MANUEL CORCHADO.

Los portorriqueños de la nueva generación no pueden formarse una idea cabal de las facultades extraordinarias de Corchado como orador. Los pocos discursos suyos que se han conservado impresos son una pálida y desmayada expresión de las ideas en que se inspiraba al pronunciarlos; pero no queda casi nada en ellos de la exaltación magnífica de aquel temperamento impresionable y nervioso, ni de las inesperadas gallardías de la acción, espontánea y vehemente, con que acentuaba sus frases y daba mayor viveza y colorido al caudal abundantísimo de su elocuencia. Era imposible copiar sus palabras, y tampoco había entonces taquígrafos que se atrevieran á intentarlo. Él mismo no podía reconstruir sus discursos, ni recordar tampoco la estructura de sus principales párrafos.

No escribía ni siquiera componía mentalmente sus discursos antes de pronunciarlos. Estudiaba bien el asunto de su oración, acariciaba con el pensamiento los puntos más interesantes de ella, y dejaba después libre curso á su espontaneidad é inspiración.

Había nacido en Isabela, el día 12 de Septiembre de 1840. Cursó en Barcelona la segunda enseñanza, y se graduó más tarde de Abogado en la misma ciudad. Allí ejerció su profesión durante algunos años, y allí adquirió también legítima fama en la tribuna y en la prensa.

Á los 22 años, cuando era todavía estudiante, fué laureado en un certamen poético que celebró la Sociedad Económica de Amigos del País, en elogio del pintor portorriqueño José Campeche. Cultivó indistintamente, durante toda su vida, el verso y la prosa, y en uno y otro género obtuvo merecidos triunfos; pero su inspiración ardorosa y vehemente encontraba más adecuada y completa exteriorización en el discurso oral, en la palabra que fluía raudamente de sus labios, sin las cortapisas de la rima y la versificación.

Sus triunfos profesionales más celebrados fueron un admirable discurso que pronunció en el Ateneo Catalán, combatiendo La pena de muerte; la defensa que hizo de Ángel Ursúa, ante la Audiencia de Madrid, y la magnífica conferencia que pronunció en Madrid, sobre La prueba de indicios, en la época en que se hallaba en estudio el Código penal español.

Durante la agitación que se produjo en España en favor de la abolición de la esclavitud, compuso una preciosa Biografía de Lincoln. Publicó también por aquel tiempo un canto lírico Al Trabajo, y un juicioso estudio político y social titulado Las Barricadas.

Escribió asimismo algunas obras notables para el teatro, entre las que descuella un drama trágico titulado María Antonieta.

En 1871 fué electo diputado á Cortes por el distrito de Mayagüez, y su elocuente palabra resonó con frecuencia en el Congreso español, en defensa de las reformas liberales de Puerto Rico. En 1879 regresó Corchado á su país, y trabajó briosamente en el foro, en la tribuna y en la prensa en favor de la justicia y de las libertades patrias. Ejerció también con éxito brillante el cargo de Diputado Provincial.

Era de estatura baja, de temperamento nervioso; muy afable y servicial en su trato, muy amante de la verdad y de la caridad, y muy sensible á los afectos de la amistad y de la familia.

Fatigado por la constante labor del espíritu, y sintiendo su salud algo quebrantada, se trasladó de nuevo á Madrid en 1884, y allí falleció, en Noviembre del mismo año.

Esta prematura muerte privó á Puerto Rico de un valioso factor de su cultura, y de un elocuentísimo defensor de sus derechos y de sus libertades.