JORNADA TERCERA.
Y COMIENZA DON LUIS MILAN.
Muy solo me hallo la hora que no estoy en compañía de Joan Fernandez, por ser de tan buen gusto que para maestresala de damas sería bueno, pues los manjares que les daria serian de tan buen sabor como don Francisco los sabe guisar, qu’es tan buen cocinero de tales potajes como don Diego para mayordomo de la Gala-gineta.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, buenos oficios nos habeis dado; á don Diego hicistes mayordomo de la Gala-gineta y á mí maestresala de damas, y á don Francisco cocinero, que de enojado no quiere entrar si no le desenojais en dalle otro oficio más honrado. Diréis que nos habeis mucho alabado, pues decis de mí que yo les daria manjares de muy buen sabor, y juraria que ha sido vuestra intincion hacerme donoso de damas. Y’os lo agradezco si vos me otorgais: que más vale en todo sello que parescello, pues de los donaires que á mí me sobran se podria hacer un Perico de Ayala, que fué donoso, y de los que á vos faltan se haria un Perico de hielo, pues sois frio.
Dixo don Diego: Pues Joan Fernandez se ha vengado, yo me quiero vengar. Don Luis Milan, vos decis de mí que parezco mayordomo de la Gala-gineta, bien sé que diréis que lo habeis dicho por alabarme de galan jinete, y creeria que no burlais sino por este romance que me dice que sois burlador y es éste: La Gina-gala, la gala-gineta, donde mostrais que por no decirme á la descubierta mayordomo de la Gina-gala, habeis dicho de la Gala-gineta, burlando de mi gala; pues habeis de saber que de la mia se podria hacer un don Antonio de Velasco, y de la vuestra un don Antonio Vellaco de travieso y avisado.
Dixo don Francisco: Adargaos, adargaos, don Luis Milan, que no quiero tomaros desadargado, sino cubierto de la adarga que vos teneis, y es que despues que habeis quebrado la cabeza á motes, os adargais con decir, no lo dixe por tanto. Y á los que tales cañas tiran, tiralles á traicion no lo sería, pues á todos excusa aquella ley que dice: A traidor, traidor y medio. Esto sería vuestro pago, si no quedase tan pagado y contento de vos, que con un soneto que nos digais quedarémos satisfechos.
Dixo don Luis Milan: Primero quiero mostrar la poca culpa que tengo y la mucha que vosotros teneis, pues no os puedo desculpar que sentis mucho, de sentir poco, que sería yo sentir poco de lo mucho que sentis; y pues así es, que no teneis desculpa de ignorancia, quiero mostrar vuestra malicia, y comienzo por Juan Fernandez: Él dice que juraria que mi intincion fué decille donoso de damas; ya que fuese así, no debe ser mal tomado lo que no es mal dicho, si ya no tiene cola de paja que d’el fuego teme, pensando que yo le decia truhan; y si creyese que tal ha pensado, por tal lo ternia, mas como todos le tengan por galan, yo no lo puedo tener por truhan; hízose ignorante, que fué sacarse un ojo por sacarme á mí los dos, diciendo que de mi gala se podria hacer un Perico de hielo de frio que soy, yo digo que más quiero ser de hielo que de Ayala y truhan; por él se podria decir: trocastes Rebolledo por Giron, no sé si teneis razon.
Agora quiero haberlas con don Diego y decille que haga buen broquel, pues don Francisco me dixo que me adargase, que bien es satisfacer á cortesías y á descortesías, pues dixo que de mi gala se podria hacer un don Antonio Vellaco de travieso y avisado, yo digo que por lo mismo se puede hacer dél un don Antonio del Asco.
Dixo don Francisco: No más, por vida de vuestras damas, que si Marina bailó, tómese lo que ganó, y quítese el enojo con lo que desenoja don Luis Milan, que ya le veo la risa en la cara y el soneto que nos quiere decir en la boca.
Dixo don Luis Milan: Yo haré lo que mandeis, pues es de buen cortesano, que sois, querer que mudemos de conversacion; que cuando los motes pican, para que no saquen sangre es bien mudar de nuevas: que el divertir hace vivir. Y oigan el soneto:
El gran Sanson se queja de su amiga,
Que fué un varon muy fuerte en los hebreos;
Por ella fué vendido á Filisteos,
Sus enemigos, puesto en gran fatiga.
¿Por qué dirán amiga al enemiga
Siendo enemigos nuestros sus deseos?
Impropios nombres son por casos feos,
Nombrémosla como es razon se diga.
La de Sanson fué Dálida nombrada,
Dálida es bien que nombre yo la mia,
Pues siempre vi las caras del olvido.
Mostró en la una ser de mí pagada,
Yo vi en la otra que no me queria,
Que entre enemigos va quien es vendido.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, nunca he oido mejor parecer que el vuestro, ni mejores quejas que las de Sanson; mucho querria saber cómo pasó esta tan gran traicion, vender Dálida su amigo á sus enemigos.
Dixo don Luis Milan: Y’os lo diré: Ya habréis oido decir la fuerza de Sanson cuán grande fué y la gran amor que á su amiga Dálida tuvo, pues oid el pago que della recibió, y fué este que diré: Deseando saber los filisteos, sus enemigos, en cuál parte del cuerpo tenía Sanson las fuerzas, rogaron á su amiga Dálida y diéronle mucho tesoro para que lo supiese, y como ella trabajase saberlo, rogaba con gran importunidad á su amigo Sanson se lo dixese, y él, no sospechando que lo quisiese saber por mal suyo mostrándole ella tan buena amor como él la mostraba, díxole: Dálida, tú sabrás que la gran fuerza que yo tengo es por gracia que Dios me ha dado, y por ser así sé que la tengo en unos cabellos que en medio de mi cabeza están, y si á mí me los cortasen, yo perderia todas mis fuerzas; y rogándole ella que se los dejase cortar para ver si era verdad lo que él decia, consintió que se los cortase, y viéndole sin las fuerzas que primero tenía, esecutó su traicion y dió entrada á los filisteos, sus enemigos, y sacáronle los ojos y dejáronle vivo para hacer burla dél; y por no morir muchas veces con esta vida muerte, determinó de acabar sus tristes dias desta manera que diré: Sintiendo ya cobradas sus fuerzas por haberle crecido los cabellos que Dálida le habia cortado, hízose guiar á un templo donde gran multitud de filisteos estaban, y abrazóse con unas columnas que sostenian todo aquel edificio y derribólas; donde murieron sus enemigos, y él por vengarse dellos.
Dixo don Diego: Don Luis Milan, gran espanto pone la gran traicion que Dálida hizo á su amigo Sanson, que por interese del tesoro que hubo de los filisteos vendiese tan gran riqueza como fué la fuerza de Sanson para defension de los hebreos; una Dálida querria dar á Joan Fernandez para que anduviese como Sanson, sin ojos, entre las damas, rezando entre dientes por oracion la letanía que se rezó al dios d’amor cuando le ahorcaron en la justa de un amador, que desamador le digo yo, y que dixese, de las crueles damas, libera nos, Domine, para que armasen contra él uno otro ciego que le respondiese, contra el mocero Joan Fernandez, te rogamos audi nos.
Dixo Joan Fernandez: Don Diego, vos decis que me querríades ver una Dálida por amiga para que me acontesciese lo que le acontesció á Sanson, y si yo en tal me viese, á vuestra puerta rezaria los setenta y dos nombres que las damas os han puesto, para que se guarden de vos los que n’os conocen, y en esto les haria tan gran placer como vos les haceis pesar con vuestra lengua.
Respondió don Diego: Joan Fernandez, si á mí me quieren mal las damas por la lengua, á vos n’os quieren bien por la boca, que os hiede de tomar y dar paz con ella donde os sería mejor tener guerra; lo que yo digo es esto que dice don Luis Milan en su soneto con estos versos:
¿Por qué dirán amiga al enemiga
Siendo enemigos nuestros sus deseos?
Dixo don Luis Milan: Don Diego, no me revolvais con las damas, que en mi boca no les parescerá mal esa razon como en la vuestra que teneis bocaje; pues bien entendido, como yo lo digo, no es decir mal, que impropio nombre es decir amiga á la que hace obras de enemiga.
Dixo don Francisco: Donoso sois, don Luis Milan, pues qué, ¿querríades vos que se os diese en amores lo que no se meresce, para que de no poderlo digirir de poco merescello os ahitase y que os matase una poplejía desamorada? Dexaos d’eso y no vais tras lo imposible por no parecer á Joan Fernandez y á don Diego; que vos y él os querríades que el amor os trujese con el plato de vuestro apetito, la perdiz que deseais comer en los amores; y si esto no se hace, luégo decis que el amiga es enemiga, pues no cumple vuestros deseos.
Dixo Joan Fernandez: Don Francisco maestr’escuela pareceis, pues habeis entrado en esta disputa como á determinador, con decir que don Luis Milan y yo vamos tras lo imposible diciéndonos lo que el refran dice: Tras lo imposible van los locos; ¿quién os ha dicho que nosotros tenemos esta locura? ¿supistes lo de la paloma de Mahoma que decia que por ella lo sabía todo? De ser moro en amores, venis á creer que don Luis Milan y yo tenemos lo que vos debeis tener, por lo que dicen: Piénsase el ladron que todos son de su condicion.
Dixo don Luis Milan: Departiros quiero con un cuento, pues me habeis dado con el hierro: El gran poeta Dante Florentino fué tan donoso como avisado, y los florentines le tenian en tanto como él los tenía en poco, por ver la ciudad de Florencia poblada de hombres que tenian de lo mucho poco, y de lo poco mucho; enhadado desto, desaparecióles de manera que iba entre ellos y no le podian hallar, y no podiendo vivir sin él no sabian qué hacerse para hallarlo; aconsejóles un sabio filósofo, y díxoles: El Dante es tan sabio que no le hallarán sino para responder y dar cabo á una muy avisada razon que la oyese comenzada y no acabada, porque no terná sufrimiento que esté sin acabar lo que está bien empezado; y’os aconsejaria que fuésedes diciendo por la ciudad estas palabras: ¿Qui sà lo bene? ¿Qui sà lo bene? Y diciendo los florentines esto, oyeron al Dante que iba disfrazado entre ellos, y respondióles: Qui ha provato lo male, qui ha provato lo male; que quiere decir: Aquel sabe el bien, que ha probado el mal. Yo he dicho esto sólo para mostrar que pues tanto he probado el mal del amor, sé qué cosa es bien, aunque nunca he gustado á qué sabe, como á don Francisco que le supo á miel rosate colado, y á Joan Fernandez á miel de azúcar, y á don Diego á vino cocho, que les alargaron con dulzuras los amores burlando dellos. Y por yo ser estado muchas veces acuchillado á casa del cirujano del amor que es el sufrimiento, dixe en mi soneto, como harto experimentado, que no se debia nombrar amiga la qu’es enemiga, y para prueba desto, truje por ejemplo á Dálida, que mejor se podia decir enemiga que amiga, pues hizo tales obras á Sanson. Dixe más, que poner impropios nombres son por casos feos, pues es impropio nombre decir enemiga á la que deberia ser amiga de su naturaleza, que por lo uno parece fiera, y por lo otro pareceria más hermosa; no lo digo por lo que ha dicho don Francisco, que yo querria que el amor me presentase la perdiz que deseo comer en los amores, y no me ha querido entender, pues lo que yo digo es esto: La dama puede hacer bien sin daño suyo, y á ésta se debe decir amiga, y á la que hace el contrario desto, la deben nombrar enemiga, que por sello la mia, quiero nombralla Dálida, pues siempre me mostró las caras del olvido, que son buena cara y mala obra, mostrando en la una esperanza y en la otra desesperacion; y así vamos vendidos como quien va entre enemigos.
Dixo don Francisco: Don Luis Milan, jugador de pasa pasa debeis ser; dixistes que pues os habiamos dado con el hierro, nos queríades dar con el cuento, y por sutilmente que habeis pasado las galas de vuestra gala, habemos sentido el hierro de tal cuento, acomparastes os al Dante y á nosotros á los florentines, haciendo mucho vuestras cosas y deshaciendo las nuestras.
Dixo don Diego: De aquí adelante os nombrarémos don Luis Milan de Piedra-iman, pues tirais la piedra y escondeis la mano; dixistes que los florentines tienen de lo poco mucho y de lo mucho poco, y acomparándonos á los florentines, ha sido decirnos, á tú lo digo, hijuela, entiéndete tú, mi nuera.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, perro escusero me pareceis, que mordeis sin ladrar, embozado habemos vuestro perro con estos apodos que os hacemos, pues no respondeis.
Dixo don Luis Milan: Pues esperaos un poco y vello heis; á don Francisco que me apodó á jugador de pasa pasa, yo le respondo con el nombre que le han sacado las damas, y es don Francisco pasa pasa, que no quieran que pare en ellas; y á don Diego que me dixo que me podian decir don Luis Milan de Piedra-iman le respondo que se le puede decir don Diego de Piedra-zufre, pues tiene la color dél; y á Joan Fernandez que me apodó á perro escusero, le respondo con lo que le dice su mujer: Joan, perro mocero, que va tras mozas carnicero.
Dixo don Francisco: Bien os habeis pagado don Luis Milan, y’os doy la mejoría si me decis quién son las damas y por qué me dixeron don Francisco pasa pasa.
Dixo don Luis Milan: Las damas no diré; la causa por que sacaron el nombre, fué porque pasando vos por allí os cantó la una dellas este cantar: Pasau el tempo que fuy enamorato.
Dixo don Francisco: ¡Ay que ya sé quién es! ¡ay que ya sé quién es!
Dixo don Luis: Sospirastes, Baldoynos, os podemos cantar.
Respondió Joan Fernandez: Yo quiero responder por mi amigo don Francisco que se ha pasado á los franceses con un sospiro; y á vos, don Luis, se os puede decir: Vuestro Milan, señora, vuela por la cola.
Dixo don Luis: Y á vos, Joan, se os puede cantar esto que siempre cantais: En hora mala me perdereis, mozas, para vosotras.
Dixo don Diego: Yo quiero departir estos motes para que mejor acabemos el dia; vamos á casa de Joan Fernandez que hay una visita de damas, y son doña Mencía y doña Luisa, y doña Violante y doña Castellana, cuatro estrellas, y están esperando una farsa que si verdad es lo que me han dicho, no puede ser sino muy escelente por ser de don Luis Milan, y entre tanto que no viene, sacará un soneto quien tan bien nos provee dellos; vamos, que á tal fiesta ya tardamos, porque alleguemos con tiempo para aguardar al Duque y á la Reina, que vienen á favorecer la fiesta de la señora doña Hierónima.
Dixo don Luis Milan: Bien será si os parece que enviemos un recaudo á la señora doña Hierónima, que sería desacato entrar en su casa sin licencia, porque no seamos tenidos por licenciados, aunque su marido Joan Fernandez nos aseguraria como dia de fiesta: Que todos pueden entrar los que merecen lugar.
Dixo Joan Fernandez: Bien conoceis á mi mujer, mejor fuera para marido; yo me habré de asegurar con vosotros de alguna riña, que Dios nos guarde della, no olvidemos en el recaudo á las otras damas porque me valgan si reñimos mi mujer y yo, y ordenalde vos, que don Francisco está desordenado despues que sospiró, y don Diego piensa en hacer una buena entrada porque yo la tenga con mi mujer.
Dixo don Luis: Pues así mandais que sea yo lo haré. Paje, iréis á la señora doña Hierónima y decilde que estos caballeros y yo besamos las manos de su merced y de las otras señoras, y les suplicamos nos den licencia para visitallas, que no la queremos sino de su mano, aunque la daria la fiesta que se harán Joan Fernandez y su merced.
Volvió el paje con la respuesta y dixo: Señores, las damas dicen que agora será fiesta por venir tales caballeros á ella, y que suban de manera que no abajen.
Dixo don Diego: Señoras, á mí se me han de dar estas albricias, las damas porque les truje tales caballeros, y los caballeros porque les he traido á tales damas.
Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, las albricias que demandais á fiestas se os darán.
Replicó don Diego:
Si á fiestas se me dan
D’aquellas que yo querria,
Siempre deudor le sería.
Dixo don Luis Milan: Mucho tenemos que agradecer á don Diego, que nos dió parte de fiesta, que aunque no se nos haga la ternemos.
Respondió la señora doña Luisa: Don Luis Milan, con razon debeis hacer gracias á quien os ha dado parte de fiesta que seréis el todo della.
Dixo don Francisco: Señoras, si no adoleciera poco há de un sospiro oyendo un nombre de una dama, yo cayera malo viendo aquí las que veo.
Respondió la señora doña Violante: Señor don Francisco, estaos con vuestro sospiro, que si es leal no os hará mal.
Dixo Joan Fernandez: Con tan buena vista como ésta, quien la tuviese en una celada, bien se podria justar y ganar precio.
Respondió la señora doña Castellana: Señor Joan Fernandez, no querais vista en celada, que no asegura, que es peligrosa armadura.
Dixo don Diego: Señoras si deseasen lo que don Luis Milan desea, oirian algun soneto suyo, que sus palabras son mejores que las obras de otros, y desenojalde, que hace rostro de enojado por ser alabado; mándenle que diga sonetos á damas, que por decir sonsonetos, ése debe ser su deseo.
Dixo la señora doña Mencía: Con licencia destas señoras, pues me lo mandan, diré si nuestros ruegos han de aprovechar, conforme serán nuestros deseos, para oir tan buenas palabras como tienen sus obras.
Don Luis Milan respondió: Señora doña Mencía, con tan buen mandado, ¿quién no se dejará mandar? y adonde con obras se ha de servir no debe ser con palabras, y no se me enojen del sonsoneto, pues la fin no es de enojar de éste
SONETO.
Es tan comun burlar de quien os ama,
Que deste mal las más andais dolientes,
Y no burlais hablándolo entre dientes,
Que siempre vais tras ciervos á la brama.
No es mal decir lo qu’es pública fama,
Hay un refran comun entre las gentes,
Haz siempre bien y á quien no pares mientes,
Que bien hacer da buena mesa y cama.
Pues es perder seguir un mal camino
Que va á parar al más profundo infierno
¿Por qué quereis salir de vuestro estado?
Y aunque yo soy de merecer indino,
Pues vos teneis de mí todo gobierno,
Tenga de vos no ser d’amor burlado.
Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Mencía, ¿qué le parece cómo nos trata en este soneto don Luis Milan de burladoras, diciéndonos que las más de nosotras andamos dolientes deste mal burlando de quien nos ama? y por más encarecello dice que burlamos tan de véras, como los monteros del rey don Alfonso iban tras ciervos y osos, segun dice este cantar:
Tres monteros
Matan el oso,
Monteros son
Del rey don Alfonso.
Y si él fuese el oso, yo le cantaria: Villanos le maten al oso.
Dixo la señora doña Mencía Señora doña Luisa, paréceme que nos ha hecho mataciervos, y ellos no se dejan matar, por ser muy grandes corredores, que no hay saeta de amor que los alcance, que los hombres muy de burlas no pueden ser muy de véras, y éstos son los que toman las burlas de véras y las véras de burlas; y de esto que nos alevanta nunca nos pedirá perdon, pues escusa su pecado diciendo, que no es maldecir de aquello qu’es pública fama, ser nosotras burladoras de quien nos ama, qu’es la mayor infamia que puede ser, pues la ley nos manda que amemos á quien nos desama; cierto él se irá al infierno por donoso y no le valdrán sus donaires para salvarse de las penas que á los infamadores dan.
Dixo la señora doña Castellana: Pues lo bueno es que se nos ha hecho consejero diciendo que sigamos aquel refran que dice: Haz siempre bien y no mires á quién, que bien hacer da buena mesa y cama. Tras eso anda él, y merece, por lo que nos alevanta, que el amor le dé cama de galgo y mesa de hospital.
Respondió la señora doña Violante: Él verná á ser confesor, pues nunca fué mártir en amores; ermitaño de Monte Olivete le querria ver, que yo iria á confesarme con él, pues preica tan bien como veis, diciendo que irémos al más profundo infierno si no vamos por el camino de su voluntad, y es que amemos á quien nos ama, y debe ser que á él le debe ir mal en amores y querria ser amado, como muestra á la fin del soneto diciendo á su dama: Que pues ella tiene el gobierno suyo bien mandado y enfrenado, hecho caballo de amor, que no le ensille burlando dél, como hacia Laura á su Petrarca, que lo gobernaba como á caballo bien enfrenado, que, en desmandarse de confiado, le daba una sofrenada, y en acobardarse de triste, le aflojaba la rienda, segun nos contaba don Luis Milan un dia delante su Margarita, que de velle muy triste le dixo: Alégrate, que pues escribes como el Petrarca, yo leeré tus obras como Laura.
Dixo don Diego: Señoras, mudar de bien en mejor es gran cordura; si parece á vuestras mercedes, vamos al Real y presentemos al Duque y á la Reina la farsa, y nosotros harémos otra con sus damas, porque sepan nuestro palacio ser tan bueno como el suyo.
Respondió la señora doña Mencía: Señor don Diego, yo soy de su parecer, que tan bueno es mudar de bien en mejor, como es malo de mal en peor.
Ya querria que estuviésemos allá por meter la guerra en casa ajena y sacarla de la nuestra, pues aquí ya estaba comenzada contra don Luis Milan y sus valedores, y vos, señor don Diego, empezaréis la escaramuza con las amazonas de la Reina que pelean diciendo: Que no se pueden decir damas sino las de palacio, y nosotras entrarémos á pelear con ellas como á valedoras vuestras.
Dixo don Diego: Señora doña Mencía con tal valenza la victoria tenemos cierta, vamos: Que mucho se gasta en tardar lo que se debe ejecutar.
Hé aquí el Duque que ya sale del Real, á buen tiempo allegamos: Señor, mande vuestra excelencia que se haga la farsa en el Real y será sacar de necesidad á don Luis Milan, que las damas que traemos habian movido una escaramuza contra él, que no podia acampar de muerto ó preso, y pues aquí verá cara de rey, será salvo, puesto que más vale ser buen preso que mal libertado.
Dixo el Duque: Bien me parece lo que habeis determinado, id al apear de la Reina.
Joan Fernandez llegó primero y dixo: Vuestra alteza sírvase de mí para tablas de apear y serémos el Cristóbal y el Jesus, pues siempre le tiene en la boca cuando me ve, como si yo fuese el enemigo.
Dixo la Reina: Por mi fe yo no me fiaria de vos por un refran que dicen en valenciano; doña Hierónima, adevinaldo y responded á vuestro marido, que yo no acertaré.
Respondió la señora doña Hierónima: Mes val ase quem porte, que caball quem derroque; no se si acerti á dir lo que vostra altesa volia.
Dixo Joan Fernandez: Mirad qué duda, para decir mal del marido, si habia de acertar la mujer.
Dixo don Diego: Vuestra alteza y su excelencia sean nos jueces quien terná más razon, ó las damas de su casa ó las de Valencia, en lo que dirémos.
Señora doña Beatriz de Osorio: Vuestra merced y estas otras señoras de palacio, lo quieren ser tanto, que emprenden á defender que no se pueden decir damas sino las que están en él; y seréis la torre de Babilonia que quiso subir tan alto cuanto abajó: Que no se debe comenzar lo que no se puede acabar.
Respondió la señora doña Beatriz: Don Diego, pues decis que somos la torre de Babilonia, vos sois el que la mandó hacer, que de soberbio era un Lucifer; lo de nosotras no es soberbia, sino ley.
Dixo don Francisco: Señora doña Beatriz, no puede ser ley lo que en ley no está; en Castilla debe ser hecha sólo para contra Valencia, que segun las gentes dicen, suegra y nuera son entrambas.
Dixo la señora doña Joana de Guzman: Don Francisco, en Castilla no hacen leyes para contra Valencia, y si yo las hiciese diria: Don Francisco y burlador padre y hijo son entrambos.
Dixo Joan Fernandez: Si vuestra merced hiciese esa ley, aquí le harian otra que diria:
Doña Joana de Guzman
Ley no tiene á su galan.
Dixo doña Joanilla de Dicastillo, y es esta á quien la reina decia marido:
Reina, pues le soy marido,
Si más sufre esta porfía,
De vos me descasaría.
La Reina le dixo: Doña Joanilla,
No lo tengo á maravilla,
Que ley no quieras tener
En marido ser.
Dixo la señora doña María de Tobar: No hablemos más de leyes, que en los hombres se perdieron, y volvamos en lo que primero hablamos;
Que en Castilla no se llama
Si no es de palacio, dama.
Dixo don Luis Milan: Señora doña Merina:
Mucho va eso al reves,
Que el palacio no hace dama,
Sino la que dama es.
Dixo el Duque: No se hable más desto, que don Luis Milan me ha quitado de la boca lo que yo queria decir, y vuestra alteza, pues es juez conmigo, no sea amiga del amigo de pasion, sino enemiga del enemigo de razon.
Dixo la Reina: Yo no me apartaré de la razon, que por mis damas no quiero tener pasion:
Sino por don Pedro Milan,
Que es mi galan.
Dixo la señora doña Mencía: Pues su excelencia y alteza han determinado que pasemos por damas, pasarémos á servirlas como galanes, que yo quiero requebrarme con la señora doña Beatriz de Osorio,
Que es tan hermosa,
Que es muy poco hacella rosa.
Respondió doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía:
Los ojos que nos verán
Nunca vieron,
Y los que os vieron ménos
Si n’os conocieron.
Dixo la señora doña Luisa: Señora Doña Joana:
Si yo fuese tan galan
Como vos sois muy galana,
Sería el mejor Guzman
Por tal Guzmana.
Respondió doña Joana de Guzman: Señora Doña Luisa:
Nos dirán como al frisado:
Cayó la frisa
Y queda la risa,
Pues sois brocado.
Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tobar:
Quien á vos ha de llevar,
Muerto no estará en marina
De vuestra mar.
Respondió doña Merina de Tobar: Señora doña Violante:
Pues sois otra Bradamente,
Querria ser
Para vos otro Rugier.
Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo:
Mucho quedará ufano
Quien será de su castillo
El castellano.
Respondió la señora doña Joana: Señora doña Castellana:
De mi dedo sois anillo,
Vos sereis de mi castillo
El castellana.
Dixo don Diego: Estos amores que se dicen las damas de Valencia con las del Real, se encienden mucho; Joan Fernandez, pues sois llorador en amores, llorad y matarán vuestras lágrimas este fuego.
Respondió Joan Fernandez: Don Diego, mejor sería matalle con el hielo de vuestra frialdad, pues os pueden hoy cantar:
Fuente fria, fuente fria,
Fuente fria sois, señor;
Pues atravesais con hombres
Donde hay damas de primor.
Dixo don Francisco: Yo voy por la farsa para atajar la que hacen don Diego y Joan Fernandez, y no será menester, que ya me parece que entran. Todo el mundo esté atento y sin mucho reir, que don Miramucho, que es el Milan, si reimos demasiado nos terná por hombres de farsa y burlará de nuestras risadas con aquello que dice:
Un reir demasiado
Juzgan por muy alocado.
Guardemos, pues, la autoridad y vergüenza, que donde se pierde, tarde se cobra, y callemos, que ya comienzan.
El Capitan de las galeras de la religion de Sanct Joan comienza y dice:
Duque, todo rey sin falta,
Hoy son justos veinte dias,
Que con grandes alegrías
Partimos todos de Malta.
Y saliendo de Isladeras
Dió al través la Capitana
Y las otras tres galeras
Con fortuna tan de véras
Van corriendo Tramontana.
La fortuna ya pasada
Fletamos un bergantin,
Y embarcámonos á fin
Para hacer esta jornada.
Medio dia no pasó
Que acudió Griego y Levante,
Y en un punto nos echó
Que sueño me pareció
Ser tan presto en Alicante.
Demos gracias á Dios
Y hacer siempre buena cara,
Pero quién no se alegrára
Sino en ver, señor, á vos.
Caballeros esforzados,
Hagamos cara de hierro,
Que tras casos desastrados
Parecer regocijados
Nadi lo terná por yerro.
Si hacemos de donosos
N’os debeis maravillar,
Que así suelen espantar
La fortuna valerosos.
Y fortuna de espantada
En no darnos cata della,
Nos ha puesto en tal posada
Que si es el Real nombrada,
Es por quien hoy posa en ella.
Lo que agora diré yo
Es de estar enamorado,
Que si el mar no m’anegado
Fué por quien negado so.
Y tened esto por cierto,
Como es muy cierto el morir,
Que la mar, como á muerto,
Por echarme á tan buen puerto,
He cobrado aquí el vivir.
Dixo otro Comendador:
Perdone sobre este paso
Por la parte que me toca,
Que no es bien calle mi boca
Pues d’amores me traspaso.
Si no me negó este mar,
Fué tambien por ser negado
En aquella del amar,
Donde amor hace tragar
El morir que ya he tragado.
Dixo otro Comendador:
¡Ay amor! ¿yo qué diré?
Habla tú por mi agora,
Negóme una señora
Que yo nunca la negué.
Y al tiempo que me negaba
En mi alta mar de amor
De lo mucho que lloraba,
Un paje se me ahogaba
Si no fuera nadador.
Dixo otro Comendador:
No es mi pena así tan poca
Como la que se ha contado,
Pues de sed me só ahogado
Teniendo el agua á la boca.
¿Como me negára aquí
En aquesta mar salada,
Pues huye el agua de mí,
Si por la que no bebí
Siento mi vida negada?
Dixo otro Comendador:
Nunca fuera acontecido
Ni jamas ojos lo vieran,
Que los peces me comieran
Siendo ya d’amor comido.
Que donosa cosa fuera,
Todo fuera por demas,
Que ballena me comiera,
Y si fuera que tal fuera
Verme por vos un Jonas.
Dixo otro Comendador:
Yo solo fuí sabidor
De lo que nos sucedió,
Pues á mí me apareció
Por Santelmo, el Dios d’amor.
Díxome que no quisiese
Esta aparicion contar,
Porque en tal fortuna viese
Quién sería el que dixese
Amor nos puede salvar.
Dixo otro Comendador:
Pensamientos fueron vanos
Sino en mar d’amor negarnos,
Pues no podemos negarnos
Muertos d’amorosas manos.
Pues negar no nos podemos
Mártires enamorados,
De reir es que pensemos,
Por mucho que naveguemos,
Que podamos ser negados.
Dixo Otro Comendador:
Mucho fuera gran dolor
Que muriéramos negados,
Siendo tan enamorados,
Si no fuera en mar d’amor.
Y pues no podia ser,
Ya yo estaba confiado
Que no me podia perder;
Que en la mar de mi querer
Ya estoy hecho un pescado.
Prosigue el Capitan:
Como al eco parecieron,
Desculpados son, señor,
Que en oir hablar d’amor
Todos ellos respondieron.
Y tambien porque se vea
Que coxquean en amar,
Que cojo d’amor no afea
Cuando la dama no es fea
La que hace coxquear.
Las damas por quien andamos
En amores tan de véras
Vienen en las tres galeras
Por ver cómo peleamos.
Peleando en su presencia
Serémos fuertes guerreros
Contra toda otra potencia;
Que no hallan resistencia
Amadores caballeros.
Suplicamos su excelencia
Por un correo sin tardar,
Mande luégo atalayar
Por la costa de Valencia.
Que de todos tomen lenguas
Si habrán visto las galeras,
Porque algun aviso venga,
Que sería muy gran mengua
Descuidarse en las de véras.
Gilot y Joan de Sevilla
Podrán ir en tal despacho,
Que harán muy poco empacho
Al caballo ni á la silla.
Tan ligeros siempre están
De cabezas y de piés,
Que sin duda volarán
y por donde pasarán
Cada cual dirá quién es.
Mándeles, señor, venir,
Vaya un paje bien criado,
Tráiganles mucho á su grado
Los que han de hacer reir.
Si me da la comision,
Presto los despacharé,
Porque haré la provision
Más conforme á la razon
Que yo en ellos hallaré.
Manda el Duque que partais
Para hacer luégo un viaje,
Por correos de aventaje,
Pues siempre en todo volais.
Iréis hasta á Gibraltar
Muy en seso y muy de véras
Orillas siempre á la mar,
Y mandad atalayar
Si verán nuestras galeras.
Vuelven Joan de Sevilla y Gilot, y dicen que una armada de turcos han tomado las tres galeras y están en Dénia, y dice el capitan:
A consejo, á consejo,
Que bien será menester,
Dadme todos parecer
Cada cual como hombre viejo.
Que el consejo en perficion
En los viejos floresció,
Que en mozos hay confusion
Si no fué el de Scipion
Cuando á Roma libertó.
Dixo Otro Comendador:
Caballeros de Sanct Joan,
Oyan todos este mote,
Á las armas moriscote,
Que bien menester serán.
Por armas quiero mi dama
Del turco que la tuviere,
Que ganalla por la fama
Es mejor que por la cama,
Véngame lo que viniere.
Dixo Otro Comendador:
Yo pedir quiero la mia,
Que no vivo ya sin ella,
Porque estar tanto sin vella
Ya parece cobardía.
Batallar será por fe,
Pues por fe será el motivo,
Y si muero ganaré,
Y si preso, ya yo sé
Á qué sabe ser cativo.
Dixo otro Comendador:
Yo tambien no veo el hora,
Pues que sé que ha de vencer
La que m’ha de dar poder
Para hacella vencedora.
Ella es la que vencerá
Con su fuerza y mi persona,
Pues á mí vencido m’há
Desta suerte dias ha
Mi dulce brava leona.
Dixo otro Comendador:
Por metelles más espanto
Vamos presto, que ya es tarde,
Que me dirá de cobarde
Mi señora en tardar tanto.
Suenen, suenen nuestras mallas,
Vaya, vaya muy de véras,
Peleemos por ganallas
Y será vencer batallas
Y cobrar nuestras galeras.
Dixo otro Comendador:
Ya veis que siento en tardar,
Pues que traigo yo en mis armas:
Mis arreos son las armas,
Mi descanso es pelear.
Mi costumbre esta es
Por vencer al Dios d’amor,
Ya veis si será gran pres
Libertar la que despues
Puede hacerme vencedor.
Dixo otro Comendador:
Yo tambien de armas me arreo,
Peleando por vencer,
Pero no para ofender
La que causa mi deseo.
Esta es ya mi condicion,
Mi señora la causó,
Pues ya veis si es gran razon,
Para salir de prision,
Que la deje presa yo.
Dixo otro Comendador:
Mi señora, ¿qué dirá,
Qué podrá decir de mí,
Sino que si estoy aquí,
Es por no estar todo allá?
Este mote contradice,
Que por oracion lo digo;
Pues que por ella lo hice,
Siempre mi boca lo dice:
Cuando ménos más contigo.
Dice el Capitan:
Pues teneis tanto en memoria
Cada uno vuestra dama,
Caballeros de gran fama,
Y’os prometo la victoria.
Yo no quedo en la posada,
De gana de verme en ello,
Primero será mi espada,
Por quien mi vida colgada
Tiene siempre de un cabello.
Va el Capitan, y viene con los turcos, con quien han de combatir los Comendadores uno á uno, para lo que veréis, y dice:
Caballeros, sedlo en todo,
Ya veis qu’el turco me espera,
Si Dios quiere que aquí muera,
Regíos con muy buen modo.
Turco, vuélvete cristiano
Y dame mi linda amada,
Que esto te será más sano,
Y sino, pon luégo mano
Como yo pongo á mi espada.
Vence el Capitan al turco y cobra su dama griega, y dícele:
Gracias hago á mi Dios,
Gran victoria me ha dado,
Pues que vos la habeis ganado,
Que yo no venzo sin vos.
Respóndele su dama:
Caballero de verdad,
De muy alto corazon,
Siempre estuve en libertad,
Porque en vuestra gran bondad
Nunca se siente prision.
Pelea otro Comendador.
Si tan turco más no fueses,
Como hasta aquí has sido,
Harás muy mejor partido
Si mi dama me volvieses.
Y sino, pon mano luégo
Al espada como yo,
Y verás que si te ruego,
Es porque no vayas ciego
Para aquel que te crió.
Dice á su dama:
Vuestra es esta mi victoria,
Vos, señora, la vencistes,
Pues que siempre lo tuvistes
De vencer en mi memoria.
Su dama responde:
Caballero, vuestra es,
Nunca vos seréis vencido
De valiente y muy cortés,
Porque muy tarde verés,
Cortesano ser perdido.
Pelea otro Comendador.
Turco, oye lo que digo,
Deja tu secta enemiga,
Y á mí vuélveme mi amiga
Y yo volverm’he tu amigo.
Y sino, guarte de mí,
Que de tí guardado estoy,
Que la ley en que nascí
Me defenderá de tí
Por la fe que yo le doy.
Dice á su dama:
Gracias á Dios verdadero,
Mi dama llevó el mejor,
Qu’ella ha sido el vencedor
Siendo yo su prisionero.
Su dama responde:
Caballero, vos vencistes
A mí y al turco en verdad,
Á él, pues que lo rendistes,
Y á mí, porque causa distes
De cobrar yo libertad.
Pelea otro Comendador, y dice:
Lástima tengo de tí
Siendo tan turco en tu ley,
Yo terné contigo ley
Si tú la ternas con mí.
Déjame mi dama ya,
Que contigo va corrida,
Y sino, aquí estará
Quien dejártela hará,
Ó tú dejarás la vida.
Vence al turco y cobra su dama griega, y dícele:
Señora, ser no pudiera,
Pues que fuera sin razon
Ser vos en mi corazon
Y que turco me venciera.
Respóndele su dama:
Caballero vencedor,
Á vos se ha de atribuir,
Que teniendo tanto amor,
No habia matador,
Sino vos hacer morir.
Pelea otro Comendador, y dice:
Turco, no lo seas tanto,
Y conviértete á Dios,
Y pornáse entre los dos
Paz con l’Espíritu Sancto.
Y por dama cobrarás
La reina Vírgen María,
Y mi griega dejarás,
Y sino, conoscerás
Que rogar no es cobardía.
Gana en el combate á su dama, y dícele:
Señora, Dios que os crió,
Permitió lo que ha sido,
Que si el turco fué vencido,
Vos sois la que le venció.
Respóndele su dama:
Caballero, para dos,
Aunque fuesen más romanos,
Haced gracias á Dios,
Que no se dirá por vos:
Más tuvo lengua que manos.
Pelea otro Comendador, y dice:
Yo ternía por mejor,
Turco, que te convirtieses,
Y mi dama me volvieses,
Porque toda es desamor.
Créeme, que yo lo sé,
Déjala qu’es muy ingrata,
Y sino, aparejaté,
Que tal cual la cobraré,
Aunque más y más me mata.
Cobra su dama y dícele:
Lo que dixe engaño era,
Señora, para engañar,
Que de vos sale el matar,
Si el turco aquí muriera.
Respóndele su dama:
Buen caballero engañoso
Y muy sabio en combatir,
Vuestro engaño gracïoso
Á vos hizo venturoso
Y á mí me hizo reir.
Pelea otro Comendador.
¿Quién te puso en tal favor,
Turco mal aventurado?
¿Quién te hizo enamorado,
Siendo el mismo desamor?
Déxame, mi dama, Can,
Que no es hueso de roer;
Vuélvesela á su galan,
Que tus ojos no verán
Que yo te la deje ver.
Dice á su dama:
Vos, victorïosa dama,
Sois semblante al Amazona,
Que al gran Héctor en persona
Quiso ver por su gran fama.
Respóndele su dama:
Si yo el Amazona soy,
Vos sois Héctor ciertamente,
Que si tal renombre os doy,
Es por lo que hecistes hoy
Contra un turco tan valiente.
Pelea otro Comendador, y dice:
Pues que cada cual venció
Á su turco con gran fama,
Turco, vuélveme mi dama,
Pues que para mí nasció;
Y sino, sé convidado,
Que si me acampares vivo,
Nunca serás libertado
Por haber tú cativado
Á quien me tiene cativo.
Cobra su dama, y dícele:
Mi señora, ya me veis,
Que vos misma os libertastes,
Vos sois la que peleastes,
Pues que todo lo venceis.
Respóndele su dama:
Caballero, no burlais
Mucho, gran verdad decis,
Que los que d’amor penais,
Fuerzas son con que matais
Las fuerzas con que moris.
Quedan vencidos los turcos y cativos, y requiébranse los Comendadores con sus damas.
Caballero:
Qué triunfo, qué victoria,
Toda de gloria tan llena,
Ganar damas para pena,
Que la pena toda es gloria.
Dama:
Caballero, bien mostrais
Cuánto en todo mereceis,
Pues que tanto nos honrais,
Que las penas que pasais
Por gran gloria las teneis.
Caballero:
Diga qué sintió, señora,
Ver á sus piés d’un reves,
Cuando el Turco vió á sus piés,
Siendo dél trïunfadora.
Dama:
Lo que yo podré decir,
Alabar, señor, á Cristo,
Que entre la muerte y vivir,
Vos me habeis hecho reir,
que en tal caso no s’ha visto.
Caballero:
Señora, bien es saber
Cóm’os fué de servidores,
Y á los turcos de favores,
Que otro no podia ser.
Dama:
A mi Turco le ha ido
Como vos lo habeis gustado,
Que segun me ha tenido,
Tan mandado l’he tuvido,
Que jamas s’ha desmandado.
Caballero:
Yo tambien tengo un dolor;
Pues ser otra no podia,
Que favor al Turco haria,
Más de miedo que de amor.
Dama:
Eso no pudiera ser
Que de miedo yo le amase;
Que esperando su valer,
No tenía qué temer,
Que más no me asegurase.
Caballero:
Turcos requiebros dirian,
Turcos tan enamorados,
Dama:
No merecen ser burlados,
Pues que tanto nos querian.
Caballero:
Celos querria tener
Si licencia me daïs.
Dama:
Bien los habeis menester,
Pues mostrais ménos querer
De lo que, señor, mostrais.
Caballero:
Señora, ¿qué le presento
El Turco su servidor?
Dama:
Lo que pudo y buen amor,
Pues con obras lo mostró,
L’arco y flechas que traia,
En mis manos todo estaba.
Caballero:
Ya vuestra merced tenía
Arco y flechas, pues heria
Con los ojos que miraba.
Caballero:
Señora, ¿quién me dirá
Este tiempo que n’os vi,
Si os acordastes de mí,
Que yo siempre estuve allá.?
Dama:
Nadi os lo dirá, señor,
Como yo con más razon,
Pues perdí todo temor,
Confiando en la valor
De vuestro gran corazon.
Caballero:
¡Oh quién supiese, señora,
Si sentistes unos tiros,
No de bronzo, mas suspiros
Que os tiraba cada hora!
Dama:
Sí sentí, pues allegaron
Las pelotas hasta mí,
Y á los turcos espantaron,
Que’en mi boca retumbaron,
Que por eco os respondí.
El Capitan:
Ea ya, señores, ea,
Vamos, vamos á danzar,
Porque yo quiero estorbar
Con danzar esta pelea.
Sea trisca, sí querrán,
Y cantemos en la fiesta,
Y las damas callarán,
Y callando mostrarán
Que el callar dan por respuesta.
Dama:
Fiesta de tanto placer
No se puede festejar
Con bailar y no cantar,
Por vengarme en responder.
Caballero:
Damas que vengar se quieren,
Pues no quieren amistades,
Respondan lo que quisieren,
Que pues matan y no mueren,
Cantar quiero las verdades.
Canta el caballero:
En mi gesto se os amuestra
Gran amor,
Y en el vuestro á culpa vuestra
Hay desamor.
Siempre estoy mirando al cielo
Cuando yo n’os puedo ver,
Y vos daisme por placer
Del pelillo pelo á pelo.
Callo y mi gesto os amuestra
Gran amor,
Y en el vuestro á culpa vuestra
Hay desamor.
Respuesta de la dama:
Si en el gesto se ha de ver
Cuanto quereis,
Poco mostrais el querer
Que me teneis.
Vos mostrais en vuestro gesto
que teneis muy poco amor,
Que tan sano servidor
No podrá estar mal dispuesto.
Ya por vos no puede ser
Que amor mostreis,
Pues que nunca por querer
Enflaqueceis.
Canta Otro caballero:
Yendo y viniendo
Vóyme enamorando,
Una vez riendo,
Y otra vez llorando.
N’es la de mi ciego
Voluntad pequeña;
Mas arde mi fuego
Si le añaden leña.
Vánmela añadiendo,
Mis ojos mirando,
Una vez riendo,
Y otra vez llorando.
Respuesta de la dama:
Cuando más os veo
Ir apasionado,
Más y ménos creo
Que estais namorado.
Más amor y ménos
Veo en su manera,
Más amor de fuera,
Y de dentro ménos.
Sois otro Teseo
Muy falsificado,
Más y ménos creo
Que estais namorado.
Canta otro caballero:
Cuando más y más os miro,
Más sospiro.
Tanto tengo que mirar
En su gesto muy hermoso,
Que me hace sospirar,
Pues no soy su venturoso.
Si me quiero retirar
De miraros, como os miro,
Más sospiro.
Respuesta de la dama:
Si os creyese cantaría,
Sospirastes Baldoínos
Las cosas que más queria.
No tengo mucha razon
De cantar este cantar,
Pues que vuestro sospirar
Muy falsos sospiros son;
Si n’os correis cantaria:
Sospirastes, Baldoínos,
Las cosas que más queria.
Canta otro caballero:
¡Ay que me matais!
Caballero, ¿qué teneis?
Señora, muerto m’habeis.
Por mi vida que os burlais.
¿Cómo puedo yo burlar
Burlas que son tan de véras,
Pues matais de mil maneras
Para más enamorar?
Cruelmente me matais.
Caballero, ¿qué teneis?
Señora, muerto m’habeis.
Por mi vida que os burlais.
Respóndele su dama:
Caballero burlador.
Mas lo sois vos, mi señora.
¿Para qué os burlais d’amor?
Porque vos sois burladora.
Huélgome que lo otorgais,
No habeis menester tormento.
Por vida vuestra, que miento,
Que vos sois la que burlais.
¿Para qué os burlais d’amor?
Tened vergüenza en mal hora.
Más burlais vos, mi señora,
Que yo no soy burlador.
Canta otro caballero:
Vaya, vaya, en hora mala,
Vaya, vaya.
He perdido mi dormir,
Y no le quiero cobrar.
Porque más quiero morir
Que vivir para penar.
No lo quiero más buscar
Si Dios me vala,
Vaya, vaya, en hora mala,
Vaya, vaya.
Respuesta de su dama:
Venga, venga, en hora buena,
Venga, venga.
Dicen si quiero un truhan,
Que burla de servidores,
Burlára de mi galan,
Que quiere morir d’amores.
Dalles ha, pues son traidores,
Mala strena,
Venga, venga, enhorabuena,
Venga, venga.
Canta otro caballero:
Loco estoy del mal que siento;
Piedras me haceis tirar,
Búscame mi entendimiento,
Yo no lo quiero cobrar.
Mucho más vale ser loco,
Que morir con la cordura,
Yo moria poco á poco,
Y hora vivo con locura.
Con ser loco estoy contento;
Pues no siento mi penar,
Búscame mi entendimiento,
Yo no lo quiero cobrar.
Respuesta de su dama:
Un loco tengo donoso,
Por amar
No quiere el seso cobrar.
Yo querria que sanase,
Vále buscando su seso,
Tírale piedras y vase
Como si fuese sabueso.
Muestra tener más reposo
En loquear,
No quiere el seso cobrar.
Canta otro caballero:
Con dolores descorteses
Voy cantando por las calles:
Mala la vistes, franceses,
La caza de Roncesvalles.
Tengo mal frances d’amor,
Qu’es peor que mal frances,
Que jamas curado es
Sino de quien da el dolor;
Deste mal há muchos meses
Que me sienten por las calles,
Mala la vistes, franceses,
La caza de Roncesvalles.
Respuesta de su dama:
Buena pro os haga, señor,
Buena pro.
Mal frances teneis d’amor,
Tenéoslo.
Mal frances d’amor no sé,
Buscad quién os l’ha pegado;
Yo n’os tengo enamorado,
Que nunca vistes por qué.
Buena pro os haga el dolor,
Buena pro,
Mal frances teneis d’amor,
Tenéoslo.
Canta otro caballero:
No sé qué me digo,
No sé qué me hago,
Dame amor un higo,
Y tómole por pago.
Tal os pague amor
Á cuantos burlais,
Pues que no tragais
Higos por amor.
Ya no estoy conmigo,
No sé qué me hago,
Dame amor un higo
Y tómole por pago.
Respóndele su dama:
Si l’amor n’os da un higo,
Y’os daré una castañeta,
Pues teneis falsa riseta
De enemigo.
Vos teneis muy buena paga,
Pues que de burlas servis,
Buena pro, señor, os haga,
Ya que todo os lo reis.
Vuestra cara es el testigo,
Tomad una castañeta,
Pues teneis falsa riseta
De enemigo.
No más trisca y acabemos
Con tener debida ley;
Pues vieron casa de rey,
Á los turcos libertemos.
Y mandémosles bailar,
Pues su mal volvió alegría,
Que no sentirán pesar,
Pues se vean libertar
Para volverse á Turquía.
Turcos, pues lo mereceis,
Cobrad vuestra libertad,
Y si lo mandais, bailad
Como en Turquía soleis.
Y por más regocijar
Dia, que tan dia fué,
Que en placer volvió el pesar,
Le podrémos acabar
Con un torneo de pié.
Esto es lo que hacer debemos,
Vamos por las armas, vamos,
Pues con armas nos honramos,
Con las armas acabemos.
Y vosotros no dejeis
De bailar, pues dais placer,
Que tambien pareceréis,
Con el baile que haréis.
Que podréis entretener.
Acabado el torneo se acaba la farsa con esta copla:
Si nos da, señor, licencia,
Volvernos hemos á Malta,
Aunque parece que falta
Vista en no ver su excelencia.
La fortuna que pasamos,
Pasarémos en no veros;
Que si dulce lo gustamos,
Muy amargo lo esperamos
Lo que se pierde en perderos.
Dixo el Duque: Don Luis Milan, bien habeis mostrado que no son farsas las que vos haceis, pues de vuestras burlas se pueden sacar avisadas véras, y de las véras avisadas burlas, como mostraron: Los comendadores, por mi mal os vi; que esto puede cantar Juan Fernandez, vuestro competidor, pues los vió, para tener envidia de vos, por habellos hecho tan cortesanos en las burlas como en las véras.
Dixo don Luis Milan: Si las de vuestra excelencia no fuesen burlas para favorecer, creeria que son véras para burlar, que de reyes es burlando hacer mercedes, como oirán en este cuento: Nuestro valenciano Penarroja, comendador de Christus, viviendo con el rey Manuel de Portugal, fuéle á demandar casamiento, y díxole: Decey, Comendador, ¿habeis casado por trato ó por amores? y respondióle: No, señor, sino por trato; y el Rey le dixo: ¿He vídevos ella? Quiso decir con esta burla, que si le habia visto ella ántes de casar, siendo tan feo, nunca le tomára por marido, y si habia casado por amores, creyéralo, pues no hay amor feo; y despues de haber burlado con él, le dió más de lo que demandó; que burlas de reyes mercedes son.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, las burlas de su excelencia lo han sido para mí, y no para vos, pues me ha dicho que vi los Comendadores de vuestra farsa por mi mal, para tener envidia de vos; y téngola, pues habeis sabido hacer lo que os diré con este romance:
Más pesar he de vos, Conde,
Pues no sois de envidiar
En armar las cortesanas
Damas para farsear.
Dixo don Luis Milan: Juan Fernandez, lo que yo hice de burlas vos lo haceis de véras, como en este contra romance al vuestro oiréis:
Siempre os vi, señor don Juan,
Armado de cortesanas
Contra damas muy galanas
Por ser muy bajo galan.
Dixo don Diego: No teneis razon, Joan Fernandez, de buscar tachas donde no las hay, que os tacharán; tachador real de córtes pareceis, ó coracero en poner tachas en la coraza de don Luis Milan, teniendo tan fuertes launas de respuestas, que no las pasarán vuestros hierros, que por ser de amores bajos, cuentos son para burlar.
Dixo don Francisco: Don Diego, bien habeis defendido á don Luis Milan, vuestro amigo, perro ropero me habeis parecido, de aquellos que les dicen, guarda la ropa, guarda la ropa.
Dixo la señora doña Beatriz de Osorio: Señora doña Mencía, donoso ha sido don Francisco, que á don Luis Milan ha hecho hacer risa de perro, y mereceria que se quedase con ella, pues los mofadores parece que regañan riendo quando quieren mofar.
Dixo la señora doña Mencía: Señora doña Beatriz, no puede parecer don Luis Milan á lo que no paresce, que no siendo perras sus cosas, haga risa de perro; más parece á risa de córte, que risas de avisados reprensiones son.
Dixo la señora doña Violante: Señora doña Merina de Tovar, ¿qué le parece destas dos lanzas que han corrido estas señoras? ¿á quién daria vuestra merced la mejoría,? que el merecimiento no debe estar sin precio.
Dixo doña Merina de Tovar: La señora doña Mencía corrió mejor lanza, pues socorrió á don Luis Milan, que estaba corrido de verse apodado á risa de perro, por haber sido mucho reido. Y la señora doña Beatriz de Osorio no corrió mala lanza, pues corrió á don Luis Milan, que ha sido echar lanza en Fez, lo que yo les doy es lo que se traen consigo, que el merecimiento no está sin precio. Dixo la señora doña Luisa: Señora doña Joana de Guzman, adevinar querria lo que vuestra merced piensa y debe ser; que tiene muy risueño el servidor, y es señal de poco amor.
Respondió la señora doña Joana de Guzman: Señora doña Luisa, mi servidor no rie de poco amor, mas ríese de lo que sé.
Dixo la señora doña Castellana: Señora doña Joana de Dicastillo, ¿de qué puede reir el servidor de la señora doña Juana de Guzman? ¿si se rie que le dicen don Donoso, y nunca dice donaires?
Respondió la señora doña Joana de Dicastillo: Señora doña Castellana, á jornadas es donoso, que el otro dia acertó á decir uno á su dama, y fué que la apodó á saboga, que tenía gusto para contentar, y espinas para ahogar, y ella le dixo: que tenía donaires de pescador. Y él respondió:
Si pescase vuestro amor,
Sería buen pescador.
Y ella replicó:
No me dejaré pescar
En vuestra mar.
Y él se fué desavenido con ella, y así está como halcon encapirotado, que no dice nada.
Dixo don Luis Milan: Muy contento estó de la señora doña Beatriz de Osorio, que me apodó á risa de perro, porque me hizo mercurino, de la propiedad del planeta Mercurio, que le pintan la cabeza de perro, por ser muy sentido y entendido; y así risa de perro es de avisado, que apénas ha de mostrar los dientes cuando rie, mostrando que siente lo bueno y lo malo de la conversacion, y á lo bueno ha de reir como quien alaba, y á lo malo como quien reprende. Dixo que yo reia regañando cuando queria mofar, y en esto quiso decir mal de mí, ó no me entendió, que mejor mostró la señora doña Mencía entenderme, en lo que respondió por mí; y aunque en mí no haya tanto bien como dixo, en su mercad hay aviso para hacerme más de lo que soy, pues puso nombre risa de córte, á la que la señora doña Beatriz dixo de perro; que no es perra ni mofadora la risa que al reprendido mejora.
Dixo Joan Fernandez: Don Luis Milan, mucho querria saber cómo se ha de reir para alabar ó para reprender, que yo nunca he oido ni visto risas que hablen, sino agora.
Respondió don Luis Milan: Señor Joan Fernandez, razon sería que me hubiésedes entendido las risas que me habeis hecho hacer muchas veces; que por responder á lo que me habeis preguntado, contaré lo que á muchos caballeros y á mí nos contastes en el Real, delante su excelencia; y dixistes que viniendo muy tarde á dormir, pasada media noche, os desnudastes solo por no ser sentido; despertó vuestra mujer, muy brava y celosa riñéndos mucho, y como le sobrase la razon, á vos os faltaba para respondelle, y siempre callando os acostastes; y ella, de muy enojada, dándoos empujones os trajo hasta la orilla al despeñadero, y como vos os vistes tan apretado, porque no os derribase de su cama, dixístesnos que le tirastes una púa, y ella os dixo: Vade retro, Satanas, que mi marido no era tan sucio; y huyendo de la cama, y vos tras ella le respondistes: Mujer, no soy Satanas, sino puerco espin, que cuando le aprietan tira púas. Y preguntándome el Duque qué me habia parecido del cuento, yo le respondí: Señor, preguntaldo á mi risa; y él me dixo: ¿Qué, las risas hablan? yo le dixe: Cuando el reir es con zuño y gesto de menosprecio, entónces es reprender, y el sonreir con gesto amoroso es alabar, que harto hablan las risas, que descubren á los ánimos lo que sienten. Si Joan Fernandez me cree, ántes se dejará despeñar de la cama, que hacer más el puerco espin.
Dixo Joan Fernandez: Bien será mudar de nuevas, porque mi mujer se ha parado colorada y está corrida. Yo le he hecho del ojo que disimule, y no sé si lo hará.
Respondió la señora doña Hierónima: No cumple hacerme del ojo, ni del dedo, que calle, pues no es para disimular lo qu’es mal disimularlo; que sufrir la mujer al marido, no ha de ser para que la tenga en poco como vos haceis, que á su excelencia quiero pedir justicia de vos, que os mande no saqueis cuentos sobre mí.
Dixo Joan Fernandez: Mujer, mirad lo que decis, que nunca saqué cuentos sobre vos, que siempre quereis que yo esté debajo, y á vuestro mando, que yo no he casado con mujer, sino con hombre; y así cuando las damas me preguntan qué hace doña Hierónima, vuestra mujer, yo les digo: Señoras, no se puede vivir con don Hierónimo, mi marido, que yo soy la mujer, pues ella no lo quiere ser.
Respondió la señora doña Hierónima: Si yo no hiciese el hombre, ninguna mujer ternia segura en casa de vos; y á tal marido tal mujer.
Dixo la Reina: Doña Hierónima, reir me habeis hecho de buena gana; amostráme cómo haré el hombre, pues vuestro marido ha mostrado al Duque, mi señor, á ir tras las de su casa.
Respondió el Duque: Vuestra alteza es tan celosa, que á mí me ha hecho celoso, y por esto voy tanto tras sus damas, para guardallas.
Dixo Joan Fernandez: De la boca me lo quitó vuestra excelencia, que eso mismo le queria decir á doña Hierónima, mi mujer.
Respondió la señora doña Hierónima: ¿Qué le parece á vuestra alteza, qué buen médico y apotecario son? mejor visitan las sanas de casa que las enfermas; que yo estando enferma poco há, halló al mio mi hermana vestido como á médico, tentando el pulso á una criada mia, y díxole: Hermano, ¿qué es eso que haceis? y él respondió: Señora, no soy quien pensais, que el médico de casa soy.
Dixo don Francisco: Si vuestra alteza y su excelencia mandan, aquí está á la puerta un Rey d’armas que viene á publicar un cartel; entrará si le dan licencia.
Dixo el Duque: Hacelde entrar, que el corazon me dice qu’es alguna fiesta que don Luis Milan quiere hacer en servicio de su dama. Entró el Rey d’armas, y publicó este cartel, que dice:
Muy altos príncipes y señores: Yo Miraflor de Milan, caballero errante, os hago saber que soy llegado á esta tierra, por dar cabo á una aventura, ó acabar mi desventura, y es que hallándome por el reino de Frigia, en el puerto Tenedo, donde la griega armada tuvo diez años sitiada Troya, salí de mi galera, y siendo en tierra sentí una voz que me dixo: Sube en ese monte nombrado Ida, que delante tienes, donde Páris Alexandre fué criado, y estuvo hasta que hizo el juicio á las diosas, dando la manzana de oro á la Vénus, por más hermosa que la Juno y la Pallas, y sabrás lo que has de hacer. Y subiendo hallé al entrada dél la fuente de Policena, que el retrato della, en bulto de cristal, sobre una columna estaba, echando agua por un caño de oro que en los pechos tenía con un letrero que decia:
Quien d’esta agua gustará,
Hermosura beberá.
Yo, queriendo beber della para que me viese hermoso la que feo le parecia salió un caballero armado de unas muy hermosas y ricas armas, con unas letras de oro por ellas sembradas, que decian:
Yo soy Achíles, mandado
Que l’agua de Policena
No deje beber de grado
Si Cupido no lo ordena.
Yo, que vi la guarda desta fuente ser Achíles, pensando cómo podia ser esto, estuve más espantado que de verme en batalla con él; que la muerte no deshonra cuando el matador da honra.
Y viniendo á palabras, me dixo: Nadi merece gustar del agua que no pude beber; que do falta el merecer, nadi se debe probar. Yo, que me vi despreciado, holgué que me dió ocasion de ensañarme con él, y respondíle:
No estará sin merecer,
Quien ventura le quisiere,
Desta agua dejar beber.
Y él metiendo mano á su espada y yo á la mia, combatimos gran rato, hasta que sentimos una voz que dixo:
Achíles, deja beber
Del agua de Policena
Á Miraflor á su placer.
Y él con un gran sospiro desapareció, que no vi por dónde se fué; yo, bebido que hube del agua, vime en ella tan hermoso como ántes era feo.
Pasé más adelante, y vi un otra, nombrada la fuente de Casandra, hija de Priamo, rey de Troya, que profetizó la destruccion de los troyanos y no fué creida; y asimismo estaba un retrato della de bulto, de piedra amatiste, sobre una columna, con un caño que de la frente le salia, echando agua por él, con este letrero que decia:
Quien d’esta agua beberá,
La sciencia de Casandra
Alcanzará.
Yo, queriendo beber della, vime delante un caballero con unas armas negras y unos letreros de oro por ellas, que decian:
Corebbo soy por querer,
Que si amor no me lo manda,
De mi señora Casandra
Su agua no dexe beber.
Conociendo que este caballero era Corebbo, que la hermosura de Casandra le hizo enemigo de sus amigos, y amigo de sus enemigos, como amor suele hacer, que por selle servidor, siendo griego, sirvió á los troyanos contra sus griegos en la guerra que tuvieron, y viendo que de Troya habian hurtado sus enemigos á Casandra, su señora, salió sólo contra ellos, y peleó de tal manera, que su dama se salvó y él fué muerto allí por ella; y viniendo él y yo á las armas, por defenderme que no bebiese del agua, sentimos la misma voz que le dijo:
Corebbo, Cupido manda
Que del agua de Casandra
Á Miraflor dejes beber.
Desapareció, que ni sé cómo vino ni por dónde se fué, y bebí del agua, que me pareció de tal gusto como lo que da á gustar; pues que nadi se hartaria de beber sabiduría.
Y pasando más adelante, hallé un otra, nombrada la fuente de Elena, mujer del rey Menelao, griego, que fué robada de Páris Alexandre, hijo del rey Priamo de Troya, en venganza del robo que hizo Hércules, griego, de Hesiona, troyana, hija del rey Loomedon, troyano, que entónces reinaba, llevándola á Grecia, que fué causa de la destruccion de Troya; y vi, como en las pasadas fuentes, que esta hermosa Elena estaba de bulto damantino retratada sobre una columna, con un caño que de la teta izquierda le salia, echando agua por él, con un letrero que decia:
Quien d’esta agua beberá,
Otro Páris en amores se verá.
Yo, queriendo beber della, con gran desseo de verme tan venturoso como Páris en amores, vi venir á gran prisa un caballero muy hermoso, armado de muy ricas y hermosas armas, con un arco y saeta encarada para mí, con un letrero que en la ventanilla de la celada traia, que desta manera decia:
Páris só que voy en pena
Sino cuando vengo á ver
Para no dejar beber
L’agua de la reina Elena.
Yo, que por el letrero conocí que este caballero era Páris Alexandre, hijo del rey Priamo de Troya, que siendo preñada dél la Reina, su madre, ensoñó que paria una hacha quemando á toda Troya; y sabido por el Rey, su marido, de los sabios que tenía, que este sueño significaba la destruccion y pérdida de todo su reino, mandó por consejo dellos que luégo en nacer lo matasen; y como nació este infante muy hermoso, su madre no tuvo corazon de hacelle matar, y mandó á una criada suya que ántes del dia lo echase al pié deste monte Ida, secretamente que nadi lo supiese, y que lo dejase allí; viniendo el dia, fué hallado por un pastor, que lo crió como á hijo suyo hasta que fué hombre, y saliendo muy gran luchador, que jamas halló quien le venciese, llevólo el pastor que lo habia criado á una fiesta de lucha que en Troya se hizo, donde venció á Hector y á todos sus hermanos; y espantados dél, quisieron saber quién era y supieron toda su historia. Y conocido ser hijo del Rey, por decir la Reina que no lo habia hecho matar, alegráronse todos y quedó con ellos; yo, pensando con el arte que me hacian ver lo que via, muy espantado fuí á beber del agua, y Páris tiróme una saeta que en mi escudo quedó enclavada, y echando mano á las espadas, turó muy gran rato nuestra batalla, hasta que nos departió la misma voz que siempre oido habia, que le dixo:
Páris, deja tu furor,
Que mi voluntad ordena
Que de la fuente de Elena
Beba el agua Miraflor.
Y desapareciendo como los otros, yo pude beber del agua desta fuente de Elena, que tal sabor tenía como Páris la gustó, al principio dulce y á la fin muy amarga; pues fué muerto de Pirro, hijo de Achíles, á quien Páris mató en el templo de Pállas, viniendo sobre seguro á tratar con la reina Hecuba y su hija Policena, para casar con ella; y si allí le mató Páris con engaño, fué porque Achíles habia muerto á Hector en la batalla á traicion, no osando acometelle cara á cara, que por traidor era tenido entónces quien tal hacia.
Pasé más adelante y vine á parar en una muy hermosa plaza que en medio de lo más alto deste monte estaba, con un palacio real que el rey Priamo habia mandado hacer para cuando venía á cazar en este deleitoso monte, lleno de caza y muchos deleites, que al parecer todo animal allí vivia más tiempo; que el deleite virtuoso conserva la vida hasta el término della: y recreando de ver estas maravillas, vime delante un hombre de maravillosa presencia, y díxome: Sígueme y no receles, que entre enemigos no va quien favorecido está, de la manera que tú has sido en esta aventura de las fuentes, quedando más hermoso y más sabio y más venturoso, por haber alcanzado con tanta honra á beber del agua dellas. Tomóme de la mano y fuimos á parar donde paran los favorecidos de Cupido, que fué en la sala del alegría, pues todo parece que reia, y vi á Cupido y á su madre asentados sobre dos grifos de oro, que en el aire por maravilloso artificio estaban, con este letrero que desta manera decia:
Por la tierra y por la mar
Vuelan grifos del Amor,
Desde el rey hasta el pastor,
Qu’es reir y sospirar.
Yo, con el acato que debia, hablé desta manera al Amor: ¡Oh Cupido! no sé cómo servirte las grandes mercedes que me has hecho, que por tu mano haya sido merecedor de beber el agua de las tres fuentes que en este monte tuyo están, que, por ser de tanto valor, muy pocos beberán dellas si no es por tu favor; yo te suplico me mandes con qué te sirva porque sepa lo mejor, y respondiendo con estas amorosas palabras, me dixo:
¡Oh Miraflor de Milan! tan pagado estoy de tí como tú deudor á mí, que por lo que mereces te he pagado, y no por cuanto hecistes ni harás por mí; tu has de partir luégo para la ciudad de Valencia de Aragon, mi mortal enemiga, pues reino tan poco en ella, que me ahorcaron en una justa, como tú sabes, que sólo en tí quedé vivo por una obra que en honra mia heciste, mostrando tu gran lealtad y la poca que los jueces tuvieron en dejarme ahorcar contra razon, siendo los aventureros que me defendian ganadores y perdedores de perdidos, pues á la fin fuí ahorcado por ser muy desconocidos; donde se vió el poco amor que tienen y el mucho que hay en tí, pues se ve que por ser desamorados, las damas hacen gestos á los caballeros burlando dellos, y ellos guiñan dellas de cola de ojo, que dias hay que no se conocen los unos á los otros, pues ellos parecen tuertos por guiñar, y ellas desamoradas por mofar, y de aquí viene que se van cantando:
No fie nadi d’amor,
Qu’es mudable y burlador.
Y así no se fian unos de otros, que si un caballero quiere servir, ha de dar fianzas que no ha de guiñar, y ellas dar fiadores que no han de mofar; y en llegando á tu Valencia, enviarás un cartel por el rey d’armas mio, que de aquí llevarás nombrado el Revolvedor, y mandarle has presentar de parte tuya á los desamorados valencianos tuyos, y tomarás por querella, que, por el desacato que me hicieron y menosprecio de ahorcarme, les combatirás que me fueron traidores en un torneo de pié, á tres golpes de pica y cinco de espada; y porque vean cómo pago á mis leales amadores, como tú eres, escríbeles las maravillas que en este monte te hice ver, y la gran honra y provecho que has ganado por combatir con tan nombrados caballeros y beber del agua destas tres fuentes, de tanto valor y propiedad como son; agora véte y harás como quien eres, que yo nunca te faltaré. Y así me partí el más contento hombre que del amor se partió, por donde os desafío con ese cartel de hoy en un mes en la plaza Mayor, dicha el Mercado, con las condiciones y armas y querella que aquí tengo dicho; y el combatir será sobre el monte Ida que allí veréis, y al subir dél me hallaréis á mí primero, defendiendo que no beban del agua de la fuente que yo guardaré, y el que mejor lo hiciere que yo tenga libertad de pasar adelante, si querrán probarse con Achíles y Corebbo y Páris, que allí estarán guardando sus fuentes que no beban del agua dellas, y el que pudiere pasar y vencer todos estos caballeros, y llegáre al palacio real del dios d’amor, que allí verán, su madre, la diosa Vénus, le alcanzará perdon que no esté en desgracia de su hijo Cupido, y daránle un anillo nombrando el venturoso, con un letrero en torno dél que dirá:
Quien anillo llevará del amor,
Será anillo de su dedo el servidor.
Dixo el Duque: En mi vida oí cartel que más placer me diese, por haber contado la maravillosa y extraña aventura de las fuentes del monte Ida. Si en libertad estuviese, yo iria á probarme en ella, que no es caballero el que no emplea su vida por alcanzar honra y fama, mayormente donde se alcanzaria tan gran provecho bebiendo del agua destas tres fuentes, que dellas se alcanza hermosura, que yo la querria para parecer bien á la Reina, mi señora, y sabiduría para disimular los celos que tengo de don Pedro Milan, y ventura para que no me fuese más contraria.
Dixo la Reina: Y’os digo, por mi fe, que si fuese caballero, me iria á probar en esta aventura por ganar hermosura para parecer bien á don Pedro Milan, mi servidor, y sabiduría para saber cómo le va al Duque, mi señor, en amores, y ventura para ser más querida dél.
Dixo don Francisco: Si una dama me diese licencia, yo iria á probarme en ella, y si alcanzase la hermosura, no la querria, sino para matar de celos á un competidor mio, y la sabiduría para saber si una dama burla de mí ó no, en hacerme un higo debajo manga que me hace en verme, y la ventura para que fuese venturoso con ella, que siempre me desengaña en ponerme á la ventana una mona cuando le doy vueltas.
Dixo don Diego: Si no fuese que soy desdichado en aventuras, no tardaria de verme en ésta, que muy poco se aventura para lo que se gana; y si alcanzase la hermosura, la querria por no tener que agradecer mucho á mi dama, que los feos han de agradecer que los dejen servir, y á los hermosos se les ha de sufrir, pues hermoso alegre y feo entristecen; y si alcanzase sabiduría la emplearia para que nunca me acabasen de entender, que lo entendido desprecia el no saber que nada aprecia; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para no tomar lo que se alcanza con ella, pues mucho mejor sabe lo que por merecer se posee, como dixo un criado favorecido en este cuento que oiréis: Un rey muy soberbio no queria hacer mercedes por merecer sino por ventura, pretendiendo que todo servicio se le debia de deuda debida, y queriendo usar desta mala plática, mandó henchir muchas arcas la metad de caras que hacian gestos para burlar, y las otras de mano de fe, que tienen solo un dedo alto, y los que habian de recibir las mercedes abrian las arcas, y el que abria arca que hacia gestos de burlar, decíale el Rey: Toma deso que tú me das, que la ventura le paga á quien de su señor se burla; y el que abria arca de fe el Rey le decia: Toma deso que tú me das, y hacíale mercedes. Y el criado favorecido no quiso abrir arca ninguna y dixo:
No quiero bien por ventura,
Sino por merecimiento,
Que no puede dar contento
Lo que se da por locura.
Dixo Joan Fernandez: Si mi mujer no quisiese ser el marido, ternía libertad de irme á probar en esta aventura, que tan hombre me hallo para pelear con hombres, como mujer para resistir á mi mujer, y si alcanzase la hermosura, no la querria sino para que una dama no dixese una mentira de celos, porque se ha dado á entender que ando tras de una camarera suya, y cuando paso por su puerta á hora de vueltas, arremete á su criada, y dándole pellizcos, le dice: Toma, porque te festeja don Feo, y su criada le dice: No es sino don Hermoso; No es sino feo; No es sino hermoso: alborotan toda la casa hasta que las departen; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber cuándo andan de véras ó de burlas los amores desta criada de la dama de los pellizcos, diciendo yo por un agujero que le hablo, decidme, por vuestra vida: ¿Andáis conmigo de burlas ó de véras? y respóndeme: Un dia de burlas y otro de véras, porque veais quién son mujeres; y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganar de venturoso lo que gano de porfiado, que diez años, los mejores de mi vida, me ha costado una moza aragonesa, y díceme cuando conmigo se enoja: Andad para porfiado. Yo le digo: No soy sino venturoso en haberos alcanzado; y ella me dice: No sois sino porfioso, que nunca me fuistes agradoso. Yo dígole: Andad para moza; y ella me dice: Andad para viejo. Yo le digo: Troquemos si pensais que os he enojado; y respóndeme: Ya he trocado, que bien troca quien mejora.
Dixo don Luis Milan: Yo me he de ver en esta aventura y si alcanzase la hermosura, no la querria sino para hacer celoso á Joan Fernandez, con nuestra competencia, porque va diciendo que nuestra dama le dice que me gana de gentil-hombre lo que yo le gano de más valido entre damas, y él me gana de jugador de pelota á largas, lo que yo le gano á la cuerda, y él me gana á la jineta lo que yo le gano á la brida, pues no me voy tanto della como él; y si alcanzase la sabiduría no la emplearia sino para saber qué le pasa por la cabeza á Joan Fernandez cuando vuelve los ojos en blanco y mira al cielo, y dice, tan blanco el ojo, que yo creeria que alguna moza se le ha ido de las redes quando retiga los ojos, y si alcanzase la ventura, no la querria sino para ganalla donde Juan Fernandez la pierde, y perdella donde él la gana;
Que segun dicen las gentes,
Entre damas siempre pierde,
Y con mozas siempre gana.
Dixo el Duque: Horas dan, ya debe ser muy tarde, aunque no les querria dejar ir sin una condicion que nos veamos mañana, á la hora misma, así como estamos, que mucho querria más largamente platicásemos de la córte del rey Priamo de Troya, desde el principio de este reino hasta su malaventurado fin. Y sea sin falta, porque si Joan Fernandez la hace, don Luis Milan le ganará quince y treinta, con la ventaja que mostraria tenelle ganándole á este juego.
Aquí se acaba la tercera jornada.