V

Los sueños tienen influencia decisiva en las determinaciones de las clases populares, las cuales creen que según son aquellos les sucederá algo en la vida real, y con este motivo les dan interpretaciones varias.

Soñarse con llamas u ovejas es para que se frustre algún negocio que se proyecta.

Con cóndor, es para que se tenga éxito en lo que se propone.

Soñarse con cadáver es para tener dinero.

Cocinando es para que alguien muera.

Cuando alguna mujer embarazada se sueña con víboras, es para tener hijo varón; con sapos, para tener mujer; con cóndor, para que el hijo que nazca sea un gran hombre.

Recibir en sueños dinero en el templo, es para tener aviso de la muerte de un pariente o amigo.

Arrancarse un diente, es para recibir dinero, o que se le muera un pariente próximo.

Incendiarse en sueños la casa en que se vive, es para romper con la persona que nos protege.

Poseer a una mujer en sueños, es para no lograrla nunca en la realidad.

Soñarse con un negro o negra es para enfermarse.

Con perros que nos han mordido, para que nos roben.

Con una víbora ponzoñosa que nos ha picado, para que nos envenenen.

Con fuegos, para tener penas.

Con un niño gordo, para recibir dinero.

Con conejos, para ser embrujado.

Se sueña con una persona, cuando ésta piensa mucho en la que la sueña.

Ser arrastrado en sueños por una corriente de agua turbia es para que muera el que ha soñado.

Igual cosa le ocurrirá si ha sido embarrancado por una bestia.

Por lo general, la carne en sueños denota muerte, el escremento deshonra y los animales con astas infidelidad de la esposa, o concubina que se tiene; y así, las interpretaciones son infinitas. Cada individuo cuando sueña con determinada persona cree que le irá bien o mal según el concepto que se ha formado de ella, a la que la considera su sombra benéfica o fatal. Al siguiente día de un mal sueño, quien lo ha tenido se encuentra inquieto, temeroso y esperando momento a momento le ocurra alguna desgracia; al contrario si fué bueno, está contento y feliz.

Semejante proceder de las clases sociales no es excepcional ni extraño. Las supersticiones y tradiciones se trasmiten de generación en generación: ellas se heredan, forman el patrimonio que recibimos de los antepasados; se modifican, varían y aún mejoran, pero no se extinguen; son persistentes porque en la especie humana la memoria no se borra y su existencia y desenvolvimiento se encuentra fuertemente eslabonada al través de las edades. Para que ellas desapareciesen, sería necesario que en la vida de la humanidad se produjese, una solución de continuidad y como esto es imposible, las ideas y sentimientos ancestrales forzosamente tienen que predominar en los actos inconscientes. Se envanece nuestro siglo de haber dado muerte a las supersticiones con los progresos de la ciencia, cuando nutre en sus pechos la mayor parte de ellas y ostenta y da vida precisamente a la superstición de no querer ser supersticioso.


Capítulo II
Mitos

I.—Huirakhocha y su actuación mística.—II.—Achachilas, huacas y konopas.—III.—El Huari y su leyenda.—IV.—Pacha-Mama y su culto actual.—V.—El Ekeko y su historia.—VI.—Thunnupa, Makuri y la Cruz.—VII.—El Huasa-Mallcu, su dominio y el homenaje que se le rinde; la kuilara y el sarniri.—VIII.—El concepto que se tiene del Supaya.—IX.—El Anchanchu.—X.—La Mekala.—XI.—El Katekate y sus derivaciones—XII.—Los Japiñuñus.—XIII.—El Takca-takca.—XIV.—El culto a la piedra—XV.—Ideas respecto del Cuurmi.