ESCENA XIII.
DON GARCÍA, DON BELTRÁN, TRISTÁN, DON JUAN DE LUNA, DON JUAN.
Beltrán.
Esta no es ocasión acomodada
de hablarle; que hay visita, y una cosa
tan grave a solas ha de ser tratada.
García.
Antes nos servirá don Juan de Sosa
en lo de Salamanca por testigo.
Beltrán.
¡Que lo hayais menester! ¡Qué infame cosa!
En tanto que a don Juan de Luna digo
nuestra intención, podéis entretenello.
Juan de Luna.
¡Amigo don Beltrán!...
Beltrán.
¡Don Juan amigo!...
Juan de Luna.
¿A tales horas tal exceso?
Beltrán.
En ello
conoceréis que estoy enamorado.
Juan de Luna.
Dichosa la que puede merecello.
Beltrán.
Perdón me habeis de dar; que haber hallado
la puerta abierta, y la amistad que os tengo,
para entrar sin licencia me la han dado.
Juan de Luna.
Cumplimientos dejad, cuando prevengo
el pecho a la ocasión desta venida.
Beltrán.
Quiero deciros, pues, a lo que vengo.
García.
(A don Juan de Sosa.)
Pudo, señor don Juan, ser oprimida
de algún pecho de envidia emponzoñado
verdad tan clara, pero no vencida.
Podéis, por Dios, creer que me ha alegrado
vuestra vitoria.
Juan.
De quien sois lo creo.
García.
Del hábito gocéis enconmendado
como vos merecéis, y yo deseo.
Juan de Luna.
Es en eso Lucrecia tan dichosa,
que pienso que es soñado el bien que veo.
Con perdón del señor don Juan de Sosa,
oíd una palabra, don García.
Que a Lucrecia queréis por vuestra esposa
me ha dicho don Beltrán.
García.
El alma mía,
mi dicha, honor y vida está en su mano.
Juan de Luna.
Yo desde aquí por ella os doy la mía,
(Se dan las manos.)
que como yo sé en eso lo que gano,
lo sabe ella también, según la he oido
hablar de vos.
García.
Por bien tan soberano
los pies, señor don Juan de Luna, os pido.