Motes ó apodos
Los motes ó apodos son de suma importancia en el estudio de un idioma. De ellos nacieron la mayor parte de los nombres y apellidos, cuyo estudio ha ocupado á muchos escritores, que han impreso libros sobre este particular. Conocido es el de Godoy y Alcántara sobre los apellidos castellanos. Puede decirse que se reduce á una lista por siglos y categorías de una buena cantidad de apellidos, cuya etimología, cuando pretende desentrañarla, no aparece en general muy clara. Pero, sobre todo, no se halla en él idea psicológica de ninguna especie. Y, con todo, lo más curioso de apellidos, nombres y motes es lo que de ellos se desprende para el estudio psicológico del pueblo que los formó. En este particular, los motes son todavía más importantes, por ser, digámoslo así, los nombres en su primera edad, cuando aún están frescos, tiernecitos y flamantes.
Si se pudieran reunir todos los apodos que hoy suenan por toda España, formarían un caudal de vocablos tan abundante como el del Diccionario castellano, y aún más, porque hay muchos motes que sólo se emplean como tales y no son del uso ordinario del habla.
Lo más sabroso, sin embargo, y á la vez lo más instructivo que habría en esa lista, sería ver, como en un cuadro, el ingenio poético y filosófico de nuestro pueblo.
Y nótese que ahí es un grano de anís el ver de una manera tan clara y pintoresca el colorido de la fantasía y la penetración de la inteligencia de una raza.
Pero como los españoles tenemos otras cosas de más tomo en que entretenernos, y gracias que no haya hecho asomar en mis lectores la risa á los labios al ver que escribo un artículo sobre cosa tan baladí como son los motes, tendré que contentarme con los pocos recogidos por mí, aguardando que mis amigos, ó los que por estas cosas se tomen algún interés, me vayan enviando listas de motes fehacientes y verdaderos, de cualquier parte que sean.
Poesía y filosofía he dicho que encierran los apodos. Son obra natural, espontánea del pueblo. Pero el pueblo no habla; hablan los individuos que lo forman, y no cualquier hijo de vecino es quién para inventar y poner un apodo, sino los listos, los chistosos, los chuscos.
Ingenio es menester para dar con un mote que venga á pelo, que choque y dé golpe. Y á fe que en España todo eso abunda como en ninguna parte. ¿Cómo concibe el chusco que inventa un apodo el carácter ó la facha exterior de la persona á quien se lo aplica? Como otra cosa á las veces muy diferente, pero que tiene con ella un punto de contacto. La metáfora interviene, pues, aquí, y el chusco da gallarda muestra de su penetración y de su fantasía: es un verdadero filósofo y un verdadero poeta. Filósofo, porque tiene ingenio para saber coger en la persona el rasgo más saliente que le caracteriza; poeta, porque en su fantasía surge por la metáfora la imagen de otro objeto que remeda ó pinta ese rasgo saliente.
Los ejemplos que voy á poner están tomados del natural: son apodos recogidos en Tudela de Navarra, y á mis instancias, en la tertulia de mi buen amigo el canónigo don Federico Pérez.
Es un individuo que siempre está apurado, no por negocios que carguen sobre él, sino porque tal lo lleva su carácter nervioso y vivo: llámanle Agonía. Échese á discurrir quien quiera cuál es el trance más apurado de la vida, y no hallará otro que aquel en el que ella se acaba. Emplear un sustantivo por un adjetivo dicen los retóricos que es cosa galana y que da fuerza y novedad á la expresión. El chusco tudelano que inventó el mote no entendía de retóricas; pero dió en lo más poético y filosófico.
Pescador en el Ebro es el patrón y casero de mi amigo D. Federico: se llama Anguilica. Otro, bastante goloso, ó como allí se dice, laminero ó lambinero, se llama Bizcochada, nombre dado á las natillas, encima de las cuales van algunos bizcochos. ¿Queréis motes poéticos, gráficos, chistosos? Bate-cristos, Carra-cuca, Caga-tieso, Caga-en-l’aire, Cag-ansias, sinónimo de Agonía, pero más castizo y más gráfico. Cardenillo es uno de mal genio: y aquí tenemos todo un cuadro, que no es fácil pintar ni con el pincel ni con la pluma. ¿Será el efecto del cardenillo pintado en un envenenado? Veneno es otro apodo que vale lo mismo; todos conocen al capitán Veneno de Pedro de Alarcón. Cagarruta es un hombre pequeño: advierto que así se llaman los granillos del excremento del ganado lanar. Carrañé es otro de mal humor; encarrañarse vale enfadarse. Diminutivo de otro excremento es el apodo Carajucho. Muchos y diversos pasos debe dar en sus asuntos el llamado Cagateclas. Pequeños son Currusco, Currutaco y Curruto; en todas partes mete la cucharada Cucharón, é hinca el diente el llamado Diente. ¿Es uno amigo de hacer la corte á gentes de cuenta? Le llaman Estira-levitas, tan gráfico como Colín por adulador, que menea la cola tras otro, como el perro. Optimista es El Dichoso, de aspecto quijotil El Seco, cerduno El Cucho, zanquilargo El Guitarro. Ello mismo lo dice cómo serán El Negro, El Patán, El Zorrico, El Abogado, El Curto, El Potra, El Gatico, El Chafo, El Chilín, y lo mismo Barricate, Brazos-Cortos, Carabina, Carpa, Casaca, Calzones, Cazuelo, Cazuelica, Carrasca, Cavila, Cogote, Carrizo, Mortero, Manazas, Madero, Malcarao, Mosquito, Palomo, Pajuela, Peladilla, Pimentón, Piñica, Pingo, Putica, Raboso, Raspa, Rata, Rana, Ratilla, Tropezones, Zaragata.
Mano-e-hierro pudiera ser del corral de Monipodio. Mascarrabias es un rabieta que tiene que mascarlas. Nos parece calificativo tan sencillo y tan vulgar, que nadie repara en él. Y, sin embargo, es expresión de lo más pintoresco que se concibe. Buscadle equivalente en francés, ó en latín, ó en griego. Cada pueblo tiene su temperamento poético, y no es muy sandio el pueblo que tales expresiones inventa. Fulano suele presentarse con tanta prosopopeya como un navío de alto bordo: llámanle Navío. Mata-ratas, Mata-burras, ¿se aclararán por aquel dicho: «Por un perro que maté, me llamaron Mata-perros»? ¡Qué ha de matar el infeliz ni una burra siquiera, si no es capaz de matar una rata! Tan irónicos son estos motes como el de otro á quien llaman Mata-curas, que suele matarlos de pico, y nada más. Mal-año, Mil-duros, Merendón, Paticas-cortas, Pisa-flores, que es harto más bonito que pisaverde.
Hay motes que, mirados con las delicadas lentes de las conveniencias sociales, son de lo más feo y vitando; pero no dejan de ser de lo más gracioso. Apunten los suscriptores y los redactores de la revista internacional Criptadia: Pedo-lobo, Pichorrín, Pijota, Pijorro, Cachurrín, La Cachorrona, Minguica, Picha-rota.
De carácter farisaico es un tal Servamandata; tan vivo de genio como Agonía y Cardenillo es Solimán. Parlanchín que menea sin cesar la sin hueso es Taravilla; un para poco es Tararo, y para menos Tararura. Muletilla ordinaria suya debía de ser ¡quién sabe!, cuando á otro le llamaron Quisabe, donde tenemos la etimología de quizás, antiguamente qui sab. ¡Por vida de! es otra muletilla que originó el mote Repor-vide, y sangre sosa debía de tener el llamado Sangracha y el Chanchan, y demasiado encendida el Sopetón y el Rabiau.
De un asiduo á los cultos del Corazón de Jesús es el apodo muy moderno Reinaré. Diminutivo de pito es Pitito, que los muchachos hacen con dos pedacitos de caña y un hilo para pitar ó echar pitidos.
De las patas hay motes gráficos: Patán, Pat-araña, Pato-lea, Patirraco, Paticas-cortas, Paticas-verdes, Patas-verdes. Del pelo y pelar, pelear: Pela-panes, Pelacho, Peladilla, Pela-morros, Pelucón, Chorreta, Chafarreta, Churumbela, Chirimbolo, Cherre, Churri-pample, Chirri, Chorche, Chorrio, Chirpi, Zarambote, Zamacuco, Zampas, Zaragata, son de origen euskérico.
Pintorescos son Esgarra-manzanos, Morrocuto, Tripota y, sobre toda ponderación, Tripa-triste, que se refiere al hambre.
Á las mujeres se les da el mote de sus maridos, mudándoles la terminación en a: Corazones es el mote de uno; á su mujer la llaman La Corazonas, y así La Cascorra de Cascorro, etc. Pero otras lo tienen propio: La Trona, La Mari, La Coronada, La Hurona, La Canóniga, La del ancho, La Gorriona, La Murilla, La Vinagre, La Pelos, La Gimia, La Ciela, La Ochava, La Perrandina, La Cachorrona, La Resalada, La Rico-pelo, La Colé, etc.
No faltan motes fundados en un chusco equívoco. Llega de la aldea una vendedora de pollos, y le dicen: Ahí en esa casa le comprarán. Son gentes que vienen de Madrid á veranear. Pregunte por Doña Jovita. Llama á la puerta la buena mujer, le abren y al subir se da de manos á boca con una señorona de tomo y lomo. Iba á preguntarle si era Doña Jovita; pero parecióle demasiada mujer para nombre tan chico, y le dice: ¿Es usted Doña Jova? El nombre Jova ya no hay quien se lo quite á la jamona madrileña.
Todos los motes apuntados son de Tudela, donde no habrá hombre ni mujer, chico ni chaco, que no tenga el suyo. Pero otro tanto sucede en las demás ciudades españolas, y mucho más en los pueblos y aldeas.
En Calatayud, á la otra vertiente del Moncayo, el dialecto es el mismo que en la merindad de Tudela: el aragonés; pero más cerrado y con vocablos más regionales. Mi excelente amigo el conocido novelista de costumbres aragonesas D. Juan Blas y Ubide, que entre el ejercicio de la abogacía no descuida el culto á la literatura, me obsequió este verano con un rico tesoro de palabras, frases y motes, por él recogidos en aquella ciudad para servirse de ellos en sus novelas.
Voy á confirmar lo expuesto hasta aquí con esos motes hoy vivos en Calatayud; y para que se noten mejor las tendencias psicológico-poéticas de los bilbilitanos, los ordenaré por clases. Hay motes tomados de objetos inanimados, otros de defectos corporales, otros de cualidades morales, otros de plantas, otros de animales, otros de oficios, otros de regiones y pueblos, otros cuyo significado es bastante oscuro, y otros, finalmente, tomados de todo el Diccionario é inclasificables.
DE OBJETOS INANIMADOS
Chaqueta, Coronica, Medio-almú, Pitos, Silleta, Chimeneas, Tablares, Bomba, Perniles, Alforjas, Pitón, Pitorro, Botijo, Candiles, Cascarrias, Cataplasma, Chavo-ó-hilo, Bolsa-de-hierro, Pizarrines, Mota, Cuaderna, Cerillicas, Cerote, Chupilla, Porrón, Puchero, Coscurro, Punzas, Cachirulo, Boto, Botitos, Sartenes, Madera, Candelas, Tijeras, Zurriago, Sarro, Puntales, Guitarro, Bolas, Pelotas, Bolsicas, Banderica, Mostillo, Bombarda, Ratonera, Camisilla, Terriza, Martillo, Manta, Huevete, Morcillica, Fregadera, Torretas, Calzones de yesca, Mitra, Coscarana (nuez huera), Cornijales, Cuartico-especias, Cañete, Callejica, Casillas, Goma-seca, Mala-lana, Gotera, Gatera, Manchas, Casquina, Chocho, Brozas, Cache (Cacho), Gazote de gamón, Chorré (chorro), Garamaya, Chichetas (de chicha), Colodro, Chicherre (chicha quemada ó erre en éuskera), Zaraballa, Chirro, Chumina, Cachupico, Chorrillas, Cachupo (pedazo de tronco), Cachacho, Ciclón, Peteneras, Reino, Duende, Cazolón, Chiripa.
DE PLANTAS
Ciruelo, Berros, Melón, Cebollas, Calabacines, Mielga, Moscatel, Borrajas, Clavel, Cañamones, Patata, Cepa roya, Pilongo, -a, Parra, Seta, Cabecica de ajo, Cabeza de pepino, Chiles (pimientos), Carrasco, Mora, Lapazas.
DE ANIMALES
Caracoles, Gato, Gurrión, Pajarito, Cuervo, Zorra, Pollo, Gallo, -a, Cuco, -a, Mirlo, Cigüeña, Ratón, Tábano, Chorlito, Mosca, Venau, Culebras, Chincho, Bicho, Pichona, Cordericos, Ratica, Polilla, Oveja, Gusano, Rata, Nutria, Cabrito, Pulga, Rana, Abeja, Lobo, Pájaro, Burras, Güina (ó fuina), Potra, Chocha, Zarandilla, Perdigano, -a, Conejo, Zorrilla, Cucho, Garra-miau (gato), Cardelinos, Mosquirre, Bichocho, Chites, Rabosa.
DE OFICIOS
Estudiante, Capellán, Alguacil, Zagal, Gaitero, -a, Brujo, Zapatera, Campanero, Badajero, Farolero, Bolero (mentiroso), Reyecillo, Monje, Fraile, Monago, Sacris (sacristán), Capitán, -a, Payaso, -a, Regador, Santero, -a, Tiple, -ón, Corneta, Cafetero, Monjero, Macera, Señorito, El rey, Botero, Saca-cuadras, Pañero, Obispo, Curilla, Ratonero, Diablo, Letrado, Confita-moscas, Pregonero, Zagalón, Realista, Gitanillo, Piloto, Picón, Moricos.
DE REGIONES Y PUEBLOS
Vetos, Lumpiaque, Castillica, El turco, El ché (valenciano), Polaco, Cartagena, Zaragoza, Provincial, Villalobos, Moresano, Perules (del Perú).
DE DEFECTOS Y CUALIDADES CORPORALES
Bizco, Cojo, Zurdo, Manco, Royo, Canoso, Largo, Viejo, Feo, Chepa, Manazas, Manitas, Ojitos, Mocos, Dientes, Cojogo-doño, Morreto, Moquito, Pardillo, Rojo, Cabezota, Narigones, Patas, Carota, Pelos, Galano, Canelo, Garrillas, Caspa, Blanco, Jibeta, Robusto, Garrido, Regañau, Peludo, Maneta, Colorau, Chiquitín, Patillas, Tripa-larga, Mala-cara, Culo-de-goma, Cara-de-culo, Cinco-arrobas, Pelo-malo, Cabeza de barandán, Morros, Negreta, Oreja, Cabecica, Mala-boca, Pelón, -a, Caga-blanco, Peli-blanco, Empalmado, Orejazas, Blanquillo, Negrillo, Negro, Moreno, Cetrino, Paticas, Verde, Anciano, Manota, Gordo, Cabezona, Calvo, Garrancho, Rajau, Carrillo, Cana, Cacau (cagado), Patés (de pata), Pelete, Pataco (de pata), Cagacho, Peluches, Pichorrín, Picha, Tetillo, Cagachas, Carajilla, Blinca-pozos, Tocatas (paliza), Traga-lamas, Chata, Gambeta, Cholas, Mamau, Guarro, Manjunto, Menina.
DE CUALIDADES MORALES
Pela-pobres, Lame, Curda, Chispa, Rasca-miajas, Manso, Mata-abuelas, Zancocha, Muermo, Chulo, Sueños, Zarrias, Zangolotino, Carca, Mata-moros, Fachenda, Tabacón, Corre-mundo, Loco, Santo, Machaca, Mata-perros, Roba-masas, Mil-hombres, Roba-pellejos, Roba-carneros, Mata-curas, Azota-cristos, Arroja-cristo, Empenta-salves (empentar es empujar), Come-cochinos, Cavila, Licos-pechos, Loque-zoquete, Pintolique (que la pinta), Mano-güisa, Zámpara (de zampar), Zampias (ídem), Cucarro (que cuca), Motorro (morrudo en éuskera), Jalaco (adj. de jalar, jalear, aficionar en éuskera), Cachacho, Locarra, Borde, Marica, Maruso, Mal-pica, Marión, Machaca, Remacha, Traga-huesos, Mata-lamba, Traga-buques, Caga-lesnas, Tene-moscas, Pica-moras, Traga-bolas, Bate-cargas, Contento, Mucho, Piculín (que acusa), Saca-cuadras, Confita-moscas, Mala-boca.
MOTES DE PUEBLOS
Torrijo.—Los belloteros.
Vijuesca.—Los tocineros.
Aiñón.—Los huecos.
Cervera.—Los de la abubilla.
Villalengua.—Camuesos.
Sediles.—El cuco.
Terrer.—Llegar y meter.
Ateca.—La puerta abierta.
Daroca.—Puta ó loca.
Ricla.—Los cañiceros, ajeros.
Campiel.—Melocotones.
Morata.—La del Conde.
Torres.—El tío Pepe Roque y la ballena.
Maluenda.—Mucho mantel y poca merienda.
Castejón de las Armas.—El de las cerezas.
Castejón de Alarba.—El de los ricos.
Chodes.—Se prohibe repicar y andar en la procesión.
En toda España reza el refrán que no se puede á un tiempo repicar y andar en la procesión. Á los de Chodes, pueblo cerca de Morata de la Ribera, ó del Jalón, se les prohibe, porque son los únicos que pueden hacerlo. El conde de Morata edificó de tal suerte el pueblo, que forma una sola plaza y no grande. Puede tirar de la cuerda de la campana el sacristán y no salirse de la procesión.
Las causas de la imposición de los apodos son diversísimas. Los que significan defectos corporales ó un miembro del cuerpo, que por alguna razón caracterizaba al individuo, no ofrecen dificultad. Llamar á uno bizco, ó bizconde, como suele decirse por equívoco malicioso, es aplicarle de ordinario un apelativo, con lo cual queda convertido en nombre propio. Hemos de pensar que el hombre siempre ha sido el mismo, y que por consiguiente tal fué el origen de los nombres propios. Y no sólo de los propios de persona, sino de lugares y de objetos, cualesquiera que ellos sean. Proceden, pues, los nombres de los calificativos, ó llámense adjetivos. Los vocablos, efectivamente, sólo expresan un concepto de las cosas; es decir, un modo de ser, una apariencia, una cualidad genérica, la cual puede aplicarse á todos los objetos que la poseen. Cojo, zurdo, royo, peli-blanco, guarro, galano, son adjetivos que sólo expresan una cualidad. Pero aplicándose de ordinario á una persona quedan convertidos en mote, y luego en nombres. Carrillo, Cana, Pelete, Cabezota, Dientes, son nombres apelativos, que por el mismo medio vienen á ser apodos y nombres y apellidos personales. Pero de la misma manera llegaron á ser nombres apelativos: fueron antes expresiones comunes aplicables á muchos objetos, fueron calificativos. No expresa el vocablo carrillo la esencia, ni siquiera el conjunto de cualidades esenciales, á modo de descripción, del miembro corporal así llamado; sólo indica una cualidad del carrillo, la de poder girar y moverse como un carro: carr-illo es un carr-ito, un diminutivo de carro. Otro tanto sucede con el vocablo carro, que los latinos tomaron de los Aquitanos, que hablaban éuskera, como iberos que eran. Carr-us viene del éuskaro e-karr-i llevar, da-kar-t yo llevo, da-kar-zu tú llevas, na-kar-zu tú me llevas. Del llevar se dijo carr-us lo que lleva. Pero kar raíz de llevar sólo indica una acción, un modo de obrar de las cosas. Manota es otro apodo, sin duda porque el así llamado tenía una mano grande y deforme. Pero, á su vez, mano, del latín manus, se dijo por ser extendida y servir para medir, que no es más que extender una cosa, la medida, sobre otra, como el pañero, que extiende su vara sobre el paño una ó más veces según las varas que le pidió el comprador. Ma-nus vale la extendida, como ple-nus lo lleno, y dig-nus lo señalado, de ma- extender, medir, pl-, pl-us, llenar, dic-ere señalar, decir. Y así la luna, medida del tiempo, es mêna en godo, alemán Mond, lituano ménu, griego mên, latín Mena menstruationis dea, como mênê en griego, y men-s-is més, mens-s-truus. Extender y medir es en sanskrit mâ-mi, mi-mê, la medida ma-tram, el me-tron griego ó metro, lo que mide, como ara-trum lo que ara, el arado, en latín mê-tare, mê-tiri, de donde medir, en eslavo mê-ra y en lituano më-rá es la medida, ma-túti medir, en griego mî-me-omai imitar, mî-mos remedador, de donde mímica, habiéndose dicho el remedar del medir, por comparar é igualar dos cosas, como nuestro vocablo remedar viene de re-imitari volver á imitar, comparar, medir. El nombre mano fué, pues, antes un adjetivo, lo extendido, como lo son lleno y digno.
Los motes que indican cualidades morales son también adjetivos ó nombres concretados en un individuo. Loco, Santo, Curda, Chispa; Cavila, ó tío Cavila, el que cavila mucho: es un verbo, lo mismo que Lame, Rasca-miajas, Pela-pobres, Caga-lesnas, Traga-bolas, ó que cree las exageraciones y mentiras. La metáfora campea aquí de una manera maravillosa. ¿Qué quiso decir el chistoso que inventó el mote de Caga-lesnas, el de Traga-buques, y el de Confita-moscas, y el de Azota-cristos, y el de Mata-abuelas? No conozco ingenio entre escritores y poetas que tan alto hayan rayado como el oscuro y desconocido autor de tan ingeniosos apodos.
No es menester ir á Andalucía para hallar en España andaluzadas, ni sal, ni gracia, ni poesía. Aragón es el polo opuesto de Andalucía. Pocos poetas ha criado, porque el carácter de los aragoneses es muy serio y enemigo de toda mentira y exageración. Pero por lo mismo es muy realista y tan fogoso como el que más. Los escritores aragoneses no descuellan por las obras de puro fantasear; pero son vigorosos, exactos en sus metáforas, y de un colorido y nervio que los hace poetas de otro género. Prudencio, Quintiliano, Marcial, los Argensolas, el gran fabulista riojano, el gran filósofo bilbilitano Gracián, el historiador Zurita, son de esta cepa, de la misma que los guerreros de Numancia, y de Calahorra, y de Zaragoza, de la misma que el anti-papa Luna, y que el fabricante de la campana de Huesca, y que los magnates de aquel reino.
Los motes de oficios y clases sociales han originado muchos apellidos: Botero, Monje, Fraile, Alguacil, Obispo, Picón, Capitán, etcétera.
Y no menos los de plantas y animales, donde la metáfora y el ingenio poético de los españoles es muy digno de notar: Ciruelo, Parra, Carrasco, Mora, Cuervo, Gallo, Lobo, Zorrilla.
El apólogo, de origen indiano, parte del principio antropológico, tan innato en el hombre, que quiere atribuir á los demás seres sus propias cualidades. El hombre no conoce las cosas del mundo exterior sino en cuanto halla en sí algo que sea común con ellas. Sus facultades aprehensivas son anteojos que colorean los objetos del color que ellos mismos tienen. Mira á los animales con el anteojo antropológico, les atribuye sus propios sentimientos y fantasea una ética animal, paralela á la ética humana. El león es noble, la gallina cobarde, la liebre tímida, la hormiga diligente, la abeja laboriosa, el toro valiente, el perro fiel, el murciélago alevoso, el tigre encarnizado, el sapo vil, la serpiente prudente, la paloma candorosa, el zorro artero, la cabra caprichosa, la cotorra parlera, el potro insolente, el asno estúpido, el pavo vanidoso, la oveja mansa, el gallo orgulloso. En hecho de verdad, toda esa ética, con los apólogos que en ella estriban, es una ética fantástica. Las pasiones no menos radican en el alma racional que en la parte sensitiva del organismo. Pero el hombre es poeta por instinto, y humaniza cuanto le sale al paso.
Una de las riquezas poéticas del castellano tiene aquí su origen. Apenas habrá animal que no haya servido de punto de comparación á los españoles para concebir las cualidades morales humanas, que de suyo eran tan difíciles de expresar por lo complejas y abstrusas. No creo que haya idioma alguno cuya penetración y fantasía puedan parearse, ni aun de lejos, con la penetración y fantasía de nuestro pueblo. Algunas expresiones parecidas se hallan en todos los idiomas; pero tantas y tan bien apropiadas creo que en ninguno. ¿Hay términos franceses ó latinos, ingleses ó griegos, que pinten y respondan á nuestros verbos azorarse como la garza perseguida por el azor, amilanarse como los pajaritos á la vista del milano, aconcharse como la tortuga ó el caracol, aturdirse como el tordo, encabritarse como el cabrito, alebronarse ó alebretarse ó alebrarse como las liebres, emporcarse como el puerco, avisparse como la avispa, ratonarse como lo comido de ratones, emperrarse como el perro, atortolarse como la tórtola, pavonearse como el pavo, encapricharse como la cabra que se encarama, acurrucarse como la curruca, enviperarse como la víbora, entigrecerse como el tigre, agazaparse como el gazapo, achicharrarse como la chicharra con el calor, amoscarse como el molestado de las moscas, cotorrear como la cotorra, gatear como el gato, serpear como la sierpe, serpentear como la serpiente, culebrear como la culebra, culebrinear como la culebrina, gallear como el gallo, engatusar como el gato, hormiguear como el sitio lleno de hormigas ú hormiguero, desasnar como el estúpido que deja de ser asno, apolillarse como lo roído de la polilla, caracolear dando las vueltas del caracol, mariposear como las mariposas, mosquear como moscas, potrear como el potro, podenquear como el podenco, torear como el toro, andar aperreado como el perro, ratear como la rata, aborregarse el cielo como establo lleno de borregos, acaballar ó encaballar montado como jinete en el caballo, chinchorrear como el chinchorrero, que es tan molesto como la chinche, escarabajear como el escarabajo, garrapatear como la garrapata, berrear y emberrenchinarse como el verraco, chotear como el choto, patear como el pato, babosear como la babosa, zanganear como zángano, agusanarse como lo lleno de gusanos, trasconejarse como el conejo, zabullirse como el sapo (zabu en éuskera, zab-uli revolcarse como zabu), erizarse como el erizo, achuchar como al chucho, desperdigarse como los perdigones, despotricar como el potro?
En España no parece sino que todos somos zoólogos, y que vivimos en un parque zoológico. Fulano es un chinche, es muy zorro, es un gallina, un puerco, un puercoespín, un pavo, un asno, una sabandija, parla como un chorlito ó como una cotorra, es un avestruz, un borrego, un moscón, una mosquita muerta, un toro, un pichón, una mariposa, un cernícalo, una víbora, un rata, corre más que un galgo ó que una liebre, es más tratable que una paloma sin hiel, canta como una calandria ó como un jilguero, es más listo que una ardilla, más tragón que un tiburón, más intratable que un potro, más escurridizo que una anguila, come como una sanguijuela, tiene más conchas que un galápago, tiene el genio de un toro, se menea más que una lagartija, salta como un gamo, es más cruel que el tigre, no es rana, no morirá de cornada de burro, no se apea del burro, es más pesado que las moscas, lloriquea como un becerro, engorda como un tocino, brama como un toro, es un pollo ó una polla á pesar de sus treinta abriles, tiene un pico de chorlito, unos ojos de besugo, una nariz aguileña, unas orejas de asno, unos pies como pezuñas, un cuello de cisne, unas uñas de cernícalo, más pelo que un oso, es lince como él solo, es muy patudo y muy ganso, viene hecho una merluza, es todo un zángano, tiene un genio de hiena y un cuello toroso, es más bruto que un mulo y más terco que un macho, no sabe más que un buitre, se viste como el grajo de plumas ajenas, se hincha como una rana, cacarea sus cosas como la gallina, se le va la cabeza ó le duele como á una cabra, es un puerco y un cochino y un gorrino de sucio, tiene malas pulgas, gruñe como un cerdo, es necio como un pollino, es una tarasca, un renacuajo de chico, un buey Apis de gordo, un tórtolo de cariñoso, un camaleón de mudable, adelanta como el cangrejo, se pega como una lapa, allega como una urraca, está hecho un bacalao, gorronea como un gorrión, anda de golondros como una golondrina, duerme como un lirón, es más feo que un mico, más vivo que una comadreja, más blanco que un armiño, de más monerías que un mono; es, en fin, un animal por los cuatro costados, con rabo y todo.
Los apodos tomados de objetos inanimados son más difíciles de aclarar. Algunos son tan metafóricos como los anteriores y se refieren á cualidades corporales ó morales. Medio almú se dijo de uno que era pequeño, Botijo del que era tan gordo como un botijo, Cataplasma del pesado, tardo y molesto, Cascarrias del sucio ó del cansado en su trato ó del quisquilloso, Cerote del tímido, Porrón del gordinfla, Mostillo del pegajoso y dulzachón en su trato, Morcillica del larguirucho, Coscarana del huero de cascos, Fregadera del sucio y descuidado, Callejica del corretero y callejero, Mala-lana del que presto se sube á la parra, Chicherre del que se enfada y arde por un quítame allá esas pajas, como Calzones-de-yesca, Peteneras del alegre, Duende del entrometido, Ciclón del vivo y furruña. En esto se ha seguido el tenor que han tenido los españoles en la derivación de vocablos por medio de la metáfora, y en el empleo metafórico de las cosas en refranes y frases hechas, donde podríamos señalar un tesoro tan rico y poético como el zoológico que hemos indicado.
Otras veces el mote se refiere á una muletilla del individuo, ó á un caso particular, cuya historia se conserva entre las gentes del pueblo, ó no se conserva. ¡Cuántos motes no pasan de padres á hijos olvidándose el motivo que los originó! Tal es la fuente de muchos apellidos, y la razón del de ó de la silbante en los patronímicos castellanos. Juan de Diego es un Juan hijo de Diego, Láinez es el de Laín, Pérez el de Pero ó Pedro, López el de Lope. El hijo del rey Silo se llama en un documento de su época Siliz, el de Silo. Márquez es el hijo de Marco, Álvarez el de Álvaro, Domínguez el de Domingo. Pero de los patronímicos, y en general de los apellidos, habría que tratar por separado.
Los apellidos son motes que por su antigüedad han perdido ya la razón de su significado. Por eso el pueblo que gusta de llamar las cosas por sus nombres, quiero decir, no á ciegas, sino por nombres que les convengan, no hace caso de los apellidos é inventa motes de continuo. Los apellidos ahí se quedan para el Registro y para la sociedad, que vive de convencionalismos y rutinas. El pueblo no vive como ella de sangre gastada hasta tomar ese tinte azul de que se paga la nobleza; vive de sangre fresca, bien roja y bullente. Y así como no quiere vocablos de extranjis, que para él es letra muerta, aunque vengan de Roma y Atenas, porque los considera como pelucas y otros armatostes postizos, y como tales los trata, estropeándolos cuando se ve precisado á tomarlos en sus labios, así tampoco hace caso de apellidos, ni nombres, si no son de su hechura y pintan al individuo.
No faltan eruditos que menosprecien toda esa vida, todo ese realismo, toda esa verdad que encierra lo popular, y que prefieran lo que se llama de buen tono, correcto, atildado.
De gustos no disputaremos. Yo tengo por de mejor tono, por más correcto y atildado, el árbol que comienza á echar sus frutos, el joven de quince á veinte años, el modo de decir que espontánea y naturalmente nace en labios del pueblo y que tiene su arraigo en el idioma tradicional y propio, porque ese árbol, ese joven, ese decir, son brotes naturales llenos de savia y de vida. Los viejos robles son mejores para quemados en invierno, que nos den calor; los ancianos son más de respetar y oir como consejeros; los vocablos de la veneranda antigüedad, para leer los autores que los emplearon y para estudiar la psicología de los pueblos que ya pasaron.
Por eso á otros causará risa; á mí me sabe á poco el siguiente cuento que trae Polo y Peyrolón, que ni siquiera lo es, porque yo mismo lo he presenciado, mutatis mutandis, y lo habrá presenciado cualquiera que sea un poco observador de las costumbres populares. Reunidos en cierta ocasión los cofrades de San Roque en la casa rectoral del pueblo de Tramacastilla para celebrar una junta, quiso el párroco cerciorarse de la puntual ó escasa asistencia de los asociados, y al efecto tomó el libro de los cofrades y fué leyendo, uno por uno, sus nombres y apellidos. La sala estaba llena, y nadie, sin embargo, decía esta boca es mía.
—Hombre, muchos faltan—observó el señor cura, dejando de leer.
—¡Ca! No, señor—contestó el maestro de escuela.—Déme usted ese libro.
Nada comprendió el párroco, pero obedeció.
—Cuquita—voceó el maestro, principiando la tarea.
—Presente.
—Goticaaceite.
—Presente.
—Mediamisa.
—Presente.
—Perotes.
—Presente.
Y al punto contestaron, uno tras otro, á sus respectivos apodos, los que momentos antes permanecieron mudos al oir sus nombres y apellidos. No es cuento el que muchos ignoren su apellido: es un hecho que yo he tocado con las manos. Los apellidos son nombres muertos que yacen en el Registro y con los que se entretienen las personas de sociedad. El pueblo no gusta de autopsias ni de manipular cadáveres: quiere nombres vivos, que son los motes por él dados, y muy bien dados.