiástico al obispado de Nueva Cáceres. Este se creó el año 1595, por bula de Clemente VII, con la asignación de 4.000 pesos. El primer nombramiento que se hizo para ocupar dicha silla apostólica, recayó en Fray Francisco Ortega, de la orden de San Agustín, quien fué electo el año 1600, no llegando á posesionarse. En la actualidad gobierna la diócesis el Excmo. Sr. Fray Francisco Gainza, de la orden de Santo Domingo. Lo que este activo y virtuoso Prelado ha hecho y viene haciendo en su obispado, escrito está en las múltiples y variadas obras en que ha empleado sus conocimientos, su constancia, su hacienda y su salud.
El primer Gobernador con nombramiento Real que tuvo la provincia fué
D. Simón Álvarez mandándola desde el año 1651 al 1655.
Los padrones completos más antiguos que hemos podido encontrar, datan del año 1754, y según aquellos, formados por el Gobernador Rodríguez Morales, la provincia de Tayabas constaba de los siguientes pueblos con el número expresivo de almas.
Tayabas ………………………… 3.579
Lucban …………………………. 5.109
Mauban …………………………. 2.236
Atimonan ……………………….. 1.455
Gumaca …………………………. 1.874
Guinayangan …………………….. 1.073
Obuyon …………………………. 729
Catanauan ………………………. 690
Mayobog ………………………… 654
Pagbilao ……………………….. 435
Sariaya ………………………… 1.239
Tiaong …………………………. 1.436
Polillo ………………………… 310
Baler ………………………….. 168
Cariguran ………………………. 125
Binangonan ……………………… 364
Cuyas cifras forman un total de 21.476 almas.
Según los padrones hechos por D. Salvador Baquero el año 1831 tenía la provincia 59.433 almas, las que subieron al número de 70.555 en el año 1836, según puede verse en los padrones, elevados al Gobierno general en dicha fecha por D. Isidro Vital.
La estadística de la provincia dió el siguiente resultado el año 1875.
Pueblos………………………….. 18
Barrios………………………….. 598
Cabecerías……………………….. 579
Almas……………………………. 102.165
Tributos…………………………. 54.284
Defunciones………………………. 3.353
Casamientos………………………. 1.171
Bautizos…………………………. 4.022
Chinos empadronados……………….. 220
Europeos radicados………………… 14
Licencias para cortes de maderas
concedidas durante el año ……….. 61
Idem para uso de armas…………….. 16
Cuadrilleros……………………… 684
Mozos sorteados…………………… 5.013
Soldados que se sacaron……………. 85
Vacunados………………………… 4.211
Gasto total de personal y material de
escuelas……………………Pesos. 4.145
Presupuesto total de gastos ……….. 24.023
Gastado …………………………. 13.243
Ingreso en capítulo de Gobierno ……. 26.257
Importe de las penúltimas contratas … 24.741
Idem id. de las últimas …………… 34.324
Sacado del presupuesto de gastos para
el mantenimiento de la cárcel ……. 2.072
Causas criminales que se numeraron en
el Juzgado …………………….. 136
El aumento de población de esta provincia ha sido verdaderamente asombroso; en poco más de un siglo vemos quintuplicar el número de sus almas. El vecindario que tenía la provincia el año 1754 lo cuenta hoy con exceso la cabecera. Si el aumento de población ha sido grandísimo, el fomento de productos y riqueza no lo ha sido menos, constituyendo aquella demarcación una verdadera y legítima esperanza, no solo por lo que produce, sino por lo que está llamada á producir.
Sus montes son una mina inagotable, principiada á explotar con la activa é inteligente inspección de los ingenieros que velan por el mejor aprovechamiento de la riqueza forestal de estas islas.
En los bosques de Tayabas hay tanta y tal variedad de maderas, que podrían dar abasto por mucho tiempo á todas las necesidades del comercio.
La colección que la Inspección de montes mandó á la Exposición de
Filadelfia ascendía á 281 especies.
La superficie total de hectáreas de la provincia de Tayabas, según los estudios hechos por el Cuerpo de Montes, que tenemos á la vista, asciende á 562.492, siendo forestales 380.000.
En el año económico de 1872 á 73, se concedieron 34 licencias para el corte de maderas en los montes de Tayabas, cortes que produjeron al Estado 83.865 pesetas. Lo producido en los años económicos de 1873 á 74, y de 1874 á 75 no lo conocemos, si bien ha de haber aumentado considerablemente, si se tiene en cuenta que solo en el año 1875 se concedieron 61 licencias, es decir, 27 más que el año 1872.
Si riqueza hay en los montes, no la hay menos en sus dilatados manchones de vegas y cañadas. Solo en los verdes campos que comprende el perímetro que forma Mulanay con San Narciso y Cabeza Bondoc, pueden alimentar muchos miles de reses.
La gran profusión de aguas hace que las cosechas de arroz, cultivadas por el sistema de escalonados tubiganes, sean más productivas.
Las plantaciones de coco aumentan de día en día, siendo esta palma una de las más legítimas riquezas de la provincia. El aceite de Tayabas se confunde con el de la Laguna y se da al comercio con este nombre.
Tanto en las quebradas de sus montes como en las florestas de sus valles, se cría en abundancia caza mayor y menor, figurando en la primera el carabao cimarrón, el venado y el jabalí; en la segunda, hay una gran variedad de pájaros, siendo de notar la gran colección de palomas. El tabon, ave muy digna de estudio por la manera que tiene de incubar sus huevos, enterrándolos, se halla en bastante número en Tayabas.
En flores y hierbas olorosas nada tiene que envidiar á otras provincias, viéndose por doquier el tornasol, la rosa de Alejandría, el camantigue, la sampaca, el campupot, la gumamela, el ilang-ilang, el calachuche, los lirios, las azucenas, las saguilalas, el romero, la salvia, el pandacaque, la albahaca, el hagonoy, la hierba-luisa, el lagundi, la pasionaria y la siempre-viva; hierbas y flores que crecen sin que mano amiga las cuide, riegue y desbroce. Si la inclemencia del campo ó el agrietado muro se convirtiera en la resguardada maceta ó el vigilado arriete, ¡qué combinaciones tan bellas y tan variadas produciría la floricultura de este país!
En frutas también hay gran diversidad, y si no las tiene en hortalizas, es porque no se siembran, y decimos esto al ver los magníficos resultados que han dado algunos ensayos.
Café, cacao, lumban, bongas y trigo se cosechan en bastante cantidad. Resinas y caldos se extraen de valiosa calidad, siendo inmejorables las ceras, las breas y los aguardientes de coco y de nipa.
Al hablar de Lucban ya dimos á conocer el arte y la industria de aquel pueblo.
En minas son de citar: la de carbón, sita en el término de Gumaca, á la confluencia del río Carlati; la de cobre, en el sitio de Lambo-lambo, jurisdicción de Calilayan; la de oro y cobre, registrada en Colon-colon, termino de Atimonan; la de carbón, en los montes de Ayquirín; la de oro en Sangirín; la de carbón de isla Pulon y la de este último mineral del barrio de Bocboc, orilla del río de Pitogo, divisoria y término de Gumaca.
A grandes rasgos ya hemos visto lo que es materialmente hablando la provincia; digamos algo en general de la moral de sus habitantes.
El tayabense tiene orgullo en decir ha nacido en aquella provincia, y lo tiene más por la circunscripción que rodea la pila bautismal que le dió nombre.
Las imágenes que guardan en el hogar, en áureas urnas ó trasparentes fanales, las defenderían en un momento de peligro, con la misma bravura que los romanos defendían sus dioses penates.
Para el tayabense no hay más cielo, más suelo, ni más techo que el suyo. Intentar la más pequeña intrusión en su provincialismo y lo veréis agruparse y fundirse en su idea marchando á su objeto, cueste lo que cueste, y caiga el que cayere. Ni el tiempo, ni el arraigo, ni los lazos del parentesco, ni los del amor dan carta de naturaleza en Tayabas. Para ser tayabense es preciso haber nacido allí, y todos los que no estén en ese caso son conceptuados como extranjeros. Esto que hemos tenido ocasión de observarlo muchas veces, cuando más se acentúa es al aproximarse las elecciones municipales. Desgraciado del que intente ocupar un puesto en la principalía, si no tiene registrada su partida de bautismo en la iglesia del pueblo, y la fosa de sus mayores en su cementerio. Ya podrá ser honrado, rico y hasta casado con tayabense que no le bastará para librarse de la cruzada que ha de levantarse contra él … En esta cuestión el tayabense no prescinde por nada, ni por nadie, y sacrifica si es preciso la honra, la familia y la gratitud.
Esto que pasa en el municipio aumenta en el seno del hogar. Una dalaga que tenga la desgracia—pues de tal debe calificarse,—de aceptar amores con uno que no sea su paisano, tiene que sufrir todo género de tormentos para llegar á realizar su enlace. La raza tayabense es en el Oriente, la guardadora de las tradiciones jitanas. El jitano no se casa sino con jitana, lo mismo que el tayabense no lo hace, salvas pocas excepciones, si no con tayabense.
Las sangrientas conmociones que registra la historia de Tayabas, no obedecen á otro móvil que al religioso culto que rinden á lo suyo.
Todo lo que tiene el tayabense de díscolo, tiene de humilde y obediente, acudiendo á cualquier llamamiento que se haga á sus sentimientos, sabiéndolo llevar. La provincia de Tayabas es la más fácil y difícil de gobernar. En los tres años que allí permanecimos se acudió á ella dos veces; en la una la caridad la pidió una limosna; en la otra, la patria la demandó un auxilio, y en ambas—no quisiéramos equivocarnos,—pero nos parece que computando su población con la de las otras provincias, fué á la cabeza de todas.
Para terminar y como apuntes curiosos, extractaremos de diversos manuscritos que tenemos á la vista, algunos de los usos y costumbres que en lo antiguo tenían los indios de Tayabas.
El indio de aquella provincia, pertenece á la raza pura tagala—palabra que quiere decir hombre de río.
Los casamientos—dicen los manuscritos que consultamos,—se hacen según el ritual romano, pero en los preparativos hay muchas particularidades dignas de notarse. Para casarse no se piensa comunmente en procurarse lo necesario para mantener la casa y los hijos, en contando lo suficiente para la boda, que es muy poco, si no se tiene convite, se casan los tagalos sin más pensar en lo que han de comer al día siguiente del matrimonio. Los padres mismos de los novios no suelen pensar en esto, porque dicen que Dios cuidado; pero nunca dispensan los padres de las novias el que se les sirva tres, cuatro ó más años por su hija, y el que se ha de casar con ella tiene obligación de asistirlos todo ese tiempo con su servicio corporal y remediarlos en sus necesidades, regalarlos en ciertos días, y llevar de comer á la gente que les trabaja la sementera. Esta intimidad tiene sus inconvenientes y no faltan hombres que después de estar en cinta su novia la dejan burlada. Los padres saben estos casos, pero todo lo vence la codicia. Es verdad que una mujer á quien ha sucedido esto no pierde tanto como en España, ni le suele faltar pretendiente. Entre la gente rica se acostumbra á dotar á la mujer por quien ha de ser su marido. Las dotes son de dos maneras: la una se llama bigay-suso, que es lo que se da á la madre por haber dado los pechos á la hija; la otra se llama bigay-caya, que se destina para que los novios se mantengan después de casados, aunque á veces se gasta casi todo en la boda. Más se recibe esta dote por vanidad que por juzgarla necesaria para después del casamiento, y así la novia á quien se señala mayor dote, se la tiene por de mayor suposición porque se compró más cara. La edad en que se casan los tagalos es para las mujeres de 12 á 15 años, y para los hombres de 14 á 17.
Los entierros se hacen en la iglesia ó en el cementerio según el ritual romano, con la pompa correspondiente. Antes del entierro se juntan todos los parientes del difunto, y no cesan de llorar y relatar su vida hasta que lo llevan á enterrar. Al cuarto día del entierro se juntan otra vez en la misma casa cantan el rosario, y suelen pasar allí toda la noche. En su infidelidad dejaban ese día un asiento desocupado en la mesa, y creían que lo ocupaba el difunto; y para persuadirse de ello, esparcían ceniza por la casa, en la que, al día siguiente hallaban impresas sus pisadas.
Son muchos los abusos, ó como ellos dicen, los ugales, que tienen los tagalos; los primeros están basados en la creencia de los nonos; con dichos genios ó nonos, ejecutan los indios muchas y muy frecuentes idolatrías; cuando quieren coger alguna flor ó fruta del árbol, le piden licencia al nono para poderla tomar; cuando pasan por algunas sementeras, ríos, esteros, bosques y cañaverales, piden licencia y buen pasaje á los genios que en ellos habitan. Cuando son obligados á cortar algún árbol viejo ó á no guardar las prácticas y ceremonias que ellos imaginan ser del agrado de los nonos, se excusan con ellos diciendo tres veces en alta voz que el padre se lo mandó, y que no es voluntad suya, faltar á sus respetos. Cuando caen enfermos, les piden salud y les ofrecen comidas, las que consumen en las sementeras y á la sombra del árbol llamado calumpang. Creen que las almas de los muertos vuelven á su casa al tercer día de su entierro, para visitar á la gente de ellas ó asistir á la ceremonia del tibao, que se reduce á tender un petate en el que esparcen ceniza, rodeando aquel de candelas amarillas. A la puerta de la casa ponen una fuente de agua perfumada, para que cuando vaya el alma á acostarse pueda lavarse.
El ticbálang, es uno de los fantasmas á quien acuden para pedirle cosas prodigiosas. Al patianac atribuyen el mal suceso de los partos, y dicen que para dañarlos y echarlos á perder, se colocan cerca de la casa y allí cantan á manera de los que van bogando. Para impedir el daño del patianac, se sitúan armados en los caballetes y alrededores de la casa, y dan tajos á derecha é izquierda y fuertes voces para ahuyentar al mal genio. También atribuyen al patianac la muerte de los niños: dicen que el pájaro llamado tictic, es el que enseña al patianac la casa donde hay un recien nacido: con este aviso el fantasma se coloca en un tejado inmediato, y desde allí alarga la lengua en forma de hilo hasta el vientre del niño, sacándole las tripas.
Cuando se eclipsa la luna arman los tagalos gran ruido, con el que dicen la defienden de la lucha que tiene con el dragón. Creen en amuletos para que no les toquen las balas, y para librarse de otros peligros. Aquellos consisten en libritos que contienen períodos en latín y en español completamente ininteligibles; piedras que hallan en los cuerpos de los animales; granos de fruta petrificada; huesos de esqueletos de niños y dientes de rata, de culebra y de caimán. La creencia en los amuletos data de mucho antes de la conquista, conociéndolos con el nombre de aguimat.
Los indios tagalos forman melancólicos discursos, si la lechuza canta; tienen como buenos augurios el encontrar una culebra en la casa ó en el barco. Algunos creen en las hierbas amatorias.
Estas y otras muchas falsas creencias, de las que aún quedan algunas reminiscencias, poco á poco las va desterrando la vívida luz del Evangelio y la civilización.
* * * * *
Aquí hacemos punto en este libro, en el que nos hemos propuesto dar á conocer una provincia tan rica como ignorada.
Tres años estuvimos en Tayabas, y ni su temperamento nos produjo un dolor de cabeza, ni sus habitantes un disgusto. Al abandonar la provincia, y al entrar en la de la Laguna, no pudimos menos de volver la vista al brumoso horizonte que dejábamos, y al divisar los confusos contornos del Banajao alumbrados por la cansada luz de la caída de la tarde, sentimos una verdadera y tierna emoción al abandonar, quizás para siempre, aquel coloso á cuya sombra ha nacido este pobre hijo mío. Conocida es la caridad en Filipinas, así que el padre confía en aquella, teniendo la seguridad de que lo tratarán con cariño y le darán un modesto rincón en el hogar.