EL MAESTRO RAFAEL.

Pobre y humilde artesano

De oscuro y modesto nombre,

Hubo en Borinquen un hombre

Caritativo y cristiano:

Con la dádiva en la mano

Y en el corazón la calma,

Ciñó por única palma

La pura y dulce alegría

Con que sus dones hacía

Para provecho del alma.

Es una historia de ayer,

Que está viva en la memoria;

Aun recuerdan esa historia

Los que nos dieron el ser:

Ellos que pudieron ver

Que el modesto menestral,

En combate desigual

Con el tiempo y la ignorancia,

Á la pobre y tierna infancia

Daba el pan intelectual.

Sacerdote de la idea,

De la ilustración obrero,

Tuvo el noble tabaquero

La fe que redime y crea:

En la fecunda tarea

Á que dió su vida fiel,

Conquistó como laurel

De la tumba que lo abriga,

Que hoy el nombre se bendiga

Del maestro Rafael.

Y cuando el naciente sol,

Que á iluminarnos empieza.

Brille en toda su grandeza

En el cenit español,

Á su candente arrebol

Otra edad verá lucir

Con letras de oro y zafir

Grabado en el mármol duro,

Ese nombre, ayer oscuro,

Glorioso en el porvenir.