ESCENA VI.

DON BELTRÁN.

Santo Dios,

pues esto permitís vos,

esto debe de importar.

¡A un hijo sólo, a un consuelo

que en la tierra le quedó

a mi vejez triste, dió

tan gran contrapeso el cielo!

Ahora bien, siempre tuvieron

los padres digustos tales;

siempre vieron muchos males

los que mucha edad vivieron.

Paciencia: hoy he de acabar,

si puedo, su casamiento:

con la brevedad intento

este daño remediar,

antes que su liviandad

en la corte conocida,

los casamientos le impida

que pide su calidad.

Por dicha, con el cuidado

que tal estado acarrea,

de una costumbre tan fea

se vendrá a ver enmendado,

que es vano pensar que son

el reñir y aconsejar

bastantes para quitar

una fuerte inclinación.