ACTO SEGUNDO.
Tocan chirimías y salgan REINALDOS, con espada y rodela, armado, y despues ROLDAN.
(Dentro.) ¡Victoria, Francia, victoria!
Rein.
¿Así os retirais, cobardes?
¿Para huir rompeis abismos
De cristal, surcando mares
No conocidos? salid,
Y cuerpo á cuerpo se acabe,
En vuestra soberbia loca,
Empresa tan arrogante.
Rey de España, Ferraguto,
Si el Bétis te dió en su márgen
El valor con que sus hijos
Nacen fuego y rayos nacen,
Sal á batalla conmigo,
Y ansí la deidad no agravies
Española; pero tienes
Más que de español, de alarbe.
Sal, tigre con alma, monstruo
De la Libia inhabitable,
Que felpas de brutos vistes,
Y conchas de peces traes.
Á tí, Mandricardo, digo,
Á tí, membrudo gigante,
Rey de Sarza, Rodamonte,
Á tí, Gradaso, que sabes
Forjar rayos de los fresnos,
De los abetos y sauces,
Reinaldos soy; salí, moros.
Nadie espera, nadie sale,
Nadie á Reinaldos se atreve,
Nadie viene, no oye nadie;
¿No hay quien se mate conmigo?
Rold.
Habrá, al ménos, quien te mate.
Rein.
¿Quién?
Rold.
Yo.
Rein.
¿Tú?
Rold.
Yo, que te busco
Todo hoy, mas no te hallo tarde,
Pues darte, Reinaldos, muerte
Para mí es cosa tan fácil;
Ya á morir te apercibe,
Que no quiero que me aguarden
Los moros que matar pienso,
Que soy cortés y agradable.
Déjate luégo morir
Para que pase adelante;
Que cuando tal prisa tengo,
No es justo que en tí repare.
Muérete luégo.
Rein.
¿Quién puede,
Si áun el cielo no es bastante,
Matarme á mí?
Rold.
Roldan solo.
Rein.
¿Cómo?
Rold.
Con sólo mirarte.
Rein.
¿Eres basilisco?
Rold.
Infierno
Soy cuando llego á enojarme.
Rein.
Ya me miras, y estoy vivo.
Rold.
Es la compasion tan grande
Que te tengo, que me obliga,
De lástima, á perdonarte;
Que si con rigor la vista
Desatára de la cárcel
De los ojos, ya te hubiera
Traducido en tantas partes,
Cuantos átomos el sol
Hace lisonja del aire.
Rein.
Yo la amistad te agradezco,
Pero ya, arrogante, sabes
Que puedo con una voz,
Si me enojo, hacer que bajes
Al infierno.
Rold.
¿Son tus voces
Como pecados mortales?
Rein.
Bueno está, que éste no es tiempo
De locuras y donaires.
Rold.
¿Yo donaires? ¡Vive Dios,
Que de un reves te levante
Tan alto, que cuando vuelvas,
Tan trocado el mundo halles,
Que no viendo en él memoria,
Reinaldos, de tu linaje,
Halles nueva gente en él!
Rein.
¿Tan alto has de levantarme?
Rold.
Tan alto, que descendiendo
Como un rayo, un siglo tardes.
Rein.
Eso lo harás porque cuando
Descienda no pueda hallarte
Ni matarte; que tu miedo
Busca arbitrio semejante.
Rold.
Pues en el campo nos vemos,
Solos los aceros hablen.
Salga ANGÉLICA huyendo.
Ang.
Del victorioso frances,
Desbaratado Agramante,
Se retira infamemente,
¿Quién vió afrenta más notable?
Al Catay quiero volverme,
Sembrando en los Pares ántes
Cevil confusion.
Rold.
¿No es ésta
(¿Aún vives?) la hermosa imágen
Del cielo?
Rein.
Mucho, Roldan,
Te detienes en matarme.
Rold.
¿Que áun vives? ¿No es éste el sol
Que por lucientes celajes
De rosas y manotisas
Rayos de púrpura esparce?
Rein.
Muere, arrogante.
Rold.
Si tengo
Entre las manos el ángel
De mis potencias, ¿qué espero?
Ang.
Deste hombre quiero escaparme,
Que es el que más aborrezco;
Dame tu ayuda, Atalante.
Rein.
¿Ya te retiras?
Rold.
Reinaldos,
Cese por hoy el combate,
Que amor, para defenderte,
Desta hermosura se vale.
Si esta beldad te defiende,
¿Qué triunfo habrá que no alcances?
¿Qué imposible que no venzas?
¿Qué encanto que no contrastes?
Como delincuente has sido,
Que en la torre te retraes
Con un niño, porque así
Por su inocencia te ampare;
Matarte quise soberbio,
Mas pusísteme delante
Este espejo en que me viera
Y la cólera templase.
Angélica hermosa y bella,
Aguarda.
Rein.
Con semejantes
Mentiras el miedo encubres.
Rold.
Reinaldos, perdone Marte,
Que amor es mas poderoso
Cuando se atreven deidades.
Rein.
¿Por qué la espalda me vuelves?
Rold.
Por amor.
Rein.
Dí por cobarde.
Rold.
En irme sin responderte,
Puedes ver que soy amante.
(Vase.)
Rein.
¡Que sean deste dios niño
Los efetos tan notables,
Que en los invencibles pechos
Causan mudanza tan grande!
Dan voces, y sale CÁRLOS, ASTOLFO, FLOR DE LIS, DOÑALDA, de corto.
(Dent. á voces.) ¡Viva el Magno Cárlos, viva!
Cárl.
Á Dios la gloria ha de darse,
Que, pues de Dios la recibo,
Es bien que á Dios se le pague.
Rein.
Hoy al David vencedor
Elogios Micol le cante,
Pues ha librado á Israel
De la servidumbre grave
En que se juzgaba opresa,
Y sean sus estandartes
Láminas en San Dionís.
Cárl.
Reinaldos, el cielo os guarde
Pues en la vitoria de hoy
Teneis vos la mayor parte.
Rein.
Amigos de este valor
Han podido acreditarme,
Porque en los soldados siempre
Se admiran los capitanes.
Doñ.
Cosas don Roldan ha hecho
Tan famosas y admirables,
Que es agravio encarecellas.
Cárl.
Amor lisonjero es grande;
Hoy con la vitoria pueden
Vuestras bodas celebrarse,
Que como Marte en las guerras,
Triunfa Cupido en las paces.
Rein.
Mucho ha tardado en volver
El Conde al tálamo.
Doñ.
Ántes,
Si quisiera, hubiera vuelto,
Porque el Conde dice y hace,
Que en sus triunfos y en sus glorias
Están las dificultades,
Hasta llegar á emprendellas,
Pero emprendidas, son tales
Sus hazañas y sus hechos,
Que no hay defensa que baste.
Rein.
Con todo, ha tardado mucho.
Flor.
Hace siglos los instantes
Amor, y habrán con él sido
Las horas eternidades.
Rein.
No hay amor donde hay descuido.
Doñ.
El amor puro y constante
No aspira á correspondencias,
Porque en sí se satisface;
Y el amor que pide amor,
No es justo que amor se llame,
Sino villano apetito,
Hijo de bárbaros padres.
Yo amo en mí al Conde y no pido,
Reinaldos, que el Conde me ame,
Porque en sí mismo mi amor
Se contenta.
ROLDAN.
Rold.
Como el áspid
Se revolvió entre las flores
Aquel desden arrogante,
Risa del mundo y desprecio
De imperios y majestades;
Pero sólo con saber
Que no la merece nadie
Me consuelo; pero ¡cielos!
Si hombre mortal la gozase,
¿Qué fuera del mundo?
Cárl.
Conde.
Rold.
Gran señor.
Cárl.
Luégo se trate
De vuestras bodas.
Doñ.
Esposo,
Señor.
Rold.
¡Que á mi voz se ablanden
Los montes, y que una fiera
Más se endurezca y se encante!
Bárbaras leyes de amor,
Donde la razon no vale.
Cárl.
Venga luégo el Arzobispo.
Doñ.
Plega á Dios que no se tarde,
Porque divertido veo
Al Conde.
Flor.
Llega á abrazarle,
No quieras que su tibieza
Algunos recelos cause.
Doñ.
Aquí la resolucion,
Flor de Lis, es importante;
El decoro me perdone:
Dejad, mi bien, que os abrace.
Rold.
¿Quién sois?
Doñ.
¿Tan desconocida
Estoy?
Rold.
¡Que se me escapase
De los brazos! Prima hermosa.
Doñ.
¿No me abrazais?
Rold.
Perdonadme,
Que vengo fiero y sangriento,
Y os mancharéis con la sangre.
Cárl.
¿Dónde vais, Conde?
Rold.
Señor,
Si es que tengo de casarme,
Á traer el alma voy,
Que la tengo en otra parte.
Doñ.
Corrida estoy.
Rold.
Bella ingrata,
Aunque pensamientos calces,
Te he de seguir invencible,
Burlando montes y mares.
Cárl.
¿Qué es esto? ¿ha perdido el seso
El Conde?
Flor.
Por no casarse
Ha fingido estos extremos.
Doñ.
Todas las dificultades
En un punto han consistido,
Si le dejan que se pase;
Pasóse el punto aquel dia,
Que vi en el tálamo grave
Malograrse mis deseos,
Y mis glorias malograrse.
Corrida estoy, Flor de Lis,
De que así mi amor se agravie;
¡Ay hombres! ¿vuestra fe es ésta?
Flor.
Fementidos, inconstantes
Son todos.
Rein.
Condena aquellos,
Flor de Lis, que son mudables.
Flor.
El mejor maldigo.
Cárl.
Yo
Haré que os cumpla y que os guarde
La palabra, pues la mia
Es imposible que falte:
Préndanle luégo.
Ast.
Señor,
Si es mio el honor aquí
De mi hermana, hoy en rigor,
Volviendo por ella en mí,
Vuelvo en ella por mi honor.
Y pues en Doñalda bella
Me aniquila y atropella,
Y al justo furor me obligo,
Ha de matarse conmigo,
Ó ha de casarse con ella.
(Vase.)
Cárl.
Reinaldos, haced prender
Al Conde para evitar
Lo que puede suceder,
Ya que ha querido causar
Tal disgusto en tal placer.
Rein.
Es temerario.
Cárl.
Prudente
Le hará el rigor y obediente,
Haced que le prendan hoy,
Que si es valiente, rey soy
Y mi cetro es más valiente.
(Vase.)
Rein.
Doñalda, para que veas
La inconstancia de los hombres
Á quien obligar deseas,
Escúchame y no te asombres,
Y en mí el primero no creas.
Sabrás... mas no quiero agora
Afligirte más.
Doñ.
Detente.
Rein.
Llora este desprecio, y llora
Á amor que te engaña y miente,
Y un loco imposible adora.
Doñ.
Con la suspension me das
Más muerte.
Rein.
Buscando vas
Para tu pecho el veneno.
Doñ.
Tanta suspension condeno,
Muera luégo, y habla más.
Rein.
El Conde, Doñalda, adora
Á una Circe.
Doñ.
Este exceso
¿Quién le duda, y quién le ignora?
Rein.
Sin valor, sin honra y seso
Sirve...
Doñ.
¿Á quién?
Rein.
Sirve á una mora.
Doñ.
¿Qué dices?
Rein.
Que ésta es violencia
De amor en tan breve ausencia,
Y aunque es bárbaro el rigor,
Lo que te niega el amor
Lo restaura la paciencia.
Doñ.
¿Paciencia en celos pides?
¿Leyes pones al mar, y al viento mides?
¡Ay perdida esperanza,
Quién creyera en tal fe tan gran mudanza!
Mas no hay de qué me asombre
Si desdichada soy y el Conde es hombre:
¿Si es esta mora aquella
Que tiraniza el título de bella?
Ella será sin duda,
Que es mora del Catay, que formas muda.
¡Oh cruel furia tirana,
Arrogancia inmortal, deidad humana!
Fueras en el Leampo
Cándida perla, espíritu del campo,
Siempre líquida y neta,
Y en el Cerdan pedazo de planeta,
Y á Francia no vinieras,
Rayo de las antárticas riberas,
Á ser mujer hermosa,
Que es la perla y la prenda más hermosa.
Pero ¿qué me detengo?
¿Cómo alivio á mis celos no prevengo?
Pues el rigor me obliga,
Buscaré por el campo esta enemiga.
Perdóneme el decoro,
Que un hombre me aborrece, y yo le adoro.
(Vanse.)
CLARIDANO Y MEDORO.
Clar.
Necia es tanta piedad.
Med.
¿Quién no es piadoso
En tan justa ocasion? ¡ay Claridano!
Darle á mi rey depósito es forzoso,
Es digna obligacion de un pecho humano.
Clar.
El hallarle ha de ser dificultoso,
Queste, que valle fué profundo y llano,
Es pirámide ya de cuerpos muertos,
De las sombras apénas descubiertos;
Afecto es de tu amor, mas ¿cómo ú dónde
Le podemos hallar en cuerpos tantos,
Y más cuando la luna el rostro asconde
En abismos de horrores y de espantos?
Med.
Á mi amor este exceso corresponde,
Cuerpo á cuerpo he de ver, hermano, cuántos
De púrpura ó coral la muerte viste,
Que en esto sola mi piedad consiste.
Prosigue tu camino con secreto,
Para que al rosicler del alba hermosa
Pueda tener nuestra intencion efeto,
Distinguiendo la luz dificultosa.
Clar.
¿Cuándo, Medoro, fué el amor secreto?
¿Cuándo tuvo razon?
Med.
Surto reposa
El frances escuadron; llega callando.
Clar.
Ya voy en cuerpos muertos tropezando.
¡Válgame Alá!
Med.
¿Qué ha sido?
Clar.
Pisé un hombre.
Dent.
¡Arma! ¡traicion!
Clar.
Si ha sido centinela,
Sentidos somos ya.
Med.
¿Sabes el nombre?
Nos podría ayudar tan gran cautela.
Clar.
Siempre temí este daño.
Med.
No te asombre.
CERBRIS Y SOLDADOS.
Cerb.
Perdoname, hermosísima Isabela,
Que he de ver si es Rugero ó Rodamonte.
Clar.
Esta selva me ampare.
Med.
Á mí este monte.
Cerb.
No te podrá amparar, bárbaro moro,
Que cien soldados cercan la campaña.
Sol. 1.º
Matalde.
Med.
Si las lágrimas que lloro
Suelen vencer la furia más extraña,
Suspended el rigor, porque el decoro
Que procuro á mi rey diga esta hazaña
Tan llena de piedad y de clemencia,
Que luégo yo me ofrezco á la sentencia.
No es mi intento vivir, sólo es mi intento,
De este monte de cuerpos africanos
Darle á mi Rey glorioso monumento.
Á quien malogran cenotafios vanos,
Honrarle solicito, y sólo siento,
Sin hacerlo, morir á vuestras manos;
Dejadme ser frances, agradecido,
Y hecha tan tierna accion la muerte os pido.
Cerb.
Tened, no le ofendais; dime quién eres,
Y dime la ocasion que á esto te incita.
Med.
Un moro humilde soy, de quien ponderes
Noble piedad, de bárbaro no escrita;
Si mi nombre y mi patria saber quieres,
Él es Medoro, y ella es Tolomita,
Que entre muchos dejé mi patrio suelo,
Siguiendo al Rey de Almonte, Dardinelo,
Mi hermano, que en la caza le servía.
Al elegir yo el monte y él la selva,
Que deshace el temor la compañía,
Si no hay pecho ó valor que se resuelva
Conmigo solo á sepultar venía,
En obelisco de menuda hierba,
Su mal lograda edad, cuando saliste,
Y acto tan generoso suspendiste.
Y así, ilustre frances, pues siempre todos
Os preciais de piadosos, te suplico
Que al que le decia Almonte en sacros codos
Pirámide inmortal, soberbio y rico,
Sin los ritos alarbes, ni los moros,
Con que la heroica majestad publico,
Me des lugar que ocaso le dé agora,
Pues ya me da sus lágrimas la aurora.
Cerb.
Despues del tierno llanto, el real decoro
Que á tu rey solicitas me suspende,
Y tu rostro gentil, que en rios de oro
Por bruñido marfil sierpes extiende.
1.º
¿Á un bárbaro piedad?
2.º
¿Clemencia á un moro,
Que afeminado y vil Cerbris pretende
Parecernos mujer?
1.º
Muera.
Cerb.
¿Qué has hecho?
1.º
La punta por la espalda saqué al pecho.
Med.
¡Ay villano frances!
Cerb.
Por Isabela,
Que te he de hacer pedazos.
Med.
¿Claridano?
Clar.
De Medoro es la voz.
(Entra Claridano.)
Med.
Ven y consuela
En tan tierna ocasion tu muerto hermano.
Clar.
No en vano el corazon el mal recela,
Mas vengaré su muerte en el cristiano.
Cerb.
Escapóle el caballo, mas yo juro
Que en Francia no ha de estar de mí seguro.
Corrido, moro, estoy.
Clar.
Y yo dispuesto
Á matar y á morir.
Cerb.
¿Quién eres, loco?
Clar.
Quien con la vida dejará este puesto,
Que sin mi hermano ya la estimo en poco.
Cerb.
No le mates.
Clar.
Matadme.
2.º
Mucho es esto.
Cerb.
Detente.
Clar.
Esto es morir.
Cerb.
Ya me provoco
Á cólera y furor, muera el villano.
Clar.
Pues Medoro murió, muera su hermano.
(Llévanlo á cuchilladas.)
Med.
Recibe, generoso Dardinelo,
Mi tierna voluntad, pues no he podido
Darle, con religion y limpio celo,
Á tu cuerpo el depósito debido.
ANGÉLICA.
Ang.
Esta verde melena, que del cielo
Tiene este hermoso sitio redimido,
Clausura es de esta ninfa trasparente,
Que se cuaja en cristal por no ser fuente.
Pisando estoy los campos de la aurora,
Alma del sol y aliento de las flores,
Vituperio de amor, parezco agora
La diosa celestial de los amores;
Todo el mundo me estima y me decora,
Á quien pago desdenes y favores.
Dichosa yo que en dos opuestas leyes
Desprecio soy de príncipes y reyes;
Mas ¿hay hombre mortal que me merezca?
Med.
Medoro solamente hacer podia
Tan generosa accion.
Ang.
De amor padezca
La gente toda en la tibieza mia.
Med.
No tu brío gentil te desvanezca,
Pues ya llegó de tu castigo el dia.
Ang.
¿Quién á cuanto repito me responde?
Med.
Tu muerte á tu piedad no corresponde.
¡Ay, Medoro infeliz!
Ang.
Allí está un moro,
Trasladando corales á la hierba:
¡Qué gallardo y gentil!
Med.
Triunfe Medoro,
Desta cruel que á nadie no reserva,
Hoy con la eternidad.
Ang.
Perfiles de oro.
Que en orbes de jazmin, al sol conserva
En su rostro gentil, hace el cabello,
¿Quién osó malograr Abril tan bello?
Púrpura edad le baña las mejillas
En blanca flor y en soñolienta rosa,
Que procura la mente traducillas,
Cárdeno lilio y viola amorosa;
Grandes son del amor las maravillas.
Compasiva le miro, y amorosa
En mí el rigor ser ya piedad desea,
Pero si Vénus soy, Adónis sea:
¿Qué mostruo Calidonio ingrato pudo
Atreverse á su vida, cuando apénas
Si eres deidad ó si eres mortal dudo,
Aunque el prado rubís, roba azucenas?
Med.
Haga amor de los dos inmortal nudo
Para glorioso alivio de mis penas.
¡Ay Claridano mio! ¡Ay dulce hermano!
Ang.
Estos lazos le debo al Claridano.
Med.
Mas ¡ay de mí! ¿quién eres?
Ang.
Quien pretende
Reparo á tus heridas peligrosas,
Puesto que á mis cristales amor tiene
Libradas sus saetas ponzoñosas,
Hierbas te aplicaré cuantas contiene
Esta selva en sus fuentes sonorosas;
Que tal vez consulté la medicina
En la Java del alba más vecina,
Y podrás alabarte de haber sido
El primero del mundo que has hallado
Piedad en mí, que aquí la has merecido,
Si por tu estrella no, por desdichado.
Med.
Que me dejes morir, ántes te pido,
Que no quiero ponerte en tal cuidado.
Véte con Dios, mujer.
Ang.
Tambien en eso
Que tú has sido el primero te confieso;
El primero desprecio es el que agora
He visto en tí, tu solo entre los hombres
Como el Fénix has sido.
Med.
Véte, mora,
Y aquí con arrogancia no me asombres.
Ang.
¡Questo puede un desden! ¡que ansí enamora
Un rigor! pero aquí sus mismos nombres
Me dan claro á entender que en nieve fria
Tiene fundado amor su monarquía.
Sangriento y solo estás, deja curarte,
Que todo con la vida se restaura;
Aquí está un palafren en que llevarte,
Donde puedas bañarte en vital aura,
Várias hierbas conozco que aplicarte,
Desde la celidonia á la centaura:
Dame la mano y ven.
Med.
No podré hacello.
Ang.
Llégate á mí, suspéndete en mi cuello.
¿Que es esto, loco amor? ¿este castigo
Previenes á mi bárbara arrogancia?
Med.
Imposible ha de ser el ir contigo,
Y así la prevencion no es de importancia.
Ang.
Allí viene un pastor: amigo, amigo,
Si el cielo la piedad reduce á Francia,
Corta á la yegua el paso presuroso,
Y muéstrala en peligro tan forzoso.
Peyr.
¿Sois mujer?
Ang.
Mujer soy.
Peyr.
Pues ya me apeo;
¡Ay de mí! moros son.
Ang.
Espera, aguarda.
Peyr.
Espere Bercebú.
Ang.
Mostrar deseo
En mi llanto que el miedo te acobarda.
Moros somos de paz.
Peyr.
¿No es la que veo
La reina del Catay, bella y gallarda?
¿Sois Angélica?
Ang.
Sí.
Peyr.
Señora mia,
Perdonad, que Peyron no os conocia.
Ang.
¡Oh amigo! en esta ocasion
El cielo aquí te ha traido,
Deste jóven malferido
Te mueva la compasion.
Peyr.
¡Oh qué lástima! porque es
El morico como un oro.
¿Quién le hirió?
Ang.
La causa ignoro.
Med.
De mí la sabréis despues.
Ang.
¿Hay por aquí en qué se albergue?
Peyr.
Cerca de aquí, al rey igual,
Tendrá un alcázar real
En un pastoral albergue;
Mi yegua más bien que un carro
Le llevará.
Ang.
Peyron, guia,
Mira, aquí tiene mi dia
Los ojos con mucha noche,
Aunque desto no te asombres,
Camina.
Med.
Apénas podré.
Ang.
Y esto muestra lo que fué
Vida y muerte de los hombres.
(Vanse.)
ROLDAN Y DOÑALDA, de mora, bizarra con espada, de corto.
Rold.
Ya, Angélica, es imposible
Escaparte.
Doñ.
Si el vestido,
Conde, la ocasion ha sido
Desta mudanza increible,
Amoroso y apacible,
Bien puedes, amante fiel,
Favorecerme por él;
Y pues en su traje estoy,
Pensar que Angélica soy
Más amante y ménos cruel.
Yo soy tu Angélica hermosa,
Que amor quiso que lo fuera
Para que en el mundo hubiera
Una Angélica piadosa;
Ya apacible y amorosa
Aquí tu Angélica tienes,
Mas como della previenes
Siempre bárbaros rigores,
Desestima los favores
Porque esperabas desdenes.
Rold.
No sé cómo responderte,
Porque confuso he quedado
En el traje tan burlado
Como ofendido de verte.
Tú, vestida de esta suerte,
Angélica te has fingido,
Nuevo arbitrio has elegido
Aquí para ser la bella,
Porque adoro el alma en ella
Como aborrezco el vestido.
Efecto más soberano
En mis potencias hicieras,
Si el alma mora tuvieras
En el hábito cristiano:
Salióte el intento en vano,
Sólo el alma le enamoro
Y el traje infamo y desdoro;
Mas, como ignorante estás,
Lo que aborrezco me das,
Y me niegas lo que adoro.
Alma fuiste en tiempo, en mí,
Cristiana, pero ocupar
Pudo tu mismo lugar
La mora deidad que vi;
Y pues la fe la rendí
Y la fe que te guardé
En el alma; mora, ve
Que me anima y me enamora,
Y pues tengo el alma mora,
No hagas caso de mi fe.
Doñ.
¿Siguiendo á una mora vas?
Rold.
Tan loco imposible adoro.
Doñ.
¿Eres moro?
Rold.
En ella moro,
Digno apellido me das.
Doñ.
Oye.
Rold.
No me apures más,
Que amor me enciende y me enfria.
Doñ.
¿Hay tan vil descortesía?
¿Por qué me vuelves la espalda?
Rold.
Porque te alcancé Doñalda,
Y á Angélica la seguia.
(Detiénele Astolfo.)
Ast.
Detente.
Rold.
Si aquí contigo
Más ejércitos vinieran
Que en pirámides se vieran
Lágrimas del rubio trigo;
Corto he andado, poco digo,
Si vinieran á tu lado
Cuantos el cielo ha formado
Ni ha imaginado el poder,
No pudieran detener
El camino comenzado,
Que es querer encarcelar
Del sol los rayos eternos,
Y en montes de vidrios tiernos
Querer los rios parar,
Atar el viento y atar
El fuego preso en su abismo,
Y al mar que en su crematismo
Soberbio sale de sí,
Querer detenerme á mí,
Porque vengo á ser lo mismo.
Ast.
Pues yo, culpando mi suerte,
Quisiera dejar de ser
Lo que soy, que es mucho ser
Mi ser para detenerte;
Cuanto has dicho en mí lo advierte,
Y porque en tal desatino
Tu perdicion imagino,
Te detengo el paso así
Porque vuelvas por allí,
Que es el más cierto camino.
Rold.
Éste eligen mis antojos,
Y el que me ofrecen condeno,
Qu’éste está de flores lleno,
Y ése está lleno de abrojos,
Y en sólo volver los ojos,
Espanto y temor me da,
Que, aunque al parecer, está
Fingiendo un deleite eterno.
Ast.
Sofístico estás.
Rold.
Tú estás cansado.
Ast.
Vamos al caso, yo así
Te defiendo el caso.
Rold.
Y yo así doy paso atras;
Duque, guardándome vas
Por detenerme cruel.
Doñ.
Ten lástima de mí y dél.
Rold.
Mujer, no vengas tras mí,
Porque por huir de tí
Tengo de correr tras él.
Doñ.
Bárbaro enemigo
Que en tal error estribas,
Aborrecido vivas,
Que es el mayor castigo;
Mas cuando te maldigo,
Bendiciones te doy, pues gusto tienes
En el fiero rigor de los desdenes.
Dejaréte ofendido
Aunque de mí te alejes,
Porque á mi hermano dejes
Sin que pierda la vida,
Ya sangriento homicida
Te dejo y no te sigo, que ansí gano,
Muriendo yo, la vida de un hermano.
(Vanse.)
ANGÉLICA.
Ang.
Yo sola venturosa,
Amor, llamarme puedo en tus engaños,
Pues de Medoro esposa,
Logro mi juventud, medro mis años,
Tan dulces desengaños,
Tan bien ganados y tan mal perdidos,
Que entran por la amistad de los sentidos,
Y padeceré inmortales,
Para un bien que me das, eternos males;
¡Qué engañada vivia
Cuando tus generosos desconciertos,
Amor, no conocia!
Viva, tenía los sentidos muertos,
Y en errores tan ciertos,
Desvanecida, loca y arrogante,
En el mundo viví sin semejante,
Cuando no vive cosa
Que en él no tenga semejanza hermosa:
Mas él es el que viene,
Que amor epitalamios le previene.
MEDORO, con un báculo y un cuchillo escribiendo en los árboles, y PASTORES cantando.
Med.
Ya porque mis glorias
Lisonjeros cuenten,
Sus cortezas hago
Láminas silvestres.
Ang.
Dulce dueño mio,
Locas estas fuentes,
Perlas me tiraban
Con risa de verte;
¿Qué escribes?
Med.
Escribo
Los gustos presentes,
Porque al paso crezcan
Qu’estos olmos crecen,
Eternos ansí
Nuestros nombres queden,
Que para callada
No es tan alta suerte;
Álamo ninguno
De decir la deje,
Sepan que Medoro
Tu deidad merece.
Ang.
¿Cómo dice?
Med.
Todos
Hablan de esta suerte,
Formando una firma
Las aes y emes.
Ang.
La M y la A
Que en un lazo tienes
¿Qué dicen?
Med.
Sentidos
Les doy diferentes:
La M por sí
Mi nombre refiere,
Y el tuyo la A,
Y juntas se entienden,
Nuestros nombres juntos
Hicieron dos veces.
En la A dirá
Ama, se advierte
Tambien por los dos,
Pues tan dulcemente
Ama cada cual.
Ang.
Deja que celebre
Tu ingenio en mis brazos.
Med.
Y que yo te bese
Las estrellas, si hay
Estrellas de nieve,
Pues tus blancas manos
Dos copos desmienten.
Peyr.
En la M ya
Tambien decir puede
Marta, manta, mona,
Maliciosamente,
Maldita, malhayas,
Martinela.
Mart.
Siempre
Has de ser en todo,
Peyron, maldiciente.
Ang.
¿Y abajo qué dicen?
Med.
Mas dejo entenderme:
Gozó aquí Medoro.
Ang.
¿Quién mis glorias cree?
Med.
Su Angélica envidian
Su triunfo los reyes,
Y denle los hombres
Dulces parabienes.
Mi exceso perdona.
Ang.
Mi soberana corona
Ciudad hace vuestra frente
Porqu’es símbolo del muro.
Med.
Aunque la cerques, confieso
Que en sus murallas el seso
Por tí no ha destar seguro.
Ang.
Repartir las prendas quiero
De tantos locos amantes,
Que en acciones semejantes,
Medoro, vencerte espero:
Este brazalete de oro,
Que fué de Orlando, te doy
Por el hospedaje.
Guar.
Soy
Tu esclavo.
Med.
Tu gusto adoro,
Porque á este Orlando aborrezco.
Ang.
Suyo es tambien este anillo,
Toma, y este cabestrillo
Tú.
Peyr.
¿Yo cabestro merezco?
Confirmado en bestia estoy,
Mas, pues me has hecho borrico,
Ya estó en vísperas de rico.
Ang.
Aquí á vosotros os doy
Esta caja, repartid
Las joyas que en ella van,
Que hay lisonjas del Ceilan.
1.º
Danos esos piés.
Peyr.
Vivid
Más años que un campanario.
Med.
Partirnos luégo, es forzoso,
Á las naos.
Ang.
Vén, dulce esposo.
Peyr.
Él vendrá á ser herbolario,
Si un año vive con vos.
Med.
¿Quién si el mismo amor no fuera
Tal milagro hacer pudiera?
Ang.
Es niño.
Med.
Es ciego.
Ang.
Y es Dios.
Guar.
Hasta que al valle salgais
Acompañaros queremos
Cantando y haciendo extremos.
Peyr.
Pues ¿cómo no comenzais?
(Éntranse cantando.)
ROLDAN.
Rold.
Todo aquello que Angélica no sea,
Da muerte al pensamiento, al gusto enojos,
Que amor hace en mis ojos
Divino objeto y celestial idea;
En todo quiere el alma que la vea,
Y engañando el deseo,
En todo la imagino y no la veo.
Esta hermosa y bellísima alameda,
Arrogancia soberbia deste valle,
Que en alfombrada calle
Con los rayos del sol hojas enreda,
Treguas á mis sentidos le conceda.
(Siéntese.)
Si puede haber sosiego
Cuando es amor espíritu de fuego,
Que nadie te merezca, ingrata bella,
Está puesto en razon, y es justa cosa
Que á mujer tan hermosa
Hombre mortal no puede merecella;
Sólo yo puedo amalla, yo querella,
Y ella á mí amarme puede,
Sin que excedido amor en los dos quede,
¿Dónde está la verdad, plantas hermosas?
¿Dónde la ingratitud, dónde el agravio?
¿Qué hizo la madre eterna de las cosas?
Mas la selva en cadencias sonorosas,
Diciendo que la esconde,
En mis dudas parece que responde.
Cantan dentro.
Son aquellas blancas manos
Que quitaron tantas vidas,
Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas.
Rold.
¡Válgame Dios! acordadas
Voces, y voces que digan:
Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas;
¿Qué puede ser? ¿qué será?
¿Angélica enternecida?
Curando Angélica estaba
De Medoro las heridas;
¡En Angélica piedad!
Pero será fantasía
En voces imaginarias,
Si en todo amor la imagina.
Curando Angélica estaba,
Dice, con sus manos mismas
Las heridas de Medoro;
De Medoro, ¿hay tal desdicha?
Medoro, ¿quién es Medoro?
Del nombre tengo noticia;
Medoro, sí, ya me acuerdo,
Este es un moro que un dia
Pienso que en este lugar
La copia hermosa y divina
De Angélica profanaba,
Y á quien yo con bizarría
Maltraté y quité el alfanje,
Y es bajeza que se diga
Esto de un moro tan vil,
Ni que della se colija
Tal liviandad, si no es
Que amor soberbio castiga.
Mas, ¡Angélica piadosa,
Angélica agradecida!
¡Cielos! las canciones mienten,
Mienten las voces malditas;
Mas pastores son los que bajan
En lisonjera capilla
Del monte, dellos sabré
Si ésta es del amor envidia.
Decienden PASTORES por dos partes, cantando los unos y los otros.
Peyr.
En un pastoral albergue,
Que la guerra entre unos robles
Le dejó por escondido,
Ó lo perdonó por pobre,
Do la paz viste pellico,
Y conducen tres pastores
Ovejas del monte al llano
Y cabras del llano al monte,
Mal herido y bien curado
Se alberga un hermoso jóven,
Que sin tirarle amor flechas
Le coronó de favores.
Las venas con poca sangre,
Los ojos con mucha noche,
Le halló en el campo aquella
Vida y muerte de los hombres.
Del palafren se derriba,
No porque al moro conoce,
Sino por ver que á la hierba
Tanta sangre pasa en flores.
Hierbas aplica á las llagas,
Que si no sanan entónces,
En virtud de tales manos
Lisonjean los colores.
(Vanse.)
ROLDAN.
Rold.
No prosigais, callad.
Peyr.
¡Ay!
1.º
¡Ay!
2.º
¡Ay!
Peyr.
Martinela, corre.
Rold.
Aguardad, que amigo soy
Y no hay en mí qué os asombre.
Peyr.
No, si una vez nos derriba.
Rold.
No es mucho, si vuestras voces
Á mí me han muerto tambien.
Peyr.
Cantan como ruin señores
Estos dos; porque son ruines
Su ignorancia los abone.
Rold.
Esta letra y la primera
Son en el caso conformes.
Guar.
Sí señor, y verdaderas.
Peyr.
¿Y cómo?
Rold.
Bueno me ponen.
Peyr.
La primera por Belardo,
Que habló al uso de córte
Porque se ha criado en ella,
Y con dulzura compone
Divinidades, y hay tantas,
Que en volúmenes no cogen;
La segunda hizo Lisardo,
Tan levantado y tan noble
Espíritu, que la gente
Por deidad le reconoce;
Estos dos, pues, compusieron
Al tálamo más conforme
Que han celebrado jamas
Mármol blanco y rubio bronce,
Estas letras, porque fueron
Testigos de sus amores,
Halló Angélica la bella,
Como Vénus halló á Adónis,
Á Medoro mal herido.
Rold.
¡Medoro! ¿qué dices, hombre?
Guar.
Medoro, sí, muy bien dice.
Rold.
¿Qué dices?
1.º
Su propio nombre
Es Medoro.
Peyr.
Y es, por Dios,
Muy principal, aunque es pobre.
Mart.
Como es pobre, ella quiere
Que en el Catay le coronen.
Peyr.
Pardiez, puede el Medorillo
Ser señor de los dos orbes.
1.º
Ellos se juntarán bien.
Guar.
En mi cabaña diez noches
Han estado, que los dias
Estos álamos sin órden
Los hurtaban.
Peyr.
Y áun si habláran...
Rold.
¿Qu’estos así me provoquen?
¡Diez noches!...
Guar.
Y en las seis, ella
Tanta diligencia pone
En curarle con las hierbas
Cuyos secretos conoce,
Que se levantó el Medoro
Sano y fuerte como un robre.
Peyr.
Tal priesa tenía ella
Por lograllo.
Guar.
Desposóse
Con él á la usanza suya.
2.º
Hola, las uñas se come.
1.º
Si es poeta.
Rold.
¿Y luégo qué hubo?
Peyr.
Á los discretos lectores
Eso en silencio se deja.
Guar.
Traspontines y colchones
De plumas desestimando,
Y á los bálsamos y olores,
Hicieron el heno campo
De batalla.
Peyr.
Y á las doce
Se levantaron.
Guar.
Al fin
Hoy se han despedido.
Rold.
¿Y dónde
Agora están?
Guar.
En las naves.
Rold.
¿Y no os regalaron?
Guar.
Dióme
Ella aqueste brazalete,
Que dijo que era del Conde
Don Roldan, y él...
Rold.
¿Quién?
Guar.
Medoro.
Con él enojado entónces,
Le dijo que me le diera.
Rold.
Basta ya, villanos torpes,
Que desatan vuestras lenguas
El infierno sus rigores;
Ídos luégo, ¿mas no os vais?
Si aquí no quereis que corte
Las voces por la garganta.
Peyr.
Por esa parte se come.
Vill.
Guarda la gola.
Peyr.
Oste, puto.
Rold.
¡Oh cabaña vil, oh bosque,
De mis agravios testigos!
¡Oh viles encubridores
De mis celos, oh villanos!
Peyr.
San Gil.
Mart.
San Braulio.
Guar.
San Cosme.
Rold.
Pero no puedo creer
Que tal beldad se malogre
Con moro tan vil, mas siempre
Son tales las elecciones
De las mujeres ó mostma,
Como la luna biforme.
Peyr.
Yo me escurro.
Rold.
Infame, espera.
Mart.
Tras el álamo te esconde.
Peyr.
Él me ampare.
Rold.
Mas ¿qué es esto?
En las cortezas los nombres
De Angélica y de Medoro
Están dando mudas voces:
Aquí Medoro gozó...
Guar.
Ramas quiebra y troncos rompe.
Rold.
Á su Angélica, los reyes
Los envidien, y los hombres
Le den parabien. Ya
Los celos me descomponen;
No ha de quedar en el valle
Álamo que no destronque,
Ni hombre que no mate.
2.º
Huyamos.
Peyr.
Yo aquí, por más que se enoje,
Estoy seguro, que el tronco
En su pecho me socorre.
(Escóndese en el hueco de un árbol, donde está un dominguillo como Peyron.)
Todos.
Guarda el loco.
Rold.
No ha de haber
Rayo que ceniza os torne,
Tan fiero como mi espada;
Caed, tálamos inormes
(Da cuchilladas á los robles.)
De tórtolas y palomas;
Pero cuando aquí os despoje
Del verdor que os enloquece,
Abril volverá que os borde.
Arrancaros con los brazos
Quiero, ¡oh vil! ¿aquí te pones
Para apurar mi paciencia?
Estrellaréte en los montes.
(Arranca el árbol y topa el dominguillo; pensando era Peyron, le echa en el tablado.)
Peyr.
¡Ay! que me ha descalabrado;
De véras fué, levantóme
Como testimonio, ¡ay! ¡ay!
¿No hay quien la sangre me tome?
Rold.
¡Oh villano, áun estás vivo!
Aguarda, que de otro bote
Te he de echar á las estrellas.
Peyr.
¡Ay! ¡ay!
Toquen, y sale MEDORO y ANGÉLICA.
Med.
Los aires rompen
Los clarines, y las naves
Los blandos limos descosen;
Mas ¡ay triste!
Rold.
La venganza
Dios en las manos me pone:
Vil mujer, beldad tirana,
Que elegiste el más vil hombre
Del mundo, aquí entre mis brazos...
Med.
Del anillo te socorre.
Rold.
Habeis de morir.
Ang.
No temas, dame la mano.
(Vuelan de las manos.)
Rold.
Veloces
Pensamientos sean deshechos
Entre las manos, ¡oh enormes
Encantos! mas no ha de haber
Quien la venganza me estorbe.
(Vase.)
Peyr.
¡Ay! ¡ay! ¡ay! que mis gregüescos
Toda la sangre recogen,
¡Ay! ¡ay! y pues huelo mal,
Sin duda que se corrompe.