ESCENA XIV.

DON SANCHO, JACINTA, LUCRECIA.—Dichos.

Lucrecia.

Al fin tras tantos contrastes,

tu dulce esperanza logras.

Jacinta.

Con que tú logres la tuya

seré del todo dichosa.

Juan de Luna.

Ella sale con Jacinta

ajena de tanta gloria,

más de calor descompuesta

que aderezada de boda.

Dejad que albricias le pida

de una nueva tan dichosa.

Beltrán.

(A don García.)

Acá está don Sancho. ¡Mira

en qué vengo a verme agora!

García.

Yerros causados de amor,

quien es cuerdo los perdona.

Lucrecia.

¿No es casado en Salamanca?

Juan de Luna.

Fué invención suya engañosa,

procurando que su padre

no le casase con otra.

Lucrecia.

Siendo así, mi voluntad

es la tuya, y soy dichosa.

Sancho.

Llegad, ilustres mancebos,

a vuestras alegres novias,

que dichosas se confiesan

y os aguardan amorosas.

García.

Agora de mis verdades

darán probanza las obras.

(Vanse don García y don Juan a Jacinta.)

Juan.

¿A dónde vais, don García?

Veis allí a Lucrecia hermosa.

García.

¡Cómo Lucrecia!

Beltrán.

¿Qué es esto?

García.

(A Jacinta.)

Vos sois mi dueño, señora.

Beltrán.

¿Otra tenemos?

García.

Si el nombre

erré, no erré la persona.

Vos sois a quien yo he pedido,

y vos, la que el alma adora.

Lucrecia.

Y este papel, engañoso,

(Saca un papel.)

que es de vuestra mano propria,

¿lo que decís, no desdice?

Beltrán.

¡Que en tal afrenta me pongas!

Juan.

Dadme, Jacinta, la mano,

y daréis fin a estas cosas.

Sancho.

Dale la mano a don Juan.

Jacinta.

Vuestra soy. (A don Juan.)

García.

(Aparte.)Perdí mi gloria.

Beltrán.

¡Vive Dios, si no recibes

a Lucrecia por esposa,

que te he de quitar la vida!

Juan de Luna.

La mano os he dado agora

por Lucrecia, y me la distes;

si vuestra inconstancia loca

os ha mudado tan presto,

yo lavaré mi deshonra

con sangre de vuestras venas.

Tristán.

Tú tienes la culpa toda,

que si al principio dijeras

la verdad, esta es la hora

que de Jacinta gozabas.

Ya no hay remedio: perdona,

y da la mano a Lucrecia,

que también es buena moza.

García.

La mano doy, pues es fuerza.

Tristán.

Y aquí verás cuán dañosa

es la mentira, y verá

el Senado que en la boca

del que mentir acostumbra,

es la verdad sospechosa.

FIN.


Nota de transcripción