NOTES:
[94] tenerse sobre los pies, to stand.
[95] dar de comer, to feed.
[96] hacerse pedazos, to be broken in pieces.
[97] tratar de, to try. Tratar, in the sense of to try, takes de before the following infinitive.
LA CHIMENEA
Es muy hermosa,
Es agradable,
Es confortable
La chimenea,
Cuando en las noches
De cruda helada
Su llama amada
Chisporrotea;
Sintiendo entonces
Que en nuestra frente
Su lumbre ardiente
Vida nos da,
Que por sus llamas,
Con luz dorada,
Iluminada
La sala está.
Cuando unas mueren
Otras se encienden:
Mil se desprenden
En confusión.
Todos recuerdan
Sus ilusiones:
Las impresiones
Del corazón.
Todos gozamos
Al contemplarla,
En dulce charla
Que nos recrea,
Cuando en las noches
De cruda helada,
La llama amada
Chisporrotea.
—Quiteria Varas Marín.
Léase repetidas veces este poema en voz alta.
El Patio de los Arrayanes de la Alhambra
UN JUEZ MORO
Al mentiroso conviene ser memorioso
Un emir de Argel tuvo noticia de[98] que había cerca
de la ciudad un juez muy hábil para[99] descubrir la
verdad, y quiso hacer la prueba[100] por sí mismo. Se
disfrazó de[101] mercader y se puso en camino.[102]
Cerca ya de la población donde el juez vivía, se 5
acercó al emir un mendigo, y le pidió limosna. El
emir le dió algunas monedas, y cuando iba a seguir
su camino,[103] le detuvo el mendigo de nuevo.
—¿Qué más quieres de mí?—le preguntó aquél.
—Te ruego que me lleves en tu caballo hasta la 10
plaza, para que los camellos no me atropellen.
Accedió bondadosamente el emir y llevó al pordiosero
hasta la plaza. Allí detuvo su caballo; pero el mendigo
no daba señales de[104] apearse.
—Ya hemos llegado; bájate—le dijo. 15
—¿Por qué me he de[105] bajar, si el caballo es mío?
Baja tú pronto, o te denunciaré ante el juez por ladrón.
El emir quedó asombrado de la audacia y mala
fe de aquel pícaro.
Pronto la muchedumbre que los rodeaba se enteró[106] 20
del caso, y les dijo:
—Vayan ustedes donde está el juez, y todo se
pondrá en claro.[107] Uno y otro comparecieron ante el
juez.
Aguardando turno,[108] presenciaron allí otros varios 25
juicios.
Un sabio y un patán se disputaban[109] una misma
mujer. El juez, después de oírlos, les dijo:
—Dejen ustedes aquí la mujer, y vuelvan mañana.
Entraron en seguida un carnicero y un aceitero. 30
El carnicero estaba lleno de sangre y el aceitero de
aceite, en la ropa y en las manos.
El carnicero decía:
—Fuí a comprar aceite, y al sacar la bolsa para
pagarlo, este hombre me sujetó la mano para quitarme 35
el dinero. Hemos venido hasta aquí, él agarrado a
mi mano y yo sujetando la bolsa.
—Lo que este hombre dice es mentira,—dijo el
aceitero.—Vino él a comprarme aceite, me dijo que le
cambiara una moneda de oro, y al sacar yo la bolsa 40
para complacerle, quiso apoderarse de[110] ella. Yo entonces
le cogí la mano, y así hemos venido a su presencia.
El juez meditó un momento, y dijo:
—Dejen ustedes el dinero, y vuelvan mañana.
Tocóle su vez al[111] emir, y relató lo que le había sucedido[112] 45
con el mendigo.
El juez escuchó al emir, y ordenó luego al pordiosero
que explicara el caso.
—Iba yo en mi caballo—dijo—cuando este
hombre me rogó que le dejara montar y le llevara 50
hasta la plaza. Hice lo que me pedía; pero cuando
le advertí que ya estábamos en las ciudad, se negó a[113]
bajar del caballo, diciendo que éste era suyo.
El juez dijo:
—Dejen ustedes el caballo aquí, y vuelvan mañana. 55
Al día siguiente acudieron muchas personas para
conocer las resoluciones del juez.
Cuando se presentaron el sabio y el patán, el juez
dijo al primero:
—Llévese usted su mujer, y que den al patán cincuenta 60
azotes.
Fuéronse el sabio y su esposa, y el patán sufrió la
pena.
Llamó el juez al carnicero y le dijo:
—El dinero es suyo. 65
Señalando después al aceitero, mandó que le dieran
cincuenta azotes.
Llegó el turno de emir y el mendigo.
—¿Reconocería su caballo entre otros veinte?—preguntó
el emir. 70
—Lo reconocería.
—¿Y usted?
—También—repuso el mendigo.
—Sígame—dijo el juez al primero.
Se dirigieron a[114] la cuadra, y el emir reconoció en 75
seguida su caballo.
El juez hizo entrar[115] también al mendigo, quien
señaló el mismo caballo que había señalado el emir.
Volvió el juez a su sitio, y dijo al emir:
—¡Tome usted el caballo: es suyo! 80
Y ordenó que le dieran al mendigo cincuenta azotes.
Cuando el juez se alejaba, el emir se le dirigió a[116] él.
—¿Qué me quiere usted?—le preguntó el juez.
¿Acaso está descontento de la sentencia?
—No es eso. Soy el emir Baukas, y vine atraído 85
por su fama de juez experto y prudente. Me ha sorprendido
su aplomo en el juicio, y por lo que a mí
corresponde[117] declaro que acertó. ¿Podría saberse
cómo ha averiguado usted la justicia de los demás?
El juez contestó sencillamente: 90
—Llamé a la mujer del sabio esta mañana y le
dije: «Eche usted tinta en mi tintero.» Tomó el
tintero, lo limpió cuidadosamente y lo llenó de[118] tinta,
todo en un instante y bien. Era indudable que aquella
labor no era nueva para ella. Si hubiese sido mujer 95
del patán no hubiera procedido tan hábilmente en
aquel trabajo.
En cuanto al[119] dinero, lo hice depositar en una
cubeta con agua. Esta mañana observé con atención
si sobrenadaba algún indicio de aceite. Si el dinero 100
hubiera sido del vendedor de aceite, lo habría éste
impregnado con el contacto de sus manos. El ligero
tinte del agua y la ausencia del aceite en ella decían
claramente que el dinero era del carnicero.
El caso del caballo era más difícil de averiguar. El 105
mendigo lo reconoció tan pronto como usted entre
otros veinte. Les sometí a esta prueba para ver
solamente a cuál de los dos reconocía el caballo.
Cuando usted se acercó a él, el caballo volvió al
instante la cabeza para mirarle mientras que cuando
el mendigo lo tocó, encogió una pierna y miró hacia
otro lado con ojos indiferentes. Así averigüé que era
suyo. 110
Admirado el emir de[120] la penetración y sabiduría del
juez, trató de premiarle; pero él rehusó, diciendo:
—Nada podría usted darme que valiera tanto como
la satisfacción de haber procedido justamente. Pida
usted solamente al[121] cielo que me esclarezca en todos 115
los casos el camino de la verdad.
—Leo Tolstoy.
EJERCICIOS
Cuestionario
Contéstese en español a las preguntas que siguen.
1. ¿Por que se puso en camino el emir?
2. Además de pedirle al emir dinero, ¿qué otra cosa le pidió el mendigo?
3. ¿Por qué los rodeaba la muchedumbre?
4. ¿Qué juicios presenciaron ante el juez?
5. Dé usted una palabra sinónima de pordiosero.
6. ¿Cómo había decidido el juez la disputa entre el carnicero y el aceitero?
7. Cuando el emir trató de premiar al juez, ¿qué dijo éste?
Modismos
Tradúzcanse al español las siguientes oraciones basadas todas en los modismos tomados del cuento "Un Juez Moro."
1. The merchant will set out for the city.
2. He continued on his way all day.
3. He found out that we had taken possession of the horse.
4. The rogue was awaiting his turn.
5. All this happened yesterday.
6. The judge has refused to listen to the rustic.
7. The beggar asked a rich man for money.
8. The merchant has disguised himself as a beggar.
El imperativo de verbos regulares
Las varias formas del imperativo del verbo contestar son:
| contestemos (nosotros, as) | |
| contesta (tú) | contestad (vosotros, as) |
| conteste usted | contesten ustedes |
Del mismo modo, escríbanse las formas del imperativo de otros tres verbos que sean de las tres conjugaciones regulares.
Estudio de voces de la misma etimología
Hágase una lista de todas las voces españolas de la página 40 que tengan palabras inglesas de la misma etimología.