ESCENA IX.

SIMON, D. DIEGO.

Simon.

Ahí están, señor.

D. Die.

¿Qué dices?

Simon.

Cuando yo salia de la puerta, los ví á lo léjos que iban ya de camino. Empecé á dar voces y hacer señas con el pañuelo: se detuvieron, y apenas llegué y le dije al señorito lo que usted mandaba, volvió las riendas, y está abajo. Le encargué que no subiera hasta que le avisára yo, por si acaso habia gente aquí, y usted no queria que le viesen.

D. Die.

¿Y qué dijo cuando le diste el recado?

Simon.

Ni una sola palabra... Muerto viene... Ya digo, ni una sola palabra... A mí me ha dado compasion el verle así tan...

D. Die.

No me empieces ya á interceder por él.

Simon.

¿Yo, señor?

D. Die.

Sí, que no te entiendo yo... ¡Compasion!... Es un pícaro.

Simon.

Como yo no sé lo que ha hecho.

D. Die.

Es un bribon, que me ha de quitar la vida... Ya te he dicho que no quiero intercesores.

Simon.

Bien está, señor. (Vase por la puerta del foro. D. Diego se sienta, manifestando inquietud y enojo.)

D. Die.

Dile que suba.