ESCENA PRIMERA.

CAMINO con un papel.—LUCRECIA.

Camino.

Éste me dió para tí,

Tristán, de quien don García

con justa causa confía

lo mismo que tú de mí;

que aunque su dicha es tan corta

que sirve, es muy bien nacido:

y de suerte ha encarecido

lo que tu respuesta importa,

que jura que don García

está loco.

Lucrecia.

¡Cosa extraña!

¿Es posible que me engaña

quien de esta suerte porfía?

El más firme enamorado

se cansa, si no es querido,

¿y este puede ser fingido,

tan constante y desdeñado?

Camino.

Yo al menos, si en las señales

se conoce el corazón,

ciertos juraré que son,

por las que he visto, sus males;

que quien tu calle pasea

tan constante noche y día,

quien tu espesa celosía

tan atento brujulea,

quien ve que de tu balcón,

cuando él viene, te retiras,

y ni te ve ni le miras,

y está firme en tu afición;

quien llora, quien desespera,

quien porque contigo estoy

me da dineros, que es hoy

la señal más verdadera,

yo me afirmo en que decir

que miente, es gran desatino.

Lucrecia.

Bien se echa de ver,

que no le has visto mentir.

¡Pluguiera a Dios, fuera cierto

su amor! que, a decir verdad,

no tarde en mi voluntad

hallaran sus ansias puerto,

que sus encarecimientos,

aunque no los he creído,

por lo menos han podido

despertar mis pensamientos;

que dado que es necedad

dar crédito al mentiroso,

como el mentir no es forzoso,

y puede decir verdad,

oblígame la esperanza

y el propio amor a creer

que conmigo puede hacer

en sus costumbres mudanza.

Y así, por guardar mi honor

si me engaña lisonjero,

y si es su amor verdadero,

porque es digno de mi amor,

quiero andar tan advertida

a los bienes y a los daños,

que ni admita sus engaños,

ni sus verdades despida.

Camino.

Dese parecer estoy.

Lucrecia.

Pues dirásle que cruel

rompí, sin vello, el papel;

que esta respuesta le doy.

Y luego tú de tu aljaba

le dí que no desespere,

y que si verme quisiere

vaya esta tarde a la otava

de la Madalena.

Camino.

Voy.

Lucrecia.

Mi esperanza fundo en tí.

Camino.

No se perderá por mí,

pues ves que Camino soy.

(Vase.)


Sala en casa de don Beltrán.