ESCENA VIII.

ISABEL, JACINTA.

Isabel.

La pluma tomó al momento

Lucrecia, en ejecución

de tu agudo pensamiento,

y esta noche en su balcón

para tratar este intento

le escribió que aguardaría,

para que puedas en él

platicar con don García.

Camino llevó el papel,

persona de quien se fía.

Jacinta.

Mucho Lucrecia me obliga.

Isabel.

Muestra en cualquiera ocasión

ser tu verdadera amiga.

Jacinta.

¿Es tarde?

Isabel.

Las cinco son.

Jacinta.

Aun durmiendo me fatiga

la memoria de don Juan;

que esta siesta le he soñado

celoso de otro galán.

(Miran adentro.)

Isabel.

¡Ay, señora! Don Beltrán,

y el perulero a su lado!

Jacinta.

¿Qué dices?

Isabel.

Digo que aquel

que hoy te habló en la Platería,

viene a caballo con él.

Mírale.

Jacinta.

Por vida mía,

que dices verdad que es él.

¡Hay tal! ¿Cómo el embustero

se nos fingió perulero,

si es hijo de don Beltrán?

Isabel.

Los que intentan, siempre dan

gran presunción al dinero,

y con ese medio hallar

entrada en tu pecho quiso:

que debió de imaginar

que aquí le ha de aprovechar

más ser Midas que Narciso.

Jacinta.

En decir que ha que me vió

un año, también mintió,

porque don Beltrán me dijo

que ayer a Madrid su hijo

de Salamanca llegó.

Isabel.

Si bien lo miras, señora,

todo verdad puede ser:

que entonces te pudo ver,

irse de Madrid, y agora

de Salamanca volver.

Y cuando no, ¿qué le admira

que quien a obligar aspira

prendas de tanto valor,

para acreditar su amor

se valga de una mentira?

Demás que tengo por llano,

si no miente mi sospecha,

que no le encarece en vano;

que hablarte hoy su padre es flecha

que ha salido de su mano.

No ha sido, señora mía,

acaso que el mismo día

que él te vió y mostró quererte,

venga su padre a ofrecerte

por esposo a don García.

Jacinta.

Dices bien; mas imagino

que el término que pasó

desde que el hijo me habló

hasta que su padre vino,

fué muy breve.

Isabel.

Él conoció

quién eres, encontraría

su padre en la Platería,

hablóle, y él, que no ignora

tus cualidades, y adora

justamente a don García,

vino a tratarlo al momento.

Jacinta.

Al fin, como fuere sea.

De sus partes me contento,

quiere el padre, él me desea:

da por hecho el casamiento.

(Vanse.)


Paseo de Atocha.