ESCENA IV.
D. Die.
¿Y á quién debo culpar? (Apoyándose en el respaldo de una silla.) ¿Es ella la delincuente, ó su madre, ó sus tias, ó yo?... ¿Sobre quién, sobre quien ha de caer esta cólera, que por mas que lo procuro, no la sé reprimir?... ¡La naturaleza la hizo tan amable á mis ojos!... ¡Qué esperanzas tan alagüeñas concebí! ¡Qué felicidades me prometia!... ¡Zelos!... ¿Yo?... ¡En que edad tengo zelos!... Vergüenza es... ¿Pero esta inquietud que yo siento, esta indignacion, estos deseos de venganza de qué provienen? ¿Cómo he de llamarlos? Otra vez parece que... (Advirtiendo que suena ruido en la puerta del cuarto de Doña Francisca, se retira á un extremo del teatro.) Sí.