ESCENA PRIMERA.
Salen por una puerta DON GARCÍA, de estudiante, y un LETRADO viejo, de camino; y por otra, DON BELTRÁN y TRISTÁN.
Beltrán.
Con bien vengas, hijo mío.
García.
Dame la mano, señor.
Beltrán.
¿Cómo vienes?
García.
El calor
del ardiente y seco estío
me ha afligido de tal suerte,
que no pudiera llevallo,
señor, a no mitigallo
con la esperanza de verte.
Beltrán.
Entra, pues, a descansar.
Dios te guarde. ¡Qué hombre viene!
—Tristán...
Tristán.
Señor...
Beltrán.
Dueño tienes
nuevo ya de quien cuidar.
Sirve desde hoy a García;
que tú eres diestro en la corte,
y él bisoño.
Tristán.
En lo que importe
yo le serviré de guía.
Beltrán.
No es criado el que te doy,
más consejero y amigo.
García.
Tendrá ese lugar conmigo.
(Vase.)
Tristán.
Vuestro humilde esclavo soy.
(Vase.)