CANTO OCTAVO

En aquella figura se detiene

el Catual, al vivo dibujada,

que en la mano en divisa el ramo tiene,

con barba blanca, larga y bien peinada:

quién era, y por qué causa le conviene

el ramo, preguntó; mas fuéle dada

por Paulo la respuesta muy discreta,

que el arábigo sabio la interpreta.

«Estas figuras todas que parecen

en vista bravas fieras, en aspectos

más bravas y más fieras, resplandecen

con fama de sus ínclitos efectos:

antiguos son, mas nunca desfallecen

sus nombres entre ingenios más perfectos:

aqueste viejo es Luso, por quien fama

a nuestra tierra Lusitania llama.

»Fué hijo o compañero del Tebano

que el mundo conquistó con maña y arte,

y viniendo a parar al nido hispano,

siguiendo su conquista y duro Marte,

viendo el campo con Duero tan ufano,

llamado Elisio, quiso en esta parte

dar sepulcro a sus huesos tan cansados,

y que los nuestros fuesen de él llamados.

»El ramo que le ves para divisa,

el verde tirso, fué de Baco usado,

el cual a nuestra edad muestra y avisa

que o fué su compañero, o hijo amado.

¿Esotro que de Tajo el campo pisa,

después de haber el largo mar pasado,

y allí muros perpetuos edifica

y templo a Palas, con memoria rica?

»Ulises es que hizo aquella casa,

a la que le otorgó lengua fecunda,

que si en Asia la Troya insigne abrasa,

en Europa la gran Lisboa funda.»

«¿Quién será estotro acá, que el campo arrasa

de muertos con presencia furibunda?

Tiene batallas mil desbaratadas,

de banderas con águilas pintadas.»

Preguntó Catual. Responde el Gama:

«Este que ves, pastor fué de ganado,

Viriato sabemos que se llama,

más diestro por la lanza que cayado.

Corrida está de Roma la gran fama

con este vencedor tan señalado:

no tuvieron romanos, ni pudieron,

el primor que con Pirro ya tuvieron.

»No con fuerza, mas maña vergonzosa,

cortan la vida que a la Roma espanta,

que en aprieto la gente valerosa

las leyes del valor pasa y quebranta.

Otro está aquí que contra su enojosa

tierra con nuestra gente se levanta:

escogió bien con quien se levantase

para que eternamente se ilustrase.

»Ved cómo también vence las banderas

de esas aves de Júpiter validas,

que las vieron en breve las guerreras

gentes, a nuestra gente ser rendidas:

ve las sutiles artes y maneras

para adquirir las tierras tan fingidas;

la fatídica cierva que lo avisa:

Sertorio es él, y es ella su divisa.

»Mira estotra bandera do estampado

está el progenitor de los primeros

reyes, que húngaro hizo el dulce hado

y Lotaringo hacen extranjeros:

después de haber los moros sujetado,

gallegos y leoneses caballeros,

pasa a la santa Casa el santo Enrique

porque el tronco real se santifique.»

«Dime, ¿quién es estotro que me espanta,

pregunta el malabar maravillado,

que tantos escuadrones, gente tanta,

con tan poca, la ha roto y destrozado;

tantos muros aspérrimos quebranta,

tantas batallas da sin ser cansado,

tantas coronas tiene en tantas partes

a sus pies derribadas, y estandartes?»

«El primer rey Alfonso, dijo el Gama,

que todo Portugal al moro toma,

por quien juró, y lo cumple bien la fama,

de más no celebrar hombre de Roma:

éste es aquel celoso a quien Dios ama,

con cuyo brazo al moro vence y doma,

abate de su reino el fuerte muro,

no reservando nada a lo futuro.

»Si César, si Alejandro rey tuvieran

tan pequeño poder, tan poca gente,

contra tantos contrarios cuantos eran

los que desbarataba este excelente,

no creáis que sus nombres se supieran

con gloria, voz y fama tan potente:

mas sus hechos dejemos no explicables,

que los de sus vasallos son notables.

»Este que ves mirar con gesto airado

para el rompido alumno, mal sufrido

diciéndole que el campo destrozado

recoja y torne al puesto defendido:

vuelve el mozo del viejo acompañado,

que vencedor lo hace de vencido:

Egas Muñiz se llama el fuerte viejo,

de vasallos leales claro espejo.

»Veslo acá: con sus hijos va a entregarse,

la soga al cuello y la espada en la mano,

porque no quiso el mozo sujetarse

como él lo aprometiera al castellano:

con la promesa hizo el cerco alzarse

que en aprieto tenía al rey Lozano:

los hijos y mujer lleva a la pena,

que a todos, por salvar su rey, condena.

»No hizo el cónsul tanto, que cercado

fué en las horcas caudinas de ignorante,

cuando pasar por bajo fué forzado

del samnítico yugo triunfante:

él solo por su pueblo injuriado,

a sí se entrega firme y muy constante:

estotro a sí, mujer, hijos entrega:

mirad el fiel amor dónde más llega.

»¿Ves este que, dejada la celada,

da sobre el rey que cerca a Villafuerte,

al cual ya tiene preso, y descercada

la villa con un hecho de alta suerte?

Míralo acá pintado en esta armada

del mar, dando a los moros cruda muerte,

ganándoles galeras con la gloria

de la primer marítima victoria.

»Es don Fuas Ropiño, que en la tierra

y en el mar resplandece juntamente

con fuego que encendió en Abila sierra

en las galeras de la mora gente:

mira cómo en tan justa y santa guerra

el morir peleando no lo siente,

y de entre moras manos vuela el alma

a los cielos, llevando justa palma.

»¿Ves el ayuntamiento, de extranjero

traje salir de aquella armada nueva,

que ayuda a combatir al rey primero,

a Lisboa haciendo de sí prueba?

Mira a Enrique, famoso caballero,

la palma que nació junto a su cueva:

por ella muestra Dios milagro visto:

germanos son los mártires de Cristo.

»El sacerdote ve blandir la espada

contra Arronches, que toma por venganza

de Leiria, que antes fué tomada

del que con falsa secta enristra lanza.

Es el prior Teutonio; mas cercada

verás a Santarén, y la esperanza

de gente que en el muro la primera

levantó de las quinas la bandera.

»Ves acá donde Sancho desbarata

los moros de Vandalia en dura guerra,

rompiendo el campo, al diestro alférez mata

y el pendón sevillano arrastra en tierra:

Men Moñiz, que el valor en sí retrata,

que el paterno sepulcro cubre y cierra,

digno de estas banderas, pues sin falta

la adversa abate, mas la suya exalta.

»Mira el que va bajando por la lanza

con las cabezas dos de centinelas,

do la emboscada esconde, con que alcanza

la ciudad por sus mañas y cautelas,

cuya figura con tan gran pujanza

por armas le sirvió (no de novelas)

a la ciudad: ¡oh hecho nunca hecho,

digno del gran Giraldo y de su pecho!

»¿No ves el caballero que agraviado

del nono Alfonso, siendo a Lara amigo,

por odio con los moros se ha juntado,

de Portugal haciéndose enemigo?

Abrantes gana, yendo acompañado

de moros que a la guerra trae consigo;

y cómo un Portugués, con poca gente,

lo desbarata y prende osadamente.

»Martín López se llama el caballero

que al castellano causa eterno lloro;

mas ve un eclesiástico guerrero,

que trueca en lanza el báculo que es de oro,

estar entre dudosos más entero,

no negando batalla al bravo moro;

qué señal en el cielo le aparece,

con que a sus pocos la virtud les crece.

»Mira cuál van de Córdoba y Sevilla

los reyes y otros dos huyendo el lazo,

rotos, vencidos, muertos: maravilla

hecha de Dios, que no de humano brazo.

¿Alcacere no ves cómo se humilla,

sin valerle defensa ni embarazo,

a don Mateo de Lisboa, prelado

de mitra, mirto y lauro coronado?

»Ve venir de Castilla rica y bella

el Maestre portugués a la conquista

de la tierra de Algarbes, sin que en ella

pueda hallar varón que le resista:

con maña, esfuerzo y con benigna estrella,

villas, castillos entra a escala vista:

ganó a Tavila de sus moradores,

en venganza de siete cazadores.

»Del moro gana con astucia y saña

a Silves, que él ganó con fuerza urgente,

el buen Payo Correa, cuya maña

y grande esfuerzo envidia mucha gente;

y no dejes los tres que en Francia, España,

se hacen conocer públicamente

en desafíos, justas y torneos,

dejando en ellas puestos sus trofeos.

»Con títulos venían de ventureros

a Castilla, do el prez solos llevaron

en juegos de Belona verdaderos

que allí por mal de algunos se inventaron:

ve muertos los soberbios caballeros

que al mayor de los tres desafiaron:

Gonzalo de Ribeiro se llamaba,

a quien la misma muerte respetaba.

»Mira uno que la fama así lo extiende,

que de ningún pasado se contenta,

la patria que de un hilo flaco pende

como sobre sus hombros la sustenta.

¿No lo ves enojado, que reprende

la vil desconfianza, floja y lenta,

del pueblo a quien sujeta al dulce freno

de su rey natural, no del ajeno?

»Mira: por su consejo y osadía,

guiada de la fuerza soberana,

pudo, lo que imposible parecía,

vencer la mucha gente castellana:

veis por su industria, esfuerzo y valentía

otro estrago y victoria más que humana,

en gente así feroz como infinita

que entre el Tarteso y Guadiana habita.

»¿Mas no ves el poder desbaratado

de nuestra gente por la dura ausencia

del capitán devoto que apartado

orando está a la trina y una Esencia?

Mira cómo de algunos fué hallado,

que le dicen faltar ya resistencia

contra tanto poder que se viniese

y esfuerzo con su vista al pueblo diese.

»Mas mira con qué santa confianza

que aun no era tiempo de eso respondía,

como quien tiene en Dios cierta esperanza

que a su tiempo victoria les daría:

así Pompilio oyendo la pujanza

de gente que su tierra le corría,

a quien la triste nueva le está dando:

«Pues yo, responde, estoy sacrificando.»

»Si el que con tanto esfuerzo a Dios se atreve

saber quisieres cuál su nombre sea,

Portugués capitán llamarse debe,

aunque de don Nuño Álvarez se arrea:

gloria la patria con tal hijo lleve,

mas padre, pues que en cuanto el Sol rodea

este globo de Ceres y Neptuno

siempre suspirará por tal aluno.

»Mira qué presas gana en esta guerra

esotro capitán de poca gente:

comendadores vence, y les encierra

el robado ganado osadamente:

otra vez baña en sangre lanza y tierra

de éstos, por libertar con pecho ardiente

un preso amigo; preso, y por leal,

Pedro Rodríguez es de Landroal.

»Al falsario verás cómo le paga

el perjurio que hizo y vil engaño:

Gil Fernández es de Elvas quien lo estraga

y trujo a pagadero de su daño:

de Jerez roba el campo y no se apaga

el fuego con la sangre del rebaño:

Rui Pereira del rostro hace escudo

a las galeras y al furor más crudo.

»Mira qué diecisiete lusitanos

en un monte subidos se defienden

de más de cuatrocientos castellanos

que al derredor por los coger se extienden:

retiráronse presto y no muy sanos,

que más que se defienden los ofenden,

digno hecho de ser al mundo eterno,

grande al antiguo tiempo y al moderno.

»Sábese antiguamente que trescientos

bien contra mil romanos pelearon,

en tiempo que el valor y atrevimientos

de Viriato tanto se ilustraron;

y de ellos alcanzando vencimientos

notables, por herencia nos dejaron

que a los muchos por pocos no temamos,

lo que después acá siempre probamos.

»Mira a Pedro y Enrique, dos infantes,

del rey don Juan progenie generosa;

aquél dejó con hechos muy pujantes

en Germania su fama milagrosa:

estotro rompió el mar, do ninguno antes

llegara con empresa muy famosa:

a Ceuta hace caer de su esperanza

abriéndole sus puertas con la lanza.

»¿Ves el conde don Pedro, que sustenta

dos cercos contra toda Berbería?

Otro conde allí está, que representa

a Marte con esfuerzo y osadía:

de poder defenderse no contenta

Alcacere de tanta compañía,

defiende de su rey la cara vida,

siendo muro la suya hasta perdida.

F. Gerard, dibujóForster, sc.

¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,

con locura tan grande y desmedida,

que mande acometer con naos y flotas

tan inciertas provincias y remotas?

[Canto VIII, Estr. 61].

»Otros muchos verías que pintores

aquí como estos otros pintarían,

mas fáltales pincel, faltan colores,

honra, paga, favor que al arte crían:

culpa de los viciosos sucesores,

que degeneran siempre y se desvían

del lustre y del valor de sus pasados,

en sus gustos y vicios enfrascados.

»Los claros padres que principio dieron

a la casa que de ellos cuelga y pende,

por la virtud hazañas mil hicieron

y por dejar la línea que desciende.

¡Ciegos! Que si del hecho que emprendieron

su ilustre fama y el valor se extiende,

obscuros dejan siempre a sus menores,

haciéndolos las gentes más peores.

»Otros hay también grandes y ensalzados

sin tener tronco o casta de do vengan,

por culpa de los reyes, que a privados

dan más que a mil que esfuerzo y saber tengan:

no querrán ver los suyos dibujados

éstos, pues no hay colores que convengan:

aborrecen pincel, dibujo y tabla,

porque en ella lo muerto al vivo habla.

»No niego haber, con todo, descendientes

de generoso tronco y casa rica,

en quien con las empresas excelentes

la heredada nobleza multiplica.

Y si en ellos la luz de sus parientes

con nuevo esfuerzo no se clarifica,

no falta al menos, ni se hace obscura;

mas de éstos halla pocos la pintura.»

Así el Gama declara aquellos hechos

que el pincel representa al ojo y tinta,

por la artífice mano tan bien hechos,

que no color, mas vida, da el que pinta.

Los ojos tiene fijos y derechos

el Catual en la historia distinta:

mil veces preguntaba, y mil oía

las gustosas batallas que allí veía.

Ya la luz se mostraba muy dudosa,

que la lámpara grande se escondía

debajo el horizonte, y luminosa

llevaba a los antípodas el día,

cuando el gentil y gente generosa

de Naires de la armada se partía

a buscar el reposo que descansa

los lasos miembros en la noche mansa.

En esto los arúspices famosos

de opinión falsa, que con sacrificios

previenen a los casos más dudosos

por señales diabólicas e indicios,

mandados del rey propio, estudiosos

ejercitan sus artes y ejercicios

sobre aquesta venida nueva, extraña,

de la apartada gente de la España.

El demonio dió señas descubiertas

de cómo aquesta gente les sería

perpetuo yugo, y que al abrir las puertas

el reino se perdía y monarquía:

uno le lleva al rey las nuevas ciertas,

según lo que de vuelos entendía,

descubriendo el peligro que notara

en las aves que allí desentrañara.

Ajúntase con esto que a un devoto

alfaquí de la ley de su Mahoma,

del odio concebido no remoto

contra la santa fe que su fe doma,

Baco le apareció con traje ignoto,

que el hábito de moro y forma toma,

al tiempo que ya el sueño le adormece,

y su envidia en el pecho más recrece.

«Guardaos, le dice, gente mía querida,

del peligro que está casi en la puerta,

que corta el agua ya a vela tendida,

por quien vuestra ruina será cierta.»

Despierta la memoria espavorida

del sueño que lo tuvo un rato alerta,

mas creyendo ser sueño y ya pasado,

a dormir se tornó muy sosegado.

Tornó Baco: «¡Qué es esto! ¿No conoces

al gran legislador de tus pasados,

que su ley predicó con grandes voces,

sin la cual fueran todos bautizados?

¿Es justo que yo llore y tú te goces?

Pues sabe que a tu puerta son llegados

los que serán al reino extraño daño

si con tiempo no ve su desengaño.

»Mientras la fuerza es flaca de esta gente,

ordena cómo el reino les resista,

porque al salir del sol muy fácilmente

se puede en él fijar la aguda vista;

mas cuando está en el medio más ardiente

no hay vista que se atenga a su conquista:

así serán aquestos muy felices

si les dejáis echar hondas raíces.»

Con esto el sueño y él se les despide

y atónito se queda el agareno:

deja la cama, lumbre al punto pide,

obrando por las venas el veneno:

luego que la tiniebla no lo impide,

al salir de la luz del sol sereno,

los de su secta todos ha juntado

y sueño y sueños cuenta alborotado.

Diversos pareceres y contrarios

allí se dan, según lo que entendían:

traiciones varias con engaños varios

unos inventan, y otros las tejían;

mas dejando consejos temerarios,

la muerte de esta gente pretendían

con mañas más sutiles y mejores,

sobornando los falsos regidores.

Allegan a su parte, con secretas

dádivas, a los que eran principales;

con razones notables y discretas

alborotan las gentes naturales:

dicen que estas naciones inquietas,

de los mares huyendo occidentales,

viven de solo robo y ladronicio,

sin ley, sin rey, sin virtud y con vicio.

¡Oh, cuánto debe el rey que bien gobierna

ver que sus consejeros y privados

sean de ciencia y de virtud interna

y de sincero amor y fe dotados!

Que como está en la silla más superna,

mal puede de negocios apartados

tener noticia cierta, o más entera,

que la que da la lengua consejera.

Ni me parece justo que el rey tanto

se pague de conciencia limpia y cierta,

que ande a buscar el pobre humilde manto

do la ambición acaso está encubierta:

que el que está en su rincón con pecho santo,

en negocios del mundo poco acierta,

que no puede tener cuenta enlazada

la conciencia en su Dios siempre ocupada.

Mas aquellos avaros Catuales

que el gentílico pueblo gobernaban,

inducidos de gentes infernales,

el Portugués despacho dilataban,

mas el Gama, que entiende por señales

lo que contra él los moros maquinaban,

una señal pretende llevar cierta

al rey de aquesta tierra descubierta.

Procura aquesto, porque bien sabía

que después de llegar con la certeza,

armas, gentes y naos despacharía

Manuel a esta tierra con presteza,

con que a su yugo y ley sujetaría

de las tierras y mar la amplia grandeza,

que él es descubridor tan solamente

de las remotas partes del Oriente.

Hablar al rey gentil se determina,

porque con su despacho se tornase,

pues sabe que esta gente cruel, malina,

le tiene de impedir cuanto intentase:

el rey, que de la nueva falsa, indina,

no era de espantar si se espantase,

crédito y fe les dió a los agoreros,

siendo en ello los moros los terceros.

Este nuevo temor resfría su pecho,

aunque por otra parte la codicia

deshace lo que el miedo tiene hecho,

y entre dos aguas anda la malicia;

conoce el interés y gran provecho

que tendrá si el contrato con justicia

establece, con tratos limpios, sanos,

entre él y el fuerte rey de Lusitanos.

Sobre esto en los consejos que tomaba

había muy contrarios pareceres,

que en aquellos con quien se aconsejaba

ejecuta el dinero sus poderes:

a nuestro capitán llamar mandaba,

a quien, llegado, dice: «Si quisieres

confesar con verdad tu yerro y culpa,

perdón alcanzarás dando disculpa.

»Bien informado soy que la embajada

que de tu rey me diste era fingida,

porque ni tienes rey, ni patria amada,

mas vagabundo pasas triste vida.

¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,

con locura tan grande y desmedida,

que mande acometer con naos y flotas

tan inciertas provincias y remotas?

»Y si de grandes reinos poderosos

tiene tu rey el mando y suma alteza,

¿qué presentes me traes tan costosos

por do conozca yo su gran riqueza?

Con preseas y dones suntuosos

los reyes en su amor ponen firmeza,

que no es señal ni prenda algo bastante

la plática de un vago navegante.

»Si venís por ventura desterrados,

como lo fueron hombres de alta suerte,

en mi reino seréis bien hospedados,

que cualquier tierra es patria al varón fuerte;

y si piratas sois al mar usados,

decidlo sin temor de infamia o muerte,

que a la ilustre nobleza la enemiga

necesidad a más que esto la obliga.»

Dicho esto, el fuerte Gama, que ya tiene

sospechas del engaño que ordenaba

el mauritano bando, de do viene

aquello que tan mal el rey pensaba,

con alta confianza, cual conviene,

con que seguro crédito alcanzaba,

que Venus Acidalia le influía,

al rey su sano pecho descubría:

«Si el primer yerro que la gran malicia

humana acometió en la edad primera

no causara que el vaso de nequicia,

azote cruel de gente verdadera,

sembrara una perpetua inimicicia

en la casta de Adán por pena fiera,

oh grande rey de aquesta secta mora,

no hubiera en ti el recelo que ahora mora.

»Mas porque ningún bien grande se alcanza

sin gran trabajo, y en cualquiera hecho

va el temor tras los pasos de esperanza

que vive siempre dentro un mismo pecho,

me muestras, rey, tan poca confianza,

de esta verdad poniéndome en estrecho,

sin ver lo que en contrario hallarías,

sin creer a quien creer no le debías.

»Si sólo de rapiñas yo viviese,

si fuera de mi patria desterrado,

¿cómo puedes creer que me viniese

a buscar este asiento acá apartado?

¿Por qué esperanzas o por qué interese

había de cortar el mar airado,

los antárticos fríos y calores

que sufren los del Aries moradores?

»Si con grandes presentes de alta estima

me has crédito de dar a lo que digo,

yo sólo a buscar vine aqueste clima

donde el hado te dió reino y abrigo;

mas si ventura tanto me sublima

que yo torne a mi patria y nido amigo,

el presente verás soberbio y rico

con que mi vuelta aquí te certifico.

»Si te parece no creíble hecho

que el rey de Hesperia a ti venir me mande,

al corazón sublime, al fuerte pecho

el caso que es posible no le es grande:

si tú estuvieras ya bien satisfecho,

vieras cómo es razón que el rey demande

mayor crédito y fe de más alteza

para poder creer su fortaleza.

»Sabe que ha muchos años que los nuestros

reyes con gran firmeza propusieron

de vencer los trabajos y siniestros

que a las grandes empresas se opusieron,

y en descubrir los mares siendo diestros,

con ardiente deseo pretendieron

saber qué fin tenían, dónde estaban,

las últimas riberas que lavaban.

»Concepto digno fué del ramo claro

del venturoso rey que aró primero

la mar por ir a echar del nido caro

de Abila al morador que fué postrero:

aqueste, con su industria e ingenio raro,

con un madero junta otro madero

y descubre la parte que está clara

con la luz de Argos, Hidra, Liebre y Ara.

»De los sucesos prósperos primeros

nació el osar: con éste descubrieron

poco a poco caminos extranjeros,

que yendo unos tras otros prosiguieron.

Los moradores de África postreros,

los que las siete llamas nunca vieron,

fueron vistos de nos, atrás dejando

cuantos están los Trópicos quemando.

»Así, con firme pecho y con constante

propósito, vencimos la fortuna,

hasta que aquí en tu reino tan pujante

asentamos la última coluna:

pasando de la mar, loca, inconstante,

la tempestad mortífera, importuna,

a ti llegamos, rey: sólo queremos

señal que a nuestro rey de aquí llevemos.

»Esta es la verdad, rey; que no haría

por tan incierto bien, tan flaco premio,

cual, no siendo esto así, esperar podía,

tan largo, tan fingido y tal proemio:

mas antes descansar me dejaría

en el inquieto y sin reposo gremio

de la ancha Tetis, cual pirata inico

con ajenos trabajos hecho rico.

»Así que, oh rey, si la verdad propuesta

la tienes por sincera y no doblada,

allega brevedad a la respuesta,

no me agües el placer de la tornada;

mas si aun te parece que es compuesta,

ahonda en la razón, que está probada,

que con claro juício puede verse:

que la verdad es fácil de entenderse.»

Notando estaba el rey la confianza

con que el Gama probó lo que decía:

concibe con su plática esperanza,

crédito firme a cuanto refería:

pondera de palabras la pujanza,

juzga en la autoridad grande valía,

comienza de tener por engañados

los Catuales torpes sobornados.

Con esto la codicia del provecho

que espera del contrato cada año

hácele obedecer luego de hecho

al capitán y no al nefando engaño:

en fin al Gama manda que derecho

se vuelva al mar, seguro de algún daño,

y que a la tierra envíe su hacienda

que por la especería trueque y venda.

Que traiga la hacienda al fin le manda,

que en los reinos gangéticos no haya,

si alguna nueva trae de la otra banda

do se acaba la tierra y entra playa.

De la presencia parte veneranda,

demandando batel en que se vaya

al Catual, a quien incumbe el cargo,

que los suyos están muy a lo largo.

Pide la embarcación con que se vuelva;

mas el mal regidor, que nuevos lazos

armaba, no hay remedio se resuelva,

interponiendo excusas y embarazos:

desea que con alguien se revuelva

y al mar lo lleva, no en servirles brazos,

mas a pie, do ejecute su malicia,

sin que el rey pueda de ello haber noticia.

Lejos de allí le dijo que él daría

embarcación bastante en que se fuese,

o que para la luz de esotro día

su partida algún tanto difiriese:

ya de aquestas tardanzas colegía

el Gama lo que aqueste pretendiese,

que en la traición entraba torpe y fiera

lo que de él hasta allí nunca creyera.

Era este Catual de los que estaban

sobornados de aquella perra gente,

el principal por quien se gobernaban

las ciudades del Samorín potente:

de este solo los moros esperaban

efecto a sus engaños torpemente,

y el que en este concierto vil conspira

de su falsa esperanza no delira.

El Gama con instancia le requiere

que le haga llevar luego a su armada,

y que así lo mandara, le refiere,

a quien está la tierra sujetada.

¿Por qué razón le impide y le difiere

ser la hacienda allí desembarcada?

Pues lo que ya los reyes han mandado,

no puede ser por otros derogado.

No cura el Catual, ciego y corruto,

de las palabras, antes revolviendo

dentro en su fantasía algún astuto

engaño con ardid fiero, estupendo,

de cómo bañar pueda el hierro bruto

en la inocente sangre, o deje ardiendo

la flota con tal fuego que acabase

porque ningún soldado se escapase.

Que no se salve nao de éstas pretende

el consejo infiel de mahometanos,

porque no sepa nunca dó se extiende

la tierra Eoa el rey de Lusitanos.

No se va el Gama, en fin, que lo defiende

el regidor de bárbaros profanos;

ni sin su permisión irse podía,

que las embarcaciones le impedía.

A las voces del Gama detenido

el Catual responde que mandase

llegar la flota a tierra, do servido

sería mejor, si fuese o si tornase;

señal es de enemigo fementido

hacer que a tierra amiga no llegase,

que siendo fiel el rey y amigo cierto,

no tiene por qué no tomar el puerto.

De estas palabras el discreto Gama

divisa bien lo que las naos desea

el Catual, porque con hierro o llama

consume su intención dañada y fea:

en varios pensamientos se derrama

por hallar el remedio que provea

a tanto mal, a tanto daño y pena;

todo y en todo piensa, teme, ordena.

Cual la refleja luz que da el pulido

espejo de cristal claro y hermoso,

que del rayo solar siendo herido,

el rayo reverbera luminoso,

y si a diversas partes es movido

de casa por el mozo curïoso,

anda paredes, techos y tejado,

temblando aquí y allí, mas no cansado:

Tal el vago juício fluctuaba

de Gama preso, cuando se acordara

si Coello en la ribera le esperaba

con barcos, como él antes lo ordenara;

luego secretamente le mandaba

que se torne a la flota que dejara,

no fuese aquella noche salteado

del enemigo bando conjurado.

Tal ha de ser quien quiere con el Marte

imitar los ilustres, o igualarlos:

que vuele el pensamiento a toda parte;

adivinar peligros y evitarlos;

con militar ingenio y sutil arte

entender los contrarios y engañarlos;

creer a todos con prudencia rara

y no decir después: ¿Quién tal pensara?

Insiste el malabar en que esté preso

hasta ver junto a tierra nuestra armada:

él, constante en el trance más avieso,

sus amenazas tiene casi en nada:

que él quiere sobre sí tomar el peso

de lo que fragua la traición malvada

y no poner en riesgo y aventura

la flota de su rey, que está segura.

Aquella noche estuvo detenido,

y parte de otro día, cuando ordena

de se volver al rey; mas fué impedido

por la guarda que tiene en guarda buena:

el Catual le sale a otro partido,

temiendo de su rey castigo y pena

si sabe esta malicia, que podría

saberla si allí más lo detenía.

Que mande sea traída la hacienda

de la flota en barquillos a la tierra,

para que de vagar se trueque y venda,

que quien no quiere trato busca guerra;

puesto que la intención bien se la entienda,

el Gama, que el dañado pecho encierra,

el partido aceptó que aquí le trata,

pues que su libertad con él rescata.

Era la condición que le daría

equipados bateles en que venga,

que los suyos el Gama no quería

traerlos do el contrario los detenga:

la codiciosa y rica mercancía

manda el Gama venir cuanta convenga,

para que libre el negro le dejase,

y a su hermano escribió que la enviase.

Traída que fué a tierra, el Moro luego

en lugar a su gusto la aposenta:

quedáronse con ella Álvaro y Diego

para poder hacer la justa venta:

cuánto más que el oficio, mando y ruego,

al pecho vil el premio le sustenta,

bien lo mostró el gentil en este hecho,

pues suelta al Gama viendo otro provecho.

A la flota lo envía porque tiene

bastante prenda donde haber pudiese

muy mayor interés del que le viene

si al capitán más tiempo detuviese;

mas Gama, viendo ya que no conviene

a la tierra volver do le cogiese

el Catual, al puesto ya llegado,

de asiento se dejó estar sosegado.

En las naos se queda vagoroso

hasta ver lo que el tiempo descubría,

que no se fía ya del codicioso

regidor que a sobornos atendía.

Vea ahora el juicio curïoso

cuánto en el rico y pobre puede hoy día

el interés, la sed torpe, enemiga,

del dinero, que a todo nos obliga.

A Polidoro mata el rey Treício,

por quedarse señor de su tesoro;

cogió por el fortísimo edificio

su hija a Acrisio aquella lluvia de oro;

pudo tanto en Tarpeya aqueste vicio

que por él granjeó perpetuo lloro,

pues por él al contrario le dió entrada

y muere en pago de él casi ahogada.

Éste rinde las altas fortalezas

y en traidores nos vuelve los amigos;

a los nobles hacer hace vilezas,

entregar capitanes a enemigos;

de las vírgenes coge las purezas

sin temor, honra, fama ni testigos;

éste deprava a veces las ciencias,

cegando los juícios y conciencias.

Este interpreta más que sutilmente

textos y leyes todo a su albedrío:

éste causa perjurios en la gente

y en tiranía vuelve el señorío:

aun hasta a los que a Dios omnipotente

se ofrecen, los sujeta con su brío,

del labrador al rey, al santo papa,

tomando de virtud la honesta capa.