ACTO TERCERO.

CÁRLOS, DOÑALDA, FLOR DE LIS, ASTOLFO, REINALDOS.

Cárl.

Infelice suceso.

Rein.

Tanto pudo

Un loco amor en él.

Flor.

¿Trairá esa mora

Espejos del Oriente?

Cárl.

No lo dudo,

Que consulta las hierbas de la aurora.

Rein.

Sin humana razon solo y desnudo

Las grutas vive y los desiertos mora,

Que así en la soledad hallar procura,

Filósofo de amor, mental locura.

Vió esta mora beldad, dando alma hermosa

Á un rubio palafren que parecia

Espuma, con espíritu ó vistosa

Garza, que opuesta al sol puntas hacia;

Sus clines eran nieve, que en copiosa

Y blanca inundacion se derretia,

Y la cola, torrente de cristales,

Que se quebraba en hondas desiguales.

Á la ley de la rienda el cuello embebe,

En quien la testa se termina apénas,

Donde por ojos dos jacintos mueve,

Anegados en limpias azucenas.

En este monstruo, en fin, mosqueta ó nieve,

Que, gentil, vientos calza y burla arenas,

Venía este prodigio de amor luégo,

Que quiso con la nieve unir el fuego.

Acompañaba á la cruel el moro

Que eligió por esposo, en una alfana,

Que bañada en marfil, ébano y oro,

Crepúsculo dió al sol y á la mañana.

El Dios me pareció metido en toro,

Bello ladron de Europa soberana,

Que anegado en su espuma el mar rompia,

Tales corbetas por la hierba hacia.

Y como alarbe tigre, que en su cueva

Los hijuelos no halló, ó como leona

Cuando el cachorro el cazador le lleva,

Que á las fieras que encuentra no perdona,

Dando de su pesar bastante prueba,

Tras ellos va sin perdonar persona,

Hora sea cristiano, ó moro sea,

Hija solo de amor, accion tan fea.

Quedárase en el mar á no ofrecerle,

Piadoso un pescador, vida en su astilla,

Breve concha, que pudo socorrerle,

Sacándole en sus brazos á la orilla;

Así muerto en la arena llegué á verle,

Donde fiero me embiste y me acuchilla,

Y así teniendo al mar y al mundo en poco,

Por los montes se entró desnudo y loco.

Cárl.

Grave desdicha.

Doñ.

Afecto miserable

De mi poca ventura.

Cárl.

Yo, sobrina,

Al Conde os ofrecí cuerdo y afable,

Mas es mayor la voluntad divina.

Doñ.

Permitid que se busque y que se entable,

Si quiere obedecer la medicina

Su salud, que aunque amor causó este exceso,

El mismo es poderoso á darle el seso.

Cárl.

Si es el Conde, Doñalda, vuestro esposo,

Bien le podeis buscar.

Rein.

Y acompañaros,

Me toca á mí, en peligro tan forzoso,

Que fuera descortés aquí en dejaros.

Ast.

Yo, César soberano y poderoso,

No pienso perdonar los vientos claros,

Las turbias aguas, los soberbios montes,

Desmintiendo la sierra en horizontes.

Cárl.

Malograr la victoria de Agramante

Este suceso solamente pudo.

Rein.

Yo le traeré á París, aunque arrogante

Se quiera defender, loco y desnudo.

Doñ.

Tu amparo y tu favor será bastante

Para triunfar del Conde, no lo dudo,

Que es Reinaldos, en caso de importancia,

La gloria de París y el sol de Francia.

(Váyanse.)

GUARINO, MARTINELA Y VILLANOS.

1.º

Soberbio moro.

Mart.

Arrogante.

1.º

Temiéndole estoy aquí.

Guar.

¿Este es Rodamonte?

2.º

Sí.

Mart.

Bien lo publica el semblante.

Guar.

Francia está de locos llena;

Si el mundo es jaula de locos,

En él los cuerdos son pocos,

Y á éstos tambien los condena.

3.º

¿Qué os mueve á defender

Este paso?

Guar.

La cautela

De la muerte de Isabela.

Mart.

Ella fué honrada mujer.

Guar.

Despues que le dió á Cerbris,

Jóven, valiente y gallardo,

El bárbaro Mandricardo

Tan triste y mísero fin,

Su esposa tiranizó

Este bárbaro y queria

Burlar su honor, mas un dia

Que la violencia intentó,

Ella le engañó pidiendo

Ciertas hierbas que le dieron

Vida inmortal, pues le hicieron

Triunfar del rigor, muriendo.

Mart.

¿Matóse con ellas?

Guar.

Sí.

Mart.

Ella fué mujer honrada.

1.º

Venganza fué muy pesada.

Mart.

Triunfó del tirano así.

Guar.

Sepultóla enternecido

Donde esta puente fundó,

Cuyo tránsito juró

Tener siempre defendido,

Y así arrogante pelea

Con cuantos pasan por él.

Mart.

Él es soberbio y cruel.

1.º

Hasta que el Conde lo vea

Tiene de vida.

Mart.

Es verdad,

Esa verdad os confieso.

Guar.

Á estar el Conde con seso,

Su loca temeridad

Ha de postrar tu arrogancia.

Mart.

¡Que el seso venga á perder

Por una mala mujer

El mejor hombre de Francia!

Guar.

Lástima grande.

PEYRON.

Peyr.

Durmiendo

Le he de hallar.

Guar.

¡Peyron!

Peyr.

¡Guarino!

Guar.

¿Qué es eso?

Peyr.

Ser imagino

Rico.

Mart.

¿Rico?

Peyr.

Sí, prendiendo

Al Conde.

Mart.

¿Tú al Conde?

Peyr.

Sí.

1.º

¿Y para esto te has armado?

Guar.

En París han pregonado,

Está el Conde por aquí.

1.º

Pues, ¿cómo le has de prender

Si le temes?

Peyr.

¿Yo temello?

Voto á san, que he de prendello,

Pero durmiendo ha de ser,

Que han pregonado en París

Que mil doblas le darán

Al que prenda á don Roldan,

Y si vosotros venis

Conmigo, lo prenderémos.

2.º

¿Cómo?

Peyr.

Hallándole dormido,

Que sin estruendo y rüido

Echarle un lazo podemos.

Mart.

No me parece acertado.

Peyr.

¿No me enlazasteis ansí

Vos, mala mujer, á mí?

Mart.

No eres tú tan esforzado

Como el Conde.

Peyr.

Y más, par Dios.

Mart.

¿Más?

Peyr.

Más temerario anduve.

Mart.

¿Tú?

Peyr.

Yo, pues ánimo tuve

Para casarme con vos.

Mart.

¿Valentía es ser mi esposo?

Peyr.

Y muy grande...

Mart.

¿Hay tal traicion?

Peyr.

Heroicidad.

2.º

Con todo, Peyron,

No sois vos tan valeroso

Como el Conde.

Peyr.

Es verdad,

Mas... ¿en qué iba?

Guar.

En tener miedo.

Peyr.

¿Y ser valiente no puedo

Con él?

3.º

Con dificultad.

Peyr.

Pues ¿cómo conozco yo

Muchos que espantan las gentes

Y tienen miedo?

2.º

Valientes

Son de mentira, que halló

En su devergüenza el miedo

Disculpas.

Peyr.

Que son diré

Esos valientes por fe,

Y en su número estar puedo;

Mas ¿cómo ganar podemos

Las doblas?

Guar.

Eso ha de ser

Vistiéndote de mujer.

Peyr.

¿Yo mujer?

Guar.

No hagas extremos.

Peyr.

¿Mujer?

Guar.

Prenderse podria

Así, aunque fiero y terrible,

Pues vencer es imposible,

Como hombre, su valentía.

Peyr.

¿Como mujer yo? oste puto.

2.º

Su prision así esta clara.

Peyr.

¡Mujer yo, y que me estrupára,

Riguroso y presoluto!

Guarda la gamba, eso no;

No quiero doblas.

Guar.

Aguarda,

Que desta industria gallarda

Nos valemos.

Peyr.

¿Mujer yo?

Guar.

El Conde sin alma y seso

Sigue á Angélica la bella,

Y tú, fingiendo ser ella...

Peyr.

No me hableis, Guarino, en eso,

Que aunque vuestro yerno soy,

Perderé á la sogrería

El respeto y cortesía.

Guar.

Con la industria que te doy,

Sin peligro prenderás

Á Roldan, y ganarémos

Las doblas.

Peyr.

¿Cómo podemos?

Guar.

Escúchame y lo sabrás:

Tú has de vestirte de mora.

Peyr.

¿Yo de mora?

Mart.

Industria es rara.

Peyr.

¿De mora y con esta cara?

Guar.

El Conde á Angélica adora,

Y fingiendo su beldad,

Vestido así...

Peyr.

Estais sin seso.

1.º

¿Qué puedes perder en eso?

Peyr.

Mi honor y virginidad;

Que es temerario un antojo

De un loco.

Guar.

Estando contigo

¿Qué temes?

Peyr.

Guarino, amigo,

Temo morir de mal de ojo.

Guar.

Como Angélica vestido,

Todos, Peyron, le diremos

Que á Angélica le traemos

Del Catay, donde se ha ido,

Y cuando á darte los brazos

Llegue el loco, por detras

Echarle un lazo verás

Que le dé más fuertes lazos,

Y prendiéndole ganamos

Las mil doblas.

Peyr.

No quisiera

Que algun disparate hiciera

Conmigo.

2.º

¿Cómo, si estamos

Contigo?

Peyr.

Suele jugar

Á la pelota con todos,

Y saca de tales modos,

Que de un boleo parar

Sobre un monte me habeis visto.

Guar.

¿Atado, qué hay que temer?

Peyr.

Si ello es fuerza que he ser

Angélica, yo me visto;

Mas ¿qué dirá si me ve

Tan vellosa y tan barbada?

3.º

No hay que reparar en nada,

Que está loco.

Peyr.

Ya lo sé,

Mas podria...

Mart.

El loco viene.

Peyr.

Ya tiemblo.

Guar.

Véte á vestir.

Peyr.

Hoy Peyron ha de morir

De Angélica.

(Vase.)

ROLDAN.

Rold.

Hola, ¿quién tiene

Mis alas? hola.

Mart.

Recelo

Que aquí nos ha de estrujar.

Rold.

Mi aderezo de volar

Me dad, veré si en el cielo

Está la hermosura infiel

Que desta suerte me trata,

Mas si es hermosura ingrata,

No puede caber en él,

No es bien que el cielo la albergue:

Pero en vano me desvelo

Si halla gloria y halla cielo

En un pastoral albergue.

¿Quién está aquí?

Guar.

Almas del rico

Cielo que á Angélica encierra.

Rold.

¿Cómo puede estar la guerra

Do la paz viste el pellico?

1.º

Con Medoro está.

Rold.

¡Oh, villanos!

¿Con Medoro?

Guar.

Yo soy muerto.

Rold.

¿Con Angélica, Medoro?

¿Un moro vil en el cielo?

¿Angélica en gloria, y yo

Por su ocasion padeciendo?

2.º

Ántes está condenada

Por tan bárbaro desprecio

Al infierno, qu’el amor

Esta maravilla ha hecho,

En su ingratitud, por dar

Tan soberano escarmiento.

Rold.

¿Qué decis?

Guar.

Lo que es verdad.

Aquí á Angélica tenemos

Llorando sus sinrazones

Y culpando sus deseos.

Rold.

Y vosotros, ¿quién sois?

1.º

Somos...

Almas en pena que en estos

Cóncavos tristes estamos

Penando.

Rold.

¿Luego el infierno

Es este valle?

Guar.

¿No ves

Aquellos álamos negros?

Pues del humo están así.

Rold.

¿Luego yo en alma y en cuerpo

Estoy en él?

2.º

Sí.

Rold.

¿Por qué?

2.º

¿Por qué? por amante necio.

Rold.

¿Luego es ser constante y firme

Necedad?

Mart.

En estos tiempos,

Tan grande, que así se paga

Con pena y tormento eterno.

Rold.

¿Quién hizo ley tan infame?

3.º

El uso.

Rold.

¿Luego uso nuevo

Hay en amor, concordancia

Del mundo, cuyo alimento

Son espíritus que informan

Por los ojos en los pechos

Otra vida y otro sér?

Guar.

Templado estais á lo viejo:

Que lo que fué puro amor

Es ya engaño y fingimiento.

Rold.

Mentis, almas maliciosas;

Mas sin duda estais, por serlo,

En este lugar; ¿fingidas

Pueden, en ángeles bellos,

Ser las lágrimas que salen

Formando en el rostro espejos

Donde las almas se miran

Con recíprocos alientos?

2.º

¿Ves los átomos divinos

De cristal, que lisonjeros

Diluvios rizan al alma

Garzotas de cristal tierno?

¿Ves la Angélica hermosura

Y la púrpura atreviendo,

Descompuestas manos que hacen

Rayos de marfil los dedos?

Pues todo es mentido y falso,

Que amor vive de embelecos.

Guar.

Hasta que venga Peyron

Importa así entretenerlo.

2.º

Si las mil doblas ganamos,

Guarino, ¿á cómo cabemos?

Guar.

Despues harémos la cuenta.

2.º

Rico con mi parte quedo.

Rold.

Pues en el infierno estoy,

Ver aquella ingrata quiero.

¿Cuál es su cuarto?

Mart.

El que está

Cerca del de Júdas.

PEYRON, de mora.

Peyr.

¿Vengo

Bueno?

Mart.

Sí.

Peyr.

Ved con cuidado

Si á Angélica me parezco.

Guar.

Pareces la misma mora.

Peyr.

¿Tengo buen rostro? ¿qu’es esto?

2.º

El loco; aquí te retira,

Y sal cuando te llamemos.

Peyr.

Talle tiene de estruparme,

Mi arrabal os encomiendo.

(Vase.)

Rold.

¡Oh moro vil! ¿á mis ojos?

Guar.

¿Qué ves?

Rold.

Á Medoro veo,

Con mi Angélica abrazado

En nudo y vínculo estrecho

En un pastoral albergue,

Campo de envidias y celos.

Guar.

Repórtate, que en tus manos

Á Angélica te pondrémos.

Rold.

¡Oh almas santas!

2.º

Congregados

Dirás, pues lo parecemos

Cuando en el infierno estamos;

Pero ya llegado habemos

Al cuarto donde te aguarda

Angélica.

Rold.

Entremos dentro.

1.º

No, mejor será llamarla,

Que hace gran bochorno y fuego

Allá.

Rold.

Angélica, señora.

Peyr.

¿Quién me llama?

Rold.

El que siguiendo

Va tu ingratitud, el conde

Orlando.

Peyr.

Ya me arrepiento

Del rigor que os he mostrado,

Y el amor os agradezco.

Rold.

¿Hay tal suerte, hay tal ventura?

¿Dónde estais?

Peyr.

Aquí.

Rold.

No os veo.

Peyr.

Aquí estoy.

Rold.

¿Dónde?

Peyr.

Aquí.

Rold.

¿Dónde?

Peyr.

Aquí, aquí.

Rold.

Salid.

Peyr.

No puedo

Sin licencia.

Rold.

¿Qué es licencia,

Sabiendo que yo la tengo

En cualquier parte? La mano,

Que en el alma reverencio,

Me dad.

Peyr.

Veisla aquí.

Rold.

¡Oh cristal

Limpio transparente y terso!

¡Oh jazmin, que en cinco puntas

Estrella del firmamento

Te finges! ¡oh nieve en copos!

¡Oh algodon en los maternos

Brazos de su planta hermosa,

Cuyos bellísimos crespos,

Desperdiciando bedijos,

Garzas son peinando vientos,

Y cisnes remando espumas,

Dejen mis labios impresos

En vuestro marfil corales,

Y en los corales extremos!

¿Como está tan percudida?

Peyr.

Há dos años que la llevo

Sin guantes y jabatillos,

Y esta cuaresma la hicieron

Mano de matar candelas,

Y el carnal mano de puerco,

Y hoy es mano de almirez:

Soltad.

Rold.

Dejaré primero

La vida.

Peyr.

Soltad la mano,

No seais tan deshonesto

Y libidinoso.

Guar.

Agora

Le abraza porque le echemos

El lazo.

Peyr.

Soltad mi mano.

Rold.

Ántes con ella pretendo,

Á pesar de sus ministros,

Redimiros del infierno.

Peyr.

¡Ay! que me ha arrancado el brazo;

Vil caballero, ¿que has hecho?

Rold.

De abrazar á tu Medoro

Estaba manido y tierno,

No tengo la culpa yo.

Peyr.

¡Ay Dios, que me fino!

¡Ay Dios, que muero!

¿Cómo no tocan y tañen á fuego?

Rold.

Angélica de mi vida;

Pero, villanos, ¿qué es esto?

¿Una Angélica con barbas

Me dais? vuestro atrevimiento

Pagaréis.

Peyr.

¡Ay de mi brazo!

Rold.

Con él aquí pienso haceros

Mil pedazos.

Peyr.

Desbrazado de mí.

Mart.

Escaparme pretendo.

Guar.

Y yo.

(Vanse.)

Rold.

Villanos, cobardes,

Escondidos en el centro

No estais seguros de mí;

Todos morid, pues yo muero

En un pastoral albergue,

Que ha de ser troyano incendio.

(Vase.)

Peyr.

¡Ay que me lleva mi brazo!

Pobre y desbrazado quedo.

Con mi brazo les va dando

Á todos su pan de perro;

En la puente se ha parado,

Ay Dios, que le arrojó en medio

Del rio, y el moro agora

Sale atrevido y soberbio

Para defenderle el paso.

¡Oh, qué puñetes tan recios

Se están pegando los dos!

Mas á los brazos viniendo,

Como son valientes ambos,

En medio el rio cayeron.

Á ser bribon me acomodo

Con el traje soldadesco,

Diciendo que de un reves

Me lo cortó un moro izquierdo.

¿Quién me metió á ser curioso?

¿Quién en procurar dineros,

Si un desdichado al contallos

Se ha de hallar el brazo ménos?

Buscar quiero quien me ensalme

Y quien me dé algun remedio,

Que va corriendo de mí

Más sangre que de un torrezno.

¡Ay Dios, que me fino!

¡Ay Dios, que me muero!

¿Cómo no tocan y tañen á fuego?

(Vanse.)

REINALDOS Y DOÑALDA.

Rein.

En tanto que los caballos,

Desperdiciando colores,

Beben viento y pacen flores

De que podemos pensallos,

En esta ribera verde,

En quien soberbia é ingrata

Se despeña tanta plata,

Y tanto cristal se pierde,

Doñalda, engañar podemos

El sol.

Doñ.

Del calor terrible

Nos salva el sitio apacible,

Diciendo que descansemos

En sus verdes laberintos,

Cuyos álamos traviesos,

Con grillos, tiene abril presos,

De esmeraldas y jacintos.

Rein.

Voy á hacer que los criados

Se recojan, que hoy perdidos

Buscan, del sol ofendidos,

Los arroyos despeñados,

Que á dar tributo á este rio

Descienden con tanta prisa,

Mostrando en su eterna risa

Su inocente desvarío.

Doñ.

Yo, don Reinaldos, en tanto,

Entretenida en mis penas,

Mares haré estas arenas,

Mezclando la risa al llanto.

Rold.

Dentro. Acabe el agua mi fuego.

Doñ.

Voces en el rio suenan.

Rold.

Hoy al agua te condenan

Mis celos, Medoro fiero.

Doñ.

Luchando en el rio están

Dos hombres, ¿hay tal locura?

Rold.

Aquí tendrás sepultura,

Y mis celos la tendrán.

Doñ.

El uno al fondo se fué,

Y el otro nadando sale.

ROLDAN sale mojado.

Rold.

Sin Angélica ¿qué vale

La vida? pero mi fe,

Sin ella tiene el valor

Que no tendrá semejante

Jamas en mortal amante,

Porqu’es inmortal mi amor.

Doñ.

Espiró, sin duda, y quiero

Verle el rostro.

Rold.

Ingrata bella.

Doñ.

No está muerto.

Rold.

¿Sois aquella

Por quien vivo y por quien muero?

Doñ.

El Conde es.

Rold.

¿Sois vos la ingrata?

Doñ.

¿Hay tal suerte, hay tal ventura?

Rold.

¿Sois vos la fiera hermosura

Que me da vida y me mata?

¿Sois vos la que en el infierno

Padeciendo me teneis?

¿Y sois la que padeceis

Conmigo un tormento eterno?

¿Sois quien me teneis aquí?

¿Sois Angélica?

Doñ.

Sí soy.

Rold.

Con vos condenado estoy,

Con vos precito, y así

En el infierno los dos

Gloria habemos de tener;

Vos en verme padecer,

Y yo en saber que es por vos.

Doñ.

Conde de mis ojos,

Dueño de mi vida,

Á quien huí halagos

Y negué caricias,

Juventud con quien

Amor se eterniza,

Pues tal vencimiento

Su imperio acredita,

Ya cesó el rigor

Coronado de iras,

Armado de celos,

Calzado de envidias;

Ya murió Medoro,

Que amor facilita,

Imposibles tales

Con fuerzas divinas.

Ya salió del pecho

Para que en él vivas,

Espirando el cuerpo

Como el alma misma,

Ya amor quiere al fin

Que á tus piés se rinda

La que fué del orbe

Mayor tiranía.

Vén á mis imperios,

Donde te aperciban

Vasallos sus Javas,

Tesoros sus minas;

Lograrémos dulces

Horas mal perdidas,

Ya en sabrosas paces,

Ya en honestas riñas;

Que en paces y en guerras

Tierno amor se cria,

Pues de los halagos

Los disgustos libran.

Así al fin serémos,

Dos almas unidas,

Palomas constantes,

Castas tortolillas;

Vén, porque mis moros,

Conde, te reciban

Por alma que pone

Leyes en la mia.

Rold.

Circe del Oriente,

Belleza que imita

Al sol en los rayos,

Y al cielo en la vista,

Dame ese alabastro,

Donde el alma imprima

Clavos de rubíes

Que mi nombre digan;

Dulce esclavitud,

Donde desestiman

Libertad las almas

Por vivir cautivas,

Luégo me desposen,

De moro me vistan,

Que si es mora el alma,

El traje lo diga.

Tráiganme una aljuba

De púrpura tiria,

Y de finas hojas,

Un monte me ciñan;

Dadme un corvo alfanje,

Y aunque su cuchilla

De damasco sea,

De coral se finja.

Ya es Orlando moro,

Lloren su ruina

Cruzados pendones,

Cristianas provincias.

REINALDO Y VILLANOS.

Rein.

Estos labradores

Darte solicitan,

Émulas del sol,

Soberbias, pajizas,

Que en robles y fresnos

Al cielo obeliscan,

De juncos y cañas

Fábricas egipcias,

Cuyas rubias pajas

Mármoles no envidian,

Aunque hay vientos locos

Que las desperdician.

Rold.

Mi escuadron se junte,

Y al frances embista:

Toca al arma, toca,

Tierra y viento giman,

Crucen los jinetes

Y la infantería,

Muera Cárlos, muera,

Y Angélica viva.

Rein.

¿Qu’es esto?

Doñ.

Reinaldos,

Celebra mis dichas,

Y deja que al Conde

Gane con mentiras.

Guar.

Con el loco dimos.

Peyr.

Aquí me destripa,

Pues me ha desbrazado.

Doñ.

Á esa gente anima.

Rein.

¿Quién le trujo?

Doñ.

El cielo

Para darme vida;

Finge como yo,

Que en mi engaño estriba

Llevarle á París,

Y aquéstos le sigan

El humor tambien.

Rein.

Traza es peregrina.

Rold.

De escucharme sólo,

Cárlos se retira,

Sigan el alcance,

Pues se atemoriza.

¿Quién sois vos?

Doñ.

El moro

De quien más se fia

Mi padre, el Gran Can;

Postra las rodillas

Á tu nuevo dueño.

Rein.

Dame esas invictas

Y reales manos.

Rold.

Levantad.

Rein.

Rendidas

Del Catayo tienes

Ya las monarquías.

Rold.

Buen talle de moro,

Mis legiones rija;

Pues de San Dionís

Estamos dos millas,

Guiemos allá.

Rein.

Ya, con alegrías,

Va marchando el campo.

Rold.

Pues decid que vivan

Orlando y la bella,

Reyes de la India.

Rein.

Viva el rey Orlando,

Todo el campo grita.

Peyr.

Y el loco mayor

De la loquería.

(Váyanse.)

CÁRLOS Y FLOR DE LIS.

Cárl.

Las banderas africanas,

Ántes de entrar en París,

Se ofrezcan á San Dionís

En sus aras soberanas.

Láminas del triunfo sean

Sus tafetanes vencidos,

Que, afrentados y corridos,

Apénas al viento ondean.

Flor.

En bronce, y no en tafetan,

Guardará el tiempo tus glorias,

Que tan célebres victorias

Asiento á los siglos dan.

(Pasa volando Astolfo con la redoma.)

Pero ¿qué cometa impreso

Se ve en la media region?

Cárl.

Prodigios del aire son.

Ast.

Ya traigo á Roldan el seso.

Flor.

Astolfo en un mostro alado

Y una ampolla de cristal,

Pasó con presteza igual.

Cárl.

El seso sin duda ha hallado

Del Conde su primo.

Flor.

¿Dónde

Vió medicina tan sábia,

Que, como el Fénix de Arabia,

De los mortales se asconde?

Que si se pudiera hallar,

Ménos locuras hubiera

Y el mundo en paz estuviera.

REINALDOS.

Rein.

Vengan, señor, á escuchar

El caso más peregrino

Que en el mundo sucedió,

Astolfo á tiempo llegó

Por el viento cristalino,

Que con engaño habia entrado

Don Roldan en San Dionís.

Flor.

¿Qué dices?

Rein.

Ya, Flor de Lis,

El Conde el seso ha cobrado.

Cárl.

¿Cómo vino y cómo fué?

Rein.

Trujímosle por engaño,

Cuya industria y modo extraño

Despues, señor, te diré;

Llegó Astolfo á esta ocasion,

Que en una ampolla traia

Del monte, en que siempre hay dia,

La más alta confeccion,

Y en boca y narices puesta,

Oler quiso y beber quiso,

Y aprehendiendo de improviso

Materia tan bien dispuesta,

Cayó en tierra medio muerto,

Y á tu cuarto le llevamos,

Donde volviendo pensamos

Que será el remedio cierto,

Y olvidado de la mora

Y de todo lo pasado,

Confuso y avergonzado,

Dirá que á Doñalda adora.

Flor.

Vamos á ver el suceso

De su próspera fortuna.

Rein.

Ya del monte de la Luna

Astolfo le trujo el seso.

(Vanse.)

ROLDAN, desnudo.

Rold.

¿Qué es esto? ¡Válgame Dios!

¿Qué torres y capiteles

Son éstas, que en obeliscos

Gigantes al sol se atreven?

¿Qué cuarto es éste en que el arte,

Inmortal como valiente,

Se excede en molduras de oro,

Anagrifos y relieves?

¿Son brocados los que admiro?

¿Son los que toco paredes?

Paredes son y brocados,

Que en más dudas me suspenden.

¡Cielos! ¿quién me trujo aquí

Desnudo y de aquesta suerte?

¡Yo, tan descompuesto y pobre!

¡Yo, en traje tan indecente!

¡Yo, sin saber dónde estoy!

¡Yo, roto y entre doseles!

No lo entiendo, vive Dios,

Ni áun el alma en mí se entiende.

¿Dónde mis armas están?

¿Dónde el invencible temple

De aquel diamante forjado

De sí mismo, como el Fénix?

Todo está callado y surto,

Rumor ninguno se siente,

Si no es del silencio cuarto,

Cuarto encantado parece;

Quiero pedir de vestir,

Y echaré de ver si hay gente.

Hola, de vestir me dad.

TRES CRIADOS.

1.º

Aquí los vestidos tienes.

Rold.

¿Por dónde entrastes?

2.º

¿Por dónde?

Por la puerta.

Rold.

Dos mil veces

Me santiguo, ¿sois demonios?

Porque, si lo sois, no teme

Roldan demonios ni encantos;

Apénas dije traedme

De vestir, cuando os vi á todos

Con los vestidos presentes.

Teneos y decid quién sois.

3.º

Franceses somos.

Rold.

¿Franceses?

2.º

Y camareros de Cárlos.

Rold.

Si es ansí, preso me tiene

En París.

ASTOLFO.

Ast.

En San Dionís

Estás.

Rold.

¿Astolfo no es éste?

¿Él tan gallardo y yo así?

Cárlos quiere que me afrenten:

Corrido estoy y ofendido,

Este honor guardan los reyes.

Dí que si ésta ha sido burla,

Ha sido burla solemne.

Mas, ¡vive Dios!

Ast.

Léjos fueron,

Conde, las que ya aborreces.

Rold.

¿Quién me ha puesto así?

Ast.

Tú propio,

Y ya que saberlo quieres,

De Angélica los encantos

En tal bajeza te tienen;

Hoy contigo se desposa,

Burlando bárbaros reyes,

Y en el tálamo te aguarda,

Donde las bodas celebres.

Rold.

¿Yo conozco aquesa mora?

¿Á mí á decirme te atreves

Tal bajeza? ¿Á mí me casas

Con una ramera aleve,

Como lo dice la fama,

Si no es que la fama miente?

¿Á mí, sabiendo que soy

Roldan? ¿á mí?

Ast.

No te alteres.

Rold.

Mas por quitarme á Doñalda,

Aquí á Angélica me ofreces.

Doñ.

No hace tal, que á ser tu esclava,

Conde, me tienes presente.

Rold.

Avergonzado y confuso

Estoy, señora, de verme

Tan descompuesto en tus ojos.

Doñ.

De la suerte que estás eres

Mi dueño.

REINALDOS.

Rein.

Pues bien, ¿qué falta?

Rold.

Falta que no te avergüences,

Reinaldos, de verme así.

Rein.

El llegar, Roldan, á verte,

Agradécelo á tu esposa,

Y á Astolfo se lo agradece.

Rold.

¿Cómo desta suerte estoy?

Rein.

Escucha... mas que lo cuente

No quiere el Emperador.

Rold.

Porque así á verme no llegue,

Cubridme.

CÁRLOS Y FLOR DE LIS.

Cárl.

Conde.

Rold.

Señor.

Cárl.

¿Qué es eso, y qué traje es ése?

Rold.

No sabré, señor, decillo.

Cárl.

Tan afrentoso fin tienen

Siempre los principios viles,

Para que el mundo escarmiente.

Rold.

No os entiendo, vive Dios.

Cárl.

Entended sin entenderme.

Flor.

Angélica os tiene así,

Vil hechizo del Oriente.

Rold.

Sólo es Doñalda mi hechizo,

Que vive en el alma siempre.

Flor.

Portentosa maravilla.

Cárl.

Pues tanta aficion se premie

Con su mano; tarde el Conde

Vuelve del campo.

Doñ.

Pues vuelve,

Es milagro.

Rold.

Ésta es mi mano.

Cárl.

Saraos y fiestas se ordenen,

Que en ellos quiero asistir,

Y en ellas ser juntamente

El padrino, pues ya el moro

Al mar las banderas vuelve,

Acobardado y vencido.

1.º

Dejadme entrar.

(Entran los villanos.)

Peyr.

Dejad que entre.

Mart.

Y á mí tambien.

Cárl.

Hoy la entrada

Á ninguno se le niegue.

Guar.

Dadnos los piés.

Peyr.

Y á mí y todo,

Rey del cántaro.

Rold.

¿Qué quieren

Estos rústicos?

Peyr.

Yo un brazo,

Que en conciencia me le debe,

Que no le parió mi madre

Para ser carne de peces;

De plata me le mandó.

Doñ.

Un brazo de plata tienes.

Rold.

No entiendo esta confusion.

Peyr.

Un escritorio he de hacerle,

Que si le llevo conmigo,

Llevo en el brazo mi muerte.

Guar.

Y á nosotros ¿qué nos mandan

Por ayudar á traerle?

Cárl.

Las mil doblas prometidas.

Mart.

Más años que hay necios cuentes.

Cárl.

Vamos, y el Conde se vista,

Porque en sus bodas comience

Su sosiego, y tenga en ellas

Fin el Pastoral albergue.

FIN.

Esta comedia se hizo 18 dias, en Sevilla.—Hay una rúbrica.


RELACION
DE LA FAMOSA COMEDIA
DEL PREMIO DE LA HERMOSURA
Y AMOR ENAMORADO,

que el Príncipe, nuestro señor, la cristianísima Reina de Francia y serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus hermanos, y algunas de las señoras damas representaron en el Parque de Lerma, lúnes 3 de Noviembre de 1614 años.


Hallándose Su Majestad en Lerma muy entretenido, en compañía del Príncipe nuestro señor, de la cristianísima reina de Francia, y serenísimos infantes don Cárlos y doña María, sus muy caros y amados hijos, y con gran cuidado el Duque de tener fiestas para ello, entre algunas de toros, cañas y extraordinarias invenciones de regocijado y vistosísimo fuego, en diferentes dias, noches y puestos, hubo resolucion que se representase la famosa comedia de El Premio de la hermosura y Amor enamorado, que teniéndola estudiada los cuatro serenísimos hermanos y algunas señoras damas, estuvo determinada para otras ocasiones, y por festejar en ésta á su padre, quiso el Príncipe nuestro señor, acompañado de su ayo en el mismo deseo, reconociendo el amor recíproco que deben, declararse por autor de esta gran representacion ayudándole sus hermanos y damas, con mucho gusto.

Para ejecucion de este pensamiento, se escogieron por teatro el sitio llano que hay entre la bajada del castillo y palacio, y el primer brazo del rio Arlanza, que sangrado en algunos, fertiliza y hermosea el amenísimo parque, teniéndole todo el año verde y en extremo apacible.

Aquí se hizo un tablado, igual con el suelo, de ciento y cincuenta piés en largo y ochenta en ancho, y atajándole por la parte del Occidente, en un apartamiento de cincuenta, se hizo el vestuario, y en él cuatro aposentos, que, colgados de tapicería, quedaron fuertes, abrigados y capaces para que en cualquiera se vistiese una de las cuatro personas reales; detras de ellos se armó una gran tienda, con su contratela, todo de hermosa vista, en la cual hubo disposicion para vestirse las damas y asistir á ello sus criadas, sin ocasion de mezclarse ni inquietar la fiesta, que no fué lo ménos admirable de ello.

En medio de los cuatro aposentos hubo otro para oficiales de los tornos y otros ministerios de las apariencias, sin embarazarse ni poder ver los personajes, ni llegar á sus estancias, y en esta forma para los mismos efectos hubo dos altos de corredores, pasadizos y aposentos.

Por el Oriente y Mediodía dividian el tablado dos vallas iguales y consecutivas cubiertas de alfombras; delante de la primera, cerca del mediodía de ella, estuvo la silla de Su Majestad, y á las espaldas apartamientos para caballeros y personas graves; de aquí se levantaba un tablado con gradas en que estuvieron criados de la casa real y otras personas, y entre él y el rio se armó otra tienda correspondiente á la del vestuario, que servia de entrada á todo el teatro.

Delante de la valla del Mediodía tuvieron lugar las señoras duquesa de Peñaranda, condesas de Castro y Barajas, dueñas y damas que no representaron, y detras, en un tablado algo eminente, mujeres de criados de Su Majestad y criadas de damas; y estos dos lados estaban colgados de tapicería.

Por el del Norte tenía el brazo del rio, donde se hizo un muelle en que pudieron caber los grandes, títulos, gentiles hombres de cámara, mayordomos, caballerizos, meninos, pajes y caballeros que se hallaron en Lerma, que fueron muchos.

La fachada del vestuario parecia en forma de media luna, y en la parte del Norte, sobre el rio, se fabricó una montaña de siete estados en alto, y en proporcion de la circunferencia, pintados en ella riscos y aspereza, ceñida de algunos caminos y torcidas sendas de aparente rusticidad; llamábase monte Iman. Parecia tan natural, por esto y por el sitio en que estaba, que apénas se podia determinar con la vista. Al pié de este monte se levantaba dentro del rio un peñasco, donde con mucha propiedad se hizo apariencia de romperse una nave; en lo bajo de la montaña, mirando al teatro, se mostraba una cueva de oscura y pavorosa entrada, y pegado á ella estaba el templo de Diana, á quien adoraban los bárbaros que la habitaban; era catorce piés de ancho y veinte y cuatro en alto, y movíase todo con tanta facilidad como si fuera una pequeña rueda, sustentándose en un perno solo que tenía en la esquina de la parte del Norte, puesto con tanto artificio que se extendia á la mitad del tablado, cuando habia de manifestar su apariencia: estaba pintado con imitacion de edificio brutesco.

Del lado derecho de este monte salia un corredor de buena perspectiva para músicos, ministriles y otros instrumentos, y por donde hombres armados, banderas, tambores y otras insignias de guerra hicieron diversas muestras en diferentes ocasiones.

Cerca del Mediodía del teatro se veia el palacio de la emperatriz Aurora, hermoseado con várias pinturas, torreones, castillos, chapiteles y rejas, y al pié un jardin compuesto de flores y hierbas naturales, y en medio una fuente que levantaba el agua un estado.

En medio del frontispicio, junto á este palacio, estaba el templo de Cupido, con dos puertas grandes cubiertas de ramas y cosas verdes, á modo de ramada ó selva, con que se cubria gran parte de la fachada del teatro, y cuando se abrian parecian detras las del templo, pintadas de oro y azul.

En la esquina de mano derecha del mismo frontispicio, se levantaba un castillo encantado de un sabio llamado Ardano, con pinturas á manera de canterías troneras, torres y mucho almenaje; subíase á él por unas gradas que se encubrian con un lienzo pintado de cosas rústicas, como peñas y hierbas diferentes, y al correrse este paño se mostraba una cueva que guardaban dos salvajes con sus mazas: rematábase la punta del Mediodía en un peñasco que correspondia al monte Iman, y opuesto á él, con muchos derrumbaderos y muy bien imitada, la aspereza, y en la mitad de su altura la casa de la maga Circea, á modo de cueva oscura y rústica.

Sobre el rio algo apartado del monte Iman, habia un torno que se movia velocísimamente sobre las aguas, y encima una tabla en que podia vivir una persona; y este lado estaba todo colgado de telas de diferentes colores, que servian de cortina para encubrir y dar vista al rio en algunos pasos de la comedia, en el cual detras del vestuario habia una nave con todas sus jarcias y demas aparejos para navegar, llevando treinta personas.

Á los dos lados del templo de Cupido, cuatro estados en alto, estaban dos nubes, y en medio otra superior que las cubria y acompañaba hasta el suelo, y dejándolas en él se volvia á lo alto, y tornaba á acompañarlas cuando se habian de levantar á su lugar.

En lo alto del monte Iman estaba otra nube muy grande, y todas eran de hechuras diferentes, y tan bien pintadas al natural, que lo parecian mucho. Tenía el vestuario dos puertas para entrar al teatro, una cerca del templo de Diana, otra debajo del castillo encantado, y habia otras entradas por las cuevas, peñascos y montañas.

En esta forma se terminaba el teatro, cubierto todo de toldos y coronado de luces, y habia muchas en las escaleras y torres de los castillos, y diez y ocho blandones en el suelo; todos se encendieron de dia, con que no pudo conocerse la noche cuando vino.

Aderezado todo en esta forma, parecia la más extraordinaria y agradable vista que imaginarse puede, porque en ella no se hacian imposibles los castillos encantados, los palacios grandiosos, los espaciosísimos salones, y los tronos más encarecidos y alabados en los imaginarios libros de caballerías, ántes parecia que cuanto en ellos se ha fingido hicieron aquí la naturaleza y el arte tan propiamente, que quedaron cortos los coronistas de aquellas hazañas fabulosas, y que la verdad que aquí se miraba facilitaba la fe de cuanto ellos dicen.

Todo estaba con tan gran arte, proporcion y seguridad, que parecia, al verse, ordenado para eternizarse en aquel lugar en memoria de la heroica y suntuosa fiesta que en él se representó.

Era la comedia de Lope de Vega; la eminencia de los versos, decencia y decoro de ellos lo mostraban, que sólo su ingenio podia darlos propios á tales recitantes.

Tomó el sujeto del libro de su Angélica, y como allí, introdujo tantos reyes y reinas que vinieron á Sevilla á merecer y ocupar el reino que su rey, cuando moria, mandó se diese al hombre ó mujer más hermosa que se hallase, y allí daba el premio á Angélica, en esta comedia á la emperatriz Aurora; y de juntarse los reyes y reinas que introduce en ella á la competencia del premio de la hermosura se enamoran variamente, encontrándose algunos en la eleccion, y otros conformándose en la correspondencia, y cuando se acabó esta junta se dividieron en diferentes partes, acompañando algunos á las reinas en las jornadas y navegaciones á sus reinos, y variándose los acaecimientos vino á ser de mucho enredo, y muy apacible, toda con grandes alusiones á historias, fábulas poéticas y libros de caballerías, aventajando por esto á todas cuantas ha hecho su autor.

El lúnes 3 de Noviembre fué el dedicado para este solemnísimo regocijo, y estando todo dispuesto á las cuatro de la tarde, como se apeaban de los coches, empezaron á entrar en diferentes cuadrillas los personajes que habian de representar, y recogiéndose en el vestuario criados y personas de este ejercicio, llevaban plumas y otros aderezos como recogiéndolos para la farsa, que no faltó esta accion para imitar los cómicos más ejercitados.

El dia fué pardo y apacible, y estando todos en un admirable y quieto silencio (que la novedad de tantas maravillas suspendia mucho), entrando Su Majestad, Dios le guarde, con sonoroso ruido de chirimías y otros instrumentos, se hizo una demostrativa salva desta entrada. Fué por la tienda del Oriente, y habiéndose entretenido con sus hijos hasta que los vistieron, salió á su silla con otra regocijadísima salva.

Representaron los papeles de la comedia:

Cupido, el Príncipe nuestro señor.

Aurora, la cristianísima reina de Francia.

El Agradecimiento, deidad, el serenísimo infante don Cárlos.

La Correspondencia, deidad, la serenísima infanta María.

Liriodoro, rey de Grecia, la señora doña Isabel de Aragon.

Leuridemo, rey de Numidia, la señora doña Catalina de Acuña.

Rolando, rey de Hungría, la señora doña Catalina de la Cerda.

Alizarán, rey de Catay, la señora doña Mariana de Córdoba.

Cardiloro, rey de Tánger y Rosélida, la señora doña Ana María de Acuña.

Lindabella, reina de Tartaria, la señora doña Juana de Aragon.

Mitilene, reina de Argenes, la señora doña Estefanía de Mendoza.

Tisbe, reina de Epiro, la señora doña Luisa Osorio.

Gonforrosto, emperador salvaje, la señora doña Juana de Noroña.

Solmarin y Bramarante, capitanes salvajes y dos jueces de Oriente; doña María Jordan y doña Leonor de Quirós, de la cámara.

Mandricardo, vision y Circea, maga, doña María Marañon, de la cámara.

Ninfa Doris, Fabio, jardinero, y un ciudadano, doña Vicenta de Castro.

Celio, paje, doña Estefanía Gomiz de la Reguera.

Figura de Diana, en un altar, doña Francisca de Páramo, todas de la cámara.

Cintio, capitan, Andres de Alcocer.

El traje en que se representaron los papeles de hombres, era de baqueros cortos y basquiñas, aderezos de espadas, dagas, sombreros, tocados á lo africano, algunos cuellos y puños blancos llanos.

El Príncipe, nuestro señor, salió á echar la loa con baquero, calzones y ferreruelo frances de tabi de oro azul, guarnicion de plata, cuello y puños blancos con puntas pequeñas, sombrero negro de fieltro, falda larga, terciada, bordada, y la toquilla con muchas plumas; botas blancas, tan galan y airoso, y recitóla tan bien, que, cuando este dia no tuviera otra cosa que admirára, ésta pudiera sobre cuantas ha tenido el mundo, porque no se juntaron jamas gentileza, hermosura, desenfado, gala y propiedad en tan pocos años y tanta majestad.

Empezó la comedia Cardiloro con baquero y basquiña azul y plata, tocado moro, manto de velillo de plata encarnado, y queriendo arrojarse con desesperacion en el rio por habérsele muerto su dama, corriéndose una cortina, apareció sobre el agua una vision vestida con saco de raso negro, cubierto el rostro con un velo leonado, venía sobre la tabla ó invencion que se movia velocísimamente; era Mandricardo, su padre, que le venía á defender la desesperacion, y habiéndole reprendido el intento, desapareció con la mesma velocidad, y cerrándose la vista al rio, quedó Cardiloro espantado de haber visto á su padre. Salió el sabio Ardano á consolarle y ofrecerle su castillo para que reposase, le llevó á él, y corriendo el lienzo que le encubria, parecieron los salvajes y la entrada, recogiéndole allí; y dejándole durmiendo, le encantó para que estuviese así hasta cierto tiempo en que luciesen sus hazañas. Cerróse el castillo.

Salieron cuatro reyes por puertas diferentes fingiendo venir de diversas partes á hallarse á la competencia del premio de la hermosura.

Liriodoro con baquero y basquiña de tabi de plata encarnado, bordado de cañutillos de vidrio negro, sombrero de falda grande, terciada, bordada, y la toquilla con una rosa grande de diamantes.

Leuridemo, con baquero y basquiña de tabi de oro encarnado, guarnicion de plata, sombrero de falda larga terciada, con rosa y cintillo de diamantes.

Rolando, con baquero de tabi encarnado, bordado todo de lentejuelas de plata, y la basquiña de la mesma tela, bordada de labores grandes de relieve de cañutillo y hojuela de plata, sombrero de falda corta, trencillo de diamantes y una puntilla de pluma blanca con sus rizos.

Alizarán, con baquero de terciopelo negro guarnecido de plata, basquiña de tabi de oro encarnado y de la misma guarnicion, manto de velillo de plata encarnado, tocado de muchas plumas y rizos, á lo africano.

Hablando los cuatro en la competencia, salió un ciudadano á darles cuenta de las Reinas que habian concurrido á ella y cómo venian los jueces á sentenciar.

Entraron dos con garnachas de encarnado y plata, coronas y varas doradas, y llamando las Reinas para hacer el juicio, entraron cuatro.

Lindabella, con baquero y basquiña de encarnado y oro, muchas plumas en el tocado, manto de velillo de plata.

Tisbe, con baquero á lo romano y basquiña de tabi azul de oro, manto de velillo de plata, tocado de plumas y rizos.

Rosélida, reina de Persia, baquero y basquiña de tabi encarnado, guarnicion de plata, tocado de plumas y toca de colores y manto blanco.

Informando cada uno de su justicia, los jueces se pusieron en oracion delante del templo de Cupido para que les declarase la mayor hermosura, abriéronse las puertas á este tiempo, y primero la selva que estaba delante, causando admiracion el movimiento de tanta máquina y la multitud de estrellas, espejos y adorno de florones de oro que pareció despues de abierto; estaba sobre el altar la figura de Cupido con todas sus insignias, y puestos todos en oracion con mucha música, bajaron las dos nubes de los lados del templo, y la superior que las acompañaba, y llegando al suelo, se abrió la de mano derecha y en medio pareció sentado Cupido, y á sus lados el Agradecimiento y Correspondencia.

Cupido, con arco, carcax y venda en la frente, plumas en ella, en cuerpo, con el mismo vestido que echó la loa, el Agradecimiento con montera y baquero de tabi verde, una banda encarnada, guarnicion de plata y botas blancas.

La Correspondencia, con baquero y basquiña de tabi azul, guarnecido de oro, tocado de plumas y rizos.

Para abrirse la nube tendió muchas alas y volantes, pareciendo dentro muchas estrellas y córtes de velillos de colores, y los tres bellísimos hermanos parecian, no las deidades fingidas que representaban, sino verdaderos celestiales espíritus que bajaban para la perfeccion y complemento de la fiesta.

En otra nube venía la emperatriz Aurora, con baquero y basquiña de tabi encarnado de oro y guarnicion de plata, puntas de lo mesmo en los faldones del baquero, tocado de plumas de colores y tocas blancas y manto de velillo blanco con muchos diamantes. Tendió la nube diversas ruedas y volantes cuando se abrió, mostrándose muy rica por lo interior; pareció la Reina tan hermosa y resplandeciente, que turbó la vista á cuantos la miraban, y no sólo parecia aurora, mas el mesmo sol acompañado de todas las estrellas.

Salieron todos los hermanos de las nubes, y dió Cupido la corona á Aurora, diciendo que sólo á su hermosura era debida, de que quedaron todos muy contentos y le dieron gracias, y diciendo él que la habia traido del cielo para ello, se metió en su nube y con mucha música se empezaron á levantar todas tres hasta su lugar, quedando Aurora que llevó en su compañía á Lindabella, para estar juntas en su palacio.

El Agradecimiento y Correspondencia, los dos serenísimos Infantes, se fueron á sentar junto á su padre, habiendo representado sus papeles tan bien, que no se puede encarecer su gracia: Dios los guarde.

Las demas reinas se fueron á sus provincias, por la mar, acompañando á Tisbe y á Rosélida, Liriodoro y Alizarán enamorados de sus hermosuras, y en el reino de Aurora se quedaron Leuridemo y Rolando enamorados de Lindabella, y Mitilene de Leuridemo, con que se acabó la primera jornada.

Por intermedio salió á danzar el Príncipe, nuestro señor, con la señora doña Sofía, vestida basquiña y baquero verde, guarnecido de plata, abanino y verdugado; danzaron Galería de amor y Canario, su Alteza con extremado aire y gracia, y la señora doña Sofía tan diestramente, que el ver tanta perfeccion en tan pequeños cuerpos, sobre la novedad y grandeza de cuanto se miraba, metió á muchos en sospecha que todo era encantado.

En la segunda jornada, despues de haber representado diferentes personas, estando en el tablado Gonforrosto, vestido un sayo largo de tabi blanco bordado todo de florones verdes y encarnados, los cabellos sueltos y con baston de general y guirnaldas en la cabeza, y con él dos capitanes, Solmarino y Bramarante, vestidos sayos de raso verde y oro, cabellos sueltos y mazas; hablando los tres, de la parte del rio se oyeron grandes voces y ruido como de navegantes que se perdian, acudieron los salvajes á las peñas para reconocer lo que era, y corriéndose las cortinas que encubrian el rio, pareció en él una nave que muy furiosa iba á embestir con la roca, venian en ella Tisbe, Rosélida, Alizarán, Liriodoro y marineros con muchas luces; con ellas las personas que traian las joyas, vestidos y plumas. Fué la más agradable y nueva apariencia que puede imaginarse, causando igualmente alegría y lástima, porque representaban con tanta propiedad su perdicion, que parecia cierto el peligro de que se lamentaban.

Sonando la nave como rompida, cerró la vista al rio, y saliendo al teatro por diferentes partes algunos, como escapados de la tormenta, fué el primero Liriodoro, á quien los capitanes salvajes captivaron, y tambien á Rosélida, llevándolos á su Emperador, que á él le mandó sacrificar á Diana y de ella se enamoró.

Tisbe se escondió en una cueva, y Alizarán por lo alto del monte, lamentándose todos de no saber unos de otros.

Mitilene, hija de la sábia Circea, andaba enamorada de Leuridemo, el cual, por estarlo de Lindabella, no la admitia; fué Mitilene á pedir favor á su madre, que salió vestida de raso negro y plata, manto de velillo de plata negro, y entendido el caso, ofreciendo ayudarla, se fueron á su cueva, con que se acabó la segunda jornada.

En el intermedio salió á bailar la Reina, la Condesa de Medellin, las señoras doña Mariana de Córdoba, doña Estefanía de Mendoza, doña Luisa Osorio, doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, con los mesmos vestidos de la farsa; bailaron la Españoleta, y la Reina tan airosamente y con tanta destreza, que guiando á todas, hizo que se pusiese en olvido lo que habia pasado: pareció coro de ninfas de los que celebran los poetas festejando á su Diana.

En la tercera jornada, tratando Circea con Rolando que ella haria una nave muy rica y la pondria en el puerto, y él publicaria que se la enviaban de su reino para que se fuese él en ella, y que sería tal su riqueza y fábrica, que obligaria á Aurora y á Lindabella á que entrasen á verla, pidiendo él que por maravillosa le hiciesen ese favor, y que teniéndolas en la nave, haria que con mucha ligereza navegase, llevándolas á Hungría donde se casaria él con Lindabella, y que sabiéndolo Leuridemo, recibiria por mujer á Mitilene; y habiéndolas embarcado con este engaño, se hizo relacion de todo y de la huida de la nave, contándoselo á Leuridemo, que estaba en el jardin de Aurora con Fabio su jardinero, Belisa, dama, que muy lastimada vino á darle cuenta, y diciendo que ya parecia en el mar, se corrieron todas las cortinas desocupando la vista al rio, quedando descubierto gran parte de él.

Echando Leuridemo maldiciones á la sábia y á la nave, pasó á vista de todos con velocidad, pero de suerte que duró el poder verla por medio cuarto de hora; llevaba á Aurora, Lindabella, Mitilene, Circea, Rolando, su paje Celio y gentes de mar, con muchas luces, gallardetes, flámulas, estandartes y banderolas de diferentes colores, velas tendidas, que con la variedad de joyas, plumas, tocas y galas de los que en ella iban, fué la más bella y alegre vista que en las aguas pudo esperarse, y parecia que las fabulosas córtes de Neptuno eran verdaderas y que el mismo Júpiter y las demas fingidas diosas se habian juntado en el globo de la nave, queriendo mostrar á porfía el poder de su hermosura y deidad. Cerróse la vista al rio, y Leuridemo prosiguió en sus execraciones con tan viva voz y lastimado sentimiento, que si la nave llevára hombres-fieras ó mármoles, los enterneciera y obligára con sus quejas á detenerse y á escucharlas, sin reparar en que eran lágrimas de comedia; entróse Leuridemo y cerróse la vista al rio.

Gonforrosto mandó á sus capitanes sacrificasen á Liriodoro, y habiéndolo hecho, salió Tisbe preguntándoles por él y se le enseñaron, abriendo el templo movido sobre el perno en que estaba fabricado, para que se pudiese gozar de su vista, pareció lleno de luces, velillos y chapas de plata, y sobre el ara la figura de Diana, vestida de raso blanco, guarnicion de plata, cabello suelto y un venablo en la mano. Viendo Tisbe muerto á Liriodoro sobre la última grada del altar, tomando un puñal á Gonforrosto, se mató dejándose caer sobre el cuerpo; cerróse el templo, y fuéronse los salvajes admirados retirándose á su lugar.

Salió Leuridemo con Cintio, capitan, que le representó Andres de Alcocer, señor de Tovilla, á quien por sus gracias singulares quiso su alteza repartir papel en esta comedia, porque no le faltase entremes; traia Leuridemo gente de guerra y armada de mar en seguimiento de la nave, y él y los que en ella iban y los que andaban por la montaña, se hallaron juntos al pié de ella, por tormentas y otros sucesos; y dándose cuenta de ellos unos á otros, salió Doris, ninfa de Diana, con jubon y basquiña de raso blanco y guarnicion de oro, baquero de velo de plata y muchas plumas y tocas, con dos guirnaldas de flores en un cestillo, que de parte de la diosa traia para los dos amantes muertos, y contando á todos el caso, se abrió el templo y parecieron los dos tendidos en las gradas; coronólos Doris, todos les dijeron singulares elogios, y pidieron á Leuridemo les cantase una elegía, y tomando la guitarra, la señora doña Catalina de Acuña se la cantó con tanta suavidad y propiedad de fúnebres y lastimosos acentos y quiebros enamorados, que resucitáran los muertos, si lo fueran, para oirlas.

Bajo la nube que estaba sobre el monte Iman, y en medio de la bajada se abrió, con admirable vista de la hermosura de su fábrica y majestad interior, mostrando muchas alas doradas de lucidísimo adorno, y extendiendo muchos círculos, que se extendian unos en otros á modo de esfera; venía dentro Cupido á casarse con Aurora, y en llegando al suelo salió á darla la mano, y llevándola á la derecha, se sentaron en la nube, y cerrándose se levantó á su lugar. Los demas se casaron con quien cada uno queria, que la facultad general de dispensar en esto sólo la tienen los poetas.

Así tuvo fin esta gran comedia, gobernando el Príncipe nuestro señor cuanto en ella se representó, y salidas y entradas de todos, con gran puntualidad y cuidado, advirtiendo lo que habian de hacer, sin que en alguna hubiese falta.

La admiracion que puede causar lo que se ha dicho de su Alteza, y la verdad de lo que pasó, que fué mucho mayor, pondérenlo sus reinos y los del mundo, para esperar los efectos que pueden prometer de estas muestras de su gran caudal en tan tiernos años: muchos guarde Dios á su Alteza. Acabada la farsa, tomó ferreruelo y sombrero, y se fué á sentar junto á su padre para ver la máscara en que se remató la fiesta.

Acabada la comedia, quitaron los oficiales el templo de Cupido tan sordamente, que no pudo percibirlo el auditorio, quedando solas las puertas que hacian la superficie á la fachada del vestuario.

Despues de haber tañido los violones, lo que bastó para dar lugar á que se vistiesen las de máscaras, abriéndose la selva, se presentaron parejas á la vista, cuatro damas con máscaras negras rajadas, baqueros y basquiñas de raso encarnado, guarnecido de oro, verdugados, mantos de velillo de plata, abaninos y tocados de argentería, hachas en las manos. Eran la serenísima Reina, las señoras doña Isabel de la Cueva, doña Ana María de Acuña, doña Estefanía de Mendoza: salieron al teatro iguales, y habiendo danzado un rato airosísimamente, en la mesma igualdad, vueltos los rostros al vestuario, pareció la segunda cuadrilla, baqueros y basquiñas de raso blanco, guarnicion de plata, mantos de velillo blanco y negros, y plumas de los mismos colores y conformes en lo demas con la primera cuadrilla; eran las señoras doña Juana de Castro, doña Catalina de la Cerda, doña Mariana de Córdoba, doña Catalina de Acuña, y habiéndose recibido, y juntas danzado con algunas vueltas y mudanzas mirando al vestuario, una cuadrilla delante otra, hallándose cerca de Su Majestad, se mostró la tercera, vestida de raso azul, guarnicion de oro, mantos de velillo de plata encarnado, tocas de plata y conformes en lo demas; eran las señoras doña Juana Portocarrero, doña Luisa Osorio, doña Juana de Noroña, doña Isabel de Aragon. Habiéndose recibido iguales, danzaron media hora con muchas vueltas y lazos, que con dificultad se percibian, mas anduvieron con tanta destreza en todo, que cuanto más confusa se hallaba la vista de cuantos lo miraban, salian más concertadas en sus puestos. Guió la máscara la Reina diestrísimamente y con tal cuidado, que cuando le faltára á quien la seguia, no pudiera perderse; mas todas anduvieron con tanta cuenta y arte, que pudieron acompañar tan gran Reina, en presencia de tan alta majestad.

Para hablar de la representacion, aire, gala y bizarría de la cristianísima Reina, no hay palabras, y así se quede á la contemplacion de los que conocen su divina hermosura y participan la comunicacion de su soberano entendimiento, y para los que se hallaron presentes este dia, que por lo ménos venerarán con silencio y éxtasis la parte que pudieron comprender.

Decir en particular la perfeccion con que cada una hizo lo que le tocaba, y declarar las galas, joyas y costosísimos aderezos que sacaron, no es posible, porque ningunas relaciones bastan ni pudo percibirse cuanto se vió, ni empezándose á tratar de ellos puede poner fin á lo que se dijese, porque es ofenderlo todo y temeridad hablar en ello, ni yo me atreviera á hacer este borron si no me lo mandáran; ocasion tienen los célebres ingenios de estos tiempos para eternizarse con tan gran sujeto de sus historias y poesías.

FIN.