LA LENGUA CASTELLANA
I
Á don Manuel Fernández Juncos,
mi amigo y maestro.
Virgen de Nazareth, dulce María,
al hijo de mi amor clemente ampara.
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Así, con triste acento, que aun escucho
vibrar en lo recóndito del alma,
teniéndome en sus brazos prisionero,
y mi rostro bañado con sus lágrimas,
la mártir infeliz que me dió vida
alzaba su oración. ¡Y su plegaria
iba hasta el cielo, envuelta en el ropaje
de la armoniosa lengua castellana!
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Para civilizar un nuevo mundo,
su sangre y su cultura le dió España.
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Así, con grave acento, que aun conmueve
mi corazón, sonaron las palabras
del noble anciano que prestó á mi cuna
su decidida y cariñosa guarda,
y del severo libro de la historia
abrió ante mí las inmortales páginas.
¡Y aquella frase la expresó el anciano
en la sonora lengua castellana!
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Colono: ese terruño en que has nacido
y morirás tal vez, ése es tu patria.
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Así, con duro acento, que aun resuena
dentro de mí, donde jamás se apaga,
me dijo un preceptor; y desde entonces,
idolatro la islilla desgraciada,
que un sol de fuego con su lumbre alegra,
que el mar Caribe con sus ondas baña.
¡Y fué dicha la frase del maestro
en la sonora lengua castellana!
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Rota ya la cadena del esclavo,
reina en el mundo libertad sagrada.
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Así, con voz enérgica, que aun vibra
en el altar de la conciencia humana,
dijeron unos hombres de mi tierra;
y, desde entonces, la oprimida raza
que fué despojo de la vil codicia,
alzó la frente y redimida canta.
¡Y aquellos hombres justos, la sentencia
proclamaron en lengua castellana!
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No es eterno el sufrir. La fe consuela,
y es faro de la vida la esperanza.
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Así, con dulce acento, que aun recuerdo,
y conmueve mi ser, y llena el alma
de indefinible gozo, así me dijo
de mis sueños la hurí, la niña casta,
que destellos de sol tiene en los ojos,
y la bondad angélica en el alma.
¡Y brotó de sus labios la promesa
en la divina lengua castellana!
II
Lengua inmortal que hablaron mis abuelos,
un bardo triste tu hermosura canta.
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Tú me recuerdas el amante arrullo
de una madre infeliz; tú de mi infancia
evocas el recuerdo; tú revives
de mi niñez sin sol vagos fantasmas,
mis horas de placer, que fueron cortas,
mis horas de dolor, que fueron largas,
mi titánica lucha por la vida,
mis triunfos breves, mis derrotas vastas.
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Lengua inmortal que hablaron mis mayores,
tan bella como tú no hay lengua humana.
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Por tus frases enérgicas obtuve
el hermoso concepto de la patria,
y sé por tí que Dios, bondad suprema,
sobre los hombres su piedad derrama;
y al abrir de la historia el libro inmenso,
supe que fueron tuyas las palabras
que pronunció Colón, mirando al cielo,
al descubrir la tierra americana.
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Lengua inmortal, idioma de Cervantes,
el colono de ayer tu gloria canta.
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Eres raudo torrente. Te despeñas
y caes en deslumbrante catarata,
llenando de sonidos el espacio
y de notas de fuego, que se apagan
con ese ritmo vago y misterioso
de un suspiro de amor. Sonora y clara,
expresas la pasión, y el pensamiento
por tí se viste con brillantes galas.
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¡Lengua inmortal, tesoro de armonías,
honor á tí, del mundo soberana!
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Son tuyos el apóstrofe vibrante
que hiere como el filo de la espada,
y la frase de célica ternura
con que forma la virgen su plegaria,
y el acento melódico que tiene
la dulce voz de la mujer amada,
la que rayos de sol lleva en los ojos,
nieve en la frente y en los labios grana.
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Lengua inmortal, á tu existencia unida
por siempre esté mi tierra borincana.
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Tronó el cañón, soldados extranjeros
aquí pusieron su atrevida planta,
y se cumplió una ley inexorable,
y su gran infortunio lloró España
con la misma amargura y la tristeza,
llena de luto y de dolor el alma,
que otro gran infortunio lloró un día
el último rey moro de Granada....
III
Ese lazo que ayer rompió la fuerza,
átalo tú, mi lengua castellana.
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Mensajera perenne de concordia,
cruza el inmenso mar que nos separa
y lleva de la América latina
á la nación que puebla nuestra raza,
con el pobre cantar del bardo triste,
el beso fraternal de nuestras almas,
¡¡que se puede cambiar una bandera,
pero los sentimientos no se cambian!!