ACTO PRIMERO.
CELIA Y LISENA, damas.
Cel.
Escribióme que partia,
Ya no es posible tardar.
Lis.
Lo que tanto ha de durar
¿Sientes esperar un dia?
Cel.
No es la pena que resisto
Amor en todo rigor,
Porque nadie tiene amor
Á las cosas que no ha visto.
Lis.
Engéndrase amor del ver,
Tambien del imaginar,
Y quien se piensa casar
Ya sabe que ha de querer.
Cel.
Deseos de ver me dan
Si á la verdad corresponde,
Como me han pintado al Conde
Tan gentil hombre y galan.
Lis.
¿Quién duda que será ansí
Y que no te han engañado?
Cel.
Sin los ojos me he casado,
Quejosos están de mí,
Que por no tener enojos
Con lo que se ha de querer,
Les da el alma su poder
En causa propia á los ojos;
Que ellos los primeros son
En tanto que el bien se alcanza,
Los que van con la esperanza
Á tomar la posesion;
Mas cuando no me contente,
Yo te aseguro de ser,
Sólo en mudarme mujer,
Y no suya eternamente.
Lis.
La dicha, Celia, no estriba,
De una mujer, en que sea
Lindo el hombre en quien se emplea
Para que contenta viva;
Un discreto entendimiento
Y una dulce condicion,
Partes principales son
De un dichoso casamiento;
Ruega que las tenga el dueño
Que esperas, para que seas
Dichosa si en él te empleas.
Cel.
En esta jornada empeño
No más que haberlo tratado,
Aquí el Conde ha de venir
Y en ese cuarto vivir
Que le tengo aderezado;
Supliquéle que viniese
Solo y secreto.
Lis.
Y es justo,
Porque no siendo á tu gusto,
Como se vino se fuese;
Que á los que te han deseado
En Nápoles, no has de dar
Ocasion de murmurar,
Celia, el no haberte casado.
Y áun tuviera por mejor
Que no viviera en tu casa,
Que si despues no se casa,
No queda tan bien tu honor.
Cel.
Si él viene aquí disfrazado,
¿Quién ha de saber quién es?
Lis.
La pretension del Marqués,
Que dos años te ha mirado.
FLORA.
Flora.
No pido albricias, pues ya
Sabrás que el Conde ha venido,
Con decir que albricias pido.
Cel.
¿Venido?
Flora.
Á la puerta está.
Cel.
Confieso que me he turbado;
¿Mucha gente?
Flora.
Sólo un hombre.
Cel.
¿Y él qué traza?
Flora.
Gentil hombre
Y á lo virote emplumado;
¿Ha de subir luégo aquí,
Ó en su cuarto se ha de entrar?
Cel.
Eso le has de preguntar,
Flora, al Conde, que no á mí.
EL CONDE OTAVIO, TOMÉ, criado.
Otav.
Aunque atrevimiento sea,
Que claro está que lo es,
Turbado pido los piés
Que toda un alma desea;
Mal dije en haber pensado
Que turbado y necio estoy,
Si en entrambas cosas doy
Indicios de desposado,
Porque en el concierto nuestro
Es atrevimiento injusto,
No sabiendo vuestro gusto
Presumir del ser tan vuestro.
Mas como breve ocasion
No da lugar al consejo,
Cuanto callo y siento dejo,
Celia, á vuestra discrecion;
Que el estar necio y turbado
Justa disculpa ha tenido,
De mí, por recien venido,
Y de vos, por desposado;
Con esto quiero rendirme,
Que no es razon perdonarme,
Ni á mí por necio alargarme,
Ni á vos por turbado oirme.
Cel.
Entrambas cosas creyera
Trasladábades de mí,
Si lo que habeis dicho aquí
Esas dos faltas tuviera;
Vos seais muy bien venido,
Que con este desengaño
No podia llamarse á engaño
Ni la vista ni el oido.
Hable vuestra señoría
Á mi prima.
Otav.
Deslumbrado
Del sol, podré disculpado
Deciros que no la via;
No tengo qué os ofrecer,
Pedid de mi voluntad,
Á mi dueño la mitad,
Que la dí en llegando á ver.
Lis.
Quitársela no es razon
Á quien tan bien la merece,
Lo que la mia os ofrece
Es deuda y obligacion;
Que en fin, ya sabeis mi nombre,
Y cómo ménos turbada,
Pues no soy la desposada,
Digo que sois gentil hombre.
Otav.
Bésoos las manos, que ya
Con ese crédito puedo
Perder á mi dueño el miedo,
Que atenta mirando está
Las faltas que vos no veis,
Como no soy para vos.
Cel.
Si os hablais ansí los dos,
Que me turbe escusaréis,
Pero si no estais cansado
Entrad donde esteis mejor.
Otav.
En viendo vuestro valor
Descansé de mi cuidado.
(Con reverencia se entren los tres.)
TOMÉ, FLORA.
Tomé.
Detenga vuesa merced
El chapin por cortesía,
Si merece mi osadía
Locutorio por la red;
Y aunque no me ha preguntado
Quién soy, ni á lo que he venido,
Puesto que habrá presumido
Que soy del Conde criado,
Si el Conde se ha de llamar
Viniendo aquí de secreto,
Sepa que es al mismo efeto
Esto en que la quiero hablar.
Flora.
Atenta á la cara estoy
Más que al libre razonado.
Tomé.
¿Si la tengo de criado?
Pensó bien, el mismo soy.
Flora.
¿Qué me quiere, finalmente?
Tomé.
¿Esta ropa que he traido,
Tiene lugar conocido
Donde estar seguramente,
Ó ha de alojarse en posada?
Flora.
Si sabe que ésta ha de ser
La que el Conde ha de tener,
¿No es la pregunta excusada?
Aposento se le ha hecho
Que el Rey le puede ocupar.
Tomé.
¿Y al alma qué le han de dar?
Flora.
Daránle de Celia el pecho.
Tomé.
¿Hallaré yo quien me dé
Algun aposento á mí?
Flora.
Para que le sirva sí,
Y cerca del Conde esté.
Tomé.
¿Y para la voluntad?
Flora.
¿Tan presto quiere aposento?
Tomé.
Soy frágil, y luégo intento
No padecer soledad.
Flora.
¿El nombre?
Tomé.
Tomé.
Flora.
Buen nombre.
Tomé.
¿El suyo?
Flora.
Flora.
Tomé.
Convienes,
Flor, con el nombre que tienes.
Flora.
¿Es burla?
Tomé.
Dichoso el hombre
Que tuviera en su jardin...
Flora.
No lo digas; estas llaves
Son del cuarto.
Tomé.
¡Qué suaves
Ojos! hoy serás mi fin.
Flora.
Pon la ropa en él, y adios,
Y mira que desde aquí
Corre esa hacienda por tí.
Tomé.
¿Cuándo hablarémos los dos?
Flora.
Advierte lo que te digo
Y deja burlas.
Tomé.
Sí haré.
(Flora se entre.)
OTAVIO.
Otav.
Contento vengo, Tomé.
Tomé.
Del que tienes soy testigo,
Despues que vi la Condesa.
Otav.
¿No te ha parecido hermosa?
Tomé.
Cual suele salir la rosa
De su verde cárcel presa,
Ó la azucena esmaltada
De rayos de oro en marfil.
Otav.
Por mi vida que es gentil
Y digna de ser amada.
Tomé.
¿Cómo te va de deseo?
Otav.
Aunque he visto su valor,
En la cartilla de amor
Las primeras letras leo;
Quiérola, no hay qué tratar,
Es buena para mujer,
Y aunque es acabar de ver
Comenzar á desear,
No me ha sucedido ansí.
Tomé.
Tanto habrás imaginado,
Que es ménos lo que has hallado;
Las llaves me han dado aquí
Del aposento en que estés.
Otav.
Pienso que será excusado,
Que Celia á entender me ha dado
Que su pensamiento es
Que nos desposemos luégo.
Tomé.
¿Tan bien le pareces?
Otav.
Tanto,
Que de permitir me espanto
Que un hora tenga sosiego;
En obedecerla estoy,
Que aunque no estoy muy perdido,
Para amores de marido
Bastantes indicios doy,
Pero al fin el yugo es grave.
Tomé.
Agora debes de estar
Como quien mira la mar,
Cuando ha de entrar en la nave.
Yo imagino el casamiento
Como si ella se secase,
Y en las arenas dejase
Los hijos de su elemento,
Que como allí se verian
Tantas formas de pescados,
Se verian los cuidados
Que los casamientos crian;
Enojos, impertinencias,
Gastos, hijos, condiciones,
Celos, iras y áun traiciones,
Si se descuidan, ausencias;
Pero como se verian
Tambien perlas y corales
Y otros diversos metales
Que ó se pierden ó se crian,
Así se miran tambien,
Acertado un casamiento,
La honra, el gusto, el contento
Y el fin para el sumo bien.
FÉNIS, dama, huyendo.
Fén.
Si le corre obligacion
Á un hombre por hombre, el ser
Amparo de una mujer,
Aquí teneis la ocasion;
Caballero pareceis,
Confirmaldo en ampararme.
Otav.
No acierto á determinarme,
Tal confusion me poneis.
Fén.
Mirad que me han de matar,
Si no me escondeis.
Otav.
Tomé,
¿Qué haré?
Tomé.
Qué lindo qué haré;
Conmigo podeis entrar,
Que aquí hay aposento y llave
Donde segura estaréis.
Fén.
Alma y vida me daréis.
(Éntrense.)
Otav.
La mujer es bella y grave,
Algun suceso habrá sido
Entre honor y amor causado,
Ejemplos de desdichado
En vísperas de marido;
Mal principio, triste agüero,
Desdichas son prevenidas.
EL CONDE FABRICIO, viejo, con la espada desnuda.
Fabr.
Quitaréle dos mil vidas.
¿Habeis visto, caballero,
Una mujer por aquí?
Otav.
En este punto llegó
Una silla en que se entró,
Si es la mujer que yo vi;
Y no la sigais, que lleva
Cuatro valientes soldados.
Fabr.
¿Qué se cansan mis cuidados?
Aquí la traicion se prueba,
Todo estaba prevenido,
Silla y soldados de guarda;
¿Qué es lo que mi honor aguarda?
Traicion de Leonardo ha sido,
Á su casa voy, ¡ah cielos!
(Váyase.)
Otav.
Qué bien despachado va
Si es marido; sí será,
Que hablaba en traicion y celos.
CÉSAR Y ALBANO, criado.
Cés.
¡Qué tarde me has avisado!
Alb.
Por detener á Fabricio.
Cés.
Fué de poco seso indicio
El haberla amenazado.
Alb.
¿Qué llamas amenazar?
Y áun ejecutar su muerte.
Cés.
¡Que pudo salir de suerte
Que no la viese pasar
Estando esperando enfrente!
Alb.
Ya te he dicho cuanto pasa.
Cés.
¿Si se entró en alguna casa?
Otav.
Este es galan ó pariente.
Alb.
De Celia á la puerta está
Un gallardo forastero.
Cés.
¿Habeis visto, caballero,
Un hombre mayor que va
Desnuda la espada?
Otav.
Aquí
Sin color me preguntó
Por una mujer, y yo
Que la vi, le respondí,
Entrar en una bordada
Silla que dos turcos llevan,
Pero es error que se atrevan
Bríos de la edad pasada,
Á un caballero que allí
Ella Leonardo llamó,
Por cuyos brazos entró
Adonde os digo.
Cés.
¡Ay de mí!
Otav.
Porque lleva seis soldados,
Y áun españoles parecen.
Cés.
Aquí con mi honor fenecen
Mis amorosos cuidados,
De los dos concierto ha sido,
No tuve celos en vano.
Otav.
Aquel caballero anciano
¿Es su padre ó su marido?
Cés.
Su padre, que locamente
Por amenazarla dió
La causa, que la obligó
Á que su deshonra intente.
Otav.
¿Quién es?
Cés.
El conde Fabricio.
Otav.
¡Que es mujer tan principal!
Y este Leonardo, ¿es su igual?
Cés.
Llevársela no es indicio,
Vos, ¿quién sois?
Otav.
Un caballero
Milanés que en este punto
Llegó á Nápoles.
Cés.
Pregunto,
Haciendo salva primero
Al secreto y cortesía,
¿Sois el conde Otavio?
Otav.
Soy
Quien comienza desde hoy
Esta empresa ajena ó mia.
Cés.
El daros satisfaccion
Me toca de aquesta dama
Por mi honor y por su fama,
Pero no en esta ocasion,
Dadme licencia que luégo
Os vuelva á ver.
Otav.
Id con Dios.
(Váyanse.)
TOMÉ.
Tomé.
Aguardaba que estos dos
Se fuesen; muriendo llego
De risa por una parte,
Y por otra de pesar.
Otav.
No te acabaste de entrar,
Tanto que áun pudo toparte
Cuando el padre de esa dama,
Que nos ha pedido ayuda,
Vino, la espada desnuda,
Para defender su fama.
Díjele que la llevó
En una silla un galan,
Y que seis soldados van
En su escolta, y lo creyó,
Diciendo traicion ha sido
De Leonardo, y fuése airado;
Tras esto, el más agraviado
Si pensó ser su marido,
Y como viste gallardo,
Vino y de la misma suerte
Fuego por los ojos vierte
En busca del tal Leonardo,
Que seguro de su ofensa,
No sabrá qué responder;
¿Qué has hecho desta mujer?
Y ella ¿qué dice ó qué piensa?
Porque, vive Dios, que ha sido
Defenderla necio error,
Porque son cosas de honor
Donde hay padre y hay marido.
Tomé.
Señor, si tan cierto sabes
Que es aquesta noble dama
Hija del conde Fabricio,
¿Por qué te pesa de darla
Favor en esta ocasion?
Que un padre injusto la casa
Contra su gusto. ¿Es delito
Huir la desnuda espada
De un hombre que con la ira,
Cerca estuvo de matarla?
Y á tí, porque la defiendas,
¿Puede resultarte infamia?
Otav.
Nunca te he visto tan necio.
¿Parécete que es ganancia
Dar á Celia pesadumbre
Por esconderla en su casa,
Y á su padre y su galan
Para que se ofendan causa?
Que bien dicen, que ninguno
Sabe, cuando se levanta,
En qué ha de acabar el dia,
Porque ¿quién imaginára
Lo que nos ha sucedido?
Tomé.
Señor, tú puedes dejarla
Por los respetos que dices,
Puesto que es cosa inhumana;
Pero yo, si dos mil vidas
Me cuesta, no he de entregarla
Al tirano que la fuerza.
Otav.
Necio, ¿qué furor te engaña?
¿No es locura que á su padre
Escondas, sin irte nada,
Una mujer principal?
Tomé.
Yo sé que me disculpáras
Si la habláras ó la vieras.
Otav.
Si la viera, ó si la hablára,
La aconsejára su honor.
Tomé.
¡Ah señor! que en nuestras almas
Tiene gran juridicion
La hermosura en la desgracia;
Aquel mero mixto imperio
Que tiene una hermosa cara
Bañada en líquido aljófar
Sobre dos rosas de nácar,
¿Á qué bárbaro no rinde
De la más desierta Arabia?
¿Á qué fiera donde el Nilo
Las siete bocas desagua?
Parece que á las mujeres
Dió naturaleza sábia
Horca y cuchillo en los ojos,
Y más si lloran con gracia.
Si vieras tú como yo,
Dos estrellas animadas
Llover perlas en claveles
Por dos caminos de plata,
Si vieras entre suspiros,
Que con una mano blanca
Limpiaba soles un lienzo,
Que el dolor bañaba en agua,
Si vieras unos cabellos
Que descompuestos bajaban
Á servir de celosías,
Porque dos niñas se bañan,
Y que entre aquestos efetos,
Formaba tiernas palabras
El instrumento más dulce
De las acciones humanas,
Diciendo: ¡Ay padre cruel!
¿Por qué me fuerzas y casas
Con un hombre que aborrezo?
¿Qué dijeras, qué intentáras?
No es hombre quien esto sufre,
Aspid de la Scitia helada
Anima su ingrato pecho,
Pues que la deuda no paga
Á las mujeres debida,
Desde las primeras fajas,
Desde la primera cuna,
Y áun ántes que el hombre salga
Á la luz del sol, que allí
Como víbora los mata,
Con achaques, con antojos,
Y áun con la vida.
Otav.
No hagas
En su defensa, Tomé,
Conmigo oracion tan larga;
No tienen hombre en el mundo,
Que como yo satisfaga
La deuda á los nueve meses,
Pero en la presente causa,
¿Qué puedo yo hacer por ella?
Tomé.
Sólo hablarla y consolarla,
Ya que se valió de tí,
Que ella te dará la traza
Como tú la favorezcas.
Otav.
¿Á dónde está?
Tomé.
En esta sala.
Otav.
¿Viéronla entrar?
Tomé.
Fué ventura,
Que en corredor ni ventana
No estaba persona entónces.
Otav.
Abre, y pon luégo la aldaba.
FÉNIS.
Fén.
Si donde la belleza
Del exterior ornato y compostura
Confirma la nobleza,
Y las obligaciones asegura
De un noble caballero,
De vuestros piés favorecerme quiero.
Otav.
Tened, tened, señora.
Fén.
No juzgueis mi desgracia á culpa mia,
Pues oyéndome agora,
Culparéis de un tirano la porfía,
Cuyo acero desnudo,
Si no fuera por vos, matarme pudo.
Pensaréis que ha nacido
De ser liviana yo, la inobediencia
De que estará ofendido,
Pues sabed que es valor mi resistencia,
Y una virtud causada
Del mismo honor á que nací obligada.
Es el conde Fabricio
Mi padre, de alta sangre y de alto nombre;
Mas como el buen juïcio
Y la virtud hagan perfecto al hombre,
Entre gente que sabe
No hay alto nacimiento que se alabe
Dos nobles caballeros
Me han pretendido, en sangre y renta iguales;
Pero satisfaceros
Puedo segura yo que con ser tales,
Ninguno me ha inclinado
Á ser oido, cuanto más amado.
César llaman al uno,
Leonardo al otro; el César con el nombre
No sufre igual ninguno,
En el valor, en rico y gentil hombre;
Pero no le ha valido
Para ser á Leonardo preferido.
Pidiéndome arrogante,
Mi padre concertó mi casamiento,
Leonardo al mismo instante
Le declaró tambien su pensamiento,
Con que dudoso el viejo,
Si no la voluntad, mudó consejo.
César en esto airado,
Por quitar á Leonardo la esperanza,
Libre y desatinado,
Dijo, mintiendo extraña confianza,
Entre algunos señores,
Que tenía de mí falsos favores;
Y Leonardo presente
Á la conversacion de cierto dia,
Se alabó libremente
De que por prendas de mi amor tenía
Lo que puede la boca
Permitir de licencia al que la toca.
La honestidad consiste
En resistir los labios una dama,
Que si no los resiste,
Para su infamia abrió los de la fama;
Porque quien los entrega,
Confiesa más que con la lengua niega.
Melindre no os parezca
Que mis labios sintiesen sus agravios,
Que no es bien que merezca
La puerta del amor, que son los labios,
Quien ántes de tenellos,
Tan necio se alabó de merecellos.
Esta loca mentira
Me dijo visitándome Leonardo,
Para moverme á ira,
Y desde entónces esta afrenta guardo,
De suerte en mi sentido,
Que le aborrezco cuando no le olvido.
Mi padre, que debiera
Por la misma razon tenerle en poco,
En darme persevera
Á un hombre para mí tan necio y loco,
Que hoy quiere, hoy dice, hoy jura
Que tengo de firmalle la escritura.
Nuestros deudos se juntan,
Aunque él estaba ausente y recatado,
Luégo por mí preguntan,
Yo salgo, y miro con el rostro airado
Á mi padre, al notario,
Cual bravo con la espada á su contrario,
Tomo la pluma, escribo,
Al tiempo de otorgalla, que no quiero,
Ni admito, ni recibo
Á César por marido, y con severo
Rostro en la escrita suma,
Á espaldas vueltas arrojé la pluma.
No suele así cometa
Pasar resplandeciendo por el viento,
Y por senda imperfeta,
Correr para morir fuego violento,
Que yo partí encendida
De los agravios de que estoy corrida;
En leyendo lo escrito
Saca mi padre contra mí la espada,
La puerta solicito,
Todos le tienen, y salí turbada,
Donde me hubiera muerto,
Si no fuérades vos mi dulce puerto;
Á cuyos piés os ruego
Que miéntras pasa del rigor la furia
No permitais que ciego
Intente hacerme tan notable injuria,
Que como el alma os muestra,
Miéntras tuviere vida seré vuestra.
Tomé.
¡Vive Dios que me ha cogido!
Gusto de señora tienes,
Que yo esperaba un romance,
Y en verso grave procedes.
Otav.
Vuestra pena, y la ocasion
Me la ha dado de tal suerte,
Aunque otro intento tenía
Ántes, señora, que os viese,
Que determino, y es justo
Ser desde agora obediente
Á cuanto vos me mandeis,
Puesto que la causa es fuerte;
Que no sé qué he visto en vos
De aquello que no se entiende,
Que me ha mandado serviros,
Aunque la vida me cueste.
Yo soy en aquesta casa,
Desde esta mañana, huésped,
Que á tratar un casamiento,
Y que en su nombre concierte,
Por embajador me envia
Cierto amigo, que pretende
Á Celia, desde Milan;
Así porque no tuviese
Más segura voluntad,
En cuantos amigos tiene,
Como porque yo venía
Á negocios diferentes
Á Nápoles con el Duque,
Aquel Giron excelente,
Que de Sicilia ha venido
Habrá, señora, diez meses,
Donde sucedió al marqués
De Villena, su pariente,
Aquel Pacheco famoso,
Que de tan nobles Maestres
De Calatrava y Santiago,
Honor de España, desciende.
Esto quiso que tratase
Con esta dama, de suerte
Que hoy la he visto, y es señora
Que al conde Otavio merece;
Que aquéste es el apellido
Deste caballero ausente,
Soldado de buena fama
En Asti como en Verceli;
Entre el Alpe y Apenino
Caudaloso el Pó desciende,
Donde tiene algunas villas
Que le adoran y obedecen.
No perderá Celia nada
Cuando efetuado quede,
Aunque no me ha parecido,
Por algunos accidentes;
En este cuarto que veis,
Y que con vos se ennoblece
Aunque no lo imaginaba,
Me mandó que me aposente,
Porfié, no aprovechó,
Obedecí y acetéle;
Mi nombre es Cárlos, si acaso
En mi persona os parece
Que hay algo noble, eso soy,
Y para ser vuestro siempre.
Mirad agora qué traza
Dais en el rigor presente,
Que estoy tal de haberos visto,
Que me obliga á que os confiese
Que me pesará en el alma
Con envidia de que llegue
Otro alguno á mereceros.
Si á Celia quereis que os lleve,
Ella hará las amistades
Con vuestro padre y parientes;
Si quereis estar aquí
El tiempo que os pareciere,
Aposentos hay y llaves
Que os aseguren y cierren;
Esto será con secreto,
Porque Tomé solamente
Ha de acudir á serviros.
Tomé.
Y Tomé dice que puede
Entregarle esta alcaidía,
Porque desde Adan deciende
Por línea recta de alcaides,
Y la guardará fielmente,
Porque fué un agüelo suyo
Alcaide de los Donceles;
Que llevarla á Celia agora,
Es notable inconveniente,
Que no vive sin envidia
La hermosura en las mujeres.
Ea, pues, vusiñoría
Escoja aposento y éntre,
Que un huésped en casa honrada
Convidar puede otro huésped,
Y sálgase fuera Cárlos,
Que sólo se le concede
Que pueda ver esta dama
Los miércoles y los viérnes.
Otav.
Señora, Tomé es un loco,
Aquí no hay cosa que os fuerce
Si no es vuestra voluntad.
Fén.
Esa basta.
Otav.
Si lo fuese.
Fén.
No sé lo que puede ser.
Otav.
¿Cómo es vuestro nombre?
Fén.
Fénis.
(Éntrese.)
Otav.
¡Qué bien parecen las cosas
Que con los nombres convienen!
Tomé.
¿Qué quiéres concetear
Deste pájaro celeste
Si lo es de hermosura y gracia,
Y traer en cultos fuelles
Los céfiros orientales,
Con que sus llamas enciende,
Y que en canela y aromas
La purpúrea pluma envuelve
Para volver á nacer?
Otav.
¡Ay Tomé!
Tomé.
Pues bien, ¿qué tienes?
No hay borrico que suspire
En viendo los alcacéres,
Como tú por cualquier hembra.
Otav.
Mucho esta Fénis ofende,
No he visto cosa.
Tomé.
No más.
Otav.
Loco me deja.
Tomé.
Detente.
Otav.
¿Qué haré de Celia?
Tomé.
Casarte.
Otav.
¿Cómo casarme?
Tomé.
Ó volverte.
Otav.
¡Hay tal mudanza!
Tomé.
¿Qué dices?
Otav.
¡Qué confusion!
Tomé.
Ya no puedes
Hacer otra cosa.
Otav.
Calla,
Que el hombre que más entiende,
Adónde amanece sabe,
Pero no dónde anochece.
(Váyanse.)
LEONARDO, FABRICIO Y CÉSAR.
Leon.
Yo no soy hombre á quien hablar se puede
Con esa libertad.
Fabr.
No lo es la mia
Cuando el agravio á la prudencia excede.
Leon.
Para mí lo será vuestra porfía
Si en ese loco engaño persevera.
Cés.
Aquí la fe no estriba en cortesía,
Y hablando cuerdamente, no quisiera
Que el Conde en esto hubiera anticipado
Lo que deciros yo mejor pudiera.
Fabr.
De vos tambien me llamaré agraviado,
César, aunque conozco que es respeto
Á las muestras del tiempo que ha pasado,
Que llegando á poner en justo efeto
Lo que debo á quien soy, no ciño espada
Para que á ajena mano esté sujeto.
Cés.
Yo no respeto vuestra edad pasada,
Mas digo que me toca por la mia,
Como parte en su honor más agraviada.
Leon.
De alguno de los dos saber querria
En qué se funda engaño tan notable
Para satisfacer vuestra porfía.
Cés.
Déme licencia el Conde que yo hable.
Fabr.
Decid, pues todo tiene un mismo intento,
Y un mismo sentimiento inreparable.
Cés.
Yo le pedí, Leonardo, en casamiento
Al Conde, á Fénis, y con más ventura
Que vos sin oponer merecimientos,
El gusto de su parte me asegura,
Y para que quedase concluido,
Hoy habemos firmado la escritura;
No vino en esto Fénis, y sentido
El Conde amenazóla con la espada,
Del desprecio de entrambos ofendido,
La casa, en detenerle alborotada,
No vió salir á Fénis, que á sentilla,
No hubiera sido Troya desdichada,
Pues fué caballo griego cierta silla,
Incendio injusto que su casa espera
Si no puede el peligro reducilla;
No vino sola, puesto que pudiera,
Que con soldados españoles vino,
Que fuera mayor mal si se supiera
La causa de intentar un desatino.
Fénis como este inobediente al Conde,
Aunque no es en el mundo peregrino,
Dicen que sois, y que por vos se esconde,
Conociendo los turcos y criados,
Y que la voz comun señala adónde;
Agora no os admire que agraviados
Vengamos á pediros, como es justo,
Si obliga á caballeros tan honrados,
Excuseis la ocasion deste disgusto
Restituyendo á Fénis, que, en efeto,
No os está bien un caso tan injusto,
Y basta para un hombre tan discreto.
Leon.
Aunque reportado y sabio
Fundasteis vuestra razon,
De la injusta presuncion
Debo formar justo agravio,
Es verdad que yo he servido
Á Fénis, tan desdichado
Que para ser despreciado
Apénas dicha he tenido,
Tambien lo es que la pedí,
Y que el Conde se excusó,
Si de Fénis entendió
Cuán desestimado fuí;
Pues si César es testigo
De aqueste aborrecimiento,
¿Cómo tanto atrevimiento
Pudiera intentar conmigo?
¡Yo silla, yo turcos, yo,
Yo españoles, yo soldados!
De un hombre estais agraviados
Á quien siempre aborreció.
¿De tanto desprecio mio
Tanta ventura se infiere?
Digo que si un hombre hubiere
Que afirme tal desvarío,
Quiero quedar por infame.
Fabr.
¿Y si hay un hombre que os vió?
Leon.
¿Á mí?
Fabr.
Sí.
Leon.
Si fuere yo,
Que lo que he dicho me llame.
Fabr.
Venid conmigo.
Leon.
Yo iré,
Pero no ha de haber traicion,
Que con esa condicion
Solo y sin armas saldré.
Fabr.
¿Será de Celia segura
La casa?
Leon.
Ninguna habrá
Como ella.
Fabr.
Pues allí está.
Leon.
Mi inocencia me asegura.
Fabr.
Necia disculpa.
Cés.
Fingida,
Pero no le ha de valer,
Que á Fénis ha de volver
Ó le ha de costar la vida.
(Váyanse.)
FÉNIS Y EL CONDE OTAVIO.
Fén.
¿Qué crédito os puedo dar,
Cárlos, en tiempo tan breve?
Otav.
El que á sí misma se debe
La que me pudo matar.
Fén.
¿En dos horas puede amar
Un hombre con tal rigor?
Otav.
En años diréis mejor,
Y esta verdad asegura
Que al hacer vuestra hermosura
El cielo, nació mi amor;
Y ántes es muy cierta cosa,
Porque si el cielo sabía,
Como es cierto, que os habia
De hacer, Fénis, tan hermosa,
Mi voluntad amorosa,
Qu’es tan antigua recelo,
Y deste breve desvelo,
Puedo decir con verdad,
Que es amor y voluntad,
Desde que lo supo el cielo.
Luego viene á ser mi amor,
Cuando pensó fabricaros
El cielo, para obligaros
Á la antigüedad mayor;
Mirad si debeis favor
Á quien há tanto que os ama,
Y su dulce dueño os llama,
Pues desde el tiempo que fuistes,
Vos para Fénis nacistes,
Y yo para vuestra llama.
Cuantos siglos han pasado
Desde que pensaba haceros
Tiene mi amor en quereros,
Y me debeis de cuidado,
Y así cuantos han amado
Lo han aprendido de mí,
Que el primer amante fuí,
Pues cuando el cielo pensó
Haceros, amaba yo,
Pues ántes que fuese os vi;
De suerte que me han debido
Su principio los amores,
Y vos los mismos favores
Que si os hubiera servido,
Porque si yo hubiera sido,
Esto que os digo os dijera
En cualquier tiempo que os viera,
Pues es cierto de los dos,
Que ó no naciérades vos,
Ó que yo luégo os quisiera.
Fén.
Si como en burlas hablais
Con esas vanas quimeras,
Hablára el alma de véras,
Que vos decis que me dais,
No dudeis, si lo dudais,
Que estuviera agradecida,
Pero siéntome ofendida
De que finjais voluntad,
Que el amar con libertad
No es de voluntad rendida.
Buscar sutiles caminos
De decir altos concetos,
Bien puede ser de discretos,
Pero no de amantes finos;
Obligar con desatinos,
En las obras suele estar,
No en el estilo de hablar,
Que el más bajo entendimiento
Sabe hallar un pensamiento
Sutil, si quiere engañar.
Cárlos, yo estoy en estado,
Que podré hablaros y veros,
Pero no podré quereros,
Aunque me habeis obligado,
No por ajeno cuidado,
Sino por desdicha mia,
Sólo deciros querria,
Que ya con llana amistad,
Obliga mi voluntad
Vuestra mucha cortesía.
Discreto sois, bien me veis
En las desdichas que estoy,
Soy quien vos sabeis que soy,
Pues ya mis padres sabeis,
Y no porque me ampareis
Os digo, testigo es Dios,
Ni por saber de los dos,
Lo que hacer el tiempo quiere,
Que si algun hombre quisiere
En el mundo, seréis vos.
TOMÉ.
Tomé.
¡Que no le baste al amor
Ser ciego, sino que quiera
Hacerse sordo tambien!
Fén.
¡Ay triste si viene Celia!
Tomé.
¿No habés oido los golpes
Con que nos quiebran la puerta
Padre y marido de Fénis?
Otav.
Retírate como puedas,
Y abre tú.
Tomé.
Voy.
Fén.
¡Cielo santo!
No os parezca inobediencia.
(Éntrase.)
LEONARDO, FABRICIO Y CÉSAR.
Tomé.
Entrad, que aquí está don Cárlos.
Fabr.
Por Dios, señor, que me pesa
De inquietaros.
Otav.
Escribia
Ciertas cartas.
Fabr.
Hablad, César.
Cés.
Mejor es que vos digais
Lo que á la puerta de Celia
Os dijo el señor don Cárlos.
Fabr.
Señor don Cárlos, quisiera
Excusaros este enojo,
Pero por mi honor es fuerza;
¿Hoy no os pregunté si vistes
Una mujer á esta puerta?
Otav.
Es verdad, y respondí
Que dos turcos de librea,
Con seis soldados de escolta,
En una silla la llevan,
Y vos dijistes entónces:
Traicion de Leonardo es ésta.
Cés.
Lo mismo á mí me dijistes.
Leon.
Buena manera de prueba,
Para saber que soy yo
Dueño de tan loca impresa;
Decid, caballero noble,
¿Iba yo entónces con ella?
Otav.
Yo no os he visto en mi vida.
Leon.
¿Pues es razon que se infiera,
Que aborreciéndome Fénis,
Autor deste insulto sea,
Y que digais que la tengo?
¿No era cosa más discreta
Buscarla entre religiosas,
Donde estará con decencia,
Como se ha de presumir
De una señora que deja
Por altiva, ó por su gusto,
El casamiento de César?
Cés.
Dice bien, mucho se ha errado,
Que si luégo se siguiera,
Fuera el reducirla fácil.
Fabr.
Hija indiscreta, ¿qué intentas?
¿Por qué me quitas la vida?
(Vase.)
Cés.
Y á mí el alma, que me llevas
En el desden con que huyes,
Y en el dolor que me dejas;
Tengo yo de ser Apolo
Para pedir que te vuelvan,
Fénis, los dioses, laurel,
Ó como Anaxarte, piedra;
Arrepentido de amarte,
Buscar quisiera las hierbas
De los montes de Tesalia,
Para olvidar tu belleza.
(Vase.)
Leon.
Yo, caballero, no soy
Quien de Fénis se lamenta,
Mas soy quien en tal fortuna
De mi enemigo se venga;
Mirad el estado mio
Por aquella ingrata bella,
Que me alegro de que falte
Para que César la pierda.
(Vase.)
Otav.
Extraño suceso.
Tomé.
Extraño
Si las fábulas le cuentan.
Otav.
¿Dónde está escondida Fénis?
Tomé.
Ese pabellon de tela
Que está en el cuarto aposento,
Es del sol de su belleza
El ocaso en que se ha puesto,
Y la nube que le cerca.
Otav.
La noche baja, Tomé,
Y á Fénis no se le acuerda
Cómo ha de pasar la noche.
Tomé.
Si aquí nos bajan la cena,
De criados y criadas
Será imposible esconderla,
Y si por ventura subes,
Señor, á cenar con Celia,
¿Qué le darémos á Fénis?
Otav.
De la cena se te acuerda,
Y no de toda una noche.
Tomé.
Eso no te cause pena,
Conmigo podrá dormir.
Otav.
¡Qué burlas, Tomé, tan necias
Para tantas confusiones
Como esta noche me esperan!
Nunca la vieran mi ojos,
Nunca, Tomé, te dijera
Que la metieras aquí.
Tomé.
¿Quiéresla bien, bien de véras?
Otav.
¿Verá nadie su hermosura
Sin que por ella se pierda?
Yo aseguro que en el mundo
Sucedió cosa como ésta,
En término de dos horas,
Pues casándome con Celia,
En su misma casa tengo
Por quien el dejarla es fuerza.
Tomé.
Ten ánimo, que á la parte
Del corredor que á esa huerta
Mira, he visto un camarin,
Cifra sutil de Venecia;
De la mitad de tu cama
Haré á Fénis en qué pueda
Pasar esta noche, y cuantas
No sepan sus padres de ella;
Cerraráse por de dentro,
Que aldaba tiene la puerta,
Para que de tí segura,
Si no de sí misma, duerma;
Puesto que siendo quien es,
Aunque sin llave estuviera,
Yo sé que la respetáras
Por no infamar tu nobleza;
Pero en duda, porque amor
Cuando todos duermen vela,
Quitémosle la ocasion.
Otav.
Entro á despedirme della
Para ver á Celia. ¡Ay cielos!
¿Quién pensára que estuviera
La dulce gloria de Fénis
En el infierno de Celia?