NOTAS
[1] Este puente se llama hoy de Ayala.
[2] Téngase en cuenta que este libro se escribió el año 1878, imprimiéndose su primera edición ese mismo año en Manila.—(N. del A.)
[3] Este edificio lo destruyó un tifón levantando sobre sus escombros un verdadero palacio, como quizá no haya otro en Filipinas, el inteligente Alcalde mayor D. Francisco Iriarte.—(N. del A.)
[4] De ahora para adelante, hacemos presente que todos los datos estadísticos consignados en esta obra se refieren al año 1875.
[5] Lo que decíamos en 1878 y su exactitud, se puede comprobar en los magníficos ejemplares que el arte y la industria de Lucban presenta en la Exposición de Filipinas que se celebra al reimprimirse esta obra.—(N. del A.)
[6] Con este pseudónimo escribió Entrala curiosísimos artículos tratando costumbres filipinas. Fué gran entusiasta de la mujer india á quien ha consagrado muchas páginas en sus obras. Este notable escritor murió hace cinco años. Entrala y el veterano Vázquez de Aldana son, á mi juicio, los escritores de costumbres más notables de la literatura filipina moderna. Al último, que vive en el modesto pueblo de la Hermita, con no pocos achaques en el cuerpo y no escasos desengaños en el alma, le envio un tiernísimo recuerdo.—(N. del A.)
[7] En ninguna parte del mundo sufren los nombres más variantes y se hace más uso del apócope que en Filipinas, así que no se extrañará digamos que en algunos puntos se llaman Hasays á las Tomasas—(N. del A.)
[8] En España se llama, D. Diego de Noche.
[9] Los indios lo conocen con el nombre de Salanga.
[10] El veterano general D. Juan Alaminos de seguro ratificará á quien le pregunte la certeza de esta y otras citas,—(Nota del A.)
[11] Este desapareció con la mayor parte de los edificios, en un horroroso incendio acaecido poco después de escrito este libro.—(N. del A.)
[12] Aunque el balitao visaya no tiene, á mi juicio, todo el sabor indio del cundimán y cumintán tagalo, sin embargo, da idea del originalísimo ritmo de la música oriental. Entre los individuos que forman en la Exposición la colonia filipina, hay uno que toca bastante bien el balitao en la guitarra del país con cuerda de metal. Las indias visayas que figuran en aquella agrupación, lo cantan y bailan bastante bien.—(N. del A.)
[13] En este capítulo hay algo imaginativo que lealmente confesamos: el cocal no existe, pero sí la ermita, la imagen, el bastón, las ruinas, el cañón y la leyenda. Algún día relataremos esta última.—(N, del A.)
[14] Hoy ya lo es.—(N del A.)
[15] De la época en que esto se escribía á la fecha, las islas Filipinas han sufrido grandísimas transformaciones, y ante ellas no pecamos de inconsecuentes al abogar ahora por lo que entonces condenábamos, creyendo como creemos un bien la descentralización de poderes.—(N. del A.)
[16] Este manuscrito, figura en la instalación que tiene el autor en la Exposición de Filipinas.—(Nota del A.)