BIOGRAFÍA DE LUDOVICO ARIOSTO.

Ludovico, ó Luis, Juan Ariosto nació el 8 de Setiembre de 1474 en Reggio, ciudad del ducado de Ferrara. Sus padres fueron Nicolás Ariosto, noble ferrarés, gobernador de la ciudadela de Reggio, y Daria Maleguzzi. Luis fué el mayor de sus cuatro hermanos y cinco hermanas.

Apenas entrado en la adolescencia, dió público testimonio de su singular talento, pronunciando en la apertura del curso universitario un discurso en latin, compuesto por él, y notable por sus conceptos y por su florido estilo. Desde entonces reveló su inclinacion y habilidad en la poesía, escribiendo un drama titulado la Fábula de Tisbe, que representó despues, acompañado de sus hermanos. Por obedecer á su padre empleó cinco años en el estudio de las leyes; pero con tanta tibieza y desapego, que no correspondiendo el resultado á las esperanzas concebidas, se decidió su padre á dejarle seguir la carrera á que le llamaba su vocacion. Estudió nueva y cuidadosamente la lengua latina bajo la direccion de Gregorio de Spoleti, y se entregó con tal ardor al exámen de los más excelentes escritores de aquella lengua, especialmente de los poetas, que descubrió y aprendió las bellezas menos observadas, y consiguió descifrar los pasajes más oscuros, lo cual le dió gran renombre en la corte de Roma, bajo el pontificado de Leon X.

Habiendo adquirido Ariosto en la escuela de Gregorio el caudal de conocimientos necesario, intentó ajustar la comedia italiana á las reglas de la griega y de la latina, componiendo en prosa la Cassaria y los Suppositi (los supuestos ó fingidos), que arregló más tarde en versos esdrújulos. La muerte de su padre, ocurrida en Febrero de 1500, le privó, en gran parte, de la comodidad y del tiempo necesario para continuar los trabajos emprendidos en la poesía italiana y en la latina, por haberse visto obligado á dedicarse á una tarea tan penosa como nueva para él, cual era la del arreglo de sus asuntos domésticos, aunque no de modo que renunciara totalmente á su ocupacion predilecta, segun lo prueban las diferentes poesías que de aquel tiempo nos dejó impresas. No tardó en conocer y apreciar su talento el cardenal Hipólito de Este, hijo de Hércules I, el cual quiso que Ariosto formara parte de su alta servidumbre. Observando aquel experto Príncipe que no consistia en la poesía solamente el mérito de nuestro poeta, tuvo á gran dicha confiarle las comisiones más delicadas, así suyas como de su hermano Alfonso, sucesor de su padre Hércules en el ducado de Ferrara. Estas comisiones fueron varias; pero las dos más importantes consistieron, la primera, en impetrar del pontífice Julio II, en Diciembre de 1509, los socorros necesarios en gente y dinero para rechazar una agresion de los venecianos, y la segunda, en aplacar la cólera del mismo Pontífice, sumamente irritado contra el duque Alfonso por su alianza con los franceses.

En el tiempo en que Ariosto perteneció á la servidumbre del Cardenal de Este, se le ocurrió, con objeto de atraerse el favor de su señor, componer un poema que redundase en alabanza de dicho Cardenal y de su familia, y empezó á escribirlo en tercetos; mas satisfaciéndole poco este metro, adoptó las octavas reales, como más á propósito para su idea, emprendiendo en seguida el trabajo de completar la obra bosquejada por el conde Boyardo en su Orlando enamorado. Despues de diez ú once años de trabajo, muchas veces interrumpido, creyó que su poema estaba en disposicion de ser impreso y publicado, á fin de conocer la opinion formada sobre él, no solo por sus amigos, sino tambien por la generalidad, y tenerla presente para corregirlo más adelante. En efecto, en 1516 dió á luz su Furioso, y una vez conocido el parecer de las personas ilustradas, y despues de muchas correcciones, adiciones y cambios, y de añadir seis cantos á los cuarenta de la primera edicion, volvió á publicarlo en Ferrara en 1532. No quedó tampoco satisfecho de las correcciones hechas en esta segunda edicion; porque desanimado por el desvío con que despues de quince años de leales y penosos servicios le pagó su señor, y atormentado por los incesantes litigios que tuvo que sostener y que iban mermando su patrimonio, ó no hizo nada en su poema por espacio de mucho tiempo, ó á lo menos poco y con poco gusto; de modo que hácia el fin de su vida se lamentaba de que su Furioso careciese de la debida correccion, parte por causa de sus cuidados domésticos, y parte por culpa de sus señores, que continuamente le distraian con viajes, embajadas y gobiernos.

Ariosto suponia con fundamento que su poema le haria acreedor del aprecio del Cardenal, y supuso tambien con razon que este aprecio no se entibiaria por alguna cosa de poca importancia; pero cualquiera que fuese el concepto que al principio hubiese formado aquel príncipe de dicha obra, lo cierto es que no habian transcurrido diez y ocho meses cuando el poeta se vió privado del fruto de sus honrosas tareas. La única causa que para ello medió consistió en que, cuando pasó el Cardenal á Hungria para permanecer en aquel país, como permaneció dos años y algunos meses, Ariosto se excusó de acompañarle, fundándose en la necesidad de atender á su quebrantada salud y al cuidado de su familia. Desde aquel momento el Cardenal, si bien no le despidió de su servidumbre, le privó por lo menos de su gracia, y dió manifiestas pruebas de su animadversion hácia el poeta. Encontró, sin embargo, cierta compensacion á esta pérdida en el nombramiento dé gentil-hombre de su cámara, que le confirió el duque Alfonso.

Desempeñó tranquilamente este nuevo servicio cerca de tres años, en que disfrutó del sosiego necesario para sus estudios, aun cuando siempre que salia el Duque fuera de la capital, se veia obligado á acompañarle; pero no fueron tranquilos por lo que á sus asuntos domésticos hacia, los cuales le traian sumamente angustiado á causa de lo reducido de su patrimonio y de su numerosa familia. Poco despues se añadió á esta estrechez la pérdida de cierta pension que bastaba á sus necesidades, que cobraba en Ferrara, y que fué suprimida por el Duque.

Reducido á los mayores apuros, suplicó al Duque que le auxiliase en su necesidad ó que le diera licencia para dejar su servicio, á fin de buscar en otra parte los medios de vivir de que carecia. Alfonso creyó satisfacer sus deseos, nombrándole en Febrero de 1522 gobernador de la Garfagnana, en ocasion en que el gobierno de aquel país era peligroso á consecuencia de las distintas facciones y partidas de bandoleros que merodeaban por él. En dicho cargo continuaba en el año de 1523, cuando Clemente VII fué elegido papa, segun sabemos por la sátira sétima que escribió á Buenaventura Pistofilo, secretario del Duque de Ferrara, en respuesta á la proposicion de nombrarle ministro residente cerca del Papa, que dicho secretario le habia dirigido; manifestando que, aparte de la obediencia que al Príncipe debia, preferia continuar tranquilo en su patria. Siguió, pues, encargado del gobierno de la Garfagnana hasta terminar el plazo fijado, que era de tres años, y despues se trasladó á Ferrara, donde por complacer al Duque, á quien agradaban en extremo las representaciones teatrales, se dedicó á revisar y corregir las cuatro comedias que habia escrito hacia ya muchos años, y á empezar la Escolástica, que fué la quinta, y cuya obra dejó sin concluir.

El duque Alfonso no escaseó gasto alguno para hacer que se representaran dichas comedias, é hizo que se levantase un teatro en un salon de su palacio segun los planos del mismo poeta, el cual se esmeró tanto en su construccion, que por aquel tiempo no se conoció otro tan bello ni magnífico. En él se representaron varias veces con extraordinario aplauso y en presencia de muchos príncipes las cuatro comedias citadas, tomando parte en su ejecucion los personajes más notables de la corte, segun era costumbre en aquellos tiempos; y hasta el príncipe D. Francisco, uno de los hijos del Duque, no se desdeñó de recitar el prólogo de la Lena, la primera vez que esta obra se puso en escena en el año 1528.

Ariosto intentó componer un nuevo poema, ó más bien ampliar su Furioso, añadiendo los cinco cantos que despues de su muerte fueron impresos á continuacion del poema primitivo. Otras muchas cosas escribió, además de las publicadas, para ejercitarse en la poesía ó como meros ensayos; y sábese especialmente que, para adiestrarse en la invencion de su Furioso, se dedicó á la traduccion de varios libros novelescos, así españoles como franceses. Por complacer al Duque y quizá tambien por su propia conveniencia, se ocupó asimismo en arreglar á la escena italiana muchas comedias de Plauto y de Terencio, cuyos ensayos seria de desear que no se hubiesen perdido, por más que el Poeta los tuviese en poco, aunque solo fuese porque, merced á ellos, tendríamos una nueva y respetable interpretacion de muchos pasajes oscuros y difíciles de los clásicos latinos.

Los primeros ingenios de su tiempo apreciaron cual se merecian las valiosas dotes de nuestro Poeta, el cual vivió con ellos en cordial amistad, presentándonos un honroso recuerdo de esta en su poema. Pero más particular y hasta cariñosamente fué amado, querido y admirado de los principales señores de Europa, entre los cuales podemos citar, además de su señor natural, el Duque de Ferrara, que le distinguió más que cuantos en este ducado tenian á gala proteger las artes y la literatura, á Juan de Médicis, que fué despues Papa con el nombre de Leon X; á los cardenales Gonzaga, Farnesio, Salviatti, Bibiena y Campeggi; al marqués del Vasto y todos los señores de la corte de Urbino; á otros muchos príncipes y reyes que le ofrecieron un lugar honroso en sus cortes, y para terminar de una vez, al emperador Cárlos V, el cual, encontrándose en Mantua en noviembre de 1532, quiso honrarle públicamente colocándole por su propia mano una corona de laurel en la cabeza.

Poco más de un mes haria que habia cumplido los 58 años, cuando apenas terminada la impresion de su poema corregido y ampliado, empezó á sentir los primeros síntomas de una enfermedad que le condujo en ocho meses al sepulcro. Los principales médicos de Ferrara que le asistieron la juzgaron desde luego incurable. La calificaron de una obstruccion en el cuello de la vejiga, y queriéndola combatir con bebidas aperitivas, le estropearon el estómago: acudiendo entonces á atajar esta nueva indisposicion, tanto le estragaron, que al fin resultó ético. Supúsose que su mal habia tenido principio en la noche que precedió al último dia del año 1532, no porque entonces empezara á sentirse de él atacado, sino porque en aquella noche se agravó de manera, que desesperó ya de recobrar la salud. Ocurrió la citada noche que, prendióse fuego en una tienda situada en la galería del patio ducal frente á la Catedral, y corriéndose las llamas á las tiendas contiguas, ardieron todas en tres dias y con ellas los salones del palacio que sobre ellas habia, juntamente con el teatro que el Duque habia hecho construir pocos años antes en aquellos salones para la representacion de las comedias de Ariosto. Desde entonces la enfermedad hizo rápidos progresos, y despues de haberle extenuado completamente, le ocasionó la muerte el dia 6 de Junio de 1533. Cuatro hombres trasladaron su cadáver desde la casa mortuoria, situada en la calle del Mirasol, hasta la iglesia vieja de S. Benito, alumbrado tan solo por dos hachas, pero acompañado espontáneamente por los monjes y enterrado en dicha iglesia tan sencillamente como habia querido y prescrito.

Su hermano Gabriel deseó hacerle un sepulcro proporcionado á su cariño y al mérito del Poeta, pero no le ayudaron los medios. Su hijo Virginio se propuso trasladar sus restos á una capilla que habia levantado en el huerto de la casa paterna; mas los monjes se opusieron tenazmente á ello. Cuarenta años permanecieron los huesos de Ariosto en tan humilde sepultura, aunque visitados y honrados por muchos poetas, que le dedicaron composiciones latinas é italianas. Agustín Mosti, noble ferrarés, discípulo de Ariosto, determinó erigirle á sus expensas un sepulcro más decoroso, y lo construyó en efecto en la iglesia nueva de dichos monjes, todo de mármoles finísimos, y adornado de figuras y elegantes tallados, descollando en su parte superior la estátua del Poeta, de mayor tamaño que el natural. En 1612, uno de de sus descendientes, llamado como él Ludovico, le erigió otro sepulcro en la misma iglesia, mucho mejor por la calidad de los mármoles y por su belleza arquitectónica, y se trasladaron de nuevo á él sus cenizas, donde reposan hasta hoy dia.

Mucho nos quedaria que decir aun si quisiéramos ocuparnos minuciosamente de cuanto tiene relacion con el poeta ferrarés. Nos limitaremos á manifestar, que en sus poemas y especialmente en sus sátiras nos dejó una exposicion clara é ingénua de las dotes de su ánimo, conformes á la más rigurosa moral, y nos aventuramos á decir que, si viviese en nuestros dias, hubiera ofrecido un ejemplo digno de imitar, y habria descollado sin duda alguna entre los hombres de fama mejor sentada. Los escritores contemporáneos de Ariosto ponderan la afabilidad de su trato, la delicadeza y lealtad de sus acciones, su diligencia en complacer á cuantos hacian uso del favor que gozaba con el Duque, su modestia y su respeto hácia todos, su justicia, su mansedumbre y su agrado. Ensalzaban asimismo su moderacion en el deseo de gracias y honores, y aseguraban, que dándose por satisfecho con una modesta riqueza, aborrecia los bienes adquiridos por medio de las bajezas ó las humillaciones. Amigo de la sobriedad, despreciaba los esquisitos manjares de los banquetes solemnes. Le suponian experto y sagaz, profundo conocedor de los cortesanos y del carácter de los hombres que habia tratado; de imaginacion rápida, y agudo y hasta chistoso en sus palabras; inclinado al estudio y á la contemplacion; enemigo de la ociosidad, de las vanas ceremonias, y sobre todo de las adulaciones palaciegas; amante en extremo de su patria, fiel á sus príncipes, y constante en su amistad.

En muchos pasajes de sus poesías se manifiesta inclinado á los galanteos amorosos; pero aun cuando hubiese sido tal como él mismo confiesa, créese que se separó algun tanto de la verdad por capricho, y por dar belleza y amenidad á sus poéticas fantasias como lo exigía el carácter y la libertad de su siglo. Parece á muchos censurable que ciertos trozos de sus poesías no puedan leerse por todos sin perjuicio de la honestidad; pero debe tenerse presente que en su tiempo no sucedia lo mismo, como hoy no lo es entre ciertos isleños la desnudez que no tolerarian los europeos. Ariosto fué siempre cauto y reservado en cuanto se relacionaba con sus amores: tuvo dos hijos naturales, Virginio y Juan Bautista: el primero, nacido de una amiga, llamada Ursulina, fué canónigo de la Catedral de Ferrara; y el segundo, de madre ignorada, capitan de la milicia del Duque. De su mujer legítima, Alejandra Benucci, florentina, no se sabe que tuviese descendencia.

Por último, aun cuando á nuestro Poeta no se le ocurrió hacer gala de un valor que se avenia mal con su carácter pacífico, debemos hacer constar con el Pigna, uno de los escritores contemporáneos, que tomó parte en un combate naval contra las fuerzas del papa Julio, ó más bien contra las de la República veneciana, en el cual dió evidentes pruebas de bravura, resistiendo valerosamente con otros caballeros, y logrando apoderarse de un bajel enemigo, cargado de pertrechos y de toda clase de víveres de boca y guerra. Por lo demás, basta la energía que demostró para limpiar el territorio de la Garfagnana de los bandoleros y facciosos que lo infestaban, para dejar sentado que el valor no era una de las cualidades que menos resaltaban en el inmortal autor de Orlando furioso.

ORLANDO FURIOSO.