I

La terapéutica indígena se compone de raros y curiosos remedios, algunos de ellos eficaces, pero aplicados siempre con la ayuda de procedimientos supersticiosos; porque el indio y el cholo personifican las enfermedades e infecciones y suponen que son atraidas a su hogar por medio de maleficios y hechizos empleados por sus enemigos, y cuando la enfermedad no es susceptible de ser personificada, la tienen como resultado infalible de algún embrujamiento, y con objeto de conseguir, en el primer caso, que se vaya la enfermedad y recobrar la salud, o deshacerse del hechizo, en el segundo, y sanar los enfermos acuden prestos a los auxilios e intervención de curanderos que, a la vez, deben ser precisamente brujos, sin cuyo requisito indispensable, nada de provecho podrían hacer en favor de sus clientes, ni tendrían influencia sobre éstos y su familia.

El arte de curar de los indios se reduce, en consecuencia, a que abandone la casa la persona de la enfermedad, y en seguida, en desembrujar al enfermo, o en obtener únicamente este último resultado, inutilizando las armas y recursos de hechicería, que contra él se han puesto en ejecución, mediante el empleo de otros más poderosos. La convicción que al respecto tienen aquéllos, es tan arraigada que no admiten réplica en contrario, y sólo les merece fe y dan importancia a quien acompaña sus curaciones con prácticas supersticiosas. Muchos de esos curanderos-brujos o kolla-camanas, son herbolarios entendidos y diestros cirujanos, que proceden con entera conciencia de lo que hacen y de la eficacia de sus recetas, pero los más son embusteros e ignorantes de su oficio. No faltan quienes manifiesten en sus curaciones medios derivados del espiritismo o hipnotismo. Mas, en lo que se parecen todos ellos, es en darlas de zahories y en fanfarronear de que nada hay desconocido o difícil para su saber, en materias relativas a su profesión.

Indios y cholos, con el prejuicio de no provenir las enfermedades de sus excesos o de contagios e infecciones, sino de los manejos aviesos de sus enemigos, que los han hecho embrujar, o de la acción de seres malignos, atraídos por los mismos, dificultan a que la medicina prospere en forma científica en estas clases, sacudiéndose de la hechicería, y de que al médico se exija que sea a la vez brujo.