ACTO SEGUNDO.
CELIA Y LISENA.
Lis.
Con razon tu dicha alabas,
Pues á la fama responde.
Cel.
¿No es galan, Lisena, el Conde?
Lis.
Como tú le imaginabas,
Que á tus melindres no hubiera,
Con ménos gracia y valor,
Satisfaccion.
Cel.
Fué temor
Que ménos gallardo fuera;
Así suelen engañar
Los casamientos ausentes.
Lis.
No es poco que te contentes.
Cel.
No pudiera imaginar
Mayor dicha que he tenido,
Puesto que el temor no cesa.
Lis.
Cortés estuvo en la mesa,
Gracioso y entretenido.
Cel.
Sí, pero no me miró
Como quien tiene deseo,
Que no le enamoro creo,
Y que vengo á estarlo yo;
Si tuviera bien impresa
Mi voluntad, con mirar,
Más habia de cenar
En mis ojos que en la mesa.
No le veo con cuidado
De enamorado, Lisena,
Que más estuvo en la cena
Inquieto que enamorado:
¿Y cuál hombre con amor
Se despidiera tan presto?
Lis.
El que le tienes te ha puesto
Ese excusado temor,
Que el irse fué cortesía
Por no parecer cansado,
Ni ha de estar enamorado
Y tan perdido en un dia;
Ayer te vió, ¿qué le quieres?
Cel.
Que esa disculpa le des,
Lisena, es justo, despues
Que somos propias mujeres,
Pero no cuando nos miran,
Que es bien que atentos estén,
Miéntras esperando el bien
Con la esperanza suspiran;
No es tan cortés el amor.
Lis.
El irse presto lo es.
Cel.
No le quiero tan cortés,
Más necio fuera mejor;
Luégo que el Conde llegó,
Más atento me miraba,
Para volverse cenaba,
Segun la prisa se dió;
¿Y cuál hombre no me hubiera
Esta mañana enviado,
Por cumplimiento, un recado,
Cuando por amor no fuera?
Lis.
Á un hombre cansado quieres
Poner culpa.
Cel.
Si lo está,
De mí disculpa tendrá.
Lis.
Brava en los principios eres,
No comiences por celosa,
Que desenamoran celos.
FLORA.
Flora.
No han hecho dama los cielos
En casarse más dichosa.
Cel.
¿Qué hay, Flora? ¿está levantado
El Conde?
Flora.
Cuando llamé,
Agua le daba Tomé,
Entré y díle tu recado,
Recibió los buenos dias
Con mucho gusto y placer,
Que sabe muy bien hacer
Amorosas cortesías;
Dije que le suplicabas
De tu gente se sirviese,
Que de que sólo estuviese
Con notable pena estabas:
Respondióme que no habia
De servirle, hasta casarse,
Ninguno, por no obligarse
Despues á descortesía.
Tomó el almuerzo Tomé,
Con tanto me despedí.
Cel.
¿No te preguntó por mí?
Flora.
Eso muy despacio fué,
Y con un grande recado
Del deseo que tenía
De verte.
Cel.
¡Y dormido habia
Hasta las diez descuidado!
Flora.
¿Pues cansado, qué ha de hacer?
Cel.
¿Cómo no ha subido aquí?
Flora.
Por darte lugar ansí
Que te puedas componer,
Que fuera estilo grosero
Usar de esa libertad;
Merece tu voluntad,
Que es un galan caballero,
Bien hablado y entendido.
Cel.
¿Juzgasle tú enamorado?
Flora.
Si al espejo te has mirado,
Ociosa pregunta ha sido;
Las joyas que te ha de dar
Dijo que estaba esperando.
Cel.
Amor le pido, que cuando
Se ama es la mayor amar.
Flora.
Eso yo te lo aseguro,
Y que se muere por tí.
Cel.
¡Que yo trate de esto ansí!
Que me desconozco os juro.
Lis.
En lo justo no hay recato,
Licencia tiene quien ama.
Flora.
Como enfrente de su cama
Está puesto tu retrato,
Díjele yo si quisiera
Tener el original;
Y dijo que dicha igual
Pedir al cielo pudiera.
Cel.
Toma, Flora, aquel vestido
Que hice para la entrada
Del Virey, que ser amada
Deseo.
Flora.
Los piés te pido,
Y cree que lo serás.
Lis.
Perdida, Celia, te veo.
Cel.
Como es honesto el deseo,
Se atreven los ojos más.
(Váyanse.)
CONDE OTAVIO Y TOMÉ.
Otav.
Mala noche he pasado,
Conté las horas, no conté las penas.
Tomé.
¿De un hora enamorado?
Otav.
¿Qué importa si la sangre de las venas
Me abrasa aquel veneno?
Tomé.
Nunca duermo mejor que cuando ceno;
Cenó Fénis muy poco,
Ó fuese por melindre ó por cuidado,
Pero yo, como un loco,
Dejé un capon muy tierno y bien asado
En pura notomía,
Que así lloraba aunque cantar queria.
Cerró la puerta luégo,
Y trató de acostarse.
Otav.
¡Caso extraño
Y laberinto ciego,
Que Fénis sin temer humano engaño
En su casa amanezca,
Y entre dos extranjeros anochezca;
Y yo, que no pensaba
Verla en mi vida, esté como me veo!
Tomé.
Cuando ya se acostaba,
Hácia la puerta me llevó el deseo,
Permitiendo la llave
Entrar la vista á su persona grave.
Iban los alfileres
Quitando los marfiles de las manos,
Que son en las mujeres
Fácil prision de sus adornos vanos,
Porque en los rostros bellos
No hay hermosura como estar sin ellos;
Quitó luégo las joyas,
Ropa y jubon, al fin quedó en manteo,
Que abrasára mil Troyas,
Á no enfrenar respetos el deseo;
Que luégo manifiesta
Honra y valor una mujer honesta.
Bajó de los chapines
Fénis al suelo dos pequeñas basas
De ramos de jazmines,
Áun con estar á solas tan escasas,
Que apénas pude verlas,
Mas vi la honestidad vertiendo perlas,
Porque con el manteo
Hizo una rueda al desatar las cintas,
Y un muro á mi deseo.
Otav.
Agrádame el recato con que pintas
Esta hermosura honesta.
Tomé.
En fin, no sé cuál de las dos se acuesta,
Ó Fénis en la Holanda,
Ó la Holanda en su nieve, pero apénas
Que se sosiegue manda
Aquella blanca imágen de azucenas,
El fugitivo sueño,
Cuando su pena se revela al dueño.
¡Ay, dijo, Fénis triste!
¿Adónde estás sin padres y sin honra?
¿Por dónde me trujiste,
Fortuna, á padecer tanta deshonra?
Quitárasme la vida
Con darme muerte adonde fuí nacida,
Que aqueste caballero,
En sabiendo mis padres este engaño,
Ha de ser lo primero
Matarle á él, y tengo de su daño
Más pena que del mio;
Aquí dos tiernas lágrimas le envio:
Que por la misma llave
Presumieron los ojos que saldrian,
Y que á su pecho grave
Entre las alas de un suspiro irian.
Calló, quizá pensando
Que la estabas entónces escuchando.
Otav.
Ella se ha levantado.
¿Cerraste bien la puerta?
Tomé.
No imagines
Descuido en mi cuidado.
Otav.
Hácia esta cuadra suenan los chapines;
¡Por Dios que sale hermosa!
Tal suele el nácar descubrir la rosa.
FÉNIS.
Fénis.
Buenos dias, si es que yo
Buenos os los puedo dar.
Otav.
Vos los podeis comenzar,
Pues con vos el sol salió,
Y á quien á escuras vivia,
Mirad si darlos podeis,
Pues hasta agora no habeis
Traido á la tierra el dia.
Ya que os habeis levantado,
Parece que habeis traido
Flores en los piés, que ha sido
Volver esta sala en prado.
Daba en aquestos cristales
El sol, y en viéndoos salir
Fuése, porque á competir
No tiene rayos iguales.
Preguntaros cómo habeis
Dormido, no será justo,
Que si el sueño sigue al gusto,
Muchos disgustos teneis,
Y tal el sueño habrá sido;
Pues yo os prometo que yo
No he dormido.
Fén.
¿Por qué no?
Otav.
Porque vos no habeis querido.
Fén.
¿Yo os quito el sueño?
Otav.
¿Pues quién?
Fén.
Pues ya me dais ocasion,
Hablaros claro es razon;
Escuchad.
Otav.
Decis muy bien.
Fén.
¿Podré yo fiarme agora
De un hombre que me ha engañado?
Otav.
¿Yo á vos?
Fén.
Sí, que os he escuchado
Cuanto habeis hablado á Flora;
Que érades Cárlos fingiste,
Siendo vos el conde Otavio.
Otav.
¿Eso teneis por agravio?
Fén.
Mintiendo, agravio me hicistes,
Pero esto no importa nada;
Mas de venir á casaros
Con Celia, no hay disculparos
De haberme dado posada,
Que soy mujer principal
Y tan buena como vos,
Y posar juntos los dos,
Si os está bien, me está mal,
Porque, cuando hubiera sido
Mi desdicha hallarme aquí,
Era gran disculpa en mí
Qu’estaba con mi marido;
Pero, pues no puede ser,
Y á tanto peligro estoy,
Que vuestra mujer no soy
Y que vos teneis mujer,
Mire Tomé si parece
Gente en casa y yo me iré.
Otav.
¿Quereisme escuchar?
Fén.
Sí haré
Qu’el ser quien sois lo merece.
Otav.
Que soy el Conde es verdad,
Y que á Celia vine á ver;
Pero no que es mi mujer,
Que hay mucha dificultad,
Porque en duda si contenta,
Del ver al ejecutar,
Es jornada por la mar
Que suele correr tormenta;
Porque vine disfrazado,
Os dije que Cárlos fuí,
Y si ayer á Celia vi,
¿Cómo puedo estar casado?
Cuando de verla bajé
Os vi á vos, y aunque traia
La imágen que visto habia,
Vuestra mano entónces fué
Como pincel de pintor,
Que lo que otro pintó mal,
Borra con destreza igual
Para pintarlo mejor;
Vos, sobre aquello borrado,
Pintastes una figura,
Que de la misma hermosura
Fué peregrino traslado.
Mirad lo que me debeis,
Pues de lo que entónces vi,
No ha quedado más en mí
Del lienzo en que vos pinteis;
Luégo mudé pensamiento,
Y aquella imaginacion
No mudó la ejecucion,
Sino sólo el casamiento;
En la misma casa ha sido
Donde me vengo á casar,
Ni vos podeis excusar
El ser yo vuestro marido,
Si esto se viene á saber;
De suerte que no hay engaño,
Si al llegar el desengaño
Digo que sois mi mujer.
Fén.
El remedio está dudoso,
Conde, y el peligro cierto,
Que despues de descubierto,
Es mi deshonor forzoso,
Si vos, por la obligacion
De Celia, habeis de dejarme;
Y así es mejor no engañarme,
Que será baja traicion.
Yo me puedo agora ir:
Mira si hay gente, Tomé.
Otav.
Fénis, Fénis, si esta fe,
Si este amor llamais fingir,
¿Cuál ha sido verdadero?
Fén.
Dejadme.
Otav.
Señora, oid,
Que os han de ver advertid,
Mirad que soy caballero
Que sabe su obligacion.
Fén.
Y yo las que tengo sé.
Otav.
Tenla, detenla, Tomé.
Tomé.
Temo que dais ocasion
Para que os sientan en casa.
¿Dónde te vas á perder?
Fén.
Tomé, ¿qué tengo de hacer
Si el conde Otavio se casa?
Tomé.
No casará, vive el cielo.
Otav.
Júralo, Tomé, por mí.
Fén.
Ayer á entrambos os vi,
¿Qué os debo?
Tomé.
Un honesto celo,
Una piedad, un amor,
Una estimacion nacida
De un alma, Fénis, rendida
Á la fe de tu valor;
No pagues mal la posada
Del alma y del camarin,
La cena y cama, que en fin,
Estás por noble obligada;
¿Qué huésped, por vil que sea,
Fénis, se va sin pagar?
Fén.
Tomé, ¿quiéresme dejar?
Tomé.
¿Quieres que Celia te vea?
Mira aquel hombre, por Dios,
Qu’está en los huesos por tí.
Fén.
No pienso quedarme aquí,
Si no me matais los dos.
Tomé.
Plega á Dios, si se casáre
Mi amo, si no es contigo,
Que me mate el más amigo
De quien el alma fiáre;
Mira que de véras juro.
(Llaman.)
Otav.
Que llaman, Tomé.
Tomé.
Señora,
Éntrate siquiera agora,
Que por tu honor lo procuro.
Fén.
Más peligro es hoy tu engaño
Que mis desdichas ayer.
(Éntrese.)
Tomé.
Voy abrir.
Otav.
¿Quién puede ser
Que no pretenda mi daño?
CÉSAR.
Cés.
Desde ayer me prometí
Serviros, aficionado
Á vuestro ingenio y agrado,
Y á lo que hicistes por mí;
Y hoy que de cierto he sabido
Que sois persona tan grave,
Que ya en Nápoles se sabe,
Conde, á lo que habeis venido,
De que os doy el parabien,
Vengo á ofreceros persona,
Casa y vida.
Otav.
Si me abona
Lo que vos decis tan bien,
Y que ya sabeis de mí,
El no me haber descubierto
Me perdonad, que al concierto
Vine disfrazado ansí.
Ya me dicen que teneis
Á Fénis.
Cés.
Engaño ha sido,
Que Fénis no ha parecido.
Otav.
¿Qué decis?
Cés.
Que no penseis
Que soy tan dichoso yo;
Y pues que me habeis hablado
En cosa que me ha costado
La vida que me llevó,
Quiero descansar un poco
Con un hombre tan discreto,
Que quien ama está sujeto
Á hablar siempre como loco,
En la tema que porfía.
Otav.
Desde ayer que un ángel ví,
Os juro que estoy ansí,
Y que sólo hablar querria
En materias amorosas.
Cés.
Teneis razon de querer
Tan bien nacida mujer,
Y de partes tan hermosas.
Otav.
Perdido estoy como vos.
Cés.
Sí, pero más bien pagado,
Oid, Conde, mi cuidado:
Hija del conde Fabricio,
Otavio, es la bella Fénis,
Que sin conceptos del nombre,
Serlo de hermosura puede;
Si vos la hubiérades visto,
Fuera alabanza más breve,
Porque ninguno la vió
Que el alma no le rindiese;
De lo que conozco en vos,
Era mujer propiamente
Para vuestro entendimiento,
Porque divino le tiene.
Si la hubiérades tratado,
Dijérades claramente,
Porque los siglos pasados
Las Sibilas encarecen,
Que es menester que á Lucano,
Versos Argentaria enmiende,
Ni que las letras latinas
Á Carmenta se debiesen,
Que es menester que coronen
Filosóficos laureles
Á Telesila, y que Aspasia
Dulce retórica enseñe.
Quien oye á Fénis, escucha
El libro más elocuente,
Quien la ve, mira un jardin
De azucenas y claveles;
Que estoy loco por su amor,
Dirá, Conde, quien me oyere,
Pero cuerdo en su alabanza,
Que á toda alabanza excede,
Si soy dichoso en casarme
Y pasan estos desdenes,
Vos veréis que no os engaño,
Que áun de vos pienso valerme
Para que me honreis con Celia,
Si el cielo quiere que llegue
El dia de nuestras bodas,
Y que los enojos cesen,
De lo que os diré nacidos,
Que no porque me aborrece.
Hijo del príncipe Arnaldo,
Que hoy en Nápoles mantiene
La mayor casa, es Leonardo,
Aquel mozuelo insolente
Que ayer conmigo venía,
Y los dos, con poca suerte
De agradar sus bellos ojos,
Habemos servido á Fénis.
No es mejor que yo Leonardo,
Que pienso que cuando herede
Al Almirante, mi tio,
Puesto que no lo desee,
No habrá en Nápoles señor
Que me iguale; finalmente,
Las diligencias de entrambos,
Como entre amantes sucede,
Hicieron que con la envidia
Locos nuestros gastos fuesen;
Las justas y los torneos,
Cuyo espectáculo vence
Romanos amphiteatros,
Naves y fieras silvestres,
Con aplausos generales
Y con versos excelentes,
Ocuparon muchos dias
Las plumas y los pinceles;
Sólo quiero referiros
Una entrada que merece,
Por pensamiento y grandeza,
Que Nápoles la celebre:
Movíase por sí misma,
Sin que instrumento se viese,
Una máquina, retrato
De toda la Arabia feliz,
Iba esmaltada de flores
Y de árboles diferentes
De los que aromas producen,
Y para que olor tuviesen,
En fuego secreto el ámbar
Espiraba al aire ambiente
Olor divino, formando
Una primavera alegre;
De aquesta máquina en medio,
Se miraba un monte fértil,
Más que los huertos de Adónis,
Más que de Tesalia el tempe;
En la cumbre un Fénis de oro,
En vez de llamas, en nieve,
Y un sol que luciente en alto,
Solicitaba encenderle;
La letra de aquesta empresa
Solo decia: «No puede»,
Con siete letras tan grandes,
Que eran á todos patentes;
Leonardo, con justa envidia,
Quiso tambien disponerse
Á vencer esta invencion,
Para la fiesta siguiente.
Sacó la misma provincia,
Y las mirras y laureles,
Canelas y inciensos hizo,
De plata las hojas verdes,
Puso el Fénis en el monte,
Entre mil llamas ardientes,
Y haciendo un sol de cristal
Que el fuego en secreto ardiese;
La letra d’esta arrogancia
Era: «Yo haré que se queme»,
Fiando en árboles de oro
Que la nieve deshiciese;
Á este tiempo la pedimos
Juntos, y yo por valerme
De la industria y la venganza,
De que arrogante dijese
Que su sol abrasaria
Lo que yo pintaba en nieve,
En una conversacion,
Porque Leonardo me oyese,
Dije que el Conde Fabricio,
Octavio, me daba á Fénis,
Y para desconfiarle,
Y que no la pretendiese,
Me alabé de dos favores
Que á los marfiles se atreven
De sus manos, y á las rosas
De sus labios neciamente.
Súpolo Fénis, y es dama
Tan belicosa y tan fuerte
De condicion, y en su honor
Una deidad tan celeste,
Que al firmar las escrituras,
Deudos y amigos presentes,
Puso la pluma ¡ay de mí!
En la tinta de mi muerte.
Para firmar la sentencia
En que dice que no quiere,
Al tomar Fénis la pluma
Tres dedos fueron jüeces,
Quiere amor que me sentencien,
Lo demas ya lo sabeis;
Dichoso vos muchas veces,
Pues os casais donde os aman,
No yo, donde me aborrecen.
Otav.
Pésame de vuestro mal.
Tomé.
Señor, mi señora viene.
Cel.
Voyme; gozalda los años
Que vuestro valor merece.
(Vase.)
CELIA, LISENA Y FLORA.
Cel.
Pues ya vusiñoría no desea
Verme, justo será que yo le vea.
Otav.
Señora, ¿tal exceso?
Cel.
No es exceso,
Siendo mi dueño vos.
Otav.
Aquí confieso
Que erraron mi ignorante cortesía
Y mi encogida y necia cobardía;
Fuera d’eso, he tenido una cansada
Visita, aunque la doy por disculpada,
Por ser quejas, señora, de un amante;
Sobrino pienso que es del Almirante.
Cel.
El marido de Fénis, una necia,
Que cuanto ve desprecia.
Otav.
Una que dicen que se fué temiendo
La espada de su padre.
Cel.
Estando haciendo
Las escrituras, dijo, en vez de firma,
Con que su loca presuncion confirma,
Que á César no queria, y es un hombre
Rico, noble, galan y gentil hombre.
Otav.
Tal me lo ha parecido.
Cel.
Es una loca,
Que entiende que á sus méritos es poca
La majestad de un rey.
Otav.
Vusiñoría
Se siente, aunque es su casa, que no es mia.
Cel.
Quien eso dice cuando el alma enseño,
Señal es que no quiere ser su dueño.
(Siéntense.)
Otav.
La casa, señora mia,
Es donde yo vi mi bien,
Aunque temiendo el desden
Del bien que no conocia,
Ayer fué el dichoso dia
Que en aquesta casa hallé
El bien que nunca pensé;
Que no pude imaginar
Que tal grandeza de amar
Cupiera en tan breve fe,
Y tanta gloria me da
Ver que rendí su desden,
Que no tengo yo más bien
Que el que en esta casa está;
Aquí dentro vive ya
Mi dueño, mi amada esposa,
Tan entendida y hermosa,
Que me pesa de tener
Sola un alma que ofrecer
Á su deidad amorosa.
Mucho el veros me suspende,
Pero si me atrevo á hablar
Desta suerte, es por pensar
Que hablo con quien me entiende;
Temo que desto se ofende,
Pero tanta discrecion
Disculpará la ocasion,
Que á no estar nadie presente,
Trasladára tiernamente
Á la lengua el corazon.
Cel.
Bésoos las manos, Otavio,
Por la merced que me haceis,
Á quien sois correspondeis,
Y con ser noble, á ser sabio;
No tengo yo por agravio
Que no hableis más tiernamente,
Que si os detiene esta gente,
Tiempo queda á los casados
Para decir sus cuidados
Con afecto diferente.
Gustosa estoy de que aquí
Hallásedes vuestro bien,
Pues hallé yo en vos tambien
El mayor bien para mí;
Yo sola dichosa fuí
En que en mi casa tengais,
Conde, el bien que deseais,
Que siendo vos mi marido,
El mayor que al cielo pido,
Con daros á vos me dais;
Mas mirad que no os mudeis
D’ese firme pensamiento.
Otav.
Quien sabe mi sentimiento,
Siente lo que no sabeis;
Como el alma no me veis,
Lo que no entendeis juzgais.
Cel.
¿De qué tema os enojais?
Otav.
Vos no teneis qué temer,
Que quien es ya mi mujer
No duda lo que dudais.
Tomé.
Señor, el Duque.
Otav.
¿Qué Duque?
Tomé.
El Virey.
Cel.
Pues no me vea.
Abre, Flora, el camarin,
Abre, que esconderme es fuerza.
Flora.
Dame la llave, Tomé.
Tomé.
Espera.
Flora.
¡Qué linda flema!
Tomé.
Ya la busco, no me turbes.
Flora.
De la carroza se apea.
Tomé.
Vive Dios, que la tenía
En la faltriquera izquierda;
Pienso que se me ha caido.
Flora.
¿Hay tan gran descuido? muestra.
Tomé.
¿Qué quieres, que no la hallo?
Flora.
No la busques, que ya entra.
EL VIREY Y CRIADOS.
Tomé.
¡Qué bien he librado á Fénis
De que no la viese Celia!
Todo se pierde si doy
La llave.
Otav.
Vuestra excelencia
Nos dé sus piés á los dos.
Virey.
Á daros la norabuena,
Señora Celia, he venido,
Y para que el Conde sepa
Que aunque viene disfrazado
No se esconde la grandeza.
Otav.
Aquí teneis un esclavo.
Cel.
Sillas. ¡Hola!
(Siéntense el Virey, el Conde, y Celia en medio.)
Cel.
Si supiera
Que tal merced merecia,
Me amaneciera en la puerta.
Otav.
Yo estaba bien descuidado
D’esta merced, que, á saberla,
Fuera á hacer mi obligacion.
Virey.
De quien á Milan gobierna
Tuve carta esta mañana
En que me avisa por ella
Cómo á Nápoles venis
Para casaros con Celia.
Tanta amistad el Marqués
Con vuestro padre profesa,
Y por lo que vos con él
Habeis andado en la guerra
De España contra Saboya,
Que me ha mandado que os tenga
Prevenida la posada,
Y así os suplico que sea
La mia, para serviros.
Cel.
Puesto que el Conde merezca
Esa merced, no es razon
Que vos permitais su ausencia,
Que aunque es pobre, aquesta casa
Es suya, y ya vive en ella;
Ni es bien que vuestro favor
Á mí me desfavorezca.
Virey.
Si ha sido descortesía,
Perdonad, que si supiera
Que ya estaba en ese estado
Lo que tanto amor concierta,
No le ofreciera mi casa;
Mas no sirviéndose della,
Algo tengo de hacer yo
Que al Conde obligarle pueda,
Y que volviendo á Milan,
El Marqués me lo agradezca.
Otav.
Giron gallardo, por quien
El turco de Italia tiembla,
Y dos canales de Europa,
De Felipe las banderas,
Como honrar á sus vasallos
Fué siempre condicion vuestra,
Á mí por la misma causa,
Que no porque lo merezca,
Celia y yo reconocemos
Esta merced, que con ella
Dará blason á sus armas
La antigüedad que profesan.
Virey.
Por lo ménos yo he de ser
Padrino, y es bien que sepa
Cuándo será el desposorio.
Cel.
Esta noche.
Virey.
¿Tan apriesa?
Otav.
Esta noche no, señor,
Hasta que mi ropa venga,
Y las joyas que he traido.
Cel.
Galas y joyas no sean
Estorbo, yo tengo joyas.
Tomé.
¡Qué bravamente le aprieta!
Salga por delante dellos FÉNIS, cubierta con el manto, y éntrese por la otra puerta.
Virey.
¿Qué es esto?
Cel.
¿Mujer aquí?
¡Hola! ¿Qué mujer es ésta?
Lis.
De aquella cuadra salió.
Virey.
Agora creo que es cierta
La boda, que hay rebozadas.
Tomé.
¡Qué locura! voy tras ella.
(Levántense.)
Virey.
Y yo, señores, me voy,
Suplicándo’s se me advierta
La noche que esto ha de ser.
Otav.
Dios guarde á vuestra excelencia.
(Cumplimientos al salir y váyase el Virey.)
Cel.
No sé por dónde comience,
Otavio, tan justa queja,
¡Vos mujeres en mi casa!
¿Quien viene á casarse en ella,
De tal calidad las trae,
Que con tanta desvergüenza
Salen delante del Duque
Sólo por hacerme afrenta?
Otav.
Sosegad, señora, el pecho,
Que ésta es una amiga vuestra,
Mejor dijera enemiga,
Pues infamaros desea.
Entróse aquí libremente
Sin que le diesen licencia,
Porque avisarme queria
De algunas cosas secretas;
Como llamastes, no quise
Que os diese el hallarla pena,
Y escondiéndola Tomé,
Fué tan libre y tan resuelta,
Que salió como la vistes.
Cel.
¿Pues qué os dijo que pudiera
Ser en mi ofensa?
Otav.
No importa.
Cel.
Decildo si es en mi ofensa.
Otav.
¡Qué diré, qu’estoy sin alma!
Cel.
No lo calleis.
Otav.
Bien quisiera;
Díjome que era galan
Vuestro el Duque, y si suspensa
Tuve la imaginacion
D’esta su visita incierta,
Fué por haber confirmado
Lo que me dijo con ella.
Cel.
¡Hay tal maldad! ¿tú conoces
Aquesta mujer, Lisena?
Lis.
Una doña Ángela suele
Verte en misa algunas fiestas
Y murmurar de tus galas.
Flora.
Y ten por cierto que es ella,
Que yo la he visto envidiosa
Burlar de que vas compuesta,
Con otras amigas suyas.
Cel.
Otavio, si por la puerta
De mi casa entró el Virey,
Fuego del cielo me encienda;
¿Hay tal traicion, por quitarme,
De envidia y de celos muerta,
Que no me case? Pues no,
No ha de ser d’esa manera.
Pluma y papel, Flora, presto,
Yo la diré en pocas letras
Quién es ella y quién soy yo.
Otav.
No es razon, escucha.
Cel.
Suelta.
(Vanse todas.)
OTAVIO.
Otav.
No hay cosa que no alcance
Con la industria remedio,
Pero aunque estando en medio
De tan perdido lance,
Salga Celia sin celos,
Si pierdo á Fénis, ¿qué me importa? ¡ay, cielos!
El Virey, que en su vida
Vió á Celia, ha remediado,
Con haberle culpado,
Que Fénis atrevida
Resolucion tomase,
Que delante de todos me dejase.
¿De qué mujer se cuenta
Mayor atrevimiento?
Tratar mi casamiento,
Causa le dió violenta,
Creyó que me casaba,
Y que á peligro de su honor quedaba,
Porque si no se fuera,
Cuando yo no podia
Resistirla, temia
Que despues no pudiera:
¡Ay Fénis, cómo has hecho
De nieve el nido en mi abrasado pecho!
¿Adónde vas? no creas
Que con Celia me case,
Por más que me obligase,
Que quiero yo que veas,
Aunque era amor de un dia,
Que fué verdad del alma, Fénis mia.
TOMÉ.
Tomé.
¿Con ese descuido estás?
Otav.
¿Descuido te ha parecido
Estar muerto, estar perdido,
Y estar ausente, que es más?
Cuéntame, Tomé, sin vida,
¿Por dónde Fénis se fué?
Tomé.
Yo la seguí y la rogué,
Señor, que fuese servida
De oir la satisfaccion
De la boda que ha creido,
Y á todo me ha respondido
Que palabras de hombres son,
Y que haber salido ansí,
Fué temor que no pudiera
Despues.
Otav.
Si ella á mí me oyera,
Como te escuchaba á tí,
Yo la volviera, Tomé.
Tomé.
Pues no va léjos de aquí.
Otav.
Pues ¿puedo alcanzarla?
Tomé.
Sí,
Pero volverla no sé,
Aunque á forzarla te atrevas.
Otav.
Cierra, y donde fué me guía.
Tomé.
Ven por aquí.
Otav.
¡Fénis mia!
Mira que el alma me llevas.
FÉNIS, con manto.
Fén.
Ya no tiene mi fortuna
Más desdichas que me dar,
Ni más tormentas el mar,
Que levantaron los vientos
De mis locos pensamientos
Cuando mi casa dejé,
Y tan necia me olvidé
De tantas obligaciones,
Por escuchar las razones
De un hombre que me ha burlado;
Pero quédese casado,
Y no en peligro mi honor;
Principios tuve de amor,
Amor que yo no sabía,
Tanta novedad me hacia
Al verme rendir á un hombre,
Que apénas supe su nombre;
Mas mudó mi pensamiento
Su talle, su entendimiento,
Pero no para aguardar,
Fénis, á verle casar,
Y que el Virey le apadrine,
Que no hay amor que me incline
Para que pierda mi honor;
Deteniéndome va amor,
¡Qué pasos tan perezosos!
Pero hay hombres cautelosos,
Aunque si el Conde lo fuera,
La puerta anoche rompiera,
Ó por lo ménos llamára;
¡Ay Dios, quién imaginára
La desdicha en que me veo!
Irme y volverme deseo,
Pero un hombre viene aquí,
Leonardo es éste, ¡ay de mí,
Que me ha conocido creo!
LEONARDO Y JULIO.
Leon.
No hay sacarlos á los dos,
Julio, de que á Fénis tengo.
Jul.
De hablar con Fabricio vengo,
Y está quejoso de vos,
Creo que quiere quejarse
Al Virey.
Leon.
¿Por qué razon
Donde sola mi aficion
Puede, Julio, averiguarse?
Fénis no me quiso á mí,
Siempre de mí se burló,
Pues ¿cómo la tengo yo?
Jul.
Ellos lo dicen ansí.
Leon.
¡Qué buen talle de mujer!
Jul.
Á lo español va tapada.
Leon.
El aire español me agrada.
Dama, ¿no podrémos ver
El cielo donde esa estrella
Tuvo dichoso lugar,
Que me holgaré de embarcar
Mis pensamientos con ella?
¿No hablais? ¿no me respondeis?
¡Qué aspereza, qué rigor!
CÉSAR Y ALBANO.
Alb.
Matarle será mejor
Si esa sospecha teneis.
Cés.
Verme y burlarse de mí
Es señal, que á Fénis tiene.
Jul.
Leonardo.
Leon.
¿Qué?
Jul.
César viene.
Cés.
¿No es éste Leonardo?
Alb.
Sí.
Cés.
Vive Dios, que esa mujer
Es Fénis.
Alb.
Dichoso has sido
En hallarla.
Cés.
Él ha querido,
Como debe de saber
Que al Virey se han de quejar,
Ponerla en parte segura;
Pues en vano lo procura,
Que hoy se la pienso quitar.
¡Ah, caballero!
Leon.
¿Quién es?
Cés.
César soy, que cobrar quiere
Esa dama que traeis,
Ántes que el Virey lo intente,
Que en los pleitos del honor
Las armas son los jüeces.
Leon.
Yo no conozco esta dama,
Si ella descubrirse quiere,
Os podrá satisfacer
De lo que á Fénis parece;
Tapada la hallé, y sin darme
Lugar á que la requiebre,
Porque no he visto en mi vida,
Por señas, tantos desdenes;
Esto no es satisfaccion,
Que en lo demas, cuando fuere
Necesario, estoy aquí.
Cés.
Como la dama que viene
Con vos se descubra el rostro,
Yo me iré, no siendo Fénis.
Leon.
Eso es dar satisfaccion,
Porque yo sé claramente
Que no es Fénis, y no quiero,
Cuando esta dama quisiese,
Que porque vos lo quereis,
Se descubra, que no puede
Ser con mi honor descubrirse.
CONDE OTAVIO Y TOMÉ.
Tomé.
Aquella es Fénis.
Otav.
Detente,
César y Leonardo son
Los que en su poder la tienen.
Tomé.
Espera, que dos á dos
Parece que reñir quieren.
Cés.
Para mí fuera bastante
Que un hombre noble dijese
Que no es Fénis, si lo es;
Pero mi amor no consiente
Que deje en dudas los ojos,
Que desengañarse pueden.
Leon.
Ya he dicho que es honra mia,
Que nadie por fuerza piense
Que le doy satisfaccion.
Tomé.
Éstos riñen, no te alteres,
Estate escondido aquí.
Cés.
Pues cuando á mí se me diese
Satisfaccion, ¿no soy hombre,
Leonardo, que la merece?
Leon.
De mí no, que soy mejor
Que vos.
Cés.
Quien lo dice miente.
Leon.
Con la espada no hay agravio,
Decid que los dos nos dejen.
(Acuchillándose dos á dos se entren.)
Tomé.
Llega, que es buena ocasion.
Otav.
El amor me favorece;
Fénis mia.
Fén.
Traidor Conde.
Otav.
Oye, escucha.
Fén.
¿Qué me quieres?
Otav.
Que vuelvas á darme vida,
Que si conmigo no vuelves,
Serás de mi muerte causa;
Mira que si aquestos vienen,
Te has de ver en más peligro,
Pues primero que te lleven
Me han de quitar dos mil vidas.
Fén.
Pues cuando volver pudiese
Acabar con mi aficion
Tan loca y tan neciamente,
¿Para qué quieres que vea
Tus bodas, y tan alegres,
Que hay novios enamorados,
Y que hay padrinos vireyes?
Yo fuera por convidada,
Á ser hábito decente
El que me dan mis desdichas.
Otav.
Si Celia mi mujer fuere,
Que Dios me quite la vida.
Fén.
¿Pues ya qué has de hacer?
Otav.
Quererte.
Tomé.
Fénis, el Conde te adora,
Advierte que si no vuelves,
Le han de hacer aquí pedazos,
Y que ya se junta gente.
Fénis, vuelve al camarin
Á ser cristal trasparente,
Á ser búcaro dorado,
Á ser de barro celeste;
Mira que todos los vidros,
De llorar por verte ausente,
Fénis, están llenos de agua.
¿Qué hará el Conde si te pierde?
No seas mujer ingrata,
Tu buena dicha agradece,
Pues casarás con un hombre
Á quien visitan vireyes,
Á quien adora su patria
Por el hijo más valiente
Que ha honrado á Italia en mil siglos,
Aunque los Césares entren.
Ea, Fénis celestial,
Fénis de coral y nieve,
Fénis linda, Fénis joya,
Y si diamante no siempre,
Mira un pobre caballero
Que tu rigor enmudece,
Y como cielo nublado
Está entre llueve y no llueve.
Fén.
¿Que, en fin, he de ser tan necia?
No hay cosa, Tomé, más débil
Que, rogada, la mujer.
Tomé.
Ántes no hay cosa más fuerte,
Como una vez diga nones.
Otav.
Ven conmigo, hermosa Fénis,
Que tú serás mi mujer,
Y yo tuyo eternamente.