ACTO TERCERO.

ALBANO Y CÉSAR.

Cés.

Dichas de las armas son.

Alb.

Por imposible he tenido

No salir ninguno herido

Entre tanta confusion;

Mas no saldrémos de presos.

Cés.

Todo fué desdicha mia.

Alb.

En las quistiones de dia

Son menores los sucesos.

Cés.

Volví neciamente á ver

La dama.

Alb.

¿En aquel lugar

Os habia de esperar?

Cés.

Amor no sabe tener

La rienda á ningun deseo,

Porque la imaginacion

Es la misma ejecucion.

Alb.

En vos el ejemplo veo.

Cés.

Del bien que espera y no alcanza,

Por engañar al temor,

Va siempre siguiendo amor

Los pasos de la esperanza.

Loco estoy; yo pienso, Albano,

Que me ha de acabar la vida

Fénis, si bien ofendida

Tanto de su ingrata mano.

¡Con qué crueldad escribió,

Cuando la escritura hacia

Fénis, que me aborrecia

Cuando la adoraba yo!

No corre cometa ardiente,

Como la mano cruel

Discurrió por el papel

Atrevida y diligente.

No sé qué rigor tan ciego

Á tanta furia la mueve,

Que de una mano de nieve

Saliesen letras de fuego.

Alb.

Vuestra locura mayor

Es pensar que una mujer,

Que á vos no os supo querer,

Á Leonardo tenga amor.

Cuanto á mí, sé claramente

Que algun deudo la escondió.

Cés.

Otavio nos engañó

Atrevido y imprudente.

¿Pero quién se ha entrado aquí?

JULIO.

Julio.

Yo soy, no os alboroteis,

Puesto que causa teneis

Para que lo esteis de mí.

Este papel os ha escrito

Leonardo.

Cés.

Mostrad.

Julio.

Tomad,

Que por antigua amistad,

César, su honor solicito.

(Vase.)

Cés.

Vos haceis lo que decis.

¡Papel á mí! ¿qué será?

Alb.

Desafío, claro está,

¿Ya os olvidais del mentís?

(Lee César.)

Porque la gente no impida mi satisfaccion, os aguardo en la playa, donde está una barca, en que los dos pasarémos á Pausilipo, y con espada y daga, solos, acabarémos en el campo lo que se comenzó en la calle.—Leonardo.

Cés.

Notable satisfaccion

De sí mismo.

Alb.

Dame pena

Pensar que aquéste os ordena,

César, alguna traicion.

Cés.

No hará, que es buen caballero,

Pero aunque serlo promete,

Tengo á prueba de mosquete

Un peto fuerte de acero;

El pecho me ha de guardar,

Que el pecho basta cubrir,

Porque quien no piensa huir,

No ha menester espaldar;

En mi recámara entremos.

Alb.

Iré con vos á la mar.

Cés.

No me habeis de acompañar;

Mirad que ocasion darémos

Á que se pierda el honor.

Alb.

Yo os dejaré.

Cés.

¡Fénis mia,

Si ha de llegar algun dia

En que agradezcas mi amor!

(Vanse.)

TOMÉ Y FLORA.

Tomé.

Los cofres llegaron ya.

Flora.

Ya lo vi todo, Tomé,

Y áun más de lo que pensé.

Tomé.

No te entiendo.

Flora.

Claro está.

Tomé.

Declárate más conmigo.

Flora.

No me puedo declarar;

Pero dí, ¿qué me has de dar?

Tomé.

Seré liberal contigo:

No te daré yo diamantes,

Pero algunas niñerías

De vidro, al fin, como mias,

Pero son muy semejantes.

¿No has visto retrato?

Flora.

Sí.

Tomé.

No tienen estimacion,

Aunque los vivos no son,

Pues los vidros son ansí,

Porque en la luz semejantes,

Ya que no en naturaleza,

Imitando su belleza,

Son retratos de diamantes.

¿Pero cómo estoy contigo?

Flora.

Si cosas falsas me das,

¿Qué puedes esperar más

De lo que has hecho conmigo?

Tomé.

Y vosotras ¿qué nos dais

Que no sea falso tambien?

Flora.

Si nos enseñais, ¿de quién

Bárbaramente os quejais?

Tomé.

Falsedad es vuestro nombre.

Flora.

Voime, que tengo que hacer,

No hay cosa mala en mujer

Que no la aprenda del hombre.

Tomé.

Dame siquiera una mano;

Mas dirás, Flora gentil,

No doy por vidro marfil.

Flora.

¿Lisonjas conmigo, hermano?

(Vase.)

OTAVIO.

Otav.

¡Qué cansado que has estado!

Fénis, ya puedes salir.

FÉNIS.

Fén.

No sé si ha sido el venir,

Conde, á esta casa, acertado.

Tomé, ¿vióme alguno?

Tomé.

¿Quién?

Todo estuvo prevenido.

Otav.

Fénis, mi ropa ha venido.

Pon esas manos, mi bien,

En las joyas que traia

Para Celia, que han de ser

Para quien es mi mujer,

Que eres tú sola, luz mia.

Y créeme, que quisiera

Que cuanto el sol celestial

Cria en la India Oriental

En esos cofres viniera;

Pobreza fué para tí,

Pero, Fénis, tu belleza

No ha menester más riqueza

Que el alma que tiene en sí.

Fén.

Estoy, conde, divertida

De verte tan empeñado

En la palabra que has dado.

Otav.

No la cumpliré en mi vida.

Fén.

¿Pues cómo piensas vencer

Este imposible?

Otav.

Al amor

No hay dificultad mayor

Que llegarla á proponer;

Y aunque de Celia es verdad

Que las quejas considero,

Al Conde, tu padre, quiero

Pedirte con libertad.

Toma esas joyas en fe,

Señora, de que eres mia,

Que mañana será el dia

Que desengañada esté.

Fén.

Verélas por ser tu gusto.

Otav.

Parte á dárselas, Tomé.

Tomé.

Un aparador seré,

Y vendráme el nombre al justo:

Una cintura verás

De sirenas, que recelo

Que el más alto paralelo

Del sol no relumbra más;

Vienen cinco apretadores

Con esmaltes carmesíes

De diamantes, de rubíes

En clavellinas y flores;

Viene tambien un collar

Tan brillante, rico y bello,

Que sólo en tu hermoso cuello

Ó en el del sol, puede estar.

Vienen tambien arracadas

De tanta vária invencion,

Que exceden la estimacion,

Siendo en gran precio estimadas,

Y tienen tanta eminencia,

Que pueden estar seguras

Que no hay orejas tan duras

Que no les diesen audiencia;

Otras joyas y cadenas,

Con bandas y con sortijas,

Para que á tu gusto elijas,

Todas de diamantes llenas.

Pensarás que son enredos,

Y encarecimientos vanos,

Harán dos Indias tus manos,

Y rayos del sol tus dedos;

Pues rosetas con que des

Lazadas á los zapatos,

Aunque á diez puntos, ingratos,

Competirán con los piés.

Otav.

¿Estás loco?

Tomé.

Ven conmigo.

Fén.

Tomé, sin codicia voy

De las rosetas.

Tomé.

Estoy

Tal, que no sé lo que digo,

Perdona, pues vas segura,

Que en llegando á hablar en piés

Me enloquezco, y pienso que es

La cifra de la hermosura.

(Vanse.)

Otav.

Quien dice que al amor engendra el trato,

Débale al trato lo que amor no debe,

Que la hermosura que no mata en breve,

Sin alma y luz parecerá retrato.

En la imaginacion siglos dilato

Pocas horas de amor que el cielo mueve,

Que quien veneno tan hermoso bebe,

En no morir correspondiera ingrato.

El alma la belleza ilustra y dora,

Que aquésta el cielo, aquélla el sol retrata,

Y si á matar se juntan, basta un hora,

Que es hermosura la que luégo mata,

Y costumbre de ver la que enamora

Con largo tiempo á quien despues la trata.

LEONARDO, alterado.

Leon.

Perdonad haberme entrado

En vuestro aposento ansí.

Otav.

¿Pues estaba abierto?

Leon.

Sí.

Otav.

Para vos siempre lo ha estado.

¿Qué suceso causa os dió?

Leon.

Pienso que á César he muerto,

Y á estar, Otavio, encubierto,

Vuestra amistad me obligó.

Otav.

Bien hicistes en fiar

Vida y libertad de mí;

¿Cómo ha sido?

Leon.

Pasa ansí:

¿Hay quien me puede escudar?

Otav.

Ninguno, porque Tomé,

En mis cofres ocupado,

Tendrá diverso cuidado.

Leon.

Pues escudadme.

Otav.

Sí haré.

Leon.

Generoso Conde Otavio,

De quien tan altas hazañas

Las plumas de las historias

Trasladarán de la fama,

Ya sabeis mi calidad,

Y juntamente la causa

De la enemistad de César,

Por quien mejor me llamáran

Pompeyo que no Leonardo,

Pues como en la edad pasada

Por Roma, Pompeyo y César,

Y hoy César por una dama;

Pienso que sabeis que es Fénis

Hija de Fabricio y Laura,

Nobles condes de Armelina,

Villa no léjos de Mantua,

De que la hubiérades visto

Notablemente me holgára,

Así porque su belleza

Disculpára mi desgracia,

Como porque no confio

De mi ignorancia alabarla.

Hizo la naturaleza

El cuerpo, como si hallára

Con quién competir, ó el arte

Tuviera tanta arrogancia;

El alma, el cielo, mas tiene

Sola una potencia el alma,

Que es un grande entendimiento,

Que las otras dos le faltan.

Yo no sé que haya tenido

Voluntad, que acompañára

Memoria, pues no se acuerda,

Y á quien la quiere desama;

Finalmente, la servimos

César y yo en hora infausta,

Pues no ha estimado á ninguno

Si no es para ser ingrata.

Ya sabeis cómo y por qué

Dejó su padre y su casa,

Y cómo tan neciamente

Que la tengo me levantan;

Si la he visto, plega al cielo

Que no tenga dicha en nada,

Y que César goce á Fénis;

Maldicion, Conde, que basta,

Porque con esta ninguna

De cuantas lo son iguala,

Que españoles, silla y turcos

Han sido invenciones falsas;

El acuchillarme César

Por una mujer tapada,

Fué sospecha de sus celos,

Fénis son cuantas se tapan.

Una palabra me dijo,

Que me ha obligado á vengarla,

Que si el alma puede herirse,

Es con hierro de palabras;

Verdades que no lo son

Si está desnuda la espada,

Que sólo afrenta la lengua

Adonde la espada calla.

Con esto, y no mucho seso,

Á César esta mañana

Escribí con un amigo

Que le aguardaba en la playa;

Vino César luégo al punto,

Que quien en salir se tarda,

Parece que reconoce

En su contrario ventaja.

Guiéle al mar, cuya orilla

Tenía una barca atada

Por mi órden, y en su borde

Desde la tierra una plancha.

Entramos dentro los dos,

Guié yo propio la barca

Adonde suelen ir muchas

Á gustos, que no á desgracias;

Desembarcamos, y luégo

Que pisamos la campaña,

Detrás de una huerta, á quien

Jazmines y hiedra enlazan,

Le dije: Aquí estamos solos,

Donde quiero ver si hablan

Las manos como las lenguas.

Él, la color demudada,

Sacó la espada diciendo:

La razon á nadie agravia;

Yo soy César. Respondí:

Hoy seréis César y nada.

Animoso y diestro César

Me daba el pecho, y guardaba

La cabeza, que venía

Con ménos cuidado y armas,

Viendo yo que era imposible

Herirle, y que el pecho estaba

Defendido como el mio,

(Que nunca se deja en casa

La defensa el que es discreto),

Por no guardar mi venganza

Para mejor ocasion,

Como cobardes la guardan,

Saqué de la faltriquera

Una pistola cargada,

Que hizo el mejor ingenio

De los que tiene Alemania;

Toqué la llave, dió fuego,

Que para mal nunca falta,

Y de aquel infierno breve

El alma de plomo exhala;

Traidor dijo, y respondí:

No se fie quien agravia,

Que no hay traicion si hay agravio,

Que entónces todo es venganza.

Dejéle mirando el pecho,

Y arrojándome en la barca

Pasé la mar, y en la orilla

Puse la turbada planta,

Y acordándome de vos,

Y que nadie en esta casa

Tendrá sospecha que estoy,

Miéntras que mis padres tratan

Cómo á Flándes pueda irme,

Ó por más seguro, á España,

Á ponerme en vuestro amparo

Vine, que en aquestas cuadras

Podré estar con más secreto

Para saber lo que pasa,

Que de tales caballeros,

Amparar en las desgracias

Á quien les pide favor,

Es el blason de sus armas.

Otav.

Pésame, señor Leonardo,

Por vos, por César, por mí,

Y de que hayais muerto ansí

Caballero tan gallardo.

Ya es hecho, debo ofreceros

Cuanto soy, pues es razon

Cumplir con la obligacion,

Y morir por defenderos.

¿Tomé?

Tomé.

Señor.

Otav.

¿Has oido

Algo de lo que ha pasado?

Tomé.

Todo, señor, lo he escuchado,

Aunque estaba divertido.

Otav.

Aquí habemos de esconder

Á Leonardo.

Tomé.

¿Estás en tí?

Otav.

¿No hay allí una cuadra?

Tomé.

Sí.

Otav.

Pues ¿por qué no puede ser?

Entrad, Leonardo, que adonde

Os pondrá Tomé, yo sé

Que nadie disgusto os dé.

Leon.

Dadme vuestras manos, Conde.

Otav.

Dejad agradecimientos;

Tomé esta noche será

Vuestro huésped.

Tomé.

¿Quién dará

Alcance á tus pensamientos?

Irme quisiera entre moros.

Otav.

Á Celia me voy á ver.

Tomé.

Siempre tengo yo de ser

El que ha de encerrar los toros.

(Váyanse.)

EL CONDE FABRICIO Y EL VIREY.

Virey.

En eso, Conde, está la diferencia

De los mayores á los verdes años.

Fabr.

Mal informado está vuestra excelencia,

Que no soy yo la causa destos daños.

Virey.

Diréis que en Fénis fué desobediencia,

Y aquí se ven más claros los engaños,

Que no era bien casalla á su disgusto.

Fabr.

Y ¿cuándo aciertan por su propio gusto?

Virey.

Pues muerto agora César, ¿no os parece

Que dividirse en bandos es forzoso

Todo este reino?

Fabr.

Si morir merece

La causa, haced castigo riguroso,

Bástame á mí lo que mi honor padece.

CAPITAN.

Cap.

¡Por Dios que ha sido César venturoso!

Virey.

¿Qué es eso, Capitan?

Cap.

Que César vive.

Virey.

Pues ¿quién tan falsa informacion escribe?

Cap.

Yo fuí con los soldados que mandaste,

Y saliendo del mar le hallé en la orilla.

Virey.

¿Y á quien ó dónde, Arnaldo, le dejaste?

Que tu poco valor me maravilla;

¿Cómo no le prendiste y le llevaste

Á Castilnovo?

Cap.

Apénas la barquilla

En que salió del mar César dejaba,

Cuando sin armas y en prision estaba,

Y le traigo, señor, á tu presencia.

Virey.

En paz, Arnaldo, esta ciudad has puesto.

CÉSAR y soldados con arcabuces.

Cés.

Los piés, señor, me dé vuestra excelencia.

Virey.

César, á vos os dan la culpa desto;

En fin, en poca edad poca experiencia,

Fuera más justo con partido honesto

Tratar la paz, que no con locos bríos

Pasar el mar á injustos desafíos;

Pues, por vida del Rey, que quien tratáre

De alborotar el reino...

Cés.

Estéme atento

Vuestra excelencia y mi justicia ampare,

Pues sabe el Conde que la paz intento,

Y cuando airado en que salí repare,

Mire su generoso nacimiento,

Y que un hombre su igual le desafía

Y entónces culpe la disculpa mia;

Danme un papel, ¿qué excusa hallar pudiera

Que fuera con mi honor? al mar camino,

Y á Leonardo, que estaba en la ribera,

El ánimo y el paso á un tiempo inclino;

En una barca, aunque la mar se altera,

Entramos juntos, y volando el pino

Del edificio breve, el rejon muerde

La blanca orilla de la tierra verde.

Con la espada y la daga me provoca,

La mia entónces con la suya iguala

Diestro valor, pero en distancia poca

Leonardo entre los céspedes resbala,

De la lealtad el término revoca,

Y al fácil plomo de una ardiente bala

Remite la sentencia de mi muerte,

Resistida mejor de un peto fuerte.

Yo, con la turbacion, «traidor» diciendo,

Quedé á mirar el golpe, que dudoso

El corazon se estaba estremeciendo

Al eco del sonido riguroso,

Y Leonardo la playa discurriendo,

Vengado mal, aunque le fué forzoso,

Salió con vida y sin honor, de suerte

Que pudo publicar mi incierta muerte;

¿Pues es justo, señor, que á Fénis tenga,

Y á un hombre como el Conde el honor quite,

Y que alterar á Nápoles prevenga

Cuando toda la culpa me remite?

Si tan injusto agravio no se venga,

Y tanto atrevimiento se permite,

Que se ha de alborotar el reino crea

Vuestra excelencia, si la paz desea.

Virey.

César Gonzaga, y vos, conde Fabricio,

No replicando á lo que yo intentáre,

Que de Dios y del Rey será servicio,

Haréis que este alboroto se repare;

Si de que tiene á Fénis hay indicio,

Leonardo, donde quiera que se halláre,

La infamia pagará con la cabeza

De atreverse á ofender vuestra nobleza,

Pero si no, las paces son forzosas,

Sin replicar á la razon razones.

Fabr.

Mi honor pongo en tus manos generosas,

¡Oh gloria de los ínclitos Girones!

Cés.

¡Ay, Fénis, entre todas estas cosas,

Tu sola en tanto mal mi vida pones!

Si tú sabes de tí, yo te lo ofrezco,

Si Leonardo lo sabe, te aborrezco.

(Vanse.)

LISENA, CELIA Y FLORA.

Cel.

Esto le vengo á decir.

Lis.

Pienso que ha salido fuera.

Cel.

¡Quién pensára que mintiera!

Lis.

Los hombres saben mentir.

Cel.

Siempre la culpa nos dan

De lo que la tienen ellos.

Lis.

Querellos y no creellos.

Cel.

No ha parecido galan,

Sino marido, en mentir.

Lis.

¿Doña Ángela qué responde?

Cel.

Responde que miente el Conde,

Y que se lo ha de decir,

Que no le ha visto en su vida,

Ni en mi casa entró jamas,

Y arrogante añade más,

De mis palabras corrida,

Que ella tiene talle y años

Para no ser envidiosa,

Sino envidiada.

Lis.

No hay cosa

Más necia que desengaños.

Cel.

Ángela dirá verdad,

Y el Conde es un gran traidor,

Que ni agradece mi amor

Ni me tiene voluntad;

Mal al Conde parecí.

Lis.

Si ha traido esa mujer,

¿Cómo le has de parecer

Lo que él te parece á tí?

Flora.

Hasta agora, por no darte

Pesadumbres, no queria

Decirte lo que sabía

D’este nuestro Durandarte;

Pero ya será forzoso,

Porque fuera deslealtad

Encubrirte la verdad.

Cel.

¡Qué casamiento dichoso!

Flora.

Yo he visto entrar la mujer

Con estos ojos.

Cel.

¿Tú?

Flora.

Yo.

Cel.

¿Cuándo?

Flora.

No há un hora que entró;

Sin esto, llegando á hacer

La cama hallé la mitad.

Cel.

¿Y la otra mitad?

Flora.

Sería

Para esta señora mia.

Cel.

Partirla no es voluntad.

Flora.

¿No ves que es á lo señor,

Que siempre están divididos?

Lis.

Son enfermos los maridos

D’esto que llaman amor.

Cel.

Llama á Otavio.

Flora.

Él viene aquí.

OTAVIO Y TOMÉ.

Otav.

En este jardin estaba.

Cel.

¿Ya cuando la noche viene

Aguas y flores agradan?

Otav.

Hállanse los pensamientos

Mejor entre flores y aguas.

Cel.

No serán los de Milan,

Pues allá no dejais dama,

Que de mí segura estoy.

Otav.

Vuestros, que vos sois la causa;

Que no hay sin vos pensamientos.

Cel.

Cierto que estoy obligada

Á ser siempre esclava vuestra.

Otav.

Reina mia, que no esclava.

Cel.

¿Quereisme mucho?

Otav.

Esa duda,

Señora, fuera excusada,

No hay amor que iguale al mio,

Dulces deseos me abrasan

De verme en la posesion

De tan ricas esperanzas.

Cel.

Bien haceis, alzad la voz

Para que os oiga la dama

Que teneis, como hombre noble,

Dentro de mi propia casa,

¡Ah, traidor!

Otav.

Quedo, señora.

Cel.

Y el Tomé, diciendo gracias

Siendo tan grande alcahuete.

Tomé.

Agora entró mi semana,

Vive Dios, que no hay respuesta;

Cogido nos ha la trampa.

Otav.

Por cierto que vuestro enojo,

Hermosa Celia, excusára

Quien vió entrar á quien decis,

Yo perdono su ignorancia;

Si supiera lo que ha sido...

Cel.

¿Hay otra invencion armada,

Otra doña Ángela fea

Envidiosa de mis galas?

¿Hay otra vecina d’estas

Que acechando por ventanas,

Más en la de sus vecinos

Viven que en sus propias casas?

Otav.

Señora, pues no se excusa

Hacer de vos confianza

Y deciros la verdad...

Tomé.

Jesus, todo se declara.

Otav.

Sabed que Leonardo ha muerto

Á César, y en una carta

Me escribió todo el suceso

Y me pidió vuestra casa,

Hasta la puerta llegó

En una silla.

Cel.

¡Qué extraña

Mentira!

Otav.

Un manto traia

Por encubrirse á la guarda

Del Duque que anda á buscarle,

Y ésta habrá sido la causa

De engañarse quién le vió,

Que así los ojos se engañan.

Cel.

Vos debeis de pensar, Conde,

Será mi ignorancia tanta,

Que con haberos oido

Está la fiesta acabada;

Si no ven mis propios ojos

Á Leonardo y él me habla,

Y cuenta cómo es verdad

Que mató á César Gonzaga,

No he de quedar satisfecha.

Otav.

Pues abre, Tomé, esa cuadra.

Tomé.

Señor Leonardo, salid.

LEONARDO.

Leon.

No os espanteis que me valga

Del valor del señor Conde

Y el favor de vuestra casa,

En una ocasion tan grave.

Lis.

Si no es figura encantada,

Este es Leonardo, señora.

Cel.

Que el Conde mi señor haga

Su obligacion es muy justo;

Entraos, que la gente pasa

De casa y no es bien que os vea,

Flora, traigan luégo cama.

Leon.

Bésoos mil veces los piés.

(Éntrese.)

Cel.

Perdonad, Conde, que estaba

Enojada con razon.

Otav.

Dadme licencia que vaya

Á vuestro cuarto con vos.

Cel.

No tanta desconfianza

Que os obligue á cumplimientos.

Otav.

Valióme, Tomé, la traza.

Tomé.

Demonio debes de ser.

(Váyanse.)

¿Qué hay, Flora?

FLORA Y TOMÉ.

Flora.

¿Qué quiere?

Tomé.

Aguarda.

Flora.

Mas qué, ¿me quieres reñir?

Tomé.

Tu culpa pienso que habla.

Flora.

¿Qué querias? ¿que yo fuera,

Tomé, traidora á mi ama?

Tomé.

No, mas no ser habladora,

Pero esto os viene de casta.

Flora.

Vosotros sois el silencio.

Tomé.

En fin, como hombre se llama,

Y como mujer la lengua.

Flora.

¡Qué discreta semejanza!

Tambien es mujer la honra,

Y el agravio es hombre.

Tomé.

Basta,

Yo me rindo á tu elocuencia;

Mas por Dios qué es cosa extraña

Ver de qué suerte en dos dias

De amor Celia al Conde trata,

Que de enojos y temores

Todo es celos esta casa,

¿Este es cuarto ó calabozo?

Que ya solamente falta

Que nos venga á visitar

Á media noche tu ama,

Ó que diga que los vidros,

Búcaros, fuentes y tazas,

Con otras cosas curiosas

D’este camarin, son damas.

No serán buenos casados

Si la vista no me engaña.

Flora.

¿Qué querias? ¿que sufriese

Que entrasen aquí sus daifas?

Tomé, Tomé, la mujer

Que ve su marido, y calla,

Andar con otras, ó tiene

Algo que él calle, ó es santa.

(Vase.)

Tomé.

Brava fortuna nos corre

Comenzando en mar bonanza,

Ya me pesa de haber sido

D’esta tormenta la causa:

Notable ingenio el de Otavio,

No se levanta borrasca

Que no se aparezca lüégo,

Como San Telmo en la gabia.

Quiero ver lo que hace Fénis.

Vidro hermoso, porcelana

De la China ó azafate

De Portugal de oro y nácar,

Bandeja de seda y perlas,

Caja de pastillas de ámbar,

Escritorio de Carey

Con molduras de oro y plata,

¿Qué haces entre esos vidros?

FÉNIS.

Fén.

Tomé, divertida estaba.

Tomé.

¿Mirabas las joyas?

Fén.

Sí;

Y son tan ricas y hermosas,

Tan de buen gusto y lustrosas,

Que á su dueño en ellas vi.

Pero ¿ves resplandecer

Tantos diamantes en ellas,

Que brillando como estrellas,

Cuando quiere anochecer,

Ponen codicia á los ojos

Del más honesto recato,

Y cuando fueran retrato

Del sol y sus rayos rojos?

Pues no hay joya para mí

Como el Conde, mi señor.

Tomé.

Bien puede ser que el amor

Haga ese milagro en tí,

Mas para mí d’este efeto

Fueron causa los diamantes,

Porque nunca, ¡oh Fénis! ántes

Te pareció tan discreto,

Tan lindo ni tan galan.

Fén.

Necio, no me habia dado

La palabra que ha jurado,

Que entónces los hombres dan

La mayor joya en valor,

Que es el alma y voluntad.

Tomé.

Ruido siento.

Dentro OTAVIO.

Otavio.

Esperad

Que yo os haré abrir, señor.

Tomé.

El Conde es éste y gran gente.

Fén.

Aguarda y luégo abrirás.

(Vase Fénis.)

Otav.

Abre, Tomé, ¿dónde estás?

Tomé.

Señor.

Otav.

Abre, impertinente.

EL VIREY, CONDE FABRICIO, OTAVIO, ALBANO, JULIO, EL CAPITAN.

Tomé.

Tráesme tan desvelado

Que en una silla dormia.

Otav.

Con mi ropa ha sido el dia,

Como ocupados cansado.

Virey.

Conde, no ha sido mi intento

Inquietar vuestra posada,

Que para ser respetada

Dió Celia merecimiento,

Cuando no fuera por vos.

CELIA, LISENA Y FLORA.

Cel.

¿Con guarda aquí su excelencia?

Virey.

La guarda es vuestra licencia.

Cel.

Mil años os guarde Dios.

Virey.

Dos caballeros han sido

Los que me han dado ocasion

Con cierta honrada quistion

Á cuya paz he venido,

Que, como justicia, aquí

No viniera ni otro efecto

Me trujera.

Cel.

Ese respeto

Por mis padres merecí,

Cuyas puertas adornaron

Los militares blasones

Que muestran.

Virey.

Esas razones

Y otras muchas me obligaron

De lo que vos mereceis;

Pero á mí se me han de dar

Las llaves, para buscar

Un hombre que aquí teneis,

Por atajar la inquietud

D’este reino.

Cel.

Yo, señor,

Deseo por vuestro honor

Su paz, aumento y quietud,

Mirad, si quereis mirar,

Primero arriba.

Virey.

Aquí creo

Que está lo que hallar deseo.

Tomé.

Á Fénis viene á buscar.

Otav.

No viene sino á Leonardo.

Tomé.

No te faltarán enojos,

Que ha puesto el Duque los ojos

En el camarin.

Otav.

¿Qué aguardo?

Perdidos somos, Tomé.

Virey.

Entrad y mirad ahí.

Cap.

Una mujer está aquí.

Cel.

¿Cómo es posible que esté?

Cap.

Salid, que el Virey os llama.

FÉNIS tapada.

Virey.

¿Otra vez tapada?

Cel.

¡Ah, Conde!

Tomé.

El Conde, que las esconde.

Virey.

Descubríos y hablad, dama.

Fén.

Óigame vuestra excelencia

Primero aparte.

Virey.

Decid.

Fén.

Que soy Fénis advertid.

Virey.

¿Fénis?

Fén.

Á vuestra prudencia

Pido piedad y remedio,

No me descubrais os pido.

Virey.

No haré, que á vuestro marido,

Porque hay tanta gente en medio,

Os daré, y con él iréis

Donde despues lo sabrán.

Llama á César, Capitan.

Cap.

César.

CÉSAR.

Cés.

Aquí le teneis,

Que no quiero replicaros

En hacer esta amistad.

Virey.

Otra quiero hacer, llegad,

Llegad que quiero casaros.

Cés.

¿Cómo, señor?

Virey.

Aquí está

Fénis.

Cés.

Si aquí la tenía

Leonardo, no será mia

Si fué de Leonardo ya.

Virey.

¿Dónde está Leonardo?

Tomé.

Aquí.

LEONARDO.

Leon.

Señor, la muerte confieso,

Puesto que os parezca exceso

Hablar en público ansí,

Que quise vengar mi honor

De un caballero agraviado;

Si fué pensamiento honrado

Remito á vuestro valor.

Fiéme de quien pensé

Que secreto me tuviera,

Y, si es quien es, no pudiera

No ser lo que siempre fué.

Virey.

Quedo, Leonardo, que estais

En todo engañado; oid:

César vive, y advertid

Cómo en su presencia hablais,

Que le traigo yo conmigo.

Leon.

¿Que no es muerto César?

Virey.

No,

Y advertid que quiero yo,

Leonardo, haceros su amigo,

Que vos estais satisfecho,

Como caballero honrado;

Mas ya que el cielo ha guardado,

Como vuestro honor, su pecho,

Decidme, ¿por qué negais

Que á Fénis habeis tenido,

Si estando vos escondido

Está donde vos estais?

Leon.

¿Yo á Fénis? si della sé,

Me quite el cielo la vida.

Virey.

¿Cómo no, pues escondida

Donde vos estais la hallé?

Descubríos, porque diga

Celia cómo estaba aquí.

(Descúbrese Fénis.)

Cel.

Yo, señor, jamas la vi,

Ni fué ni será mi amiga,

Pues en mi afrenta y agravio

La tiene escondida el Conde.

Fabr.

¿Por qué Otavio no responde?

Otav.

Porque está sin culpa Otavio,

Que se entró, Fabricio, aquí

Fénis huyendo de vos.

Virey.

Disculpa tienen los dos.

Otav.

La que puede haber en mí,

Es haber honestamente

Mirado para mujer

Á Fénis.

Virey.

No puede ser,

Que está su esposo presente,

César es ya su marido,

Y de Celia lo será

El Conde.

Cel.

Obligado está

Á cumplir lo prometido.

Cés.

Celia, ¿quereisme escuchar

Aquí aparte dos palabras?

Cel.

¿Á vos, César, para qué,

Adonde todos me agravian?

Cés.

Hablemos aquí los dos.

(Aparte los dos.)

Cel.

Decid.

Cés.

Celia, aquí nos casan

Á vos y á mí, á mí con Fénis

Que tengo en medio del alma,

Y á vos con el conde Otavio,

Cuya pasion se declara

En lo que habeis hecho y dicho;

Hoy nuestras dos esperanzas

Llegan á ser posesion,

Hoy nuestras penas se acaban.

Pregunto yo, ¿por qué le pintan

Ciego al amor?

Cel.

Cosa es clara

Que porque hace el mismo efeto.

Cés.

Luego está ciego quien ama.

Cel.

Ciego está como los dos.

Cés.

¿Pues quereis, Celia, que haya

Agora un amor con vista?

Será novedad extraña.

Cel.

¿Cómo?

Cés.

Quitando la venda

Con que los ojos le tapan

Á los nuestros para ver

De Otavio y Fénis las faltas.

Cel.

Ya me he quitado la mia.

Cés.

¿Qué veis?

Cel.

Al Conde en mi casa

Diciéndome mil requiebros

Con alma fingida y falsa,

Que fué un hombre que en un hora

Hizo tan grande mudanza,

Que puso el amor en Fénis

Y que le dió la palabra

De ser suyo, y la escondió

Donde yo misma la hallaba,

Y él, como yo estaba ciega

Desde los ojos al alma,

Me hacia con invenciones

Entender que me engañaba,

Y veo que quien agora

Hace cosas tan extrañas,

Las hará despues conmigo

Más traidoras si se casa.

Cés.

¿Eso veis?

Cel.

Y áun otras cosas,

César, que el respeto calla.

Cés.

Pues oidme á mí, que ya

Tengo la venda quitada.

Cel.

¿Qué veis?

Cés.

Veo una mujer

Que cuando juntos estaban

Sus parientes y los mios,

Á tanto amor siempre ingrata,

Tomó desdeñosa y libre

La pluma, escribiendo airada

En mi afrenta sus desdenes,

Y con atrevidas plantas

Huyó de mí, de su padre,

De su honor y de su casa;

Veo una mujer por quien

Me dió en el pecho una bala,

Que de milagro estoy vivo;

Y aunque su belleza es tanta,

Que, con una mano sola,

Todos mis cuidados paga,

Considérome casado,

Y que aquel deseo pasa

De su rigor en las bodas,

Y que estoy por la mañana

Pensando que estuvo Fénis

En esta ó aquella cuadra

Toda una noche y dos dias,

Y que un hombre, que la amaba...

Pero quédese esto aquí,

Que en materia de honra y fama,

Para no vivir con gusto,

Imaginaciones bastan.

Cel.

¿Tanto mira amor con vista?

Cés.

Mucho más cuando se acaba.

Cel.

¿Qué harémos?

Cés.

Haz lo que yo,

Celia, pues partes tan altas

Te darán mejor marido

Y vivirás descansada;

Duque generoso, escucha.

Virey.

La consulta ha sido larga,

Veamos qué sale della.

Cés.

Fénis estuvo guardada

Del Conde, del Conde sea,

Mi amor con vista se halla,

Y se la da libremente.

Cel.

Yo tambien, desengañada,

Le doy á Fénis al Conde,

Y porque César me agrada,

Mi mano y mi hacienda es suya.

Virey.

Á Lisena, vuestra hermana,

Dad á Leonardo, con quien

Queda la paz confirmada.

Tomé.

Flora, ¿tienes vista?

Flora.

No.

Tomé.

Pues amor con vista acaba,

Si el senado que las mira

Suple á nuestro amor las faltas.

Laus Deo et Mat. Virg.

En Madrid, á 10 de Diciembre de 1626.

Lope de Vega Carpio.

Véala Pedro de Vargas Machuca.—Rúbrica.

Es de las muy buenas comedias que ha escrito Lope de Vega, la fábula ingeniosa, los versos muy poéticos, escogidos y sentenciosos, con discretos avisos para los sucesos de la vida humana, y toda digna del teatro de la córte.—Puede representarse.

Madrid, á 11 de Diciembre de 1627.—Pedro de Vargas Machuca.

Esta comedia, intitulada Amor con vista, se puede representar reservando á la vista todo lo que no fuese de su lectura. Zaragoza y Febrero 13 de 1627.—El Dr. Luis Navarro Ordoñez.

Pódesse representar esta comedia vta. á informaçao do Cor. Gregorio de Ballaser en Lisboa, 12 Decembro de 1630.

Pódesse representar. Lisboa, 14 Decembro de 1630.—Rúbrica.